HABANA INSIDER: ENERO 30, 2020

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LA HABANA, CUBA/ EDICION 1314/ ISSN en proceso
Editor: Abelardo G. Mena Chicuri Contacto: menaabelardo@gmail.com
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POR UN SOCIALISMO DE CÓDIGO ABIERTO
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(E.M.D.) LOS ERRORES IDEOLOGICOS SON CUENTAS PENDIENTES QUE EN ALGUN MOMENTO DEBEN SER SALDADAS/ (POR ESTO) CONSIGNAS/ (ONCUBANEWS) LA FRATERNIDAD, ESE FANTASMA: LA REPÚBLICA CUBANA EN JOSÉ MARTÍ/ EL EMPLEO Y EL FUTURO DE CUBA/ PYMES CUBANAS SIGUEN ESPERANDO LEY QUE LAS REGULARICE/ (E.M.D.) EL DEBATE SOCIAL. SUS REGLAS/ (JOVENCUBA) LOS NUEVOS PARADIGMAS EN CUBA/ “CON MARTÍ, CRUZANDO EL BROOKLYN BRIDGE”/ DESCIFRANDO AL PARTIDO/ JOSÉ MARTÍ: EL HOMENAJE/ (B.d.S) PARA UNA NUEVA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS/
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LOS ERRORES IDEOLOGICOS SON CUENTAS PENDIENTES QUE EN ALGUN MOMENTO DEBEN SER SALDADAS.
POR ESTEBAN MORALES, ENERO 22 DEL 2020.

Los errores ideológicos no se borran o desaparecen con facilidad.
Son cuentas pendientes que salen a la luz cuando menos lo esperamos.
Son más difíciles de solucionar, porque pasan a formar parte del modo de pensar de la gente y en algún momento condicionan su comportamiento. Sobre todo, cuando circunstancias presentes los traen de nuevo al pensamiento de quienes los han padecido.

Recientemente han tenido lugar incidentes que continuaran pesando en la actitud de la gente. Pudiéndose mencionar los siguientes:

1- El incidente ocurrido en el Mercado de Cuatro Caminos, el que produjo un gran disgusto en la población.
Cierta burocracia comercial lo provoco y no pocos solo trataron de hacerlo ver como un fenómeno de simple indisciplina social y un error de comportamiento de la población, cuando en realidad fue una errónea preparación del proceso de apertura de la tienda lo que provoco el incidente.
Se hizo una propaganda inadecuada, sobredimensionada por la televisión nacional y se produjeron concentraciones de mercancías en el lugar, sacadas de otras tiendas, que generaron unas expectativas incorrectas en la población.

Produciendo una afluencia de público que desbordo sobremanera lo que podía esperarse. Lo cual dio lugar a que ciertos elementos antisociales, aprovechándose de la situación, alimentaran el caos que allí se produjo. Abalanzándose sobre los anaqueles y generando una situación insostenible, que provoco el cierre inmediato del establecimiento.

Sobre este último acontecimiento falto una explicación objetiva que realmente valorara lo que había ocurrido. Luego, la población tiene una opinión sobre el mismo, que finalmente no sabemos cual es.

2- El mal tratamiento y explicaciones inadecuadas sobre la actuación de uno de los protagonistas del programa “Vivir del Cuento” generó una situación de disgusto en la población. La que lejos de solucionarse, ha tendido a complicarse, por la mala explicación de un Directivo del ICRT y la baja calidad de los más recientes programas. Qué parecen darle la razón a la gente que dijo que el objetivo con Facundo era lograr la eliminación del programa de nuestra televisión.

3- Más recientemente, la declaración de eliminar algunos programas de las redes sociales, como El toque, La joven Cuba, y otros. Saliendo publicada una larga lista de 20, que posteriormente fue desaparecida. Sin explicaciones de ningún tipo. Generando opiniones respecto a ¿quiénes son los que realizan estos actos sin ofrecer explicación alguna.

4- Pero nada de eso que ha tenido lugar es los más grave. Sino la intención de alguna gente de encender la polémica entre revolucionarios, acusando a unos y ensalzando a otros. Error en el que han caído algunos compañeros. Que le han permitido publicar sus opiniones en lugares oficiales, no así a los que han criticado esas posiciones.

5- La prensa no ha reflejado correctamente estos incidentes, dando lugar a comentarios y a dudas respecto a quienes son realmente los que provocan estos incidentes de fuerte connotación ideológica.

Cuando tienen lugar situaciones de tal naturaleza, todo ello crea confusiones en nuestra población, sin que haya explicaciones coherentes y serias que permitan a los revolucionarios enfrentar tales hechos. Produciéndose un fenómeno de acumulación muy negativo que afecta el estado de ánimos y la confianza de la población en los dispositivos de dirección y las instituciones a cargo de la actividad cultural, informativa y del trabajo ideológico en general.

Vivimos momentos muy complejos y difíciles, que el enemigo, ensimismado en un ataque continuo y sistemático, por hacer daño al país, aprovecha cualquier incidente para predisponer a la gente, alimentando la duda; moviendo sus elementos internos, para aprovechar las divisiones de opinión y las contradicciones que se crean, con el objetivo de lograr la desestabilización.

Situaciones como las mencionadas, aunque no lo creamos, alimentan los vestigios de contrarrevolución subyacentes aun dentro del propio proceso de construcción socialista. Entregando “caldo de cultivo”, para que los elementos negativos internos y externos, enemigos del socialismo, afecten el proceso de marcha hacia adelante que se ha propuesto el país.

No se caracteriza el momento actual del enfrentamiento con el enemigo principal, como para cometer el más mínimo error ideológico, ni de ningún otro tipo.
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CONSIGNAS
POR JORGE GÓMEZ BARATA

Se atribuye a Lenin haber dicho que la teoría difunde muchas ideas entre pocas personas, mientras la agitación propaga pocas ideas entre muchos individuos. Probablemente tuviera razón.

Entre los principales mecanismos de la agitación figuran las consignas que son como la portada de la retórica política, tanto más devastadoras, cuanto más radicales son las ideologías que las informan y más definitorios los asuntos que aluden: “Libertad o muerte”, “Tierra o sangre” son de esa tesitura. Las hubo categóricas: ¡No pasarán! Y también: dulces: “Hagan el amor, no la guerra”. También se conocen las que son positivas y esperanzadoras: “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor” y ¡Venceremos! “Tienes lo que te mereces” parece taxativa y no “Fumar daña la salud” es de bien público. Las hay satánicas: ¡Al Infierno! y que fueron dictadas por la fe mal encaminada: ¡Muerte a los herejes!

Aunque siempre tienen un pasado y cuentan con un sustrato teórico e ideológico, las consignas suelen ideas simples e incluso rudimentarias cuya asimilación no requiere de nivel escolar ni desarrollo intelectual. Muchas apelan a las emociones y tratan de soliviantar las pasiones. También las hay pacifistas y que llaman la concordia, ¡Viva la paz! figura entre las más universales.

Las consignas suelen surgir desde los centros de movilización política, los partidos y los liderazgos, pero las hay procedentes de las profundidades del sentir popular: ¡Váyanse todos! es antológica, aunque no tanto como: ¡Al carajo!

En cualquier caso, las consignas políticas suelen ser metáforas que funcionan cuando multitudes conglomeradas y emocionalmente manipuladas entran en trance y adquieren identidad propia y se dotan a sí mismas de una fuerza que puede ser devastadora. Bajo sus efectos, puede lincharse a un presunto criminal o encumbrarse a un demagogo. Los llamados que incitan a los extremos, pierden efecto cuando la multitud se disuelve, la masa pierde identidad y cada uno vuelve a ser quien era.

A las consignas se han incorporado expresiones discriminatorias que suman a los discursos reaccionarios: “El indio bueno, es el indio muerto”, las que entrañan discriminación de género como: ¡Perra! aplicada a las mujeres. Entre las más vigentes en América Latina estuvo “Go Home” y ¡Abajo el imperialismo! Entre las más impresionantes, figura: ¡Paredón!

Entre las consignas actualmente en circulación figuran las que se propalan en Irán en respuesta indignada a la hostilidad de los Estados Unidos. Como a veces ha ocurrido se trata de lemas que nunca se realizarán y, en caso de que ocurriera, promoverían un efecto cuya desmesura en lugar de movilizar, asusta: ¡Muerte a Estados Unidos! Y ¡Muerte a América! es el grito repetido por multitudes iraníes cuando entran en trance. ¿Sabrán ellos el alcance del lema?

Estados Unidos o América como sus naturales llaman a la geografía que habitan, es un país de unos 320 millones de habitantes, entre los cuales, solo una ínfima minoría pudiera ser culpada por las agresiones o los crímenes contra Irán y merecería ser castigada. Determinados enfoques políticos pretenden convertir las consignas en sucedáneos de los argumentos, maniobra muchas veces fracasada porque si algo es difícil de sostener artificialmente es una consigna política cuyo radicalismo es efímero y son olvidadas al modificarse las circunstancias que las originaron.

Algunos teóricos de la comunicación sostienen que el fomento de la cultura política funciona como generador de convicciones duraderas, generalmente enriquecedoras, mientras las consignas pasan y caen en el olvido. No es malo enarbolarlas cuando resultan oportunas, aunque incorrecto sostenerlas cuando han perdido vigencia. Allá nos vemos.
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LA FRATERNIDAD, ESE FANTASMA. LA REPÚBLICA CUBANA EN JOSÉ MARTÍ
POR JULIO CÉSAR GUANCHE, ENERO 28, 2020

La fraternidad, ese fantasma. La República cubana en José Martí

La libertad supone la ausencia de dominación, no la benevolencia del amo.

La Oda a la alegría, de Friedrich von Schiller, fue publicada por primera vez en 1786. En ella se lee:

“¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos allí donde se posa tu ala suave.”

Tres años después de su edición, estalló la Revolución francesa. El tema de Schiller devino un símbolo de la fraternidad universal. Maximilian Robespierre hizo una defensa de la igualdad a través de la fraternidad tan convincente como para hacerla formar parte, en 1790, de la divisa revolucionaria.

Ya en la segunda mitad del XX, al ser fundada la Unión Europea, un fragmento de la pieza de Schiller/Beethoven fue adaptada como himno de la entidad. Representaba la promesa de una nueva Europa, democrática e inclusiva, que ofrecía dejar atrás las filosofías que llevaron a las dos guerras mundiales.

Beethoven “hizo hablar” el poema de Schiller en el cuarto movimiento de su Novena Sinfonía. El genio alemán era un admirador de la Revolución francesa. Dedicó su Heroica a Napoleón Bonaparte, creyéndolo unos de sus adalides, pero cuando este se coronó emperador tachó con saña su nombre de la dedicatoria.

Desde Cuba, otro admirador de la gesta francesa, José Martí, pensaba que en el “cielo alto” se encontraban juntos Calderón, Shakespeare, Esquilo, Goethe, y Schiller. “Y a aquella altura: nadie más”. Similar admiración sintió por Beethoven, que le ahorró hacer similar gesto con Napoleón. Martí le llamó directamente “el corso vil”, al tiempo que escribía para los niños de América: “Francia fue el pueblo bravo, el pueblo que se levantó en defensa de los hombres, el pueblo que le quitó al rey el poder. Eso era hace cien años, en 1789. Fue como si se acabase un mundo, y empezara otro.”

Si hubo un fantasma mayor que el comunismo después de la Revolución francesa, fue la fraternidad. La revolución europea de 1848 fue la revolución expresa de la República fraternal. No hubo movimiento revolucionario que no la hiciera suya. Desde entonces y hasta hoy, ha sido el “valor olvidado” de esa revolución, o ha experimentado un largo “eclipse”.

Sin embargo, en el XIX tenía aún un significado nítido. En el periódico español La Carcajada se puede leer (1872): “´Libertad, igualdad, fraternidad´, héos ahí en brevísimas letras compendiado todo el códice de la humanidad; el sueño de oro de todos los hombres de clara inteligencia y levantado espíritu, el problema de la felicidad para los pueblos y que ha servido siempre de bú [miedo, terror] a todos los tiranos de la tierra”.

Esteban Montejo, el Cimarrón de la novela testimonio de Miguel Barnet, unía la fraternidad con la alegría en un orden similar de sentido al que le había dado Schiller: “lo más lindo que hay es ver a los hombres hermanados. Eso se ve más en el campo que en la ciudad. (…) Ahí todo el personal tiene que vivir unido, como en familia. Tiene que haber alegría.”[1] En el campo encontró Montejo la comida y la libertad, y allí celebró la fraternidad y la alegría. El cimarronaje fue su particular oda a la alegría, esto es, a la libertad.

La fraternidad tenía una acepción muy anterior, la cristiana, que celebraba la descendencia común desde el Padre, pero respetaba el orden terrenal de los hijos con sus virtudes y sus desigualdades propias —“a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”—. San Pablo atribuyó la dominación a Dios y la hizo exigible en particular a los pobres y a las mujeres.

El nuevo sentido —revolucionario— de la fraternidad significaba algo mucho más radical: la reciprocidad en la libertad. Esto significa un programa político tan concreto como convertir en igualmente libres —no en meros iguales, menos en idénticos— a los atados por lazos de dependencia y sujeción. En Cuba eso significaba en primer lugar súbditos coloniales, esclavizados, trabajadores y también, aunque mucho más invisibilizadas, mujeres. [2]

La fraternidad cubana

Todos los lados del espectro político independentista cubano coincidieron en alguno de los usos políticos de la fraternidad. Antonio Maceo decía ser parte “parte, y no despreciable, de esta República democrática, que ha sentado como base principal, la libertad, la igualdad y la fraternidad y que no reconoce jerarquías”.

Diego Vicente Tejera escribió: “De aquellas informes ruinas hay que sacar a luz una Cuba nueva, en que haya todo aquello de que careció y por cuya posesión suspiró la antigua Cuba, principalmente mucha libertad y mucha justicia, mucha justicia, para que compartamos nuestro lema republicano, puesto que justicia es igualdad, e igualdad es fraternidad.”

“Anita” Betancourt y Agramonte reclamaba: “Cuando llegue el momento de libertar a la mujer, el cubano que ha echado abajo la esclavitud de la cuna y la esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad abnegada, y que mañana será, como fue ayer, su compañera ejemplar.”

Las citas son un compendio de lo que hoy se califican como demandas de clase, raza y género, unidas por el programa de la fraternidad republicana. Ese republicanismo no se reducía a la dicotomía monarquía vs república. La República significaba un programa político a la vez que moral, una manera de organizar la sociedad. Era la forma política, social y cultural de la independencia.

“Entre hermanos se vive mejor”

En ese “espíritu de época” es raro encontrar una referencia a la fraternidad política —el complemento necesario de la libertad y la igualdad— que no despertase, como decía La Carcajada, el terror de los déspotas.

Un testimonio de la guerra de “Cuba contra España” narra: «Los negros que no se presentaron ni siguieron á los insurrectos, se desparramaron, entregándose á sus instintos de vagancia, merodeándolo todo y talando lo que bien les parecía. Para coronar la obra, hubo en algunas fincas de la jurisdicción de Puerto-Príncipe convites, en que los negros se sentaron á la mesa con los que habían sido sus amos; en que los sirvieron las señoras, que, hasta entonces, aun mirarles habían desdeñado; en que se dieron el afectuoso nombre de hermanos; en que se estrecharon aquellas manos que se rechazaban, y cuya fiesta terminó con un baile, en que las señoras bailaron con sus esclavos”. [sic]

La escena tiene contenido distinto a la de la película La última cena, de Tomás Gutiérrez Alea. En esta la libertad era una concesión, en el testimonio, es una conquista. En la película, sus cabezas arrancadas terminan colgadas sobre picas. En el testimonio, terminan en fiesta, para terror de los esclavistas.

La libertad supone la ausencia de dominación, no la benevolencia del amo. La fraternidad es una exigencia democrática hacia los ciudadanos: es lo que sostiene las reglas de la convivencia en común, si esta es libre.

La música popular cubana recoge esa acepción de la fraternidad como “patriotismo colectivo”: “Ese mártir hermano”, dice la “Clave a Martí”, de José Tereso Valdés y Emilio Vallillo. Sin embargo, no es solo un ideal político. La fraternidad es también es una necesidad práctica por lo que supone de cohesión social, posibilidad de acción colectiva, plataforma de cooperación y de enfrentamiento de problemas comunes. O sea, es también un valor deseable.

La fraternidad resulta, acaso, el mejor camino para la convivencia personal y social. Escúchese a Celia Cruz cantando “Burundanga” —cuyo título Cristóbal Ayala registra como “Bembé”, de Oscar Muñoz Bouffartique:

“Songo le dió a Borondongo
Borondongo le dió a Bernabé
Bernabé le pegó a Muchilanga
le echó Burundanga
le hinchan los pies
(…) Mapamdelé, practica el amor
ay defiende al humano
Porque ese es tu hermano
se vive mejor».[3]

Martí: la República fraternal

Martí, republicano confeso, defendió los múltiples sentidos de la fraternidad. Lo hizo como fraternidad racial entre blancos y negros. Las consecuencias de la idea fueron complejas en su devenir —han sido estudiadas por Rebecca Scott, Esteban Morales, Alejandro de la Fuente y Ada Ferrer, entre otros—, pero la concepción de la igualdad de las razas de la que parte fue defendida por antirracistas revolucionarios cubanos, como Rafael Serra, quien llegó a decir: “Somos de la Escuela de Martí”.

Martí defendió la fraternidad para la convivencia entre nacionales: “se dice cubano y una dulzura como de suave hermandad se esparce por nuestras entrañas”. Lo hizo para la convivencia entre naciones, exigiéndole a la (primera) República española deberes de reciprocidad (fraternidad) ante la Revolución y la República cubanas.

Lo hizo hacia los pueblos de América: “Ni puede calcularse, por más que se le entrevea, el benéfico influjo de esta reunión de pueblos fraternales, sin preparación y sin intrigas, sobre aquellos que por arrogancia o avaricia hayan pecado, o estuvieran en el riesgo de pecar, contra la fraternidad de los pueblos de América.”

La defendió hacia los ex esclavizados y los trabajadores de Cuba, cuando discursos suyos expresaban “todas las rebeldías indómitas de los que no quieren ser esclavos”. Lo hizo cuando describió al alma de Cuba como representado por una mujer anciana y trabajadora —llamada Carolina— que enviaba ayuda a los presos políticos y a los cubanos sin ingreso o sin empleo.

Hace casi dos décadas, un estudioso de José Martí de la erudición y la profundidad de Pedro Pablo Rodríguez decía: “Hay que reconocer, sin embargo, que durante los últimos treinta años algunos estudiosos han examinado el término martiano de república justamente como un concepto al que ha de conferirse una importancia singular para la comprensión de la totalidad de su pensamiento”.

Colocar la República como piedra angular de su pensamiento es no solo un trabajo intelectual aún por hacer. Es una gruesa necesidad para la imaginación política de los cubanos de hoy, vivan donde vivan.

Lo que hizo que calara del modo en que lo ha hecho el ideario de Martí en Cuba es su comprensión sobre la libertad (“al que merme un derecho, cortésele la mano”); su defensa de poseer y distribuir propiedad a través del trabajo honrado; su idea sobre la representación política como un mandato entregado por el pueblo y siempre dependiente de él (“El Delegado”, “El convencional No. 2” ) ; y su idea de ser un esclavo del Derecho y de la ley.

Ese conjunto combate la desigualdad social que impide el ejercicio pleno de la ciudadanía, como también se opone a que una minoría —por retener poder político o económico— pueda definir en exclusiva los términos de lo que llama luego — cínicamente— el “bien común”. Martí fue un enemigo, según Serra, del hábito español —que significaba el principio de autoridad de la monarquía— e identificó en el capitalismo monopolista y en el socialismo burocrático auténticas tiranías autocráticas.

Es difícil imaginar un programa más radical que el suyo para Cuba: (haremos) «política de cimiento y de abrazo, por donde el ignorante temible se eleve a la justicia por la cultura, y el culto soberbio acate arrepentido la fraternidad del hombre, y de un cabo a otro de la isla, sables y libros juntos, juntos los de la sierra y los del puerto, se oiga, por sobre los recelos desarraigados para siempre, la palabra creadora, la palabra “!hermanos! ”

Notas:
[1] Debo esta asociación sobre Esteban Montejo a Antoni Doménech.
[2] Hace ya tiempo se ha hecho común la crítica feminista al término “fraternidad”, por construir genealogías excluyentes de lealtad masculina —es conocida, por ejemplo, la crítica de Carole Pateman— pero si la fraternidad era un programa de “plena y universal civilización de la vida social, económica, familiar y política, tenía que traer consigo —ha escrito Antoni Doménech— la cumplida emancipación de las mujeres”.
[3] La trascripción es mía, de la grabación original con La Sonora Matancera. El gran Cristóbal Díaz Ayala ofrece una transcripción con diferencias en el texto respecto a la que aquí propongo.

Julio César Guanche (Profesor e investigador. Ha escrito varios libros y un número largo de ensayos y artículos. Hubiera querido ser trompetista, pero la vida es como es. Siente la misma pasión por el cine, la historia, la música y la cultura popular. Descree, en profundidad, de quien no sepa cocinar. Investiga temas de política, historia y derecho, pues cada cual se divierte como puede.)
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EL EMPLEO Y EL FUTURO DE CUBA
POR DR.C JUAN TRIANA CORDOVÍ, ENERO 27, 2020

El empleo y el futuro de Cuba

La población cubana residente al finalizar el 2018 era de 11 209 628 y su distribución por sexo dice que 5 575 988 eran hombres mientras 5 633 640 mujeres [1]. Ese año ya éramos menos cubanos que en el año 2010, cuando los cubanos residentes andábamos por los 11 210 064.

Hace ya bastante tiempo que sonaron las alarmas demográficas acerca de las tendencias del comportamiento del homo sapiens cubanus.

Estas son tendencias, por lo general, de largo plazo, por lo que cambiarlas no es tarea de un día. Claro está que en cuanto al decrecimiento de los residentes en el país se podría optar por estimular la inmigración de otros habitantes de otras regiones del planeta, aunque en mi preferencia personal me decanto por hacer lo imposible por conservar a los cubanos en su tierra.

De todas maneras, esos 11 209 628, poquito más, poquito menos, somos los que estamos aquí y con quienes hay que empujar hacia delante en ese empeño de hacer de Cuba en país próspero, sostenible, independiente y soberano.

Así pues lograr emplear adecuadamente a todos ellos es decisivo para ese propósito. En otras palabras sin cubanos empleados allí donde más puedan rendir de acuerdo a sus aptitudes aquella tarea se hará mucho más difícil, casi que imposible.

Por eso me pareció tan importante para el presente y el futuro del país la reunión del Ministerio del Trabajo y la intervención del presidente Miguel Díaz-Canel.

Vayamos primero a los datos.

2019 2018
Empleados totales 4 515 200 4 482 700

de ellos: sector estatal
3 079 500 3 067 000
en el Sistema presupuestado 1 478 200 nd
en el Sistema empresarial 1 600 300 nd
Empleados sector no estatal 1 435 700 1 415 000
Cooperativistas nd 469 000
CPA nd 451
CNA nd 18 100
Privado nd 945 800
TCP 621 268 580 000

Todos los datos del 2018 proceden del Capítulo 3 del anuario Estadístico de Cuba 2018. Mientras que los datos del 2019 proceden de la información brindada en Cubadebate en su reportaje de sobre Balance anual del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social publicado el 18 de enero del 2020. Aunque los datos del 2019 no están completos, combinando ambos años podemos acercarnos a la realidad del empleo en Cuba.

Los datos permiten apreciar algunas características de la estructura del empleo en Cuba que resultan de interés:

En primer lugar, el peso preponderante recae en el sector estatal, que genera el 60% del empleo del país, mientras el sector no estatal alcanza a generar el 31% del empleo, confirmando la importancia del primero como generador de empleo.

En segundo lugar, resulta relevante el peso del sector presupuestado dentro del empleo estatal que alcanza el 48% del total del empleo generado en este sector, por un 52% en el sistema empresarial estatal.

En un país subdesarrollado, con significativas necesidades de crecimiento no satisfechas, con niveles de productividad notoriamente bajos ¿debe ser esta la proporción adecuada? ¿Acaso no es necesario lograr un mayor desplazamiento de empleados hacia los sectores que contribuyen de forma directa a la producción y los servicios transables?

Es cierto que dentro del sector presupuestado están los trabajadores de educación, salud, ciencia y cultura, pero sin dudas quedan aún reservas para racionalizar el empleo en este sector. Volvamos a los datos.
Empleados por sectores % del total de empleados

Administración Pública, defensa y seguridad social 282100 6,29%
Ciencia e Innovación Tecnológica 26 400 0,59%
Educación 463 000 10,33%
Salud Pública y Asistencia Social 478 000 10,66%
Cultura y Deporte 155 000 3,46%
Servicios comunales, sociales y personales 352 400 7,86%
Comercio, reparación de efecto personales 465 300 10,38%
Total 2 222 200 49,57%

El total de empleados en el 2018 fue de 4 482 700 persona. Las personas empleadas en sectores de servicios no asociados directamente a la producción alcanzaron casi el 50% del total de empleados.

Entre administración pública, defensa y seguridad y servicios comunales, sociales y personales se encuentran empleados 634 500 personas, esto es 13,15% de todos los empleados del país. Es cierto que, en administración pública, defensa y seguridad, entre el 2016 y el 2018 se produjo una disminución de más de 44 500 personas, pero ¿acaso no habrá posibilidades para aumentar la eficiencia en esos sectores y poder reorientar una parte de esas personas hacia sectores productivos?

Mientras en Servicios Comunales se produjo un incremento de casi 82 000 personas, aquí cabe la misma pregunta anterior. Habría además que generar incentivos en el sector productivo para inducir ese desplazamiento y sin dudas uno de las decisivos, sino el más decisivo, es el salario.

En tercer lugar, los datos combinados de la estructura del empleo en 2018 y 2019 revelan que, si bien es cierto que el empleo no estatal es el 31% del empleo en el 2018, si la comparación se hace entre el sector empresarial estatal y el sector no estatal, entonces se tiene que las diferencias entre el peso del sector empresarial estatal en el empleo total (35%) y el del sector no estatal (31%) no resulta demasiado significativa.

En otras palabras, en el ámbito empresarial el empleo que genera el sector estatal y el que genera el sector no estatal son muy parecidos.

En cuarto lugar, destaca que el empleo privado [3], según los datos del 2018, alcanza el 60% del empleo del sector empresarial estatal y el 21% del empleo total e el 2018, proporción para nada despreciable.

Este significa que, al menos en términos de empleo, es imprescindible también lograr incentivos suficientes para que el sector no estatal de la economía, cooperativo y privado, crezca, mejore cualitativamente y se consolide, pues los datos de la dinámica de la producción y de la inversión demuestran que el sector empresarial estatal no tiene capacidad suficiente para generar un volumen de empleo capaz de sustituir el empleo generado desde el sector no estatal. Tampoco es posible sostener que el sector presupuestado pueda cumplir con ese rol.

Avanzar hacia el 2030 por el camino del desarrollo obliga a poner el empleo, su magnitud y su calidad, entre las más importantes prioridades.

Notas:

[1] Todas las cifras anteriores están tomadas del Anuario Estadístico de Cuba 2018, Capítulo3, tabla 3.3.
[3] La ONEI en su Capítulo 3 del Anuario estadístico de Cuba define al trabajador privado como “Los trabajadores privados comprenden entre otros a los campesinos privados, a los trabajadores por cuenta propia, a los artistas de la plástica, escritores y otros trabajadores intelectuales”
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PYMES CUBANAS SIGUEN ESPERANDO LEY QUE LAS REGULARICE
POR ANDREA RODRÍGUEZ / AP, ENERO 28, 2020

Pymes cubanas siguen esperando ley que las regularice

La falta de una norma que oficialice a las pequeñas y medianas empresas (Pymes) en Cuba -un rezago del estatismo soviético que estigmatizaba al sector privado- aún limita el desarrollo de los emprendedores.

En 2006, Geraudis Mustelier era un empleado del gobierno cubano cuyo trabajo consistía en apoyar la organización y contabilidad de varias firmas. Ahora tiene su propio negocio de gestión y entre sus 400 clientes destacan importantes corporaciones de la Isla, pero para la ley lo suyo no es una empresa.

La falta de una norma que oficialice a las pequeñas y medianas empresas (Pymes) en Cuba -un rezago del estatismo soviético que estigmatizaba al sector privado- aún limita el desarrollo de los emprendedores como Mustelier. “Hay una resistencia cultural, mental al cambio”, reflexionó Mustelier ante la AP.

Él y otros colegas operan como “cuentapropistas”, lo que implica que, entre otras cosas, no pueden separar sus finanzas personales de las de sus comercios, contar con esquemas para quiebras o sistemas tributarios diferenciados.

A finales de diciembre se informó que el Parlamento estudiaba la posibilidad de sancionar una Ley de Empresas que regularía a las estatales y a las privadas, pero no hay detalles sobre ésta. Estaría lista para en abril de 2022, señalaron los diputados, aunque funcionarios dijeron que podría avanzarse en medidas regulatorias desde este año.

Mustelier y media docena de emprendedores con los cuales habló AP indicaron, además, que la norma los beneficiaría porque los libraría de verse expuestos a los vaivenes de dirigentes que los exhortan a esperar o dictan decretos contradictorios, daría seguridad a sus clientes y les permitiría importar insumos y exportar productos por sí mismos. Asimismo, podrían participar de un mercado mayorista cuando éste se abra y favorecerse en materia fiscal al deducir impuestos por concepto de inversión en innovación o de acuerdo con el tamaño de sus operaciones.

Para algunos empresarios y expertos, esta ley sería positiva para el país y el desarrollo de las Pymes contribuiría a abastecer a la población, que en meses recientes se topó con anaqueles vacíos en medio de un endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos -que limita sus importaciones- y absorber el millón de puestos estatales que podrían desaparecer a causa de una reforma previamente anunciada.

En la última década, Cuba dio algunos pasos hacia la iniciativa privada -lo que permitió por ejemplo el surgimiento de Gemus, la firma de Mustelier, y otros negocios- pero en los últimos años el nivel de éstos parece haber tocado un techo.

El expresidente Raúl Castro arrancó en 2010 una política de apertura en un país en el que 80% de la fuerza laboral estaba vinculada al Estado y el emprendimiento de los particulares era estigmatizado como un peligro capitalista. Incluso la propiedad privada logró reconocimiento hace apenas unos meses, bajo la nueva Constitución, vigente desde abril de 2019.

Al calor de los cambios, muchas zonas se transformaron con el establecimiento de cafeterías, restaurantes, casas de alojamiento, talleres o venta de productos. Los emprendedores buscaron la forma de atraer clientes y se triplicaron los ingresos de muchas familias.

De 157.351 licencias que había en 2010 en algunos oficios como reparador de calzados o taxistas pasaron a 600.000 en la actualidad en muchos sectores.

Durante este tiempo, la relación entre el gobierno y los emprendedores no estuvo exenta de altibajos. En algún punto las autoridades cancelaron la entrega de licencias, aunque luego la reanudaron. La economía cubana enfrenta desafíos además de las sanciones estadounidenses -unificar su moneda, entre ellos-, por lo que algunos expertos opinan que la eventual Ley de Empresas impulsaría las finanzas.

A finales de 2019 las autoridades informaron que el PIB de Cuba había crecido 0,5% en lugar del 5% o 7%, como los propios dirigentes mencionaron que era necesario para sacar al país de la crisis. “Al punto en que está la economía cubana no se puede seguir funcionando en base a las urgencias, debe haber una sedimentación a futuro”, dijo a la AP el economista cubano Omar Everleny Pérez, quien apoya la pronta sanción de la Ley de Empresas.

Dado que en el país hay varias tasas de cambio y que benefician a algunas grandes empresas estatales, la reforma financiera mostraría cuáles son ineficientes y deben ser cerradas, lo que dejaría trabajadores sin puestos de trabajo. “Si vas a permitir el quiebre de la empresa estatal (con la reforma), esos operarios ¿a dónde irían?”, se preguntó Pérez. “No se trata de meter el germen capitalista o la economía de mercado, sino de balance”.

Economías como la japonesa, la mexicana y las de algunas naciones europeas basan su desarrollo y generan empleos a través de los pequeños y medianos empresarios.

“El 85% de los empleos en Europa son de Pyme”, explicó a la AP el embajador de la Unión Europea en Cuba, Alberto Navarro. “Nos gustaría tener un fondo de inversiones relevante para impulsar la Pyme europea y la cubana, pero para eso hace falta que Cuba apruebe también la pequeña y mediana empresa”.

La Pyme “es más resistente frente a las sanciones, frente al bloqueo de los Estados Unidos porque Estados Unidos puede poner multas o sanciones a una gran empresa, a un gran banco, pero le va a ser mucho más difícil atacar a la pequeña y mediana”, auguró Navarro.

Estados Unidos impuso sanciones tan fuertes a Cuba este año para asfixiar su economía y presionar un cambio de modelo político, que incluso Washington persiguió a los barcos que traen petróleo a la isla o limitó los viajes para evitar que la nación caribeña recibiera ingresos por turismo. La Administración del presidente Donald Trump fue tan lejos como para permitir que se presentaran juicios a empresas de terceros países que se atrevan a operar con Cuba a fin de disuadir su participación aquí.

“La inexistencia de una ley de empresas… limita grandemente al sector privado en Cuba”, expresó a la AP Camilo Condis, un ingeniero industrial que desarrolla un negocio de servicio eléctrico. “Es nuestro propio bloqueo interno. El sector privado se encuentra atado de pies y manos e impedido de crecer orgánicamente para alcanzar un papel de mayor peso en el desarrollo de la economía”.
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EL DEBATE SOCIAL. SUS REGLAS.
POR ESTEBAN MORALES, ENERO 29 DEL 2020.

Decía José Martí, que…”si la guerra es a pensamiento, ganémosla a pensamiento”. Solo seguir ese principio martiano, al pie de la letra, sería suficiente como para que el debate entre nosotros, se desenvolviera con todas las de la ley y resultara útil a la política y en definitiva a nuestra sociedad toda.

Pero, lamentablemente, no pocas veces nuestros debates internos no se desenvuelven de ese modo. Y no transcurren como debe ser, porque violamos principios básicos de lo que debería ser un verdadero debate científico e intelectual. Por lo que creo, que cometemos varios errores, que no pertenecen solo a los que debaten, sino a los que deben encausarlo y a los que deberían crear el contexto propicio para que nuestros debates se desenvolviesen del modo más útil a los intereses de nuestra sociedad en construcción. A mi modesto entender se cometen frecuentemente varios varios errores en nuestros debates.

1- No solo la ciencia aparece primando en el debate. Esta última también se debe enfrentar a la pseudociencia.
2- La apreciación científica se contamina con opiniones personales, el menosprecio al conocimiento de los demás, o los subterfugios para ganar en la discusión.
3- La equivocación solo es pocas veces resultado del desconocimiento y muy frecuentemente de la conveniencia.
4- Es fundamental que el debate tenga siempre como punto de partida un acceso democrático y equilibrado a la información disponible.
5- A veces no respetamos que, entre nosotros, la ciencia tiene como principal objetivo el beneficio a la sociedad.
6- No siempre prima el carácter democrático en la divulgación de las opiniones. Con frecuencia publicamos las opiniones de unos, pero no las de los otros.
7- Las estructuras del poder político no debieran ofrecer ventajas a ninguno de los contendientes. Púes cuando ello tiene lugar, se afecta el carácter objetivo de los argumentos, pudiendo dominar las opiniones menos objetivas, así como las soluciones menos convenientes.
8- La simple propaganda de las ideas que se enfrentan, no debe operar como ventaja para ninguno de los contendientes.
9-La verdad comprobada, es el único principio básico para dirimir cualquier debate.

Nadie está en posesión de la verdad absoluta, pues la propia verdad, es la síntesis de muchas verdades relativas y absolutas al mismo tiempo. Llegándose a ella solo como resultado de una dialéctica de prueba y error, que aparece siempre condicionando el real acceso al conocimiento. Dado que tampoco es posible soslayar, que el camino del conocimiento, es más importante que el conocimiento mismo. Y solo esa dialéctica, correctamente aplicada, le da carácter científico al enfrentamiento de opiniones.

No obstante, lamentablemente, nuestros debates, no pocas veces, se circunscriben a ser una vulgar discusión, en la que cada uno trata de imponer su criterio al otro. Sin límites ni respetos hacia la opinión contraria. Muchísimo menos, apreciando de que la conclusión debe venir de un enfrentamiento de opiniones, en la que hay tanto razones válidas de un lado, como equivocaciones del otro lado de la ecuación. Situación en la que un simple razonamiento matemático-algebraico, nos ayudaría a comprender que ambos lados de la ecuación se suponen y excluyen mutuamente. Lo cual daría como resultado, el único contexto, que está en condiciones de acercarnos a la verdad.

Por lo que no es difícil de apreciar, que muy pocas veces, en nuestro campo, existen verdaderas discusiones científicas.

Es que nuestros debates se desenvuelven en los marcos del complejo y contencioso duo de política y ciencias sociales. Donde la subjetividad tiene un peso demasiado grande, como para que el debate resulte a veces realmente científico. Dado que son muchos los obstáculos que hay que superar, tanto por parte de los científicos, como de los políticos. Para los científicos, pesa mucho la necesidad de la honestidad y la valentía ante lo que descubrimos; para los políticos, la capacidad de aceptar lo que la ciencia les está proponiendo.

En nuestro entorno cultural están presentes aun varias deficiencias que afectan el carácter científico que debe tener el debate. En primer lugar, la ignorancia. Asumida a veces, pero frecuentemente ignorada. O no aceptada. Siendo esta última la peor. Pues se trata a veces una politización excesiva o ideologización a ultranza, que limitan sobremanera la objetividad de la búsqueda. Un sentido burocrático de la relación entre ciencia y política, limita también sobremanera la calidad del debate.

Limitada cultura del debate, que, no pocas veces, asume este erróneamente, pensando que lo más importante de una discusión es ganarla. Olvidando, o echando a un lado, el verdadero objetivo del debate, que es encontrar la verdad que nos enriquece y arma para solucionar los problemas. Esas deficiencias culturales, además de tener sus raíces en la deficiente formación educacional y científica, se nutre también del individualismo, el egocentrismo, el dogmatismo, la cobardía y la deslealtad a los principios.

No parece difícil comprender que encontrar la verdad es lo fundamental. Pero creer que siempre esta se encuentra de nuestro lado, o que la poseemos de manera absoluta, nos obstaculiza los razonamientos para llegar a ella.

Hoy, Cuba necesita, como nunca antes, que toda su intelectualidad, hombres de ciencia o simplemente personas preparadas, participen dentro de un debate, que abarca todas las esferas de nuestra sociedad y que es vital para el proceso de construcción económica y social y cultural en que nos encontramos inmersos.

Pero para que ese debate resulte realmente útil tiene que ser uno que acepte y cumpla las reglas que nos impone el verdadero debate científico. Que en esencia también es político, pero que no puede ser dominado por la política y muchos menos por la ideología. Dentro de una relación de supeditación que limita a la ciencia para encontrar alternativas de solución a los problemas y a la política para aplicarlos.

En ello les corresponde un papel fundamental a las estructuras del poder gubernamental y político. Que, a mi modo de ver, se podría sintetizar en los asuntos siguientes.
1.Suministrar preguntas claras, con objetivos determinados y vías que conduzcan el debate.
2. Obrar democráticamente en el suministro de la información necesaria. Que quiere decir, no favorecer a nadie en la calidad de los datos que se entregan.
3. No adelantar soluciones políticas o económicas, sin tomar en cuenta o valorar la opinión de todos los participantes en el debate.
4.No sugerir ni inclinarse hacia ninguna de las posiciones que se sostienen en los debates.
5. Considerar a las críticas como material de trabajo para encontrar soluciones y nunca negarlas exprofeso, objeto de ataques excesivamente politizados ni ideologizantes.
6. Dar cuenta siempre, por los medios de información, de que se dispone, que el debate es seguido con seriedad y atención.
7. Permitir que los medios participen ampliamente de la divulgación de las soluciones. Porqué, en definitiva, serán las masas las encargadas de llevarlas a vías de hecho.

Sino obramos de esa manera estamos echando por la borda nuestro mayor potencial para sobrevivir y hacer avanzar la solución de los problemas y a la sociedad toda.

Se trata de que es el poder de las ciencias, bien utilizadas, lo que nos puede hacer avanzar hacia los objetivos que nos hemos propuesto.
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LOS NUEVOS PARADIGMAS EN CUBA
POR MARIO VALDÉS NAVIA, ENERO 30, 2020

Los nuevos paradigmas en Cuba

En los años noventa, en medio de la llamada crisis del marxismo, entraron a Cuba los nuevos paradigmas científicos que venían revolucionando el pensamiento científico universal de la segunda mitad del siglo XX: complejidad, bioética global y el ecológico, u holismo ambientalista. Cual corriente de aire fresco vinieron a hinchar las velas del pensamiento en aquellos momentos en que se derrumbaba el muro del modelo único de socialismo de Estado y se abrían las puertas a otros modos de pensar, prohibidos o menospreciados durante la férrea hegemonía del marxismo-leninismo (M-L) estalinista.

Al inicio, muchos adoptaron ante ellos las posturas ignorantes y soberbias que William James caracterizó cuando dijo que ante una idea nueva hay tres reacciones: primero, “es un absurdo”; luego se dice, “quizás”; y finalmente, “todo eso ya lo sabíamos”. Tampoco ayudaba a su recepción el dogma de considerar al M-L como el sumun del conocimiento humano, ante el cual solo cabía la reverencia y el credo.

Las cosas empezarían a cambiar cuando destacados filósofos cubanos, como Carlos Delgado y Pedro Luis Sotolongo, se convirtieran en apóstoles del pensamiento complejo. Sus cursos, publicaciones y capacidad de convencimiento serruchaban el piso a los viejos clichés enquistados en las mentes de colegas y alumnos tras años de tradición “manualesca” y pseudocientífica. A esto favorecía el que padres fundadores de la complejidad, como Edgar Morin, declararan a Marx no solo como una de sus fuentes nutricias, sino como un antecesor directo.

Fueron muchos los que se sintieron (nos sentimos) prestos a incorporarse a la creación del nuevo modelo cultural que se preconizaba, como parte de una tarea global que se desarrollaba a nivel de conciencia planetaria y donde Cuba se imbricaba de manera natural, fluida y a tiempo.

Pero el M-L no estaba dispuesto a ceder su monopolio tan fácilmente. Soportó a pie firme las embestidas, se replegó y volvió por sus fueros con energías renovadas, al punto de que, veinte años después, continúa hegemonizando la enseñanza de la filosofía en la escuela cubana, sin excluir a las universidades, tanto en el pre como en el postgrado.

Realmente no es de sorprender que esto haya ocurrido, porque los nuevos paradigmas, con su revitalización del pensamiento dialéctico en las circunstancias de globalización y crisis ambiental, atacan las bases de los viejos esquemas mecanicistas que están en los fundamentos del socialismo de Estado de origen estalinista. Cosa que no puede ser del agrado de los ideólogos de la continuidad del modelo a toda costa, y a todo costo.

Ocurre que en el esquema marxista-leninista se cree en la certeza de que la historia es un proceso lineal que marcha de manera inevitable hacia el futuro comunista. El mito del paraíso futuro de los trabajadores –común a todos los utopistas y demagogos— se presenta como un principio universal. Estos paradigmas nuevos, donde se acepta el azar, la incertidumbre y los múltiples escenarios probables, hacen tabla rasa de aquellas antiguas creencias decimonónicas.

Tampoco aceptan el principio, tan querido a la gobernabilidad burocrática, de la recuperación del todo a través de sus partes. Al considerar una falacia que lo complejo pueda ser simplificado a sus partes integrantes –como cualquier asunto complicado— exigen darle respuestas complejas, holísticas, a los problemas de la sociedad y el pensamiento.

Nada más lejos de los intereses burocráticos que añoran con cambiar lo menos posible para no afectar los fundamentos de su hegemonía con las transformaciones radicales del escenario actual. En Cuba, consideran que pueden limitarse los cambios a la esfera económica, ocultan o minimizan los sociales y cierran filas ante cualquier transformación del status quo político.

Enfoques que privilegian la aceptación universal de la tolerancia, la ética de la comprensión y el diálogo democrático tienen que sonar subversivos e inaceptables a una ideología teorizada que se considera superior a las demás y única depositaria del saber verdadero. Por eso, aunque la UNESCO haya publicado como contribución al debate internacional sobre la forma de reorientar la educación hacia el desarrollo sostenible el clásico de Edgar Morin Los siete saberes necesarios a la educación del futuro (1999), su empleo brilla por su ausencia en las carreras pedagógicas y socio-humanísticas de las universidades cubanas.

En cambio, se sigue haciendo hincapié en las leyes y categorías de la dialéctica hegeliana y otros esquemas mentales de la época de los grandes discursos totalizadores del XIX. Hoy, la promoción de los nuevos paradigmas ha de ser un deber y una prioridad de la escuela cubana, en particular de las universidades, si de veras se aspira a desarrollar en las nuevas generaciones un pensamiento crítico, creador y capaz de contribuir a presentar propuestas exitosas para solucionar los problemas actuales de Cuba y el planeta de manera democrática y sostenible.
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“CON MARTÍ, CRUZANDO EL BROOKLYN BRIDGE”
POR MARÍA ISABEL ALFONSO, NEW YORK, 30 DE ENERO, 2020

“Con Martí, cruzando el Brooklyn Bridge”

Un frío miércoles de principios de año, 30 de enero, como hoy, pero de 1895, salía José Martí[1] de New York hacia Montecristi para dar inicio a la Guerra Necesaria. Partía a sus 42 años a un viaje sin regreso. De ellos, había vivido 15 entre Manhattan y Brooklyn –la mayor parte, en Manhattan—.

Siempre he tratado de imaginar cómo habría sido para Martí llegar en 1880 a aquella urbe a medio camino entre el pasado y la modernidad; con automóviles y caballos pujando por un mismo espacio junto a un millón de habitantes empeñados en similar propósito. ¿Cómo serían los lugares donde vivió y trabajó? ¿Cómo sería aquel apartamento de Brooklyn en Kent, calle por la que paso con frecuencia en camino a la universidad en ese mismo barrio, a hablarle a estudiantes eternamente sorprendidos ante mi invariable pasión por ese hombre de baja estatura, bigote exagerado y frente amplia?

Salvo la estatua ecuestre de Anna Hyatt Huntington, erigida en Avenida de las Américas y Central Park en 1965, apenas quedan trazos visibles de la estancia neoyorkina del poeta. Existe hasta un memorial a Félix Varela —fallecido en 1953, año en que nació Martí— en la Iglesia de la Transfiguración en el Lower Manhattan, área donde aquel fungió como vicario general de la diócesis por 16 años. Martí, en cambio, parece como si no hubiera existido.

Martí espectral

En este contexto de un inmaterial Martí newyorkino, pobre en bustos y tarjas conmemorativas, el poeta ocurre como una suerte de espectro. Los fantasmas, apuntó Edensor[2], “residen en nuestras memorias personales; son residuos de espacios y tiempos distantes que permanecen en nuestros cuerpos; son hábitos; maneras que nos poseen”. Martí, sin dudas, nos habita; nos sondea; nos escucha; nos hace ser. Desde cualquier esquina de esta gran ciudad, apenas sin nosotros saberlo, cura nuestras nostalgias; nos cuida.

Por acá pasó por primera vez en 1875 a bordo del vapor trasatlántico Celtic, proveniente de Liverpool y camino a México, país donde residiría hasta el 1877 y donde conoce a su esposa, Carmen Zayas Bazán.

Solo 4 años en España después de su salida forzada del presidio en Cuba, serían suficientes para entender que era en New York y no en la “madre patria”, donde se radicaría. Como ha señalado Lisandro Pérez, New York era la urbe donde una pujante comunidad cubana había comenzado a echar raíz desde principios del XIX, a partir del boom de la producción azucarera en la Isla, como consecuencia del alza de los precios, en el contexto de revolución haitiana. Eran a los puertos de Manhattan a donde llegarían las cajas del azúcar, lista para ser refinada.

Tras recorridos intermitentes por Centroamérica y visitas cortas a La Habana, Martí regresa a su ciudad natal en 1878. Solo un año después es arrestado y nuevamente enviado en calidad de preso a España. De allí, partiría otra vez a New York en 1880, ahora para radicarse de manera definitiva.

Lo recibe su amigo Miguel Fernández Ledesma, pero a los pocos días, se muda a la casa de huéspedes de Carmen y Manuel Mantilla, en 49 East 29 St., cerca del Flatiron District. La casa de los Mantilla es un hervidero de ideas. A ella llegan muchos de los emigrados cubanos, deseosos de compartir y debatir sobre la mejor manera de hacer la guerra. En el área actualmente se encuentra la embajada de Moldavia y un solar yermo.

El mismo año llegan a New York Carmen Zayas Bazán y su hijo, José Francisco, pero volverían a La Habana a los 8 meses. Al parecer, aquella ciudad no era sitio para la criolla acostumbrada al clima cálido y deferencias de clase.

Martí viaja a Venezuela en 1881, pero regresaría poco después a la gran urbe. Esta vez, se establece en 459 Kent Ave, Brooklyn, con la esperanza de que Carmen y su hijo regresen y permanezcan con él de manera definitiva. Ambos arribarían nuevamente a la ciudad en 1882, pero solo para regresar a La Habana tras un breve período. Un último intento de hacer vida juntos fue en 1891. Martí vivió invadido por la tristeza permanente de no saberse apoyado por Carmen y de vivir lejos de su hijo. Se debía a una familia más grande, una del tamaño de una isla.

A pesar de la soledad, o quizás, gracias a ella, se adentra en una etapa de intenso trabajo. A pedido del Departamento de Estado de los Estados Unidos, se desenvuelve como cónsul interino de Uruguay.

Posteriormente, será cónsul general de otras embajadas latinoamericanas en New York. Su creciente prestigio intelectual le abre el camino hacia posiciones como esta. Llega a ocupar el cargo de director del periódico La América, revista ubicada en Broadway 756, desde donde publica una extensa lista de crónicas sobre los Estados Unidos y la región, tales como “El tratado comercial entre los Estados Unidos y México” (1883), logrando conformar así un abarcador compendio de temas panamericanos.

Desde 120 Front St., Apt 13, espacio que parece haber usado para su oficina personal, funge como corresponsal de importantes periódicos latinoamericanos tales como La Nación, en Buenos Aires; La Opinión, en Caracas; y El Partido Liberal, en México.

Nada queda de ninguna de esas estructuras. Ningún nombre figura en tarja. Pero Martí, habita.

Madam Griffou

La francesa Madame Griffou llega a New York por los1870s proveniente de Cuba, acompañada por su segundo esposo. Juntos, deciden abrir una casa de huéspedes en la 21 East 9 St. El hotel acoge a inmigrantes franceses, españoles, pero sobre todo, a cubanos. La propia hija de Griffou, nacida en New York, está casada con uno. El personal de servicio, las camareras y cocineros, cubanos todos. El lugar es sitio de encuentro perfecto para insurrectos ansiosos por reiniciar la guerra final.

Recibe el Griffou también a artistas y bohemios a quienes otros cierran sus puertas, por extravagantes y raros. Es fuente de inspiración para William Dean Howells, quien enmarca sus novelas World of Chance y A Hazard of New Fortunes, de 1890 y 1893, respectivamente, en el modesto hostal.

Un día, uno de los inquilinos amarra en el patio del hotel a un oso pardo que había comprado con su cuantiosa fortuna. La policía interviene y el animal es enviado al zoológico del Parque Central. Posteriormente, un banquero millonario asesina al amante de su esposa y se quita la vida en una de las habitaciones. Mark Twain suele frecuentar el lugar. Oscar Wilde, durante su gira de 1882, permanece allí.

Dos años más tarde, el 2 de octubre de 1884, el hotel sería testigo de un acontecimiento aún más exótico.[3] Un general blanco en canas y un mulato de estatura imponente, allí alojados durante su paso por New York, se dan cita con un jovenzuelo abogado cubano relativamente nuevo en la ciudad quien, para el poco tiempo que ahí lleva, ha logrado armar menudo revuelo. Se conocen, pero solo por cartas.

Lo harán ahora en persona, en el corazón del Greenwich Village. Allí, en el Marie Griffou, coinciden Máximo Gómez, Antonio Maceo, y José Martí, por primera vez.

Un par de semanas después, a pedido de Martí, se produce otro encuentro. Martí, con la pasión que lo caracterizaba, discurre sobre lo que considera posibles errores de estrategia en la futura conducción de la guerra de independencia. Se preocupa por lo que vendrá después, por la república que les tocaba forjar.

La conversación se va tornando acalorada. Gómez y Maceo andan frustrados por otros motivos. Félix Govín, un millonario cubano radicado en New York, quien les ha prometido colaborar con $200 0000 para los preparativos de la guerra, se ha arrepentido de su generosa oferta. Recoger el dinero es, de hecho, el motivo principal de este viaje de los dos militares, en el cual han gastado los poquísimos fondos que habían podido recaudar durante sus campañas por Key West. Martí no para de hablar, de dar recomendaciones, de querer soñar junto a Gómez y Maceo, la futura nación.

Gómez lo interrumpe. Lo silencia. Le dice que su consejo no ha sido solicitado. Que su función es limitarse a acatar órdenes. Un ayudante le ha preparado un baño caliente en el cuarto adyacente al viejo militar. Sostiene una toalla en una mano para el Generalísimo quien airado, la toma bruscamente y se retira a darse su baño, dejando plantado a Martí.

El desaire y la falta de perspectiva derrumban al joven Martí. Maceo trata de consolarlo. Achaca la reacción del Generalísimo a sus años. Colisión de gigantes. No sería la última vez. Luego, en La Mejorana, sería Maceo quien haría dormir a Martí y a Gómez a la intemperie, en similar arranque de furia.

Y Martí el cívico, el intelectual, el amoroso, el genio, espera que salga Gómez del baño, para despedirse, aunque sin poder disimular su desconcierto.

Escritos en la nieve

Se toma dos días en responder al desplante de Gómez, a quien le dirige cortésmente en misiva estas palabras:

Salí en la mañana del sábado de la casa de Vd. con una impresión tan penosa, que he querido dejarla reposar dos días, para que la resolución que ella, unida a otras anteriores, me inspirase, no fuera resultado de una ofuscación pasajera, o excesivo celo en la defensa de cosas que no quisiera ver yo jamás atacadas, —sino obra de meditación madura: ¡qué pena me da tener que decir estas cosas a un hombre a quien creo sincero y bueno, y en quien existen cualidades notables para llegar a ser verdaderamente grande!—

Pero hay algo que está por encima de toda la simpatía personal que Vd. pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente; y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo.

Gómez no respondió, aunque comentó a alguien que “el tal Martí” le había escrito “una carta irrespetuosa.” En todo caso, no pudieron continuar con su estrategia insurgente, dada la falta de recursos y apoyo.

Aunque seguiría comprometido con la libertad de Cuba, Martí guarda distancia por alrededor de 7 años, durante los cuales se dedica fundamentalmente a escribir. Pareciera como si en este período se fusionara con la ciudad, se detuviera en cada detalle de ella, la cincelara con sus palabras. Publica extensamente.

Ya habían salido a la luz para entonces algunas de sus más bellas crónicas sobre New York, tales como “El Puente de Brooklyn”, tras su inauguración el 24 de mayo de 1883, sólo a tres años de su llegada a la urbe. Escribiría para La América, en junio del mismo año:

“Palpita en estos días más generosamente la sangre en las venas de los asombrados y alegres neoyorquinos: parece que ha caído una corona sobre la ciudad, y que cada habitante la siente puesta sobre su cabeza: afluye a las avenidas, camino de la margen del Río Este, muchedumbre premiosa, que lleva el paso de quien va a ver maravilla: y es que en piedra y acero se levanta la que fue un día línea ligera en la punta del lápiz de un constructor atrevido; y tras de quince años de labores, se alcanzan al fin, por un puente colgante de 3,455 pies, Brooklyn y New York.”

Sobre la tormenta de nieve de marzo de 1888, escribiría para La Nación: “Ya no se veían las aceras. Ya no se veían las esquinas. La calle Veintitrés es de las más concurridas: y un tendero compasivo tuvo que poner en su esquina un poste que decía: “Esta es la calle Veintitrés”. A la rodilla llegaba la nieve, y del lado del viento, a la cintura. (…)”

“Uno ha hecho de la seda de su paraguas un tapacaras, con dos huecos para los ojos y otro para la boca, y así con las manos a la espalda, va quebrando el viento: otros llevan los zapatos envueltos en medias, o en sacos de papel, o en papel de estraza, o en retazos de caucho, atados con cordeles: otros van abrigados con polainas y gorros de velocipedistas: a otro, casi cadáver, se lo llevan cargando, envuelto en su sobretodo de piel de búfalo. Este, botas de caballería, aquél de actor, aquél de cazador. “¡Señor! dice una voz de niño a quien la nieve impide ver, “¡sáqueme de aquí que me muero!” Es un mensajero, que una empresa vil ha permitido salir con esta tormenta a llevar un recado.”

Describiría también los inventos de ese pueblo al que calificó de “utilitario”: las alarmas de fuego; un tipo nuevo de pared, la invención de la electricidad… Todo capturaba su atención. Pero no se quedaba en el fenómeno, sino en sus implicaciones. Cada uno de ellos era una justificación para indagar sobre la coexistencia de ricos y pobres; sobre la infancia desprotegida; sobre la sociedad moderna.

Publica también sobre las campañas electorales en los Estados Unidos y la forma en que se echaban “lodo” y “clavaban puñales por la espalda y la barriga los candidatos”; sobre la primera votación de las mujeres en Kansas; sobre la influencia de la inmigración en la cultura pública de New York; sobre la pobreza.

Dos proyectos de suprema importancia se fraguaron en esta etapa: Los cuatro números de la revista La Edad de Oro, “dedicada a los niños de América”, publicados en 1889 en William St. No. 77; y el periódico Patria —publicación aliada al Partido Revolucionario Cubano— fundado en 1892 en Front St. No. 120. No quedan rastros visibles tampoco de las construcciones originales que acogieron a tan gigantes proyectos. Pero la geografía espectral del cubano de alma grande lo ocupa todo.
William St.

De Delmonico’s a Montecristi

No sería hasta principios de 1890 que Martí se entrega nuevamente a los preparativos de la guerra con la misma pasión que lo acompañaba durante aquella visita a los militares cubanos en el Griffou. Reside ahora en la calle 58 No. 361 West. En 1891 publica “Nuestra América” en La Revista Ilustrada de Nueva York y viaja a Tampa, donde pronuncia el discurso “Con todos, y para el bien de todos”, y se hace miembro de la Liga Patriótica Cubana de Ybor City.

Regresa a New York y al mes siguiente, vuelve para Tampa. No para. Parece querer recuperar todo el tiempo en que no viajó o se dedicó activamente a organizar la lucha armada. Visita fábricas, habla con los tabacaleros. Moviliza conciencias. Recauda fondos. Enferma de broncolaringitis. Hace almas.

Viaja por las Antillas desde agosto de 1893 hasta octubre, cuando regresa a NY desde Kingston, Jamaica.
En 1894, inicia otra gira por Centroamérica y regresa a New York vía Kingston a bordo del vapor “Ailsa”.

El 28 de enero de 1985, se reúne con sus amigos en el famoso restaurante Delmonico’s para celebrar su cumpleaños y despedirse. El 29, redacta un documento que contiene la orden de iniciar combate, el cual es enviado dentro de un tabaco para Cuba. El 30, partiría de New York para siempre.

Allí, en el restaurante Delmonico’s del cual escribió en muchas de sus crónicas, y el único lugar que parece haber resistido el paso del tiempo manteniéndose en pie el edificio original, se juntan ese 28 de enero todos los posibles Martí en uno solo. El Padre que sufre haberse privado de vivir con su hijo; el intelectual que debe probarse como guerrero; el que ama a su Cuba y no quiere morir; el que sabe que la guerra es la única alternativa; el que sabe que una guerra sin proyecto de nación es una misión vacía de sentido.

No es cena, ese último encuentro con sus amigos; es conjuro; es ritual. Delmonico’s no es ese 28 el lugar de donde se sirven “en ricas servilletas las botellas húmedas; en fuentes elegantes manjares selectos; en leves cristales perfumados vinos”; es espacio neutro, despojado de vida, punto neutro de partida a la manigua sin retorno; a los mosquitos, al fango, al hambre, a la muerte… Es la reminiscencia de un pasado que ya le hace falta.

Solo un hombre grande cruza puentes sabiendo que del otro lado lo espera el abismo. A medida que avanza, se aleja de lo que más quiere, pero al hacerlo sus pisadas sientan firme el andar de quienes le siguen.

Nosotros los cubanos nos aferramos hoy a nuestras pequeñas y patéticas batallas de poder. Nos vestimos de odio con el falso pretexto de hacer patria. No cruzamos un puente. ‘No me ultrajan a mí —pareciera decir José Julián, espectral, desde New York— ultrajan la posibilidad misma de ir “haciendo almas”’, sus almas. Nosotros los cubanos deberíamos hacer un poco de silencio alguna vez y dejar que nos visite ese Martí. Nos dirá cosas suaves al oído; será gentil, como lo fue con los militares llenos de hombría y exagerada estridencia en el Griffou.

Al menos así lo siento yo, que cada vez que paso con mi hijo Julián por el Brooklyn Bridge. Si prestamos atención, escuchamos a Martí susurrar como del otro lado del puente, aún nos aguarda.

[1] Todas las fechas y la reconstrucción histórica en este artículo están basadas en el sitio del Centro de Estudios Martianos.
[2] Edensor, Tim. 2008. «Mundane hauntings: Commuting through the phantasmagoric working-class spaces of Manchester, England.» Cultural Geographies 15 (3): 313- 333.
[3] Los hechos relativos al encuentro en el Griffou, así como en el Delomonico’s han sido recreados siguiendo la línea de lo narrado por Lisandro Pérez en su libro Cuba, Cigars and Revolution. The Making of Cuban New York. New York University Press, New York, 2018, y de su blog Cuban Newyorker.
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DESCIFRANDO AL PARTIDO
POR GIORDAN RODRÍGUEZ MILANÉS, ENERO 29, 2020

Descifrando al Partido

Hasta sus últimos segundos como líder, Erich Honecker no supo aquilatar el grado de descontento de su nación. Tenía el servicio de contrainteligencia más eficiente del campo socialista. Su partido controlaba la intelectualidad. Cuando miles de alemanes, proletarios, gritaron “Gorby sálvanos”, él y su esposa creyeron que con la propaganda partidista, la policía y los tanques soviéticos podrían vencer la rebeldía acumulada del pueblo alemán y la efectividad de la propaganda pro-capitalista occidental. Obviamente, se equivocó. Y secuestró el poder de tal modo que cuando los comunistas de verdad, críticos, pero convencidos de sus ideales, quisieron reaccionar con reformas, descubrieron que los trabajadores ya no les seguían.

Hace unos días leí en Cubadebate la respuesta que la delegación de la agricultura de Pinar del Río dio a la encargada de negocios de la embajada de Estados Unidos en Cuba, a propósito de una visita de la diplomática al ciudadano Ariel Ruiz Urquiola. Sobre la proyección política del compatriota Urquiola –para mi será un compatriota hasta que se demuestre en un tribunal, en debido proceso, que es traidor a la Patria—, no voy a opinar porque no soy su seguidor, ni creo en ninguna de las versiones que los medios cuentan de él.

Traigo aquí este ejemplo porque llama la atención que la encargada de negocios de la embajada de los Estados Unidos, que comete un acto injerencista, sí obtiene respuesta mientras el periodista José Alejandro Rodríguez expone, en su sección Acuse de Recibo de Juventud Rebelde, que han disminuido las respuestas de los organismos a las cartas remitidas a ese órgano, dirigido por comunistas, con quejas acerca de presumibles malos tratos, errores de procedimiento, desidia.

Está de más decir que, en cada una de esas instituciones o estructuras sobre las cuales se emiten quejas, críticas e insatisfacciones, suele haber un núcleo o comité del PCC, y están en un municipio y una provincia donde hay una estructura similar superior.

Cómo entender la lógica de un partido según la cual los enemigos obtienen respuestas y muchos de sus simpatizantes tienen que pedirlas a un periódico y, a veces, ni así obtienen respuestas? ¿Cómo entender la lógica partidista según la cual el doctor René Fidel González García no merece una solución pública y documentada, luego de que mostrara las actas, cartas y reclamos que negaban las falacias de un pronunciamiento en su contra del Consejo de Dirección de la Universidad de Oriente? ¿Cómo entender que no obtenga ninguna respuesta, hasta ahora, del MES, ni de la Presidencia de la República adonde se remitió?

Cómo entender la lógica según la cual el director de la emisora Radio Granma de Manzanillo, enterado del robo de dos bafles, incumple con el deber de denunciarlo inmediatamente a la policía, y las autoridades políticas del municipio le aceptan además que tres semanas después inculpe, primero, a ese mismo trabajador, después le retire la acusación, y luego le aplique una sanción por pérdida de responsabilidad material cuando todo el colectivo sabe que se trató de un robo que no fue denunciado a tiempo?

Cómo entender la lógica partidista según la cual nos enteramos, solo porque el gobierno imperialista realiza una campaña difamatoria contra nuestro gobierno, de que Cuba invertía 200 millones de dólares del pueblo en ayuda médica a Bolivia?

Si a mí, a Giordan Rodríguez Milanés, me pidieran votar si estaría de acuerdo o no en gastarnos esa cifra anual en ayudar a los más pobres de América Latina, casi seguro votaría que sí, aún cuando, padeciendo una enfermedad incurable de base, la última vez que necesité penicilina fuera una odisea para conseguirlas. Pero uno no entiende la lógica partidista según la cual, a este pueblo solidario y altruista forjado por la Revolución sin lugar a dudas, no se le consultan ese tipo de decisiones, ni siquiera con la esperanza de que nos sintamos verdaderamente orgullosos y comprometidos al reconocer que se nos tiene en cuenta como algo más que una masa potencialmente aprobatoria.

Tal reactividad política según la cual lo que piense o diga o haga el enemigo sea más importante –o por lo menos más atendible— que las quejas, reclamos o críticas de un segmento del pueblo que se dice representar, me pone a pensar en si, después de todo, el PCC es tan fuerte como parece. O en si sus ideólogos manejan como deberían los argumentos a favor de la Revolución más allá del énfasis en la descalificación de cualquier expresión del pensamiento que les parezca contraria. O en si quizás unos cuantos oportunistas y sectarios le tienen secuestrada su proyección ideológica al Partido y, para demostrar sus razones o proclamar una pírrica victoria, tienen que aspirar a que el actor de un personaje popular se quede a trabajar en Miami sin detenerse a analizar que se trata, en definitiva, de otro cubano más decepcionado.

A no ser que el Partido demuestre ser mucho más que su élite burocrática. A no ser que demuestre ser mucho más que el apego sentimental –casi nostálgico— que la parte más humilde y en desventaja social de su militancia le tiene honradamente a la dirección histórica de la Revolución. A no ser que demuestre ser en verdad una vanguardia dialogante, dialéctica, inclusiva, compatriota, hermana con esa hermandad crítica y proactiva que toda buena familia practica. A no ser que sea eso o llegue a serlo, y yo quede profundamente equivocado…. Un Partido cuyos argumentos se sustentan más en las agresiones de sus enemigos –de los reales y los que se inventa– que en logros ideopolíticos propios, es una estructura débil y vulnerable aun cuando esté respaldado por un artículo de la Constitución, y cuente con aparatos ideológicos del Estado y órganos represivos a su favor.

Erich Honecker debió darse cuenta en los últimos instantes de su vida. Demasiado tarde.
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JOSÉ MARTÍ: EL HOMENAJE
POR ALINA B. LÓPEZ HERNÁNDEZ, ENERO 28, 2020

José Martí: el homenaje

Cada 28 de enero, en la pequeña escuelita «José Cadenas» del Jovellanos de mi niñez, el ambiente era festivo. Maestras —todas mujeres—, estudiantes y padres nos organizábamos para celebrar la Noche Martiana. El patio central de la vieja casona-escuela se llenaba de pupitres donde los presentes, sentados cómodamente, disfrutaban de la actividad. Las sencillas cadenetas y una foto enorme del Apóstol eran los únicos adornos.

Nos preparábamos para la velada desde que iniciaba el año. Las maestras escribían los breves guiones y los niños discutíamos apasionadamente a quién le correspondía cada personaje. El mío estaba seguro, casi siempre fui Leonor Pérez, ventajas de una estatura que me hacía parecer mayor.

El recorrido por momentos cruciales de la vida de Martí se lograba con creatividad a partir de fragmentos de su obra poética y en prosa. Ante el público desfilaban La bailarina española, Pilar, Piedad y su Muñeca, Bebé y su primo Raúl, Másicas y Lopi, Meñique y la Princesa… y muchos otros personajes de La Edad de Oro. Se cantaba la canción «Clave a Martí», y se escenificaba su muerte, de cara al sol, con los versos como epitafio. Era un final que emocionaba por igual a niños y adultos.

Aquellos eran los años del Quinquenio Gris, eso lo sabría después, pero las noches martianas no tenían nada que ver con actitudes dogmáticas. Eran una tradición que se remontaba a las escuelitas públicas republicanas, donde abnegadas maestras normalistas convertían su adoración por Martí en un acto vivo y colectivo. Eran las maestras que todavía estaban activas en los sesenta y setenta.

Cuando mis hijas tuvieron edad escolar, no pude evitar la comparación entre esas remembranzas y el modo de conmemorar al Maestro; ahora en matutinos, bajo el sol inclemente, donde, de pie, me parecía estar lejos de la emoción, la creatividad y el entusiasmo de los setenta. Había ocurrido un cambio de siglo, pero otras cosas también habían cambiado.

Los homenajes martianos están en la raíz de la República cubana. Desde los primeros momentos de la independencia, prácticamente todos los municipios y pueblos de la Isla nombraron una calle con su nombre. En 1900 se organizó un concurso público con el fin de seleccionar la figura a la cual se dedicaría el primer monumento conmemorativo republicano, en sustitución de la estatua de Isabel II. La encuesta popular decidió que fuera consagrado a Martí. Fue así que, en 1905, se le erigió en el Parque Central de La Habana una esfinge cuyo costo también se sufragó por suscripción pública.

A partir de 1900 se fue convirtiendo en objeto de devoción popular. Se aclamaron las paradas escolares en recordación a Martí, comenzaron las fiestas martianas, las cenas martianas, las canastillas martianas…

En 1926 su natalicio se celebró por primera vez como fiesta nacional. El 28 de enero fue declarado feriado. El investigador Ricardo Hernández Otero nos dice que su figura fue utilizada incluso con fines de propaganda mercantil, por ejemplo, las grandes tiendas de La Habana dedicaron sus vidrieras a Martí en esa fecha.[i]

La revisión de documentos y prensa de la época republicana permite constatar el lenguaje rebuscado y cursi con que el discurso político presentaba a Martí. Juan Marinello afirmaba en su artículo «El homenaje», publicado en Diario de la Marina el propio 28 de enero de 1926: «Debe pasarse del discurso emocionado, plebeyamente emocionado (…) a la plática fina y penetrante, que lleva su fuerza en su natural sencillez. Debe divulgarse ante todo, la virtud del cubano genial, y con ella, las normas directrices de sus concepciones políticas».

Será en el segundo lustro de los veinte, período de crisis económica y gran efervescencia social, que irrumpirá una nueva asunción de la obra y el legado martianos. Se conocerá mucho más de su figura, se escribirán sus biografías. Como bien afirma Pedro Pablo Rodríguez, uno de sus más importantes estudiosos, «se requirió un distanciamiento que permitiera un acopio de documentación y de información procesada con cierta frecuencia y sistematicidad».

Para la ensayista e investigadora Carmen Suárez, la percepción de Martí se fue construyendo «a través de una pluralidad de discursos, de una manera muy coral, con todas las ambigüedades, contradicciones y perversidades que en ocasiones eso trajo». Ella identifica un discurso que alimenta la imagen popular de Martí. Que alentó, y alienta aún, hipotéticas anécdotas que han pasado por tradición oral: el mujeriego o seductor, el bebedor o hasta el que se utiliza para justificar el robo de un libro.

En las antípodas de esa apropiación popular, Suárez ubica al discurso oficial «de un cinismo vacuo e irritante, que buscaba (…) una especie de cosmético cordial para el poder, recurso con el cual se sintonizaba con los mejores sentimientos patrióticos, sin que la retórica de la invocación a Martí tuviera que ver con la práctica política real».

En la pluralidad de voces sobre Martí, es necesario destacar a una capa culta de la población, los intelectuales —maestros, creadores, profesionales— que potenciaron el estudio sistemático de su vida y obra a medida que avanzaba el siglo.

En entrevista concedida a Julio César Guanche, y publicada en La Revolución Cubana del 30. Ensayos, Fernando Martínez Heredia asegura: “Todas las generaciones que han entrado en la vida cívica cubana durante el siglo XX han tenido que vérselas con Martí. Cada una, naturalmente, desde situaciones y condicionamientos diferentes, pero también enfrentando una acumulación cultural previa que incluye a Martí y las imágenes y lecturas que se han hecho de él, y reaccionando frente a ellas”.

Cuando la generación del veinticinco se acercó a Martí, buscaba pulir su arista antimperialista, casi mellada por las loas constantes al independentista que fue. Para lograrlo necesitaron romper con la generación política del mambisado y sus principios rectores: caudillismo y dependencia.

Cuando la generación del centenario alumbró la oscura noche de un país tiranizado, a un siglo exacto del natalicio de Martí, quería homenajear al hombre que le dijo a Gómez —a pesar del respeto que sentía por él— «¡Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento!». Un grupo de aquellos jóvenes asaltó una fortaleza militar y comenzó la lucha contra Batista en nombre del Apóstol, a la cual se sumarían cubanos de diversas clases y sectores sociales, en el llano y en la Sierra, hasta que el dictador fue derrotado.

La lección que ambas generaciones nos legaran es muy obvia. A Martí no solo hay que asumirlo, igual que hicieron ellos también debe ser deconstruido. Es un imperativo cívico reaccionar contra las imágenes simbólicas que desde el poder se nos presentan del Apóstol, solo de ese modo una generación encuentra cauce propio.

Cada época trae consigo maneras particulares de interrogar, de interpretar a las fuentes y de decodificar los símbolos. Pero ese modo de reaccionar debe tener una coherencia política, un ideal subyacente y una intencionalidad cívica. Los bustos de Martí manchados de sangre despertaron reacciones diversas. Reacciones que no es posible clasificar como de adentro o de afuera, de socialistas o de capitalistas, de liberales o de conservadores.

Esa acción fue evidentemente una provocación al gobierno cubano, donde lo que menos importaba era la figura de Martí. Algunos vieron en el vandalismo simples actos de desobediencia civil y pacífica cuando en realidad era otra cosa, Martí era apenas un vago pretexto.

No rechazo a sus autores porque crea que Martí es sagrado, o lo aprecie como un santo, un intocable, un ser lleno de pureza casi mística. Ni siquiera porque desconocieron con su actitud el aprecio que sentía el propio Martí por los próceres de la independencia, hasta el punto de que, sin quitarse el polvo del camino, fue a rendir sus respetos ante la estatua de Bolívar al llegar a Venezuela.

Las deploro —desde antes de saber que habían sido pagados para ejecutar su acto de rebeldía— porque no son dignas de un hombre que, desde su adolescencia, tuvo el valor de enfrentar las consecuencias de sus actos y se inculpó como redactor de una carta que lo llevó al presidio. De un hombre que actuó, en su afán independentista, a contrapelo de modos de organización caducas y de criterios políticos aparentemente establecidos.

Porque la lectura subliminar que se intentó dar por ciertas personas, de que el significado de las manchas remitía a que en Cuba se ha desconocido al ideal martiano, es una justificación cobarde para continuar postergando lo que ahora sí es factible decir directamente, por su posibilidad real de socialización; con respeto, con contundencia, con fundamentación.

José Martí fue un hombre profundamente subversivo. Lo fue en su escritura, en sus criterios políticos e incluso en su intimidad. No solo pensó una Cuba independiente de España y de Estados Unidos, pensó una República futura que aún Cuba debe construir. Eso lo diferencia de otros próceres y le otorga una pertinencia constante a su ideario. El homenaje que necesita hoy es que revisitemos su doctrina republicanista. Y para eso se necesitan muchas lecturas, mucha civilidad y mucho valor personal, no bustos manchados por manos clandestinas.

[i] Todas las citas que no se precisan son tomadas de «Martí en la República», de la sección Controversia, Temas, no. 26: 81-106, La Habana, julio-septiembre de 2001.
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PARA UNA NUEVA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
POR BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS*

(Cortesía de Silvio Rodríguez)

El gran filósofo del siglo XVII, Baruch Spinoza, escribió que los dos sentimientos básicos del ser humano (afectos, en su terminología) son el miedo y la esperanza. Y sugirió que es necesario lograr un equilibrio entre ambos, ya que el miedo sin esperanza conduce al abandono y la esperanza sin miedo puede conducir a una autoconfianza destructiva. Esta idea puede extrapolarse a las sociedades contemporáneas, especialmente en una época en la cual con el ciberespacio, las comunicaciones digitales interpersonales instantáneas, la masificación del entretenimiento industrial y la personalización masiva del microtargeting comercial y político, los sentimientos colectivos son cada vez más «parecidos» a los sentimientos individuales, aunque siempre sean agregaciones selectivas.

Es por ello que actualmente la identificación con lo que se oye o se lee resulta tan inmediata («eso es precisamente lo que pienso», aunque nunca antes se haya pensado sobre «eso»), al igual que la repulsión («tenía buenas razones para odiar eso», a pesar de que nunca se haya odiado «eso»). De este modo, los sentimientos colectivos se convierten fácilmente en una memoria inventada, en el futuro del pasado de los individuos. Por supuesto, esto sólo es posible porque, a falta de una alternativa, la degradación de las condiciones materiales de vida se vuelve vulnerable a una reconfortante ratificación del statu quo.

Si convertimos esperanza y miedo en sentimientos colectivos, podemos concluir que tal vez nunca haya habido una distribución tan desigual del miedo y la esperanza a escala global. La gran mayoría de la población mundial vive dominada por el miedo: al hambre, a la guerra, a la violencia, a la enfermedad, al jefe, a la pérdida del empleo o a la improbabilidad de encontrar trabajo, a la próxima sequía o a la próxima inundación. Este miedo casi siempre se vive sin la esperanza de que se pueda hacer algo para que las cosas mejoren. Por el contrario, una diminuta fracción de la población mundial vive con una esperanza tan excesiva que parece totalmente carente de miedo. No teme a los enemigos porque considera que estos han sido anulados o desarmados; no teme la incertidumbre del futuro porque dispone de un seguro a todo riesgo; no teme las inseguridades de su lugar de residencia porque en cualquier momento puede trasladarse a otro país o continente (e incluso comienza a barajar la posibilidad de ocupar otros planetas); no teme la violencia porque cuenta con servicios de seguridad y vigilancia: alarmas sofisticadas, muros electrificados, ejércitos privados.

La división social global del miedo y la esperanza es tan desigual que fenómenos impensables hace menos de 30 años hoy parecen características de una nueva normalidad. Los trabajadores «aceptan» ser explotados cada vez más a través del trabajo sin derechos; los jóvenes emprendedores «confunden» la autonomía con la autoesclavitud; las poblaciones racializadas se enfrentan a prejuicios racistas que a menudo provienen de aquellos que no se consideran racistas; las mujeres y la población LGTBI siguen siendo víctimas de violencia de género, a pesar de todas las victorias de los movimientos feministas y antihomofóbicos; los no creyentes o creyentes de religiones «equivocadas» son víctimas de los peores fundamentalismos. En el plano político, la democracia, concebida como el gobierno de muchos en beneficio de muchos, tiende a convertirse en el gobierno de pocos en beneficio de pocos, el estado de excepción con pulsión fascista se va infiltrando en la normalidad democrática, mientras el sistema judicial, concebido como el estado de derecho para proteger a los débiles contra el poder arbitrario de los fuertes, se está convirtiendo en la guerra jurídica de los poderosos contra los oprimidos yde los fascistas contra los demócratas.

Es urgente cambiar este estado de cosas o la vida se volverá absolutamente insoportable para la gran mayoría de la humanidad. Cuando la única libertad que le quede a esta mayoría sea la libertad de ser miserable, estaremos ante la miseria de la libertad. Para salir de este infierno, que parece programado por un plan voraz y poco inteligente, es necesario alterar la distribución desigual del miedo y la esperanza. Es urgente que las grandes mayorías vuelvan a tener algo de esperanza y, para ello, es necesario que las pequeñas minorías con exceso de esperanza (porque no temen la resistencia de quienes sólo tienen miedo) tengan miedo de nuevo. Para que esto ocurra, se necesitarán muchas rupturas y luchas en los terrenos social, político, cultural, epistemológico, subjetivo e intersubjetivo. El siglo pasado comenzó con el optimismo de que rupturas con el miedo y luchas por la esperanza estaban cerca y serían eficaces. Este optimismo tuvo el nombre inicial e iniciático de socialismo o comunismo. Otros nombres-satélite se unieron a ellos, como republicanismo, secularismo, laicismo. A medida que el siglo avanzaba se unieron nuevos nombres, como liberación del yugo colonial, autodeterminación, democracia, derechos humanos, liberación y emancipación de las mujeres, entre otros.

Hoy, en la primera mitad del siglo XXI, vivimos entre las ruinas de muchos de esos nombres. Los dos primeros parecen reducirse, en el mejor de los casos, a los libros de historia y, en el peor, al olvido. Los restantes subsisten desfigurados o, como mínimo, se ven confrontados ante la perplejidad de acumular tantas derrotas como victorias protagonizan. Por estas razones, las rupturas y las luchas contra la distribución torpemente desigual del miedo y la esperanza serán una tarea ingente, porque todos los instrumentos disponibles para llevarlas a cabo son frágiles. Además, esta discrepancia constituye en sí misma una manifestación del desequilibrio contemporáneo entre el miedo y la esperanza. La lucha contra tal desequilibrio debe comenzar por los instrumentos que reflejan este mismo desequilibrio. Sólo a través de luchas eficaces contra este desequilibrio será posible señalar la expansión de la esperanza y la retracción del miedo entre las grandes mayorías.

Cuando los cimientos se derrumban, se convierten en ruinas. Cuando todo parece estar en ruinas, no hay más alternativa que buscar entre las ruinas, no sólo el recuerdo de lo que fue mejor, sino especialmente la desidentificación con lo que al diseñar los cimientos contribuyó a la fragilidad del edificio. Este proceso consiste en transformar las ruinas muertas en ruinas vivas. Y tendrá tantas dimensiones cuantas sean exigidas por la predictora socio-arqueología. Comencemos hoy, al inicio de año, por los derechos humanos.

Los derechos humanos tienen una doble genealogía. A lo largo de su vasta historia desde el siglo XVI, fueron sucesivamente (a veces de manera simultánea) un instrumento de legitimación de la opresión eurocéntrica, capitalista y colonialista, y un instrumento de legitimación de las luchas contra esa opresión. Pero siempre fueron más intensamente instrumento de opresión que de lucha contra ella. Por eso contribuyeron a la situación de extrema desigualdad de la división global del miedo y la esperanza en la que nos encontramos hoy. A mediados del siglo pasado, tras la devastación de las dos guerras en Europa (con impacto mundial debido al colonialismo), los derechos humanos tuvieron un momento alto con la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que vino a sustentar ideológicamente el trabajo de la ONU. El 10 de diciembre pasado se conmemoraron los 71 años de la declaración. No es aquí el lugar para analizar en detalle este documento, que en su origen no es universal (de hecho, es cultural y políticamente muy eurocéntrico), pero que gradualmente se fue estableciendo como una narrativa global de dignidad humana.

Es posible decir que entre 1948 y 1989, los derechos humanos fueron predominantemente un instrumento de la guerra fría, lectura que durante mucho tiempo fue minoritaria. El discurso hegemónico de los derechos humanos fue usado por los gobiernos democráticos occidentales para exaltar la superioridad del capitalismo en relación al comunismo del bloque socialista de los regímenes soviético y chino. Según tal discurso, las violaciones de los derechos humanos solamente ocurrían en ese bloque y en todos los países simpatizantes o bajo su influencia. Las violaciones que había en los países «amigos» de Occidente, crecientemente bajo influencia de Estados Unidos, eran ignoradas o silenciadas. El fascismo portugués, por ejemplo, se benefició durante mucho tiempo de esa «sociología de las ausencias», tal como sucedió con Indonesia durante el periodo en que invadió y ocupó Timor Oriental, o con Israel desde el inicio de la ocupación colonial de Palestina hasta hoy. En general, el colonialismo europeo fue por mucho tiempo el beneficiario principal de esa sociología de las ausencias. Así se fue construyendo la superioridad moral del capitalismo en relación con el socialismo, una construcción en la que colaboraron activamente los partidos socialistas del mundo occidental.

Esta construcción no estuvo libre de contradicciones. Durante este periodo, los derechos humanos en los países capitalistas y bajo la influencia de EU fueron muchas veces invocados por organizaciones y movimientos sociales en la resistencia contra violaciones flagrantes de esos derechos. Las intervenciones imperiales del Reino Unido y de EU en el Medio Oriente, y de EU en América Latina, a lo largo de todo el siglo XX, nunca fueron consideradas internacionalmente violaciones de derechos humanos, aunque muchos activistas de derechos humanos sacrificasen su vida defendiéndolos. Por otro lado, sobre todo en los países capitalistas del Atlántico Norte, las luchas políticas llevaron a la ampliación progresiva del catálogo de derechos humanos: los derechos sociales, económicos y culturales se juntaron a los derechos civiles y políticos. Surgió entonces cierta disociación entre los defensores de la prioridad de los derechos civiles y políticos sobre los demás (corriente liberal), y los defensores de la prioridad de los derechos económicos y sociales o de la indivisibilidad de los derechos humanos (corriente socialista o socialdemócrata).

La caída del Muro de Berlín en 1989 fue vista como la victoria incondicional de los derechos humanos. Pero la verdad es que la política internacional posterior reveló que, con la caída del bloque socialista, cayeron también los derechos humanos. Desde ese momento, el tipo de capitalismo global que se impuso desde la década de 1980 (el neoliberalismo y el capital financiero global) fue promoviendo una narrativa cada vez más restringida de derechos humanos. Comenzó por suscitar una lucha contra los derechos sociales y económicos. Y hoy, con la prioridad total de la libertad económica sobre todas las otras libertades, y con el ascenso de la extrema derecha, los propios derechos civiles y políticos, y con ellos la propia democracia liberal, son puestos en cuestión como obstáculos al crecimiento capitalista. Todo esto confirma la relación entre la concepción hegemónica de los derechos humanos y la guerra fría. Ante este escenario, se imponen dos conclusiones paradójicas e inquietantes, y un desafío exigente. La aparente victoria histórica de los derechos humanos está derivando en una degradación sin precedentes de las expectativas de vida digna de la mayoría de la población mundial. Los derechos humanos dejaron de ser una condicionalidad en las relaciones internacionales. Cuando mucho, en vez de sujetos de derechos humanos, los individuos y los pueblos se ven reducidos a la condición de objetos de discursos de derechos humanos. A su vez, el desafío puede formularse así:

Será todavía posible transformar los derechos humanos en una ruina viva, en un instrumento para transformar la desesperación en esperanza? Estoy convencido que sí. En la próxima crónica intentaré rescatar las semillas de esperanza que habitan la ruina viva de los derechos humanos.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
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