HABANA INSIDER: ENERO 26, 2020

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LA HABANA, CUBA/ EDICION 1312/ ISSN en proceso
Editor: Abelardo G. Mena Chicuri Contacto: menaabelardo@gmail.com
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POR UN SOCIALISMO DE CÓDIGO ABIERTO
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(POR ÉSTO) LOS PRESIDENTES MIENTEN. NO PASA NADA/ (JOVEN CUBA) LA IZQUIERDA EN SU LABERINTO/ LA HORA DE LAS GOBERNADORAS/ (ONCUBANEWS) LA ECONOMÍA CUBANA EN 2019, ¿NO DECRECE?/ (SINE DIE) EL INGENIO, OBRA ANTOLÓGICA/ (INVESTIGATION) ES CHINA CAPITALISTA?/ (CUBAPOSIBLE) ESPERANDO LA REFORMA EMPRESARIAL EN CUBA: NOTAS SOBRE LA EXPERIENCIA VIETNAMITA/LAS MICRO, PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS EN EL DESARROLLO: EXPERIENCIA DE JAPÓN Y LECCIONES PARA CUBA/
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BIBLIOTECA CUBANA DE GENERO
Estimados(as) suscriptores(as):

El pasado año 2019 nuestro equipo de trabajo se dio a la tarea de mejorar la Biblioteca existente en términos de formato visual y técnico; su objetivo fue facilitar el uso de todos aquellos que quieren conocer qué se publica en Cuba y sobre Cuba en temas de género. La propuesta de la BIBLIOTECA CUBANA DE GENERO en su nuevo formato permite hacer diferentes tipos de búsquedas tanto generales como avanzadas de un modo más intuitivo y ameno. Te invitamos a visitar la Biblioteca http://bibliotecadegenero.redsemlac-cuba.net/
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LOS PRESIDENTES MIENTEN. NO PASA NADA
POR Jorge Gómez Barata

La Constitución de los Estados Unidos incluye las palabras que el presidente debe pronunciar al tomar posesión del cargo, y que constituyen un “juramento general”: “Juro (o prometo) solemnemente que desempeñaré fielmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos y que de la mejor manera a mi alcance guardaré, protegeré, y defenderé la Constitución de los Estados Unidos.”

Este juramento no solo compromete al presidente en toda la extensión de su mandato, en sus actos, públicos o privados, domésticos e internacionales, sino que, tratándose del país más poderoso de la tierra, lo habilita con inmensos poderes. Con cualquier comportamiento que implique deslealtad o violación de la Constitución, el presidente no solo comete la falta concreta, sino que, al violar el juramento realizado puede cometer perjurio que, además de delito, es pecado.

John Blake de CNN entregó un antológico inventario de mentiras presidenciales. “Previo a la Segunda Guerra Mundial, Franklin Roosevelt dijo a los estadounidenses que “sus hijos no iban a ser enviados a ninguna guerra en el extranjero.” En 1961 John F. Kennedy declaró: “…Ya lo he dicho antes, y lo repito ahora, Estados Unidos no planean ninguna intervención militar en Cuba”. Ronald Reagan dijo en 1986, “No, lo repito, no comerciamos armas o cualquier otra cosa [con Irán]…” Incluso según Meg Mott, profesora de teoría política en Marlboro College en Vermont, “Abraham Lincoln era un hábil mentiroso”

Según Blake existen mentiras perdonables e imperdonables. Las primeras son las que mantienen a la nación fuera de peligro, las otras, las imperdonables son aquellas que como las de Nixon encubren crímenes, incompetencia, o protegen el futuro político de un presidente. El presidente Lyndon Johnson, por ejemplo, ocultó el costo total de los gastos de la Guerra de Vietnam al Congreso y al público para conservar su poder político.

Mientras mentir a “caja destemplada” no perjudicó a Clinton y ni hizo daño a Hillary, George W. Bush cosechó un enorme desprestigio por mentir escandalosamente al afirmar que: “Invadir a Irak era necesario para eliminar armas de destrucción masiva en poder de Saddam Husein”.

Obviamente, en las instituciones y el imaginario popular existe una diferencie entre mentir para ayudar al país, o hacerlo para mantenerse en el puesto o ser reelecto. Según David Contosta, profesor de historia en Chesnut Hill College en Pennsylvania, el presidente James Polk mintió al Congreso en 1846, diciendo que México había invadido a los Estados Unidos…Esa mentira llevó a la guerra contra México y a sus consecuencias.

El Presidente William McKinley mintió en 1898 cuando afirmó que España hizo estallar el buque de guerra USS Maine en La Habana. Esa mentira justificó la guerra contra España. Mucho después el Dwight Eisenhower negó que Estados Unidos enviara aviones espías U-2 sobre la Unión Soviética, hasta que los soviéticos derribaron uno y capturaron al piloto…”

Por razones culturales, a los estadounidenses y a sus admiradores les encanta un presidente que sea mitad cowboy y mitad gánster, machista y enamorado, que beba whisky, sea astuto y busca pleitos, y que además sea religioso, honesto, decente, justo, bondadoso y compasivo y, si bien parecido y simpático mejor. Más fácil sería cuadrar el círculo que encontrar uno así. Recordar a los presidentes es volver a mentir. ¡Pruebe y verá! Allá nos vemos.
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LA IZQUIERDA EN SU LABERINTO
POR HAROLD CÁRDENAS LEMA, ENERO 27, 2020

La izquierda en su laberinto

En el 2020 los movimientos conservadores, nacionalistas y de extrema derecha se hicieron más populares en la clase trabajadora. La idea de que intereses económicos opuestos entre los obreros y las élites sería un factor decisivo y favorable a los movimientos progresistas, no pasó de ser un determinismo más. Si el reconocimiento de un problema sobre el que existe abundante evidencia es el primer paso para su solución, la situación empeorará mucho antes de una mejoría porque la izquierda parece enfrentar este y otros problemas con espíritu de avestruz, incluyendo a Cuba.

En los años 60 Herbert Marcuse, el padre de la Nueva Izquierda, discrepó sobre la inevitable lucha de clases que promulgaban los marxistas ortodoxos y alertó sobre la incorporación de los obreros al capitalismo. Cuando “las cuestiones de existencia material han sido resueltas, los mandatos morales y prohibiciones ya no son relevantes”. Tenía razón, poco a poco las políticas de bienestar y los sofisticados métodos de control social, asimilaron los trabajadores al sistema imperante.

Desde 1959, Seymour Martin Lipset advertía que “en algunos países, los grupos de clase trabajadora han demostrado ser el sector más nacionalista y jingoísta de la población”. Quizás el mejor ejemplo sea Estados Unidos, donde la bandera de estrellas en los portales de hogares obreros contrasta con las posiciones más progresistas del sector que tiene educación universitaria. Lipset alertó que la clase trabajadora estaba “en la vanguardia de la lucha contra la igualdad de derechos para los grupos minoritarios, y han tratado de limitar la inmigración o imponer normas raciales en países con inmigración abierta”. Sus palabras hace seis décadas parecen proféticas de lo que vendría después.

Donald J. Trump ganó la presidencia en 2016 al ganar 74 votos electorales más que Hillary Clinton pero perdió el voto popular por un margen de casi tres millones. Los 2600 condados que votaron por Trump solo representan el 36% del PIB nacional, mientras los menos de 500 condados que votaron por Hillary representan un 64% del PIB en el país más rico del mundo.

Las diferencias culturales y demográficas hoy son casi decisivas.

Así, la teoría de lucha de clases no pudo superar la radicalización política de los baby boomers y la generación X, compuesta mayoritariamente por adultos blancos con poca educación pero educados durante la Guerra Fría e influenciados ahora por la propaganda de derecha de FOX News. Adultos que se sienten amenazados desde dos direcciones distintas, desde arriba por una clase política liberal que hizo poco por disminuir la desigualdad creciente en Estados Unidos, desde abajo por migrantes y minorías que son portadoras de valores distintos y pronto serán mayoría en el país.

El temor a perder su estatus como grupo alfa, alimentado por sectores evangélicos y grupos conservadores como el Council for National Policy, llevó a millones a votar por un millonario narcisista con alma de autócrata. Y no es accidente, quizás lo hagan de nuevo en 2020. No todos los seguidores de Trump son blancos o de clase trabajadora, ni todos los trabajadores blancos siguen a Trump, pero los números indican una guerra cultural en ascenso.

Otro país está en crisis. Promocionado como una de las más antiguas democracias del mundo, el Reino Unido ha tenido tres elecciones y tres primeros ministros en tres años. El pasado 12 de diciembre, el Partido Laborista bajo el liderazgo socialista de Jeremy Corbyn sufrió su mayor derrota electoral desde 1935, al perder 59 asientos en el parlamento ante el Partido Conservador de Boris Johnson. Descrito como el Trump británico, la demagogia de Johnson es pública. En diciembre de 2019 muchos laboristas votaron por él.

El movimiento obrero británico se fundó sobre la base de comunidades industriales que hoy no existen. En los años ochenta los conservadores de Margaret Thatcher destruyeron la columna vertebral de sindicatos, fábricas y minas que sostenían al norte y centro del país, que hoy es una zona posindustrial. ¿Por qué votaron ahora a favor del partido que destruyó su poder político y base económica? Quizás por la impopularidad del líder laborista Jeremy Corbyn y para no prolongar el Brexit. O quizás porque la guerra cultural alcanzó a los trabajadores británicos, que hoy recelan más de los emigrados y las minorías que de los conservadores que los privaron de su modo de vida décadas atrás.

La tendencia determinista dentro del marxismo, que promueve el cambio social a través de la lucha de clases sin analizar otros factores, fue criticada también por otros pensadores. Castoriadis argumentaba que la formación de instituciones sociales y el cambio no se explican exclusivamente a través de necesidades y causas materiales, el cambio también es producto del imaginario social. Desde el siglo XX la psicología social, el marketing y la comunicación política alcanzaron una precisión que parte de la izquierda aún ignora. Dar la espalda a la ciencia y la naturaleza humana, no parece muy marxista.

En América Latina hay señales preocupantes.

La corrupción dentro del Partido de los Trabajadores (PT) y el avance del evangelismo conservador puso a Brasil en manos de un misógino fascista en Octubre de 2018. La toma de posesión de Jair Bolsonaro fue una constelación de líderes fanáticos de derecha encabezados por el Secretario de Estado Mike Pompeo, los primeros ministros de Israel y Hungría, Benjamin Netanyahu y Viktor Orban. Bajo el liderazgo de Lula da Silva, el PT sacó 30 millones de trabajadores de la pobreza que por vez primera accedieron a la universidad, compraron auto y una casa digna. Muchos de ellos votaron luego por Bolsonaro. En la periferia de São Paulo, de las 23 zonas electorales que votaron abrumadoramente por Dilma en 2010, 17 votaron en 2018 por el Trump brasileño.

La demonización de la izquierda ha sido tan sistemática y efectiva a nivel internacional, que cuando el pueblo pierde confianza en las instituciones liberales y el establishment político en sus países, buscan alternativas en la extrema derecha, pocas veces en la izquierda. A esto se suma el avance calculado de grupos evangélicos en América Latina, conectados a políticos conservadores estadounidenses y a menudo sustituyendo las funciones del Estado.

El grado de integración que tiene la derecha es impresionante, tomemos por ejemplo la empresa uCampaign. Fundada en 2014 en Washington, uCampaign diseñó las aplicaciones móviles utilizadas en la campaña presidencial de Donald Trump y a favor de la Asociación Nacional del Rifle en Estados Unidos, a favor del Brexit en el referéndum de hace tres años en Reino Unido, en campañas anti-aborto en Irlanda y recientemente en países latinoamericanos. El app que preparó uCampaign para Donald Trump (America First) incluía videojuegos y un sistema de medallas a quienes veían más anuncios, donaban y compartían contenido trumpista en redes sociales.

En contraste, el app de Clinton lo hicieron diseñadores de Dreamworks Animation y consistía en un recorrido virtual por las oficinas de la campaña, para ser una aplicación dirigida a los jóvenes, más aburrida no podía ser. Derrotar a “la corrupta Hillary” en el app de Trump era simplemente más divertido. Los liberales estadounidense no estuvieron a la altura de los conservadores en manejar la percepción pública, aún no lo están.

Hablar sobre Cuba

Es hora de hablar sobre Cuba, donde después de seis décadas de hostigamiento y mala administración hay sectores populares con altos niveles de insatisfacción. La narrativa oficial ha simplificado durante décadas los problemas internos a la acción de un enemigo externo, sin profundizar en defectos históricos del movimiento comunista o en las herencias coloniales de la nación. Por otra parte, la cultura general y política de los cubanos sigue contrastando mucho con el país más culto del mundo al que se aspiró alguna vez.

Mientras en las universidades se menciona la dialéctica y la existencia de contradicciones, los planes de estudio y artículos en la prensa evitan sistemáticamente cualquier matiz y muestran una propaganda ideológica que admite poca complejidad. Se habla de materialismo pero se adora a los líderes como figuras sin tacha. La clase más difícil para un profesor de filosofía sigue siendo sobre el derrumbe del campo socialista soviético, donde las comparaciones con Cuba son obvias hasta para el estudiante más despistado.

Nuestro marxismo es una pobre actualización del soviético, ¡cómo esperar una visión compleja de la lucha de clases!

Resulta aventurado hacer afirmaciones categóricas sobre el estado de las ideas políticas en el pueblo cubano porque tal diagnóstico sigue reservado al Partido Comunista, celoso en no divulgar cuál es “la opinión del pueblo”. El momento que atraviesa la izquierda cubana es complejo, limitada en su diversidad por la postura hegemónica y poco inclusiva del Partido Comunista, donde algunos actores radicales tienen una representación y poder desproporcionado sobre el resto de la membresía.

No muy distinto del sectarismo y el dogmatismo soviético, se ha construido así una maquinaria burocrática impersonal que reproduce modelos autoritarios en un país que se presenta como socialista. Así, se ha intentado privar de su participación social y política espontánea a los sectores populares que no se subordinan al Estado, sean afines o no a las ideas de izquierda. La obediencia y filiación partidista han primado por encima de la ideología. Parece el poder para sí mismo, más que una izquierda en el poder.

No debe descartarse la posibilidad de que la clase trabajadora pronto imponga políticas conservadoras en lugar de ser “el motor de la revolución”. Cuando el presidente Díaz-Canel expresó en su primera entrevista apoyo a los derechos LGBT y dio a entender la anuencia presidencial al matrimonio igualitario, fue el proceso de debate social el que revirtió tal posibilidad inmediata, no fue la dirección del país sino la base, aunque los números de apoyo o rechazo a este siguen sin esclarecerse.

Además, Cuba está influenciada por la Florida, un estado republicano y conservador de Estados Unidos donde durante décadas se ha reunido una élite de derecha latinoamericana que se radicaliza cada vez más. Habrá que ver el papel que juega en el futuro esta relación.

Podría decirse con seguridad que la comunicación política estatal cubana es de las peores en el continente, si tuviera que competir con la estrategia comunicativa de la organización más dogmática del mundo, el Vaticano, igual perdería por mucho. ¿Qué posibilidades tiene el gobierno cubano de enfrentar la maquinaria informativa de una extrema derecha que está en camino a ser multinacional cuando ni siquiera el Partido Demócrata estadounidense ha estado a la altura? Si el Estado continúa dando por sentado el respaldo social como si fuera un cheque en blanco, ¿cuánto falta para que los trabajadores cubanos comiencen a buscar soluciones en la derecha como ocurrió en el Reino Unido?

Si el gobierno continúa poniendo trabas a movimientos de la sociedad civil que defienden los derechos de los animales y de minorías vulnerables, prohibiendo una marcha en la calle Prado a favor de la lucha LGBT mientras mira al otro lado cuando una iglesia de Marianao reúne a 3 mil feligreses en contra del matrimonio igualitario, ¿cuánto falta para que los evangélicos suplanten las funciones del Estado en Cuba como hicieron en Brasil? Quizás cuando sea demasiado tarde.

En Estados Unidos, en Europa y en América Latina el control social le ganó a la dimensión económica de la lucha de clases. En Cuba hay señales peligrosas de que se avecina una crisis mayor, sobre la que hay poca o ninguna conciencia. Sí, la izquierda sigue en su propio laberinto.
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LOS 60. MITOS E HISTORIA
Por Rafael Hernández Rodríguez, director de la Revista Temas
Fecha: lunes 3 de febrero de 2020
Hora: 1:00 pm.
Sede del Instituto Juan Marinello
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LA HORA DE LAS GOBERNADORAS
POR GRETCHEN SÁNCHEZ HIGUERA, ENERO 23, 2020

La hora de las gobernadoras

A Cuba regresaron los gobernadores y vicegobernadores, pero el movimiento feminista aún no llega. A los nuevos gobernantes no los eligió el pueblo por voto directo y tampoco tenemos un #metoo cubano, pero el país ahora cuenta con un balance de género para asumir, durante 5 años, las riendas de sus 15 provincias.

Quizás se ha logrado una paridad de género, pero sigue pendiente alcanzar un equilibrio de poder. La mayoría de las mujeres seleccionadas son segundas en el cargo y subordinadas a un hombre. Esto no significa que no sea un avance, pero es cuanto menos parcial.

Más del 70% de las provincias cuentan con un gobernador o vicegobernador del sexo masculino, excepto Camagüey que eligió a dos mujeres. Quizás la idea es que las féminas mantengan a raya los posibles abusos de poder de sus jefes. Pero, ¿es posible hacerlo desde una posición de subordinación? Lamentablemente, este modelo de equidad no fue imitado anteriormente a nivel nacional. Hoy no tenemos una Primera Ministra, pero se nota la voluntad política en materia de género.

Resulta interesante la metodología en las boletas. Los votantes tuvieron un candidato a gobernador y uno para vicegobernador a propuesta del Presidente, la decisión era fácil. No se trató de una votación, sino de una reafirmación, porque elegir se basa en tener al menos dos opciones.

Y si en la práctica el que eligió fue el Presidente, en la ley también los puede revocar: “corresponde al Presidente de la República: proponer a los delegados de las asambleas municipales del Poder Popular que correspondan, la elección o revocación de los gobernadores y vicegobernadores provinciales”. (Art 128, inciso g.)

Cada día son menos los cargos que se eligen por voto directo en Cuba. Ahora “los ciudadanos cubanos con capacidad legal para ello, tienen derecho a proponer y ser nominado como candidato a delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular” (Ley Electoral, Cap 1, Art 5, inciso b. y c.). El pueblo acudirá menos a las urnas, ya no cada 2 años y medio para elegir a los delegados de la AMPP, ahora cada 5 años. Veamos un resumen de cómo funciona.

Cargos Quién elige
Delegados AMPP Ciudadanos
Intendentes Delegados AMPP
Presidente y vicepresidente AMPP Delegados AMPP
Gobernador y vicegobernador Delegados AMPP (propuesta del Presidente)
Diputados ANPP Delegados AMPP
Presidente, vicepresidente y secretario ANPP Diputados ANPP
Consejo de Estado Diputados ANPP
Presidente y vicepresidente de la República Diputados ANPP
Leyenda:
AMPP- Asamblea Municipal del Poder Popular
ANPP- Asamblea Nacional del Poder Popular

Corresponde a los ciudadanos votar solamente por sus representantes en la AMPP. En cambio, la AMPP elige a su presidente y vicepresidente, respeta la propuesta del Presidente de la República a la hora de elegir a su gobernador y vicegobernador, y también elige a los intendentes en un plazo de 3 meses posterior a esta elección. Después de que el pueblo pidió elegir directamente a sus líderes, se dejó un único ejercicio de democracia popular y directa, la elección municipal. En cambio, ¿qué poderes ostenta el Presidente de la República en estos momentos?

Que corresponde al Presidente? Funciones (eleccion, designacion, suspension, revocacion o
sustitucion)
Miembros del Consejo de Ministros Elige, designa, suspende, revoca o sustituye
Primer Ministro Elige, designa, suspende, revoca o sustituye
Presidente del Tribunal Supremo Electoral Elige, designa, suspende, revoca o sustituye
Fiscal General de la República Elige, designa, suspende, revoca o sustituye
Contralor General de la República Elige, designa, suspende, revoca o sustituye
Presidente del Consejo Nacional Electoral Elige, designa, suspende, revoca o sustituye
Gobernador y vicegobernador Elige, revoca

Es decir, el Presidente controla el poder ejecutivo y el judicial, mientras puede moldear a su voluntad la rama legislativa. En un país que aspira al socialismo en estado de acoso, la separación de poderes es importante, pero no imprescindible si existieran mecanismos de rendición de cuentas y control popular directo sobre el poder.

La Constitución de 1976 otorgaba la más alta autoridad a las Asambleas Provinciales (AP) para el ejercicio de las funciones estatales. La nueva Carta Magna, en ausencia de las AP, otorga la autoridad en la provincia al gobernador. Pero si el gobernador ostenta la más alta autoridad en las demarcaciones provinciales, ¿por qué los primeros secretarios del Partido son la “última palabra” en la práctica?

Hagamos un ejercicio sencillo, escuche esta noche el noticiero nacional y de seguro habrá algún reportaje donde aparece la figura del Primer Secretario de la provincia y el nuevo Gobernador. Si presta atención a los detalles se percatará de que el Primer Secretario es nombrado primero, no por casualidad.

Reconozco el esfuerzo e interés por colocar a las mujeres en posiciones de poder cada vez más altas. Aún así, algunos tienen la percepción de que este empeño es artificial para lograr cuotas de género (53.22%-46.78%) y obtener el reconocimiento del segundo parlamento en el mundo con más participación femenina. Sería necesario que en el futuro la política de promover féminas no se limitara a llenar cuotas, sino también darles posiciones de poder que les permita desarrollar sus capacidades limitadas por mucho tiempo.

Para ser un país que se presenta como progresista, Cuba no ha tenido una sola presidenta o primera ministra en su historia nacional. Lo opuesto a esta tradición patriarcal es Finlandia, donde gobierna una mujer, hija de padres gays y con menos de 35 años de edad. La isla ya tiene una vicegobernadora en cada provincia, pero no podemos esperar a que el movimiento feminista llegue por gravedad, hay que luchar por él. Para esto son importantes dos factores: participación ciudadana y voluntad política. Veremos si logran ir de la mano.
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LA ECONOMÍA CUBANA EN 2019, ¿NO DECRECE?
POR OMAR EVERLENY PÉREZ VILLANUEVA, 24 ENERO 2020

Economista e investigador cubano

Desde la terminación de la última sesión de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral), en diciembre de 2019, se ha estado esperando la traducción de “no se decrece”, en referencia a la economía cubana y, más recientemente, en intervención del Ministro de Economía ante la televisión nacional -el 9 de enero-, se volvió a repetir lo mismo. Ello indica, entonces, que es la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) la entidad que saca cuentas primero, al indicar un ligero 0,5 por ciento de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

Es muy cierto todo lo que se plantea acerca del apretón de tuerca del bloqueo en 2019 y lo que va de 2020. De hecho, no se escucha a ningún economista cubano en desacuerdo con los dañinos efectos de esa política. Quienes intentan descalificar a quienes decidimos escribir públicamente nuestras opiniones sobre la economía cubana, recurren a la idea de que no cuestionamos el bloqueo en nuestros artículos y trabajos.

Pero una vez que los recursos atraviesan el malecón, al elevado precio que le cuestan al país, no se entiende que no se utilicen eficientemente ni se cumplan los plazos de las inversiones. Esto es una realidad hoy, que sucede desde tiempos lejanos. Quienes duden de ello o vayan a descalificarlo, pueden recurrir a los anuarios estadísticos de Cuba, a los informes del Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) -desde el primero, realizado en 1975, hasta la actualidad- y a otras informaciones o trabajos elaborados por académicos, donde se repiten esas situaciones. Entonces, ¿no será una deficiencia de una parte del modelo seguido?

Revisando las cifras oficiales

Qué dice el 0,5 por ciento de crecimiento de la CEPAL? Que no decrecimos y eso es bueno. Pero otra pregunta se impone: ¿cuál fue la estructura de ese crecimiento en 2019? Me imaginaría entonces -y ya se ha planteado- que crecieron la salud, la educación, las comunicaciones y otros sectores. Creo que es una buena noticia social y no se está en contra de ello.

Y la economía material cómo queda? Me refiero, por ejemplo, a la agricultura y la industria, sin entrar en otros sectores. Todo indica que estos podrían decrecer, es decir, se han repartido menos bienes de producción interna.

El turismo recibió cuatro millones de visitantes, pero no se cumplen las tasas planificadas. Significa que pudo aumentar el número de turistas; no los viajeros de cruceros, por la hostil política de la administración de Estados Unidos. Pero seguramente los ingresos al país se desaceleraron o no crecieron al mismo ritmo que se construyen nuevas habitaciones. Pudieron afectarse los ingresos por habitaciones existentes.

A Cuba siempre le ha sido adverso el escenario internacional, tanto cuando suben los precios, como cuando bajan. No nos favorecemos porque no exportamos cantidades de azúcar cuando los precios son altos, porque no hay cantidades físicas de ese y otros productos. Sucedió con el níquel cuando los precios eran muy elevados, pero la cantidad a producir rondaba siempre las 55.000 toneladas. El tema, entonces, no es solo la exportación, sino la producción en los rubros tradicionales. Políticas fallidas han afectado a esas dinámicas, como fue el caso de la reducción de los centrales azucareros. Aunque se están tomando fuertes medidas para revertir la situación, eso lleva tiempo.

Muchos de los problemas económicos de Cuba son crónicos. El informe Central al Primer Congreso del PCC, en 1975, exhortaba a aumentar las exportaciones, a sustituir importaciones, a mejorar la eficiencia de las inversiones, entre otros elementos. Para una nación como Cuba, sin grandes recursos, pequeña y con una economía tan abierta, es lógico que su primera tarea sea buscar divisas, ahorrarlas y no endeudarse.

No estar en ningún organismo financiero internacional multilateral nos ha protegido, en cierto sentido, de los endeudamientos que padecen muchas economías en desarrollo. El bloqueo impide la participación cubana, pero a la vez nos evita la tendencia al endeudamiento, que es algo que presiona. Aunque por otras causas, Cuba sufre de endeudamiento externo. Hoy intenta cumplir los acuerdos firmados de condonación de deudas y de los créditos comerciales recibidos en los últimos 10 años, pero evidentemente han tenido lugar atrasos en ciertos pagos.

La actualización del modelo, hasta ahora, no ha rendido los frutos económicos que debería haber dado. Los Lineamientos de la Política Económica y Social se aprobaron hace nueve años porque no se crece suficientemente, se mantienen los desequilibrios macroeconómicos. En una década, el crecimiento se ha mantenido en dos por ciento como promedio, entre otros problemas.
Sector no estatal

Y dónde quedan las formas no estatales? El tratamiento que se les ha dado es incoherente con el discurso oficial: se les menciona constantemente, pero en la práctica se encuentran atadas y no podrá haber una reforma de la empresa estatal cubana, como se ha explicado, si esta no viene acompañada de un vigoroso sector no estatal. Es una verdad que será demostrada a futuro. Quienes discrepen, que profundicen en lo sucedido con las reformas económicas en China y Vietnam y los problemas que confrontaron con una parte de las grandes empresas estatales. Para hacer eficiente el sector estatal, una de las variables necesarias tendrá que ser la reducción de las plantillas. Si esto es así, ¿a dónde podrían dirigirse las personas desplazadas, si no es al sector privado o a las pequeñas y medianas empresas?

En la actualidad suman 127 las actividades autorizadas a ejercerse privadamente, a partir de la reorganización de algunas. La pregunta para hacernos es: ¿cuándo se ampliarán las actividades que se puedan realizar? ¿Cuándo se pudieran ampliar a oficios de cuello blanco? Aunque el número actual de licencias es 618.000, unas 160.000 corresponden a personas contratadas. Del total, trabajan en gastronomía y elaboración de alimentos nueve por ciento; en transporte, ocho por ciento, y las personas en el arrendamiento suman cinco por ciento. Es decir, pocos oficios concentrados en la producción de bienes.

Un experimento puede durar más de siete años? La autorización en Cuba de las primeras cooperativas no agropecuarias tuvo lugar a inicios de 2013. Ese año se constituyeron 198 y después hubo un ligero ascenso, aunque de manera gradual se aprobaron cuatro grupos, inicialmente, y el quinto grupo se quedó esperando. En la actualidad funcionan más de 400 cooperativas no agropecuarias, que agrupan a más de 17.000 socios. Están presentes en 10 sectores de la economía, con ingresos superiores a 6.000 millones de pesos.

En 2019 entraron en vigor nuevas normas y se supo que no se crearían más cooperativas. En actividades tan importantes como la construcción, ni siquiera puede aumentar el número de socios aprobados inicialmente. Esa estrategia no va por buen camino y deberá rectificarse, ya que los propios dirigentes cubanos constantemente exhortan a dinamizar el funcionamiento de las fuerzas productivas. A qué fuerzas se refieren? Según las autoridades cubanas, este 2020 será el año decisivo para destrabar las fuerzas productivas.

En abril de 2011, el VI Congreso del PCC aprobó los Lineamientos de la Política Económica y Social para un periodo de cinco años. Como parte de ello, aprobó lo siguiente: “el modelo reconocerá y promoverá, además de la empresa estatal socialista -forma principal en la economía nacional-, a las modalidades de la inversión extranjera, las cooperativas, los agricultores pequeños, los usufructuarios, los arrendatarios, los trabajadores por cuenta propia y otras formas que pudieran surgir para contribuir a elevar la eficiencia”.

Si las nuevas 28 medidas anunciadas y publicadas para reformar la empresa estatal cubana se aplicaran en el tiempo requerido, podría darse un salto en ese espacio de la economía; pero deberían ir acompañadas de verdadera voluntad política, ya que se escucha a los dirigentes expresarse en un lenguaje que pareciera que tienen todo el tiempo del mundo.

Pese a las flexibilizaciones, la autonomía continúa siendo un tema que desata opiniones encontradas. Recientemente se ha indicado que se necesitan “empresarios”. ¿No están ya calificados los miles de cuadros que se han formado en las escuelas nacionales o ramales, en la Escuela Nacional de Cuadros del Estado y en otros centros? ¿O es más que eso? ¿Las instituciones o las prerrogativas existentes para esos cuadros son insuficientes o están lastrando las posibilidades reales de los “administradores de recursos” para que sean empresarios?

Un tema que llevaría a otro análisis entre los hacedores de políticas es el relacionado con las relaciones que se suceden entre las diferentes formas existentes, como ministerios, Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE), Unidad Empresarial de Base (UEB) y otras que, al parecer, no han funcionado… y los OSDE son otros ministerios. Cuba es un país pequeño y tiene muchas estructuras que se solapan entre ellas.

En criterio de especialistas y empresarios, las libertades parecen limitarse en el rediseño que sitúa a las empresas bajo el “tutelaje” de las OSDE. Según se informó, estas organizaciones serían revisadas durante el primer trimestre del pasado año, para evaluar su efectividad. [1]

El cronograma anunciado para poner en vigor nuevas leyes sitúa a la Ley de empresas para 2022. Es mucho tiempo, pero antes que se llegue a ese momento se pueden tomar medidas importantes para erradicar parte de ese verticalismo en la toma de decisiones. El plan a largo plazo del país hasta 2030 requiere de medidas ágiles, si realmente se quiere convertir a Cuba en un país en vías al desarrollo para esa fecha.

Inversión extranjera

A pesar de ser una voluntad manifiesta, el establecimiento de inversión extranjera –tanto en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel como fuera de ella– no ha avanzado a la velocidad requerida. Ha transcurrido más de cinco años desde la Ley 118 de Inversión Extranjera y más de seis años desde el Decreto ley 303, de septiembre de 2013. Sin embargo, trabas burocráticas internas han frenado más de un proyecto, al tiempo que el bloqueo impuesto por Estados Unidos persiste con su poder disuasivo sobre los posibles empresarios deseosos de negociar con Cuba.

En resumen, los 2.500 millones de dólares que se deben recibir anualmente, según los planes elaborados, son hoy todavía una quimera, pese a los esfuerzos que se realizan. Se espera que la recién inaugurada Ventanilla Única, para viabilizar los trámites de la inversión extranjera, contribuya con el empeño deseado.

Como parte del paquete de medidas aprobado por el Gobierno cubano para enfrentar la situación económica del país, en octubre de 2019 se autorizó la compra de electrodomésticos, partes y piezas de carros y otras mercancías en divisas convertibles. Pero, al parecer, la planificación no tuvo la precisión que se necesita, ya que se observa en la actualidad cierto desabastecimiento que no debiera ocurrir, ya que se deberían garantizar las divisas necesarias para la erogación que se debe realizar a los suministradores. Esa fue una medida necesaria ante las dificultades de las monedas nacionales y la salida de divisas del país.

Bajo el mismo esquema de facilitar ciertas importaciones de electrodomésticos a personas naturales por parte del Estado, mediante divisas, no sería tan arriesgado permitir compras de medios de trabajo, como equipos para la construcción, tractores o implementos agrícolas para los campesinos cubanos. ¿No se trata de potenciar las fuerzas productivas?

Conclusiones

Secuenciar y parcializar en exceso las medidas adoptadas ha conducido a la economía cubana a una situación indeseable. Ni rige la lógica del pasado, ni se ha permitido que prospere una nueva lógica económica. Diríamos que, desde hace años, Cuba parece en tierra de nadie, atrapada en el medio de un proceso de cambio, quizás en la peor de las opciones. [2]

El problema, entre otros, radica en que muchos de los cambios que se han realizado en la economía cubana no logran el efecto debido, por no acompañarse de reformas en otros ámbitos complementarios o de cambios institucionales que se requieren.

No es fácil de entender, con todas las medidas de flexibilización económica que se han realizado o están en curso, que el plan económico presentado para 2020 solo aspire a uno por ciento de crecimiento. Esfuerzos no han faltado y los dirigentes cubanos al menos están asistiendo, a nivel de base, a reuniones de análisis de los planes a cumplir, pero creo que los resultados son los únicos que podrán medir esos esfuerzos.

En conclusión, el bloqueo continuará arreciándose, pero frente a ello el mejor antídoto es abrir la economía interna y aprovechar las reservas productivas existentes por todas las formas de propiedad y encontrar quiénes traban el avance de la economía. Es decir, ¿quién traba lo que hay que destrabar? (2020)

Notas:
1 Cubadebate, “Decenio 2010-2019: diez aspectos que marcaron la actualización del modelo económico cubano”, 9 de enero, 2020.
2 Pavel Vidal: “La reforma económica en Cuba: atrapada en el medio”, Oncuba News, 12 de enero de 2020
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EL INGENIO, OBRA ANTOLÓGICA
POR JUAN M. FERRÁN OLIVA, 26 ENERO 2020
SINE DIE 103

Un lunes del año 1964 el Comandante Ernesto Che Guevara, entonces Ministro de Industrias, entró al Consejo de Dirección del organismo con un libro bajo el brazo. Lo mostró a los asistentes y expresó que había dedicado el fin de semana a su lectura. La consideró apasionante. Acababa de publicarse por la Comisión Cubana de UNESCO. Se trataba de El Ingenio. Era su autor, el habanero Manuel Moreno Fraginals, historiador, economista y profesor.

Fui testigo de este hecho. De inmediato adquirí el libro y lo convertí en texto de cabecera. Me ayudó mucho a entender la historia de Cuba. También la del azúcar en la época en que trabajé en el MINAZ.

El Ingenio es antológico. Una nueva redición ampliada, en 3 volúmenes, fue publicada en 1978 por la Editora de Ciencias Sociales de La Habana. Es el libro más importante de Moreno Fraginals. Ha sido traducido a varios idiomas y le dio renombre internacional. Consiste en un esmerado estudio económico y social de la actividad azucarera cubana durante la colonia, sus implicaciones internas e internacionales y los variados factores y personajes que incidieron en su desarrollo. Enfatiza prolijamente su papel en la historia de la Isla. La información complementaria que ofrece es inaudita. El autor empleó 20 años en la investigación enfocada bajo el prisma del materialismo dialectico.

Moreno Fraginals estudió Derecho en la Universidad de La Habana, logró una maestría en Historia en México y realizó investigaciones en el Instituto de Cultura Hispánica en España. Fue profesor en la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba. Tras el golpe de Batista marchó a Venezuela donde fungió como gerente empresarial. Tales conocimientos y experiencias lo ayudaron en su labor intelectual. Regresó a Cuba en 1959, con el triunfo de la Revolución.
El profesor Eduardo Torres Cuevas, Director de la Biblioteca Nacional y destacado historiador, discrepa de la conclusión esencial del estudio de Moreno Fraginals. Considera que se ha sobrevalorado el papel de El Ingenio en la formación de la sociedad cubana, lo que ha ocultado el papel real que significaron tanto el gran campesinado como la ciudad, el barrio, el traspatio, centros de creación cultural. Este autor hace énfasis en los aspectos sociales a diferencia de Moreno Fraginals que fundamenta su enfoque en problemas estructurales.

A lo largo de su vida intelectual Moreno Fraginals publicó numerosos artículos de carácter económico y social. Lo conocí personalmente en el periódico Granma, donde ocasionalmente colaboró.

Lamentablemente en 1994 pidió asilo en Miami. Ignoro las circunstancias y motivaciones que tuvo para ello. No lo juzgo. Más allá de las consideraciones políticas, lo respeto y admiro intelectualmente. Valga, sin embargo, recordar las circunstancias de la época. A fines de 1990 se inició el Periodo Especial. Mermaron las simpatías con el Gobierno debido a un proceso natural de desgaste y, sobre todo, a la frustración derivada del eclipse político soviético. Existían fuertes restricciones para otorgar salidas del país. Irse era traicionar.

Los disturbios producidos a mediados de 1994 condujeron a tragedias y el Gobierno Revolucionario decidió permitir la salida a todo el que lo quisiera. La situación dio un vuelco. Se desató entonces la llamada crisis de los balseros. El problema ya no era salir del país, sino entrar a la tierra prometida. Muchos apelaron a la petición de asilo para lograrlo. Con el fin de regularizar la situación se acordó con Washington el establecimiento de cuotas para la recepción legal de las solicitudes. Las 20,000 plazas acordadas apenas se cumplieron. De una forma u otra y por razones asquerosamente políticas, Estados Unidos prefirió favorecer la ilegalidad.

Se estima que más de 2 millones de cubanos viven en el extranjero. El 80% de ellos en Estados Unidos y un 8% en España. El resto en otros lugares. Actualmente no sólo fueron eliminadas las restricciones para salir, sino que no son mal mirados quienes emigran. Es lo normal.

Moreno Fraginals radicó en España y concretamente en Cataluña donde tenía raíces. En 1995 publicó en Barcelona su última obra titulada Cuba/España, España/Cuba. Historia Común. Se refiere a las relaciones coloniales. Parece redactada calamo currente. No obstante, vuelca en ella su erudición y la convierte en un excelente material de consulta. Este notable autor falleció en Miami en mayo del año 2001.
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ES CHINA CAPITALISTA?
POR MARC VANDEPITTE*, 25 ENERO, 2020

*Filósofo y economista

De creer lo que se escribe a derecha e izquierda sobre China, ¡no habría nada más que hablar! Se dice que el país ha capitulado y se ha vuelto capitalista, al margen de lo que pueda pretender el propio régimen chino. Es precisamente contra esta opinión casi unánime contra lo que luchan enérgicamente los economistas Rémy Herrera y Zhiming Long en su libro La Chine est-elle capitaliste?* [¿Es capitalista China?].

Es una cuestión fundamental para la izquierda. En primer lugar porque se trata de casi una cuarta parte de la población mundial y de uno de los raros y últimos países surgidos de una revolución socialista, de modo que la dirección que adopte China será determinante para el futuro del planeta.

Más aún, es un reto importante para la batalla de las ideas en nuestros países. El desarrollo económico de China es un éxito impresionante. En el momento en el que el capitalismo ofrece signos evidentes de declive hay un interés extraordinario en reivindicar como «capitalista» el éxito de China. De este modo sigue siendo posible atribuirse cierto crédito ideológico e incluso desanimar un poco a las fuerzas adversas. Por medio del pensamiento único neoliberal se hace lo imposible para convencer a la gente de que el socialismo no tiene futuro. Una China socialista rompería los esquemas.

Todo es cuestión de punto de vista
Por supuesto, hay una serie de fenómenos evidentes que abogan a favor de reconocer a China como un ejemplo de capitalismo: la cantidad cada vez más importante de personas multimillonarias, el consumismo de amplios sectores de la población, la introducción de muchos mecanismos de mercado después de 1978, la implantación de casi todas las grandes empresas occidentales que por medio de salarios muy bajos tratan de convertir al país en una gran plataforma capitalista, la presencia de los mayores bancos capitalistas en suelo chino y la omnipresencia de empresas privadas en los mercados internacionales.

Pero, según argumentan Herrera y Long, si Francia o cualquier otro país occidental colectivizara toda la propiedad de la tierra y del subsuelo, nacionalizara las infraestructuras del país, pusiera en manos del gobierno la responsabilidad de las industrias clave, estableciera una rigurosa planificación central; si el gobierno ejerciera un control estricto sobre la moneda, sobre todos los grandes bancos e instituciones financieras; si el gobierno vigilara de cerca el comportamiento de todas las empresas nacionales e internacionales; y, por si aún no fuera suficiente, si en la cima de la pirámide política estuviera un partido comunista que supervisara el conjunto… ¿se podría entonces seguir hablando de un país «capitalista» sin caer en el ridículo? A todas luces, no. Evidentemente lo calificaríamos de socialista e incluso de comunista.

Sin embargo, curiosamente hay una obstinada reticencia a calificar así al sistema político-económico vigente en China. En opinión de los autores, para entender bien el sistema chino y no enredarse en observaciones superficiales hay que tener en cuenta varios factores excepcionales que caracterizan al país, empezando por la cantidad enorme de personas que compone su población así como la extensión y diversidad de su territorio.

También es indispensable mantener en perspectiva los diferentes periodos, cada uno de ellos de siglos de duración, a lo largo de los cuales fueron tomando forma la nación y la cultura.

Así, durante dos mil años el Estado se apropió de la plusvalía de las personas campesinas y también reprimió duramente toda iniciativa privada y transformó las grandes unidades de producción en monopolios del Estado. A lo largo de esos siglos nunca se habló de capitalismo.

Finalmente conviene tener en cuenta las humillaciones coloniales de la segunda parte del siglo XIX y de una primera mitad del siglo XX particularmente convulsa, con tres revoluciones y otras tantas guerras civiles. Así, durante una guerra civil que duró treinta años el Partido Comunista llevó a cabo en los «territorios liberados» muchas experiencias en las que el sector privado se dejó en gran medida intacto con el fin de que compitiera con las nuevas formas de producción colectiva.

Más allá de los clichés

Antes de analizar las especificidades del sistema Herrera y Long saldan cuentas con dos clichés arraigados sobre el éxito de China. El primero, muy extendido, mantiene que el crecimiento económico rápido llega después de las reformas de Deng Xiaoping de 1978 y gracias a ellas, lo cual es totalmente falso.

En los diez años anteriores a este periodo la economía ya había conocido un crecimiento del 6,8 %, es decir, el doble del que tuvo Estados Unidos en el mismo periodo. Teniendo en cuenta las inversiones en medios de producción (capital fijo) y en conocimientos y experiencia (recursos educativos), se aprecia un crecimiento casi equivalente para los mismos periodos e incluso un crecimiento más importante investigación y desarrollo en el caso del primer periodo.

La política agrícola es un elemento esencial para explicar el éxito de China, que es uno de los pocos países del mundo que garantizó a sus poblaciones campesinas un acceso a las tierras agrícolas. Después de la revolución la gestión de las tierras agrícolas dependía del gobierno, que asignaba a cada campesino una porción de tierras agrícolas. Esta regla continúa vigente hoy en día. La cuestión agrícola es fundamental en una China que debe alimentar a casi el 20 % de la población mundial con solo un 7 % de tierras agrícolas fértiles. Hay que tener en cuenta que en China se habla de un cuarto de hectárea de tierra agrícola por habitante, en India del doble y en Estados Unidos de cien veces más.

A pesar de los errores del Gran Salto Adelante, China iba a lograr alimentar a su población bastante rápidamente, tanto más cuanto que las plusvalías generadas por la agricultura se invirtieron en la industria, con lo que se establecieron las condiciones de un desarrollo industrial rápido.

El crecimiento espectacular del 9,9 % en el periodo que siguió a las reformas solo fue posible gracias a los esfuerzos y a los logros de los treinta primeros años posteriores a la revolución. Bien mirado, bajo Mao el país ya había conocido un crecimiento impresionante. Bajo su dirección se triplicaron los ingresos por habitante mientras que la población se duplicaba. Y los autores destacan también que en su fase inicial la economía china ni era una «autarquía» ni tenía voluntad de replegarse sobre sí misma sino que el país sufría un embargo de Occidente.

Según un segundo cliché muy extendido, este crecimiento espectacular es el resultado natural y lógico de la apertura de la economía y de la integración en el mercado mundial capitalista y, más particularmente, de la entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001. Pero esto tampoco se sostiene.

Mucho antes de dicha entrada China conocía ya un fuerte crecimiento económico: entre 1961 y 2001 se habla de un crecimiento anual del 8 %. Es indudable que esta apertura fue un éxito, pero el aumento del crecimiento no fue en absoluto espectacular. En los cinco primeros años después de la entrada [en la OMC] el crecimiento económico apenas aumentó poco más del 2 %.

La apertura económica a países extranjeros (comercio, inversiones y flujo de capitales financieros) tuvo unas consecuencias desastrosas para muchos países del tercer mundo. En China esta apertura fue un éxito porque se sometió a las necesidades y objetivos del país, y porque estaba totalmente integrada en una sólida estrategia de desarrollo. Según Herrera y Long, la coherencia de la estrategia de desarrollo en China no tiene equivalentes entre los países del Sur.
Ni comunismo ni capitalismo

Por consiguiente, ¿qué se oculta detrás del «socialismo con características chinas»? Para los autores, sin lugar a dudas no se trata de comunismo en el sentido clásico del término. Marx y Engels entendía por comunismo la abolición del trabajo asalariado, la desaparición del Estado y la autogestión de la producción. No es el caso de la China actual, como tampoco fue nunca el caso en los países del «socialismo real».

En China no fue tanto la consecuencia de una opción ideológica como de las extremadamente difíciles circunstancias en las que nació y se tuvo que realizar la revolución. En 1949, tras una guerra civil interminable, se instala un Estado que se denomina «comunista» y que a medida que avanzaba se fue distanciando del modelo soviético.

Después de la apertura y las reformas bajo Deng Xiaoping «el socialismo retrocedió enormemente en China. Hoy estamos lejos del ideal igualitario comunista». Los autores señalan en este sentido una serie de parámetros como el individualismo, el consumismo, el afán por los negocios lucrativos, el arribismo, el gusto por el lujo y la apariencia, la corrupción, etc. Es indudable que estos aspectos son preocupantes, aunque el gobierno chino hace todo para restablecer la «moral socialista».

Aunque es indudable que no es comunismo, tampoco es capitalismo. Para Marx el capitalismo supone «una separación muy fuerte entre el trabajo y la propiedad de los principales medios de producción». Los propietarios del capital tienen tendencia a formar colectivos (accionistas) que ya no gestionan directamente el proceso de producción sino que lo dejan en manos de los gestores. A menudo el beneficio adopta la forma de dividendos sobre las acciones.

La mayor parte de las muchas empresas (en general pequeñas empresas familiares artesanales) no responde a este criterio, ni tampoco las muchas empresas «colectivas» en las que las personas obreras son propietarias del aparato de producción y tienen derecho a voto en el nivel directivo, y menos aún en el caso de las cooperativas.

Ni siquiera en las empresas estatales está tan clara la separación entre trabajo y propiedad porque incluso ahí existe una forma de cogestión por parte de los obreros y empleados, aunque sea limitada. En resumen, a menudo es muy relativa la separación entre trabajo y propiedad.

Otro criterio para definir el capitalismo es «la maximización del beneficio individual». Esto no es en absoluto relevante en las grandes empresas estatales donde se concentran los medios de producción más importantes.

Por consiguiente, no se trata de capitalismo pero, entonces, ¿quizá es «capitalismo de Estado» (1)?. Según los autores del libro, el término se acerca más aunque sigue siendo demasiado difuso, demasiado vago al tiempo que encierra demasiados sobreentendidos.

Entonces, ¿de qué se trata?

Los principales dirigentes chinos no niegan la presencia de elementos capitalistas en su economía, pero los consideran uno de los componentes de su sistema híbrido cuyos sectores claves están en manos del gobierno. Para ellos China navega todavía por «la primera fase del socialismo, esto es, una etapa que se considera imprescindible para desarrollar las fuerzas productivas».
El objetivo histórico es y sigue siendo un socialismo avanzado. Como Marx y Lenin, se niegan a considerar el comunismo «un reparto de la miseria» y, por consiguiente, afirman «su voluntad de proseguir una transición socialista durante la cual una muy amplia mayoría de la población podrá acceder a la prosperidad. ¿No se demostraría a la vez que el socialismo puede y debe superar al capitalismo?», se preguntan los autores.

Describen el sistema político-económico de China como «socialismo de mercado o con mercado». Dicho sistema se basa en diez pilares, muy ajenos al capitalismo:
– La perennidad de una planificación fuerte y modernizada, que ya no es el sistema rígido y extremadamente centralizado de los primeros tiempos.
– Una forma de democracia política, claramente perfeccionable, pero que hace posible las opciones colectivas que están en la base de dicha planificación.
– La existencia de unos servicios públicos muy amplios que en su mayor parte siguen estando al margen del mercado.
– Una propiedad de la tierra y de los recursos naturales que siguen siendo de dominio público.
– Unas formas diversificadas de propiedad, adecuadas a la socialización de las fuerzas productivas: empresas públicas, pequeña propiedad privada individual o propiedad socializada. Durante una larga transición socialista se mantiene, incluso se fomenta, la propiedad capitalista a fin de dinamizar el conjunto de la actividad económica y de incitar a las demás formas de propiedades a ser eficaces.
– Una política general que consiste en aumentar relativamente más rápidamente las remuneraciones del trabajo respecto a otras fuentes de ingresos.
– La voluntad declarada de justicia social promovida por los poderes públicos, según una perspectiva igualitaria frente a una tendencia de varias décadas al empeoramiento de las desigualdades sociales.
– Se da prioridad a preservar el medioambiente.
– Una concepción de las relaciones económicas entre los Estados basadas en el principio de que todos ganan.
– Unas relaciones políticas entre Estados basadas en la búsqueda sistemática de la paz y de unas relaciones más equilibradas entre los pueblos.

Algunos de estos pilares se abordan con más detalle. Aquí distinguiremos dos de ellos: el papel clave de las empresas estatales y de la planificación modernizada. El libro también trata un asunto importante: la relación entre el poder político y el económico.

Las empresas estatales desempeñan un papel estratégico en el conjunto de la economía. Operan de un modo que no va en detrimento de las muchas pequeñas empresas privadas ni del tejido industrial nacional. Sus objetivos se orientan a las inversiones productivas y pueden proporcionar fácilmente servicios baratos tanto a otras empresas como a proyectos colectivos. Dentro de estas empresas el propio Estado puede determinar qué gestión sería la más adecuada.

En todo caso, el papel que desempeñan las empresas estatales es una de las explicaciones esenciales de los buenos resultados de la economía china. Y también desempeñan su papel en ámbito social. Las empresas estatales pueden remunerar mejor a sus empleados y ofrecerles una cobertura de seguridad social mejor. En este sector es más posible salvar la brecha entre ricos y pobres.

El proyecto de una economía es «el verdadero espacio donde una nación elige un destino común y el medio para que un pueblo soberano se convierta en su dueño». Según Herrera y Long, en el caso de China se trata de una «planificación» fuerte cuyas técnicas se han suavizado, modernizado y adaptado a las exigencias del presente. En la antigua «planificación excesivamente centralizada» una empresa debía aceptar los productos a pesar del coste real al que se habían fabricado.

Este mecanismo limitaba enormemente las posibilidades de iniciativa de las empresas así como la propia eficacia del sector productivo en su conjunto. La calidad y el costo se consideraban problemas «administrativos» o «tecnocráticos» y perdían su posibilidad de estimular la economía. Los imperativos y limitaciones de la producción se manifestaron en una recurrencia de las crisis de disponibilidad de los recursos materiales.

Por consiguiente, desde finales de la década de 1990 interviene una planificación más flexible, monetarizada y descentralizada. Esta nueva planificación seguía estando bajo la dirección de una autoridad central macroeconómica. Se dio a las empresas más autonomía para gestionar las divisas y comprar mercancías. Esta flexibilización llenó varias lagunas de la antigua planificación y llevó a un desarrollo económico más intensivo (2) y respetuoso con el medio ambiente.

Para una transición al socialismo es necesario que coincidan perfectamente los poderes económicos y políticos? Los autores creen que no. En cambio, es necesario que quienes poseen el poder económico (los capitalistas) estén bajo la tutela estrecha del poder político. A este respecto los autores remiten a una discusión que tuvo lugar en 1958 entre Mao Zedong y el gobierno soviético de entonces.

Según Mao Zedong, la revolución china podía seguir caminando sin problema aunque China todavía contara con capitalistas. Su argumento era que la clase capitalista ya no controlaba al Estado sino que este control lo ejercía entonces el Partido Comunista (3). Según los autores, actualmente la alta proporción de propiedad pública en los sectores estratégicos limita eficazmente las ambiciones de los propietarios del capital nacional privado. Además, el Partido Comunista sigue estando en posición de impedir que la burguesía se vuelva a convertir en una clase dominante.

El futuro

Permanece en suspense la opinión de los autores respecto la posible trayectoria de China. Sigue siendo posible una progresión en la dirección del socialismo, aunque no se pueda excluir una restauración del capitalismo. La lucha de clases será quien determine la cuestión.

En la China actual los equilibrios de clase son complejos. Por una parte, está el Partido Comunista que se apoya sobre todo en las clases medias y en los empresarios privados, dos grupos a los que en las últimas décadas les ha interesado fomentar una economía con un alto crecimiento. Por otro, las masas obreras y campesinas «que siguen creyendo en la posibilidad de constituirse como sujetos de su historia y que siguen proyectando sus esperanzas en un futuro socialista».

Ahora la cuestión es saber si el partido logrará perpetuar sus éxitos sin desequilibrar la relación de fuerzas a beneficio de las personas trabajadoras y campesinas. Si el partido toma el camino del capitalismo corre peligro de trastornar este frágil equilibrio. Eso podría provocar grandes confrontaciones políticas e incluso provocar a una pérdida de control de las oposiciones sobre las que reposa el sistema, lo que supondría un fracaso en lo que concierne a las estrategias de desarrollo a largo plazo.

El desenlace es incierto, pero para los autores se pueden observar muchos aspectos que marcan claramente la diferencia con el capitalismo. Más allá de esto, también están los objetivos a largo plazo del socialismo y hay potencial para reactivar el proyecto.

Otro factor de incertidumbre que es determinante para el futuro es el capitalismo de los monopolios financieros sostenidos por la hegemonía de Estados Unidos, que cada vez busca más la confrontación con China a pesar del denso tejido económico que existe entre ambos países. Herrera y Long advierten de que en Occidente debemos ser conscientes de que el capitalismo mundial está en un callejón sin salida y «que la agonía de este sistema solo aportará a los pueblos del mundo devastaciones sociales en el Norte y guerras militares contra el Sur».

Hay que añadir que sólo podemos esperar que la lógica capitalista se pueda mantener bajo control en China. De lo contrario, nos encontraríamos en una situación comparable a la que caracterizó la víspera de la Primera Guerra Mundial, cuando los bloques imperialistas emprendieron un pulso a fin de ampliar su zona de influencia o mantenerla.

Los autores no esbozan una historia triunfante. El «socialismo con características chinas» no constituye en modo alguno un «ideal logrado del proyecto comunista. Sus desequilibrios son demasiado patentes». En este sentido señalan que China sigue siendo un país en vías de desarrollo y que precisamente por ello «este proceso será largo, difícil, lleno de contradicciones y de riesgos», lo que no debería sorprendernos porque «¿acaso el capitalismo no necesitó siglos para imponerse?». Los muchos desequilibrios y contradicciones deberían frenar a las personas simpatizantes o al menos impedirles caer en la tentación de exportar demasiado rápido la receta china.

Algunas notas al margen…

Aunque Herrera y Long son profesores universitarios saben cómo exponer sus argumentos de forma ligera, legible y convincente. El libro contiene información sólida, con cifras y muchos gráficos útiles. En el anexo se incluye una cronología muy interesante que traza la historia de China desde el comienzo de la humanidad. Un punto débil del libro es que no todos los argumentos son tan exhaustivos, además de ser demasiado conciso para ello.

El punto de vista elegido es económico, lo que tiene la ventaja de ser más materialista que «fluctuante» y la desventaja de subestimar a veces el papel de la lucha ideológica. Herrera y Long señalan algunos aspectos negativos en este sentido, pero subestiman el hecho de que toda la sociedad está literalmente impregnada de la propaganda capitalista, incluso dentro del propio Partido Comunista. En este sentido son esclarecedores los acontecimientos de Tiananmen ya que, en efecto, faltó muy poco para que China tomara el mismo camino que la Unión Soviética. Si se quiere mantener el rumbo en dirección del socialismo será crucial frenar la ideología capitalista.

En su argumentación sobre si el sistema es capitalista o no se centran en la cuestión de las relaciones de propiedad, lo cual es correcto, pero sólo en parte porque las relaciones de propiedad no dicen todo respecto al control que ejerce el gobierno sobre la economía. Al dar o no acceso a los contratos de adjudicación, a los beneficios fiscales, al acceso a los fondos de inversión del gobierno, a las instituciones financieras y a los subsidios, etc., el gobierno central dirige de hecho grandes sectores, incluidas empresas privadas, sin tener un control directo sobre estas empresas como tales ni poseer acciones en ellas (4).

Por múltiples razones China es uno de los países peor comprendidos del mundo, por lo que el libro de Herrera y Long es más que bienvenido. De forma valiente va a contracorriente de los prejuicios y señala algunos clichés arraigados. A la luz del relativo descenso a los infiernos del capitalismo, tanto económica como políticamente, los autores provocan la discusión ideológica. Esta es la segunda razón por la que es un libro muy recomendable

Rémy Herrera y Zhiming Long, La Chine est-elle capitaliste ?, París, Éditions Critiques, 2019, 199 p.

Notas:
(1) El término «capitalismo de Estado» está lejos de referirse a la univocidad de un concepto sobre el que existe consenso. Ofrecemos a continuación algunos sistemas que podrían corresponder a este término:
– El Estado lleva a cabo actividades comerciales y remuneradoras, unas empresas estatales ejercen una gestión de tipo capitalista (aunque el Estado se considere socialista).
– Presencia fuerte o dominante de empresas de Estado en una economía capitalista.
– Los medios de producción están en manos del sector privado, pero se somete la economía a un plan económico o supervisión (cf. la obra de Lenin, Nueva política Económica).
– Una variante de lo anterior es que el Estado dispone de un fuerte control en materia de asignación de créditos e inversiones.
– Otra variante: el Estado interviene para proteger sus monopolios (capitalismo monopolista de Estado).
– Otra variante más: la economía está mayoritariamente subvencionada por el Estado, que se encarga de las cuestiones estratégicas de investigación y desarrollo.
– El gobierno gestiona la economía y se comporta como una gran empresa que utiliza la plusvalía generada por el trabajo para reinvertirla.
Fuentes: Ralph Miliband, Politieke theorie van het marxisme, Amsterdam, 1981, p. 91-100; http://en.wikipedia.org/wiki/State_capitalism .

(2) Un desarrollo extensivo equivale a un crecimiento cuantitativo, más de lo mismo por medio de la inversión de más personas y máquinas o haciéndolas trabajar de manera más intensiva. Desarrollo intensivo = crecimiento cuantitativo basado en una mayor productividad.
(3) «There are still capitalists in China, but the state is under the leadership of the Communist Party», Mao Zedong, On Diplomacy, Beijing 1998, p. 251.
(4) Véase por ejemplo Roselyn Hsueh, China’s Regulatory State. A New Strategy for Globalization, Ithaca 2011; Zhao Zhikui, ‘Introduction to Socialism with Chinese Characteristics’, Bejing 2016, Cap. 3; Arthur Kroeber, ‘China’s Economy. What Everyone Needs to Know’, Oxford 2016; Robin Porter, ‘From Mao to Market. China Reconfigured’, Londres 2011, p. 177-184; Barry Naughton, ‘Is China Socialist?’, The Journal of Economic Perspectives, Vol. 31, No. 1 (invierno de 2017), pp. 3-24, https://www.jstor.org/stable/44133948?seq=5#metadata_info_tab_contents .
Fuente: https://www.investigaction.net/fr/la-chine-et-la-destinee-du-monde/
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ESPERANDO LA REFORMA EMPRESARIAL EN CUBA: NOTAS SOBRE LA EXPERIENCIA VIETNAMITA
POR CUBA POSIBLE, ABRIL 8 2018
https://cubaposible.com/esperando-la-reforma-empresarial-cuba-notas-la-experiencia-vietnamita/

Vietnam ha sido noticia recientemente en Cuba. De interés particular, al menos para los economistas, ha sido la definición de la función del mercado en el desarrollo socialista de ese país que fuera ofrecida por Nguyen Phu Trong, Secretario General del Partido Comunista de Vietnam (PCV)1.

Tres componentes de tal función fueron mencionados por el dirigente vietnamita. En primer lugar, la centralidad del mercado en el modelo económico. En segundo lugar, el mercado como una necesidad para construir el socialismo. En tercer lugar, la compatibilidad del mercado con el socialismo, o sea, que el mercado no debe ser visto como un inconveniente con el que haya que coexistir; sino que el mercado, lejos de ser antagónico respecto al socialismo, es funcional al mismo. Obviamente, tal definición estuvo contextualizada para el modelo vietnamita.

Es razonable asumir que la noción de que el mercado es central, necesario y compatible con el socialismo, pudiera ser considerado como un tema controversial en Cuba. Se trata del tipo de planteamiento que pudiera animar el debate que actualmente existe sobre la reforma económica del país.

Probablemente, los especialistas que privilegian en Cuba el enfoque más general -también más abstracto- sobre el socialismo y sus posibles modelos, encuentren un estímulo para escribir y discutir sobre la cuestión “modélica”, algo que me parece entendible, si bien no me parece de mucha utilidad práctica para el diseño y aplicación de políticas inmediatas en Cuba.

También existe otro ángulo posible de abordar el tema: la revisión de la manera concreta en que ha ido modificándose y consolidándose la función del mercado en la economía vietnamita. Esa es, precisamente, la dimensión en la que se concentra esta nota. Específicamente, lo relativo a la reforma empresarial, es decir, las transformaciones a nivel del marco de funcionamiento de la organización económica básica (la empresa) sobre la que se sustenta el crecimiento económico, el empleo, los ingresos, el consumo, y el desarrollo nacional.

Considero que, más que las consideraciones generales o que las disquisiciones especulativas sobre el socialismo, lo que pudiera contribuir de manera más efectiva a dotar de contenido preciso un término como “economía de mercado con orientación socialista” es la comprensión concreta de la reforma vietnamita en áreas claves como el funcionamiento del mercado a nivel empresarial.

En un texto anterior he explorado la experiencia vietnamita con la unificación de las tasas de cambio y la devaluación de la moneda nacional. Considero que ese es un caso que ofrece lecciones interesantes para Cuba2. En esta nueva nota continúo con el caso de Vietnam y propongo revisar, sucintamente, su reforma empresarial. Se hace básicamente a un nivel descriptivo que pudiera facilitar, en próximos textos, una reflexión analítica.

No se trata de una revisión encaminada a proponer la copia, sino a facilitar el aprendizaje. Cuba se enfrenta hoy a temas claves de su proceso de reforma, como es el caso de la transformación de las empresas estatales, los mecanismos de planificación, el establecimiento legal de empresas privadas nacionales, y los esquemas empresariales más efectivos para poder integrar el capital extranjero.

La reforma cubana dista mucho de haber producido, hasta la fecha, el tejido empresarial que necesita el país para desarrollarse. Las más recientes medidas adoptadas en diciembre de 2017 –el Decreto-Ley (No. 334) y los decretos Nos. 334, 335 y 336- se limitan a las empresas estatales y se han implementado con el propósito de otorgarles mayor autonomía y competitividad a esas empresas estatales, un objetivo que todavía debe ser contrastado con eventuales resultados en la práctica. Por otra parte, la anunciada intención oficial de establecer un sector de pequeñas y medianas empresas privadas sigue siendo una incógnita en cuanto a su materialización.

Acerca de cómo reconstruir el sistema empresarial de un país socialista ha existido una experiencia práctica en Vietnam que muy probablemente pudiera ser de utilidad para la reforma cubana, tanto en sus aspectos positivos como en los negativos. Discutir a partir de la evidencia concreta de una interacción exitosa entre mercado y socialismo –como la de Vietnam- es más práctico que embrollarse en una especulación abstracta sobre el tema.

Si desea entenderse qué hay detrás del término “economía de mercado con orientación socialista” habría que comenzar por comprender la transformación del tejido empresarial de Vietnam en las últimas tres décadas.

Las empresas estatales y el mercado en Vietnam: el punto de partida y su transformación

Desde la reunificación del país, en abril de 1975, no existió en Vietnam una ley de empresa hasta 1990. La Constitución de 1980 incluyó, como un objetivo declarado, el desarrollo de una economía centralmente planificada sin empresas privadas. Únicamente existía actividad privada extendida en la agricultura, pero sin adoptar formas empresariales sino como una producción campesina familiar, usualmente en pequeñas parcelas de tierra con bajo nivel tecnológico.

Se acepta corrientemente el mes de diciembre de 1986 como el momento inicial de la reforma económica vietnamita, conocida como Doi Moi. También se reconoce que la reforma se profundizó a partir de 1989, así como que la década de 1990´s fue -en buena medida- un intenso período de experimentación y de sucesivas modificaciones en el plano organizativo y legislativo. Es significativo que en los 15 años transcurridos entre 1990 y 2005 se aprobaron tres leyes de empresa: las leyes de 1990, 1999 y 2005.

El camino recorrido desde entonces ha conducido a una situación actual que es radicalmente distinta a la que existía hace 30 años, cuando comenzó la reforma. La ley de empresa vigente en Vietnam desde mediados de 2015 establece un marco legal amplio, que incluye todos los tipos de estructuras bajo las que se pueden conducir actividades empresariales3.

La nueva ley de 2015 establece que toda empresa tiene “la libertad” de hacer cualquier actividad que no esté prohibida por la ley. Las “líneas de negocios” de la empresa solamente se especifican en la solicitud para el registro, pero no aparecen en el certificado de registro. En la práctica esto significa que las empresas pueden incursionar en nuevos tipos de actividad antes de que tengan que notificarlo a las autoridades. Equivale a un enfoque de “hacer negocios primero y modificar el registro después”4.

Se ha simplificado el proceso de registro, con menos requerimientos informativos iniciales, y el plazo de registro (nuevo o modificación de un certificado anterior) solamente demora tres días.

Para efectuar cambios de información relativos al certificado de registro, solamente hay que enviar una nota de actualización a las autoridades en el plazo de los diez días posteriores a la modificación efectuada por la empresa. La actualización se asentará automáticamente en la base nacional de datos del registro de empresas, salvo que existiera un conflicto con la ley.

A mediados del año 2017 existían en Vietnam 610,000 empresas privadas, habiéndose creado 110,000 de estas en el año precedente. Se estima que el valor de la producción de las empresas privadas representa aproximadamente el 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y que absorben el 85 por ciento de los nuevos puestos de trabajo creados anualmente, los cuales se ubican entre 1,3 y 1,4 millones de puestos.5

¿Cómo se pasó -a nivel de reglamentación empresarial- de un modelo de planificación centralizada sin empresas privadas a uno que garantiza una considerable autonomía para las empresas de diversas formas de propiedad y donde existen más de 600 mil firmas privadas y apenas 2,700 empresas estatales?

La ley de empresa de 1990: un primer escalón

En realidad, los detalles relativos a esas leyes son complicados. Por ejemplo, la primera ley de empresa de 1990 fue parte de un paquete de leyes donde también se emitió -separadamente- una “ley de empresa privada”, ambas aprobadas en diciembre de 1990. Se considera que una contribución importante de la ley de empresa de 1990 fue el establecimiento de las dos modalidades empresariales que han facilitado el proceso de reforma de las empresas estatales y de la creación paralela de empresas privadas. Esas dos modalidades son las compañías de responsabilidad limitada (limited liabilities companies, LLCs) y las compañías por acciones (sociedades anónimas).6

Generalmente se señala como una insuficiencia de las leyes de 1990 el hecho de que se concentraron en las cuestiones de la administración estatal de las empresas, pero no se ocuparon de establecer reglas para la “gobernabilidad” interna (dirección) de las empresas. Al amparo de esas dos leyes de 1990 fueron establecidas 48,000 empresas privadas en un plazo de nueve años (1991- 1999).7

La ley de empresa de 1999: rápida expansión del número de entidades

Como parte de las lecciones extraídas de la intensa experimentación de la década de los 1990s, fue aprobada una nueva ley de empresa en 1999, que entró en vigor el 1 de enero de 2000. Se adoptó para aumentar la autonomía empresarial y para facilitar el funcionamiento del sector privado. La ley de 1999 simplificó considerablemente los procedimientos para el registro de empresas privadas y redujo considerablemente el costo y el tiempo que se necesitaba para legalizar las empresas privadas.

Uno de los aspectos sobresalientes de la ley de empresa de 1999 fue la adición de una tercera modalidad de funcionamiento empresarial: partnerships. Adicionalmente, se establecieron dos tipos de compañías de responsabilidad limitada (LLCs): las de dos o más miembros, y las de un solo propietario (podía ser un individuo o una organización).

Como parte del nuevo marco jurídico, se adoptó en el año 2001 una importante regulación complementaria: el “Decreto para apoyar el desarrollo de la mediana y pequeña empresa”, la cual formalizó, por primera vez, la definición oficial de una pequeña y mediana empresa (PYME) en Vietnam y que estableció condiciones para ulteriores políticas gubernamentales dirigidas a apoyar el desarrollo de las PYMES. En 2002 se efectuó un Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam (PCV) que se concentró en el tema del desarrollo de la empresa privada.

La ley de empresa de 1999 representó un punto de viraje en la expansión de la empresa privada en Vietnam, lo cual tuvo un impacto considerable en la transformación del tejido empresarial del país. El número de firmas privadas registradas aumentó cada año, desde el momento de puesta en marcha de la ley. Se registraron 14,457 empresas en el año 2000, habiendo crecido el registro anual de 27,662 (en 2003) a 36,000 (en 2004). A mediados de ese año, el total de empresas registradas bajo la ley de 1999 era de 95,357. Se estima que aproximadamente el 45 por ciento de las firmas registradas entre 2000 y 2004 eran “negocios” previamente existentes en forma de trabajo individual y familiar, muchas veces en el sector informal.8

La ley de empresa de 2005: énfasis en la “gobernabilidad” empresarial

La ley de empresa de 2005 es considerada, todavía hoy, como el cambio más radical de legislación empresarial en Vietnam, en relación con el marco legal anterior. Fue aprobada en noviembre de 2005 y comenzó a aplicarse el 1 de julio de 2006. A partir de 2006, cada individuo -nacional y extranjero- tuvo el derecho de crear compañías mediante mecanismos comunes simplificados. La ley se aplicó a todas las formas de compañías, independientemente del tipo de propiedad.

Contenía 171 artículos y fue el texto legislativo empresarial más complejo elaborado en Vietnam hasta ese momento. En buena medida, se enfocó en establecer las condiciones para fortalecer la capacidad de integración internacional de las empresas vietnamitas, especialmente con vistas a facilitar el acceso de Vietnam a la Organización Mundial de Comercio (OMC).9

Con la introducción de esta ley se modificó sustancialmente el marco legal para el funcionamiento de las empresas, especialmente al estandarizar los procedimientos para el funcionamiento según su forma legal, con independencia del tipo de propiedad y de sector. Es decir, las reglas para la “gobernabilidad” (dirección) de una compañía por acciones del sector estatal son las mismas que tiene una compañía por acciones del sector privado nacional, o que tiene una compañía por acciones de capital extranjero.

Las diferencias de operación que pudieran existir entre empresas de un mismo tipo legal, como consecuencia de las diversas formas de propiedad, no forman parte del contenido de la ley de empresa. Por lo general, eso se reglamenta mediante otros instrumentos jurídicos, como es la ley de inversión. Un posible ejemplo serían los diferentes requerimientos –más restrictivos- que tiene una empresa extranjera para poder invertir.

Se decidió dar de plazo hasta el 1 de julio de 2010 a todas las empresas estatales para que se convirtieran legalmente en una de las modalidades empresariales establecidas en la nueva ley.

Al igual que en el caso de las leyes anteriores, el proceso más dinámico de su impacto tuvo lugar en el terreno de la empresa privada. Se estima que hacia el año 2006 existían registradas unas 200 mil empresas privadas. Los resultados del censo de empresas efectuado en 2007 indicaron que en 2006 las empresas privadas representaban el 41,96 por ciento del total de las empresas del país, las empresas extranjeras el 22,22 por ciento, y las empresas estatales eran el 35,82 por ciento. 10

De hecho, como parte del proceso de reforma de la empresa estatal, el número de estas había descendido desde las 12,084 empresas estatales existentes en 1990, a unas 2,980 empresas totalmente estatales en 2006 y otras 670 en las que el Estado controlaba el 50 por ciento o más de la propiedad. 11

“Equitization”: breve nota sobre un término de difícil traducción

Del conjunto de empresas estatales en Vietnam que adoptaron -obligatoriamente- alguna de las formas empresariales definidas por la ley de 2005, una parte de ellas efectuó un proceso que en los textos sobre la reforma vietnamita publicados en inglés se conoce como “equitization” (en vietnamita sería C? ph?n hóa).

El término, que pudiera ser traducido al español como “titulación” (convertir el valor de activos en títulos de propiedad), consiste esencialmente en transformar una empresa estatal en una compañía por acciones. Usualmente significa una privatización parcial de la empresa, pero no necesariamente equivale siempre a una privatización. Es común que el Estado mantenga el control accionario de la empresa, sobre todo en ciertos sectores.

Cuando en la literatura económica sobre Vietnam se hace referencia a una “equitized SOE” (empresa estatal que ha sido “titularizada”) se está hablando, principalmente, de una mediana o pequeña empresa estatal que ha sido parcialmente privatizada, incluyendo las que han logrado atraer capital extranjero.

Es importante tomar nota de que, aunque el término de “equitization” normalmente implica la adquisición por parte de inversionistas privados de acciones en las empresas estatales, el objetivo del Estado es más amplio que la reducción de los activos estatales en empresas irrentables, o poco rentables, mediante la privatización de esos activos. Eso es aplicable, en muchos casos, a empresas estatales medianas y pequeñas, pero en el caso de las empresas estatales más grandes, el objetivo del Estado es inyectar inversión extranjera que haga más competitivas esas grandes empresas estatales.

El proceso había comenzado a utilizarse en 1992 como un programa piloto que se extendió a partir de la ley de 1999. Posteriormente, en 2002, se emitió el Decreto 64 que estableció un marco legal para acelerar el proceso de “equitization”. 12

Esa acción se produjo en el contexto de la “Estrategia para el Desarrollo Socio- económico 2001-2010” que promovía el desarrollo de una economía con múltiples formas de propiedad, así como cambios en la “gobernabilidad” de las empresas estatales, principalmente la consideración de que el Estado no tenía que controlar el 100 por ciento de las acciones de las empresas estatales y que debía considerarse la “liquidación” de un grupo de empresas estatales.

Si entre 1998 y 2002 habían experimentado la “equitization” unas 845 empresas estatales, entre 2002 y 2004 la cifra ascendió a 1,292 empresas.13 La ley de 2005 favoreció que la “equitization” se convirtiera en una creciente prioridad de la reforma. De hecho, el Plan Quinquenal 2006- 2010 estableció oficialmente que la restructuración y la “equitization” de las empresas estatales era una de las 15 tareas prioritarias del plan.

Fue también en 2005 cuando el Estado vietnamita creó una institución clave para la reforma empresarial: la “Corporación para la Inversión de Capital Estatal”, conocida internacionalmente por sus siglas en inglés SCIC, que comenzó a operar en agosto de 2006 como entidad accionista del Estado en las empresas estatales medianas y pequeñas que se incorporaron al proceso de “equitization”.

SCIC es una entidad subordinada al gobierno central y no a un ministerio. Cumple una función similar a la de instituciones en otros países donde el Estado gestiona parte de las acciones de las compañías estatales que han sido parcialmente privatizadas, como es el caso de SASAC en China, TEMASEK en Singapur, KHAZANAH en Malasia, y QIA en Qatar.

Como parte del proceso de “equitization”, los ministerios y los gobiernos provinciales transfirieron al SCIC la titularidad de la propiedad de las empresas estatales que fueron incorporadas al proceso de “equitization”. El proceso cobró dinamismo en los años inmediatamente posteriores a 2005 y se estimaba que en febrero de 2008 ya habían pasado por la “equitization” unas 4,000 empresas estatales desde el inicio de la reforma en 1986. De esa cifra, 3,400 habían atravesado el proceso desde el año 2000.14

Finalmente, dos aspectos deben ser mencionados. En primer lugar, el proceso de “equitization” se hizo fundamentalmente en empresas estatales pequeñas y medianas. Muy pocas acciones de las empresas estatales grandes se transfirieron a inversionistas privados nacionales. En segundo lugar, el proceso perdió dinamismo después de 2007, con cifras relativamente bajas de empresas estatales “titularizadas”, por debajo de las metas establecidas por el gobierno. Varios especialistas han señalado una brecha entre la legislación existente y la implementación del proceso, así como la acción de otros factores retardatorios del proceso.15

La ley de empresa de 2015 y su complementaria la ley de inversión de 2015

El tema de la “equitization” es importante para poder entender la ley de empresa de 2015 porque, entre otros objetivos, la nueva ley se proponía acelerar el proceso de reforma de la empresa estatal; algo que, como se ha mencionado anteriormente, habría estado funcionando por debajo de las expectativas iniciales del gobierno. Este pudiera ser un caso de estudio interesante respecto a la relación entre la implementación de las leyes, el apoyo político para la aplicación de estas, y la adopción de medidas complementarias, en el marco de la reforma del sector estatal.

La ley de empresa de 2015 (ley No. 28/2014/L-CTN) fue aprobada en noviembre de 2014 como parte de un paquete legislativo que también incluyó una nueva ley de inversión (ley No. 67/2014/QH13), esta última reemplazando la ley de inversión de 2005. En Vietnam, esas leyes de inversión no se limitan a regular la inversión extranjera.

Aunque este artículo se concentra en la ley de empresa, conviene anotar algunos aspectos de la ley de inversión de 2015. Probablemente, el cambio más importante que introdujo se refiere a la modificación en el método para legislar en materia de inversión nacional y extranjera, a partir de la adopción del enfoque de “lista negativa”. Anteriormente se utilizaba un enfoque de “lista positiva” mediante el cual lo que fuese permisible era codificado en leyes.

Con el paso a un enfoque de “lista negativa”, en la ley de inversión de 2015, se ha adoptado un método más transparente que significa que cualquier elemento que se considere que deba estar restringido o impedido, debe registrarse en las leyes. Para el resto de los asuntos, las empresas y los individuos están autorizados a emprender actividades económicas y a invertir dentro de los marcos legales.

Otros aspectos importantes de la nueva ley de inversión de 2015 fueron16:

Enmiendas relativas a una serie de conceptos importantes tales como: “inversión de negocios”, “proyecto para nueva inversión”, “proyecto para la expansión de inversión existente”, e “inversionista extranjero”.
Se definieron seis sectores en los cuales se prohíbe la inversión “libre”, lo cual representó una drástica reducción en relación con los 51 sectores anteriormente sometidos a tal prohibición.
También se redujo a 276 el número de actividades específicas en las que la inversión es “condicional” (debe cumplirse algún tipo de “condición”).

Introdujo precisiones respecto al nivel de propiedad a partir del cual se considera que una compañía registrada en Vietnam es considerada como una “empresa de inversión extranjera” (conocida hasta ese momento por sus siglas en inglés FIE), a las que se les aplican requerimientos de licencia relativamente más exigentes, así como otras restricciones. Anteriormente, podía incluso interpretarse que una empresa con un 1 por ciento de inversión foránea era una “empresa de inversión extranjera” (FIE).

La ley de inversión de 2015 reemplazó el concepto de FIE por el de “organización económica con inversión de capital extranjero” (conocida por sus siglas en inglés FIEO), estableciendo como criterio el 51 por ciento del capital accionario de propiedad extranjera para clasificar como una empresa FIEO. Es importante el hecho de que el indicador se refiere al valor del capital accionario y no al porciento de las acciones que dan derecho al voto.

Lo anterior tiene una implicación práctica importante en la medida en que propicia que el capital extranjero pueda estructurar su inversión en una empresa en Vietnam de manera tal que pueda invertir en sectores restringidos a las FIEO (siempre que la inversión extranjera en la empresa sea inferior a 51 por ciento del valor del capital accionario), a la vez que pudiera tener el control de la empresa porque, a pesar de no detentar la mayoría del valor del capital, pudiera tener una mayoría de las acciones que dan derecho al voto.

Regresemos a la ley de empresa de 2015.

Esta ley también se aplica a las empresas en las que tienen propiedad tanto inversionistas nacionales y extranjeros, de manera individual o institucional. Establece los tipos de compañías a los que se les permite funcionar en Vietnam, así como su estructura y mecanismo de dirección, las definiciones respecto a pasivos y obligaciones, y las reglas básicas de operación. Es una ley muy amplia que abarca todas las formas posibles de modalidades empresariales, con independencia de que la propiedad y la operación de estas corresponda a nacionales o a extranjeros.

En relación con las modalidades de empresas, la ley de 2015 no presenta variaciones importantes en relación con la ley de 2005. Incluye seis tipos de modalidades empresariales entre las cuales pueden escoger, en dependencia de sus necesidades, los inversionistas nacionales y extranjeros.

Las modalidades son las siguientes:

Compañías de responsabilidad limitada (limited liabilities companies, LLCs), con dos o más miembros. La responsabilidad de los miembros por concepto de pasivos, deudas y otras obligaciones se limita al monto de sus contribuciones a la empresa.

Compañías de responsabilidad limitada (limited liabilities companies, LLCs), con un solo miembro (individuo u organización). La responsabilidad del miembro por pasivos, deudas y otras obligaciones se limita al monto del capital de la empresa.

Compañías por acciones (shareholding companies), también llamada sociedad anónima. No se requiere que funcionen necesariamente en el mercado de valores (Bolsa). Para poder operar en Bolsa necesitan cumplir con una serie de requisitos adicionales. La responsabilidad de los accionistas frente a los pasivos se limita solamente al valor de las acciones.

Partnerships, cuya forma principal es el “contrato de cooperación de negocios” (conocido por sus siglas en inglés BCC). Esta modalidad se utiliza principalmente por las corporaciones grandes. La responsabilidad frente a obligaciones es ilimitada para cada socio, en caso de que no se especifique el monto en el contrato.

Empresas privadas (empresas de responsabilidad ilimitada), que son propiedad de un solo individuo. La responsabilidad del propietario por las obligaciones de la empresa se salda con todos los activos del propietario.

Empresa estatal, que la nueva ley ha redefinido como una empresa en la que el 100 por ciento del capital total es controlado por el Estado.

Respecto a este último punto cabe una precisión interesante. La redefinición ha sido importante porque la anterior ley de 2005 consideraba como empresa estatal aquella en la que más del 50 por ciento del capital estaba en manos del Estado. Una primera implicación práctica del cambio en la ley ha sido la reducción del número de compañías clasificadas como empresas estatales.

Situación actual del tejido empresarial vietnamita

Las estadísticas oficiales más completas sobre el tejido empresarial en Vietnam reflejan la situación existente a finales de 2015 y presenta los datos para el período 2010-2015. La composición de las empresas –reflejando la modalidad legal y la forma de propiedad- se muestra en la siguiente tabla.

La información de la tabla permite caracterizar muy rápidamente la composición de las empresas de Vietnam y las tendencias observadas en su evolución reciente. Pudieran hacerse muchas observaciones, pero es conveniente destacar al menos cuatro:

El número de empresas estatales no es estadísticamente significativo.
Las empresas no estatales, basadas en capital nacional, son absolutamente mayoritarias, en cuanto a su número.
El peso relativo de la cantidad de empresas de capital extranjero en el total de empresas del país es bajo.
La modalidad empresarial dominante es la de las compañías de responsabilidad limitada, y en un distante segundo lugar las compañías por acciones totalmente privadas.

Naturalmente, se trata de un dato que solamente permite una caracterización incompleta del tejido empresarial de Vietnam. Existen otros indicadores más relevantes, como el peso relativo de los diferentes tipos de empresas en el empleo y en el capital empresarial. Son indicadores que modifican radicalmente la visión que ofrece, de manera aislada, el número de entidades.

En ese sentido, las empresas estatales emplean el 10,67 por ciento de los trabajadores empresariales de Vietnam, mientras que las empresas no estatales emplean el 59,99 por ciento y las empresas de capital extranjero dan trabajo al 29,34 por ciento del total del empleo empresarial de Vietnam. Las compañías de responsabilidad limitada –las más numerosas- representan un 31,92 por ciento del empleo.17

En cuanto al capital, las empresas estatales concentran el 31,36 por ciento, las empresas no estatales el 49,77 por ciento y las empresas de capital extranjero el 18,87 por ciento. Los datos más desagregados indican que las empresas estatales de nivel central concentran la cuarta parte del capital empresarial del país (25,65 por ciento), mientras que las empresas estatales del nivel local cuentan con una proporción baja del capital total de las empresas del país (5,71 por ciento). En el sector privado nacional, las compañías de responsabilidad limitada (LLC) y las empresas por acciones sin capital estatal cuentan con porcientos bastante similares del capital empresarial del país (21,80 por ciento y 22,36 por ciento respectivamente), es decir, algo menor que el porciento de las empresas estatales de nivel central.18

Debe quedar claro que las empresas estatales, principalmente las grandes corporaciones estatales, desempeñan actualmente un papel crucial en áreas claves de la economía vietnamita. Se estima que, de conjunto, las empresas estatales aportan aproximadamente 30 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y aunque el ritmo de crecimiento del valor producido como grupo ha sido menor que el de las empresas de propiedad privada y de capital extranjero, el sector de empresas estatales registró un respetable promedio anual de crecimiento de 3,8 por ciento entre 2006 y 2016.19

En términos del total del stock de capital, las empresas estatales representan el 91 por ciento de la producción y distribución de energía eléctrica, el 80 por ciento de las tecnologías de información y comunicación, el 79 por ciento la minería, el 65 por ciento del suministro de agua y de tratamiento de residuos, el 57 por ciento de las finanzas, banca y seguros, y el 43 por ciento de la agricultura, forestales y pesca.20

La gran mayoría de las empresas de gran escala de Vietnam son empresas estatales, entre ellas, Vi?t Nam Posts and Telecommunications Group (VNPT), Vi?t Nam’s Telecommunications Group (Viettel), MobiFone Telecommunications Corporation (MobiFone), Electricity of Vi?t Nam Group (EVN), Vi?t Nam Cement Industry Corporation (VICEM), Vi?t Nam National Coal and Mineral Industries Group (Vinacomin), Vi?t Nam National Petroleum Group (Petrolimex). En el caso de las exportaciones de arroz –uno de los logros más conocidos de la reforma- el 70 por ciento de las mismas se concentra en dos empresas estatales: Vi?t Nam Northern Food Corporation y Vi?t Nam Southern Food Corporation. Los principales bancos son estatales: BIDV, Agribank, Vietcombank y Vietinbank.

Fortalecer la empresa privada: una prioridad política inmediata y estratégica

Se estimaba que a principios de 2017 existían algo más de 2,700 empresas estatales, lo que representaba 607 empresas menos que en 2012.21 El Partido Comunista de Vietnam (PCV) ha indicado su decisión de continuar reduciendo el peso relativo de las empresas estatales en la economía y de incrementar el peso de las empresas privadas. En ese sentido, el 12vo Pleno del Comité Central del PCV (3 de junio de 2017) adoptó la Resolución No. 10, que estableció como meta elevar la contribución del sector privado al PIB desde el actual nivel de 40 por ciento hasta un 50 por ciento en 2020, y hasta un rango del 60 al 65 por ciento en 2035.22 En términos del número de empresas privadas, esto significaría tener registradas, al menos, 1 millón de empresas privadas en 2020, aproximadamente 1,5 millones en 2025, y 2 millones de empresas privadas en 2030.23

En 2017, el gobierno vietnamita decidió conceder atención especial al proceso de “equitization” y la SCIC estableció, por primera vez, un calendario preciso; mientras que el Ministerio de Planificación e Inversión completó una lista de 375 empresas estatales que deben ser total o parcialmente privatizadas hasta el 2020. Se espera que 185 empresas pasen por el proceso de “equitization” en 2018. 24

No obstante, existe un dato que debe ser retenido: si bien se ha producido una reducción apreciable en el número de empresas estatales -no solamente por el cambio de definición de empresa estatal, sino también por la “equitization”- se señala que en realidad ha sido relativamente insignificante el valor de los activos estatales que han sido privatizados, estimándose en apenas un 8 por ciento del valor total de los activos de las empresas estatales.25

Este punto es importante porque indica que no ha habido un desmantelamiento del sector estatal, el cual ha seguido creciendo, se ha restructurado y ha reforzado sus empresas mayores. Lo que ha ocurrido es que se ha producido un crecimiento más acelerado de la empresa de capital extranjero y de la empresa privada nacional, estimándose que el 95 por ciento de estas últimas son PYMES.

Parte del reto de la ampliación del sector privado que ha decidido acometer el Partido Comunista de Vietnam (PCV) consiste, precisamente, en revertir una tendencia observada en las PYMES privadas de reducir su escala promedio, lo cual limita posibles incrementos de productividad por la vía de economías de escala, especialización e innovación. Reconocidos economistas vietnamitas han indicado que “para poder estimular el crecimiento de esas empresas, debe ser mejorada la competencia, la cual es el núcleo de la economía de mercado”. En el contexto del actual debate económico en Vietnam se propone también que el gobierno debe apoyar el desarrollo de empresas privadas innovadoras, mediante programas de soporte directo e indirecto.26

Comentarios finales

La reforma empresarial vietnamita ha tenido una serie de características que, en mi modesta opinión, pudieran ser relevantes para el debate actual sobre la reforma económica en Cuba:

Los parámetros que han guiado la reforma empresarial -sus límites, direcciones y prioridades- se han modificado con notable frecuencia y han sido codificados en documentos políticos del Partido Comunista de Vietnam (PCV) y del gobierno (leyes y decretos) que expresan un enfoque de adaptación constante.
Ha sido más un enfoque pragmático que programático-modélico. Lo programático no se ha ajustado a un modelo predeterminado, sino que ha cambiado con frecuencia precisamente porque ha predominado una visión pragmática del proceso: la acción seguida por el monitoreo, la evaluación de la retroalimentación, y la adaptación del programa. Todo ello, conducido de manera permanente, sin atarse a plazos fijos, y sin anclaje en teorizaciones.
Los detalles técnicos de la reforma no han sido asumidos como “cosa de tecnócratas” ni de “especialistas”, sino como “cosa de los políticos”. Cada acción importante ha respondido directamente a una decisión política de alto nivel. Varios plenos del PCV se han enfocado en la reforma empresarial y las PYMES.
Las contradicciones, problemas y fracasos que han existido, han sido gestionados políticamente. Los éxitos de la reforma empresarial -que han predominado sobre los problemas- han sido políticamente redituables para el PCV.

La fase actual de la reforma empresarial, iniciada con la nueva ley de empresa de 2015 y confirmada por la Resolución No. 10 del 12vo Pleno del Comité Central del PCV de 2017, ha asumido como objetivo prioritario elevar sustancialmente la contribución del sector privado al PIB, mediante el proceso interrelacionado de restructuración acelerada de las empresas estatales -incluyendo la privatización parcial de 375 de ellas hasta el 2020- y el incremento sustancial del número de empresas privadas -principalmente PYMES- desde las 610,000 actuales hasta 2 millones en 2035.

Cuando se desea entender en Cuba en qué consiste una “economía de mercado con orientación socialista”, como la vietnamita, debe mirarse esa realidad tal y como es. Si, en el contexto del actual debate sobre la reforma económica de Cuba, se va a hablar sobre la experiencia vietnamita, lo adecuado es obtener ese entendimiento de la realidad. Eso es mucho mejor que la “interpretación” que pudiera resultar de la ocurrencia de alguien de tomar el término “economía de mercado con orientación socialista” y “coctelearlo” con lo que pudiera encontrarse en la literatura marxista clásica.

Por supuesto que la reforma económica de Cuba no puede ser la misma de Vietnam, pero mucho menos va a poder salir la reforma económica cubana directamente de una teorización abstracta inspirada en textos.

Como se aclaró al principio, esta nota ha sido de tipo descriptivo. Permite establecer una serie de evidencias que pudieran facilitar posteriores análisis sobre el tema. De nuevo, no se trata de proponer “modelo” ni “fórmula” alguna. Lo que parece apropiado es observar lo que funciona, sacar lecciones, y quizás -si fuese pertinente luego de un análisis de la circunstancias nacionales- aplicar algunas de esas lecciones en el diseño e implementación de la reforma económica en Cuba.

Notas:
Conferencia impartida por Nguyen Phu Trong en La Universidad de La Habana. 29 de marzo de 2018. Cubadebate.

Nguyen Phu Trong recibe Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana

Ver, “La devaluación del peso cubano no es una maniobra monetaria: ¿ofrece Vietnam alguna lección?”, El Estado como tal, 28 de febrero de 2018. https://elestadocomotal.com/2018/02/28/la-devaluacion-del-peso-cubano-no-es-una-artimana-monetaria-ofrece-vietnam-alguna-leccion/
Ver texto de la ley No. 28/2014/L-CTN aprobada por la XIII Asamblea de la República Socialista de Vietnam en su 8va sesión, el 26 de noviembre de 2014 https://www.hcmiu.edu.vn/Portals/1/Docs/vanbanphapluat/english/68-2014-QH13-Luat%20Doanh%20nghiep.pdf
Ver una comparación resumida entre las dos leyes (2015 y 2005) en el informe de Indochina Council, “Vietnam: Key Changes under the New Enterprise Law”, agosto de 2015, http://www.networkedlaw.net/files/9214/4354/1177/Indochine_Counsel_-_Enterprise_Law_-_Client_Memo_-_Key_Changes_of_2014_Enterprise_Law_-_EN_-_Sept_2015.pdf
Ver, “How the private sector can drive Vietnam’s growth”, VietnamNet, 8 de junio de 2017, http://english.vietnamnet.vn/fms/business/179882/how-the-private-sector-can-drive-vietnam-s-growth.html
Bui Xuan Hai. “Vietnamese Company Law: The Development and Corporate Governance Issues”. Bond Law Review, Volume 18, Issue 1. 2006.
Nguyen Thi Tue Anh, Luu Minh Duc, y Trinh Duc Chieu, “The Evolution of Vietnamese industry”, Learning to Compete Working Paper No. 19, 2012, Africa Growth Initiative at Brookings. https://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/07/L2C_WP19_Nguyen-Luu-and-Trinh-1.pdf
Katariina Hakkala y Ari Kokko, “The State and the private sector in Vietnam”, Working Paper 236, June 2007, Stockholm School of Economics, EIJS, https://swopec.hhs.se/eijswp/papers/eijswp0236.pdf
Bui Xuan Hai. Op. Cit.
Nguyen Thi Tue Anh, Luu Minh Duc, y Trinh Duc Chieu, Op. cit.
Ibidem.
Konstantin Wacker. «Restructuring the SOE Sector in Vietnam.» Journal of Southeast Asian Economies (JSEAE), vol. 34 no. 2, 2017, pp. 283-301. https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2828197
Ibidem
Kim, Woochan, Nam, Il-Chong y Cuong, Tran Tien, “On the Governance of State-Owned Economic Groups in Vietnam” (April 12, 2010). https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1729093
Konstantin Wacker, Op. cit.
Ver texto de la ley No. 67/2014/QH13 aprobada por la XIII Asamblea de la República Socialista de Vietnam en su 8va sesión, el 26 de noviembre de 2014, “Investment Law and Enterprise Law Amendments in Vietnam” Allen & Overy, 30 de diciembre de 2014, http://vietnamlawenglish.blogspot.fr/2014/11/vietnam-investment-law-2014.html, y “New Regulations of Investment Law 2014”, Vision Associates, http://www.vision-associates.com/legal_news_detail/2/506/New-Regulations-of-Investment-Law-2014
Anuario Estadístico de Vietnam 2016. Tabla 116. https://www.gso.gov.vn/default_en.aspx?tabid=515&idmid=5&ItemID=18533
Anuario Estadístico de Vietnam 2016. Tabla 122. https://www.gso.gov.vn/default_en.aspx?tabid=515&idmid=5&ItemID=18533
Ver “SOE reform to fuel higher economic growth”, 16 de noviembre de 2017, Vietnam Investment Review, http://www.vir.com.vn/soe-reform-to-fuel-higher-economic-growth-53888.html
Ver “SOEs play dominant role in national economy”, VietnamNews, 27 de diciembre de 2016, http://vietnamnews.vn/economy/348704/soes-play-dominant-role-in-national-economy.html#mfMmlsJMqozSS1SB.97
Ver, “Vietnam sees decline in number of State-owned enterprises”, Nhan Dan Online, 19 de enero de 2018, http://en.nhandan.com.vn/business/economy/item/5785902-vietnam-sees-decline-in-number-of-state-owned-enterprises.html
Ver, “Party affirms private sector as important driving force for economic development”, 27 de julio de 2017, Vietnam Law Magazine, http://vietnamlawmagazine.vn/party-affirms-private-sector-as-important-driving-force-for-economic-development-5941.html
Ver, “Striving for the contribution of private sector in GDP to 50% by 2020”, Customs News, 31 de julio de 2017, http://customsnews.vn/striving-for-the-contribution-of-private-sector-in-gdp-to-50-by-2020-4151.html
Erin Cook, “Vietnam Gears up to Divest State-Owned Enterprises in 2018”. The Diplomat, 21 de diciembre de 2017. https://thediplomat.com/2017/12/vietnam-gears-up-to-divest-state-owned-enterprises-in-2018/
Ver, “Private sector generates 40 percent of GDP”, Vietnam Economic News, 28 de agosto de 2017, http://ven.vn/private-sector-generates-40-percent-of-gdp-28349.html

26. Võ Trí Thành, “In Viet Nam, ’bigness’ depends on more than size”, Vietnam News, 4 de abril de 2017, http://vietnamnews.vn/economy/373741/in-viet-nam-bigness-depends-on-more-than-size.html#zoXAqd3O9ju20r4m.97
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LAS MICRO, PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS EN EL DESARROLLO: EXPERIENCIA DE JAPÓN Y LECCIONES PARA CUBA
POR CUBA POSIBLE, ABRIL 30 2018

Las micro, pequeñas y medianas empresas en el desarrollo: experiencia de Japón y lecciones para Cuba

Introducción

Las micro, pequeñas o medianas empresas (MPYMES) son generadoras de empleo, permiten el desarrollo a nivel local o regional, se adaptan con flexibilidad a las crisis económicas, entre otros elementos. Si se analiza la estructura empresarial de las grandes economías (como Japón, Italia, Corea del Sur, entre otras), se podrá comprobar el aporte a la economía de esa forma de producción.

El objetivo de este artículo es ofrecerle a los lectores una visión de la importancia que tiene para un país como Cuba el establecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas para una verdadera articulación del tejido empresarial del país, que además no es algo novedoso en la realidad nacional, teniéndose en cuenta que, antes de 1959, lo que prevaleció en Cuba fueron las microempresas, las pequeñas y las medianas empresas. Se demostrará esa importancia a través de la experiencia de un país que ha utilizado las MPYMES desde su desarrollo inicial, y que hoy es de las tres primeras economías del mundo, como es el caso de Japón.

¿Cuál es la clasificación de una MPYMES?

Primero una aclaración general: no hay un concepto universal sobre el tamaño o el alcance de una MPYMES, eso depende de los conceptos esgrimidos, desde un organismo internacional, una región, o un país, hasta las clasificaciones que se han dado teniendo en cuenta el número de empleos, o el volumen de sus ventas, o si estas forman parte de una empresa mayor.

De acuerdo a su tamaño, las empresas pueden clasificarse como: micro, pequeñas, medianas y grandes. En este sentido, cualquier definición que se plantee es realmente difícil, ya que aún en el mundo empresarial de la actualidad no existe consenso, las definiciones tienden a ser arbitrarias. A nivel internacional, especialmente en Europa, y dentro de la misma en España, el criterio que más se utiliza es el número de trabajadores; asumiéndose que: una microempresa es la que posee hasta 10 trabajadores; una pequeña de 10 hasta 49 trabajadores; una mediana de 50 a 249 trabajadores; y una grande más de 250 trabajadores.1

Para que un país prospere, desde el punto de vista económico, debe ser capaz de producir riquezas. Las empresas, independientemente del sistema económico imperante, son los entes responsables de que esto ocurra. Para cumplir su función productiva, la empresa debe utilizar los denominados factores productivos que esencialmente son: el trabajo (los recursos humanos utilizados para producir bienes y servicios) y el capital (el dinero y todo lo que se adquiere mediante este: máquinas, equipos, herramientas, edificios, etc.). Otro factor, no menos importante, lo constituye la organización (la administración o dirección de la empresa). De hecho, es a través de esta última que los factores anteriores son coordinados para alcanzar determinados objetivos o fines, que constituyen la propia razón de ser de la empresa.3

Las MPYMEs en Japón.

No es el objetivo de este trabajo analizar el éxito del modelo japonés, pero sí podemos mencionar ciertos factores que desarrollaron –por ejemplo, las MPYMES– para estar entre las primeras economías del mundo: 4

Alta Tasa de Ahorro
Administración de “Estilo Japonés”
Keiretu (grupos de empresas)
Pequeñas y Medianas Empresas
Empresas de Comercio Internacional (Sogo Shosha)
Burocracia o Instituciones.

Las pequeñas y medianas empresas en Japón

Japón clasifica a sus empresas por el número de empleados y, en el caso de las pequeñas y medianas, además por el capital que tienen.

Puede haber otras industrias con otras condiciones, aprobadas por una ordenanza gubernamental diferente a esa legislación relativa a las MPYMES. Por ejemplo:

1. Para las pequeñas y medianas empresas en la manufactura
-Fabricación de productos de caucho o goma: hasta 2,7 millones de dólares en capital y hasta 900 empleados regulares.

2. Servicios:
-Industria del Software & Servicios Informáticos: hasta 2,7 millones de dólares de capital y hasta 300 empleados regulares.
-Industria hotelera: hasta 458 mil dólares y hasta 200 empleados regulares.

3. Servicios en microempresas:
-Alojamientos o recreación: hasta 20 empleados regulares.

La promoción de las pequeñas y medianas empresas fue un fuerte propósito de las políticas industriales del Japón. Debido a la existencia de una estructura dual entre “grandes” y “pequeñas y medianas” empresas. El gobierno (tratando de borrar la percepción de que las pequeñas empresas pagaban menos sueldos, que el empleo allí era inestable, con baja tecnología, con dificultad en la obtención de financiamiento, donde las tasas de beneficios eran bajas y vulnerables al ciclo económico), decide darle un apoyo institucional a través del Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI).5

La política industrial del MITI para modernizar y fortalecer las pequeñas y medianas empresas ayudó a aliviar los efectos nocivos mencionados y a desarrollar economías regionales o locales. Y contribuyó al desarrollo de una red industrial entre grandes y pequeñas y medianas empresas, por lo cual los sectores industriales pudieron reducir “costo de transacción” y disfrutar de “externalidades de Marshall.” Es obvio que este tipo de red fue una de las razones de eficiencia del sector manufacturero en Japón.

En ese país hay una división entre “grandes” empresas y “pequeñas y medianas” empresas. Muchos pequeños fabricantes son típicamente “filiales” de grandes empresas y trabajan como subcontratistas en un Keiretsu vertical. Por ejemplo, Toyota compra miles de partes para automóviles a subcontratistas, muchos de los cuales son pequeñas empresas con menos de 100 empleados.

La calidad de los trabajadores de las pequeñas empresas es muy alta en Japón. Las grandes empresas, como Toyota, revisan la calidad de las piezas entregadas por sus firmas subcontratadas pequeñas a la fábrica ensambladora de sus automóviles. Luego, los ingenieros de la Toyota trabajan conjuntamente con las pequeñas empresas asociadas a su compañía para mejorar la calidad de sus partes. De esta manera, la relación de largo plazo entre Toyota y sus subcontratistas es de cooperación más que dominación, y se puede decir que la alta eficiencia de las pequeñas y medianas empresas es uno de los fundamentos básicos para la alta competitividad de las grandes empresas. Por eso, las pequeñas y medianas empresas desempeñan un papel clave para las grandes empresas, ayudándolas en mejorar las producciones de la industria.

Según el Censo Económico de 2012 para la Actividad de los negocios, se contaba con 5,45 millones de establecimientos (excluyendo las empresas cuyos detalles eran desconocidos, los servicios gubernamentales nacionales y los servicios públicos locales) en Japón, y había 55,84 millones de personas empleadas. El número promedio de personas ocupadas por establecimiento es de 10,2 personas. Resalta que los establecimientos con menos de 10 personas representaron el 78,7 por ciento del total y los que tenían más de 100 personas eran el 1,1 por ciento del total.6

Con respecto a la edad de los trabajadores de las MPYMES, en Japón se puede observar que en este tipo de empresas hay más trabajadores con edad superior a los 65 años que en las grandes empresas, lo cual indica que la experiencia laboral en este tipo de empresas contribuye de forma significativa a su éxito económico y a su compromiso con la empresa.

El número de establecimientos según la Clasificación Industrial Estándar de Japón, se concentra en la categoría del comercio mayorista y minorista, con 1,41 millones de establecimientos, seguidos por los de “alojamiento, alimentación, bebidas” y la construcción. En términos del número de personas empleadas en el comercio mayorista y minorista, asciende a 11,75 millones de personas, ocupando el primer lugar, seguidos por la manufactura con 9,2 millones de personas; los servicios de salud, medicina y bienestar, unos 6,17 millones de personas; y alojamientos, alimentación y bebidas, 5,4 millones de personas.7

Para satisfacer las demandas de los clientes, que cambian rápidamente, las MPYMEs se enfrentan constantemente a nuevos retos por la necesidad de crear nuevos productos y servicios para satisfacer la demanda y mantenerse competitivas frente a las nuevas tendencias del mercado, por lo que están abocadas a desarrollar ideas y tecnologías propias y originales, para a la vez crear una nueva demanda.

En las oficinas de diseño, en Japón, el 93,7 por ciento de los negocios tienen menos de 10 trabajadores, lo cual indica que en esa rama la mayor parte de las empresas son MPYMEs, por lo versátil, la tecnología que usan y el alto valor agregado de sus producciones.

En Japón, la industria del diseño se compone de empresas que realizan investigaciones científicas o se implican en el desarrollo de nuevas tecnologías y servicios especializados. Según la encuesta de servicios industriales seleccionados por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón, unas 9,710 oficinas de negocios están clasificadas como empresas de diseño. De estas, casi el 100 por ciento son MPYMES –unas 9,707 oficinas de negocios. El número de trabajadores en estas empresas se ha incrementado en más de un 200 por ciento; de 11,113 trabajadores en 2003 a 36,220 trabajadores en 2013. Las ventas anuales en la actualidad son de ¥332,2 billones, lo que representa más de dos veces las que hace 10 años, es decir en 2003 fueron de ¥139,6 billones.

Las ventas anuales, por tipo de negocio, muestran que el sector gráfico representó el 46,0 % de las ventas totales en 2003, y pasó a un 59,3 por ciento en 2013, lo que demuestra el auge de esta industria de diseño gráfico, impulsada por la creciente informatización de la sociedad que hace que aumente el crecimiento y la expansión del mercado. En esa encuesta no se incluyen a los propios diseñadores de la industria manufacturera, ya que ellos son parte interna de las industrias. Si se incluyeran, la industria del diseño podría mostrar una tendencia de crecimiento aún mayor.

La tabla siguiente nos ilustra claramente el peso que representan las pequeñas y medianas empresas en la economía japonesa, donde en la industria el 99 por ciento de los establecimientos tienen esa clasificación.

Las MPYMES en Cuba

Sin hacer una larga historia, es necesario remontarse al pasado para hablar de las MPYMES en Cuba, reconociendo la experiencia que tuvo el país antes y después de la Revolución. Así, antes de 1959 existían en el país unos 2,300 establecimientos industriales, y la mitad clasificaba como microempresas que empleaban a menos de 6 trabajadores. Además, teníamos la industria azucarera, formada por un grupo de centrales grandes con significativo peso dentro de la estructura de la producción y otro gran número de centrales pequeños. El resto de las industrias nacionales eran pequeñas plantas con inversiones de poco capital y reducido número de empleados, destinando su producción esencialmente a la demanda interna.8 Las microempresas eran el 45 por ciento del tejido empresarial cubano, y se estimaba que las pequeñas eran el 35,5 por ciento.9

A partir de 1959, por las leyes y transformaciones del período revolucionario, que incluyeron las nacionalizaciones realizadas fundamentalmente en 1960, tiene lugar un descenso en el nivel de inversiones, mientras que se agudiza el enfrentamiento con Estados Unidos. En este contexto, el peso del sector estatal, según el valor de los fondos básicos, fue variando de acuerdo al avance de las nacionalizaciones; ya en 1968 la mayor parte de todas las empresas eran estatales y grandes, con la excepción de la agricultura.

En 1968 el Estado nacionaliza todo el sector privado del comercio, los servicios y las pequeñas industrias, lo que cambia totalmente la estructura económica del país, que a partir de ese momento se caracterizó por el predominio del sector estatal en todas las ramas, manteniéndose un ínfimo sector privado en el transporte y en la agricultura.

El proceso inversionista que siguió el Estado entre 1970 y 1990, buscando el incremento del empleo industrial y la producción, con nuevos criterios de localización de las plantas, tendió a la creación de grandes empresas, de uniones productivas, que se integraron verticalmente. Esto favoreció la escasa cooperación inter-empresarial y el desaprovechamiento de las capacidades instaladas, anulándose la competencia o la cooperación entre las empresas menores. La preferencia fue aprovechar las llamadas “economías de escala” de las empresas mayores, una elección compartida por la mayoría de los países de Europa del Este y la URSS. Por ende, la tipología empresarial industrial en Cuba en 1988 daba cuenta de que un 88 por ciento de las empresas se podían clasificar como grandes con un rango entre 251 y 1,000 trabajadores, el resto eran medianas o pequeñas, pero con una cantidad de trabajadores que sobrepasaba la media internacional.10

Después de 1989, con el agotamiento del modelo extensivo de la economía cubana y junto a ello la desaparición del Bloque Socialista, la economía atravesó una crisis profunda, con una caída de las importaciones de dos dígitos, lo que provocó que la industria se paralizara parcialmente y la capacidad se utilizara en menos de un 20 por ciento en ciertos momentos.

También con el objetivo de mejorar el suministro de algunos servicios básicos a la población que el Estado no podía brindar, crear nuevas opciones laborales y reconducir hacia la legalidad a un conjunto de trabajadores clandestinos que habían ido surgiendo, fue adoptado el Decreto Ley 141/93, que permitió el ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia (TCP) y reguló las actividades autorizadas, quiénes podían ejercerlas, los requisitos y el ordenamiento general de las mismas. Esto propició también cambios en el peso de algunos sectores dentro del empleo, como en los servicios gastronómicos, con la creación de los restaurantes privados “paladares”, pero solo con 12 sillas, lo que abrió las puertas al resurgimiento de las microempresas cubanas.

Tras la apertura de la economía cubana en los años 90, la cifra de trabajadores privados aumentó a 121,000 licencias en 1994 y tuvo un máximo de 165,000 licencias en 2005. Después de esa fecha se produjo una disminución “significativa” (Pérez, 2011). Con el ascenso de Raúl Castro como Presidente del país, se promulga la Resolución 32, de octubre de 2010, que implicó relanzar el sector privado. En esta ocasión, aumentó el número de actividades permitidas (de 157 creció a 178), posteriormente siguió ampliándose hasta 201 actividades y se flexibilizaron un grupo de cuestiones en aras de potenciar la actividad: se le permitió a los cuentapropistas contratar fuerza de trabajo, recibir créditos, operar con cuentas corrientes, establecer relaciones con el sector estatal mediante contratos, entre otras. En este nuevo escenario, se ha considerado que las características de los “nuevos” cuentapropistas, los ubican en el campo de las micro y pequeñas empresas privadas.

Entre 2008 y 2016, bajo la administración del presidente Raúl Castro, se han producido cambios de gran envergadura, entre los que se destaca el auge del sector privado y el sector cooperativo, las nuevas directrices a la empresa cubana para su desregulación, la entrega de tierras en usufructo a todo el que la quiera trabajar, entre otras, lo que ha abierto el camino a la creación de muchas MPYMES en Cuba, más semejantes a sus contrapartes en el resto del mundo.

Proceso no del todo lineal, con ciertos retrocesos, o marchas y contramarchas, aunque el resultado permite apreciar el auge sostenido del número de licencias obtenidas para ejercer el trabajo privado, pues se observa el despegue después de 2010 y hasta el 2017, cuando se alcanza al cierre de abril unas 539,000 licencias.

Los trabajadores por cuenta propia, y algunas cooperativas urbanas, en la práctica, a partir de las regulaciones que se han ido implementado en función de flexibilizar la actividad, se ubican ya en el terreno de la micro y pequeña empresas privadas. Todavía algunas definiciones de conceptos importantes, y de límites en los espacios de actuación, que “ajusten” las “reglas del juego” para todos los actores económicos son necesarios. Se considera que esto puede encontrar respuesta en la elaboración de la “conceptualización”, asunto tratado por el presidente Raúl Castro en el VII Congreso del Partido en abril del 2016, donde en su Informe Central expresó:

“(…) llamar a las cosas por su nombre y no refugiarnos en ilógicos eufemismos para esconder la realidad. El incremento del trabajo por cuenta propia y la autorización de la contratación de fuerza de trabajo ha conllevado en la práctica a la existencia de medianas, pequeñas y microempresas privadas que hoy funcionan sin la debida personalidad jurídica…”

En ese mismo escenario se presentó, la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista y allí, en los párrafos 181 y 182, se menciona el tipo de empresas que deberán existir. En el párrafo 181 plantea: “Pequeños negocios realizados en lo fundamental por el trabajador y su familia” y en el 182: “Empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas, según el volumen de la actividad y cantidad de trabajadores, reconocidas como personas jurídicas”.

En la Cuba actual es necesaria la re-conceptualización del término “trabajo por cuenta propia”, porque a pesar del tiempo transcurrido en el proceso de “flexibilización” este tipo de empleo aún presenta un desarrollo incipiente y es difícil poder apreciar su verdadero alcance y potencialidad, dado por la propia precariedad del entorno económico en el que se va desarrollando, la gradualidad de los cambios en el marco regulatorio que condiciona su actuar, las dificultades con los insumos, entre otras. No caben dudas de que el cuentapropista de hoy ha ido evolucionando, y solo necesita tiempo para demostrar sus potencialidades.

Puede afirmarse que el término cuentapropista es insuficiente para referirse a una buena parte de las unidades económicas que operan en Cuba. Por su capacidad de movilizar organizadamente factores productivos (capital y recursos humanos) pueden considerarse empresas, ya que cumplen con las definiciones repasadas anteriormente y, por ende, a quienes ejercen como titulares de las licencias, se les debe denominar empresarios.

Existe la convicción de que gran parte de la industria cubana, específicamente en el área de las ramas ligeras, pudiera pasar a ser MPYMES, lo que permitiría redimensionar nuestra maltrecha industria nacional. Es innegable que las MPYMES cuentan con ventajas muy importantes en Cuba, como la alta calificación de la fuerza de trabajo y un mercado con mucha demanda insatisfecha. La idea precisa es que Cuba posee condiciones más que necesarias para que las MPYMES sean parte de la clave de crecimiento de la economía cubana.

El factor de localización es favorable en la creación de las MPYMES. En un archipiélago con cerca de 110,000 kilómetros cuadrados y 11 millones de habitantes resulta muy complicado ubicar grandes empresas en pequeños asentamientos urbanos; solo pueden situarse en ciudades con un tamaño más o menos ideal, es decir, con 100,000 habitantes o más, y esto por supuesto inhibe el desarrollo de las urbes de menor tamaño. Las fábricas pequeñas ayudan a transformar el perfil productivo y ocupacional de los núcleos menores y disminuyen los flujos migratorios hacia los polos urbanos de mayor densidad o de mejores expectativas, por estar vinculados a sectores priorizados, como el turismo, minería, entre otros.

Una MPYMES tiene que estar vinculada con todo el entorno empresarial existente, el cual es preciso diseñar e instrumentar de forma tal que el Estado reconozca su rol y cree las condiciones para aprovechar todo su potencial. Es conveniente que este sector no estatal que emerge y puede convertirse en el mediano plazo en un denso tejido de MPYMES, pueda abrir las cuentas bancarias que necesite su negocio, por las ventajas de todo tipo que poseen las mismas, tanto para el empresario como para las instituciones estatales relacionadas, 11 pero el Estado debe estudiar cómo dar más incentivos para el otorgamiento de los préstamos.

Antes de la puesta en vigor del Decreto-Ley 289, las MPYMES habían duplicado su número previo a la apertura en 2010, completamente al margen de la banca formal. Constituyen casi 523 mil licencias en el 2016, y aún continúan casi al margen del financiamiento formal; con lo cual, se puede suponer que las inversiones y el capital de trabajo de los nuevos negocios han tenido como procedencia el ahorro de los propios cuentapropistas y microempresarios, las remesas desde el exterior, y recursos que se mueven por vía de las finanzas informales (préstamo de un familiar, amigo u otra persona).

Pueden ser diversas las modalidades que deberían tener las MPYMES en Cuba, entre ellas, la MPYMES Cooperativista, las Microempresas o pequeñas empresas a partir de las actividades aprobadas para ejercer por cuenta propia y otras actividades que se creen. Puede haber empresas mixtas entre el Estado y las cooperativas, o entre las cooperativas y el sector privado, y entre las privadas y cooperativas con una empresa extranjera; es decir, variantes que permita asociarse el capital extranjero con el nacional privado. Una vía a explorar sería la venta de acciones a los trabajadores o el aporte de algunos medios de producción; esta variante es muy lógica en la industria de confecciones y en la prestación de servicios.

En sentido general, la MPYMES cubana puede tener muchas ventajas, pero es preciso que esa empresa tenga la autonomía y la operatividad que la caracteriza; el plan de la economía no debe conspirar contra su funcionamiento. Debe actuar bajo nuevas concepciones de dirección y gestión, que abarquen desde el diseño del producto, la adquisición de medios para la producción, hasta la calidad de su producto, que lo haga competitivo, con niveles crecientes de personalización del consumidor, entre otros.12

Como las estadísticas cubanas que se publican no expresan las ventas de las micro o pequeñas empresas, es decir, no hay datos de valor, y si a eso se suman las propias distorsiones que acarrea la dualidad monetaria existente en el país, una propuesta del tamaño de las mismas estaría relacionada con el indicador de número de trabajadores; es decir, una microempresa tendría hasta 5 trabajadores, una pequeña hasta 20, y una mediana hasta 30 trabajadores.

Estas MPYMES podrían realizar las mismas actividades que aparecen en el reglamento vigente del llamado Trabajo por Cuenta Propia y de las Cooperativas Urbanas. Sin embargo, es necesario reelaborar la documentación existente en la actualidad para ampliar el número de oficios a ejercer, teniendo en cuenta las nuevas condiciones que se presentan en estos momentos y la presencia de las bajas tasas de crecimiento económico.

En un país como Cuba se pueden esperar muchos resultados de este tipo de empresa, especialmente con el deseo de lograr un desarrollo económico y social más homogéneo en las distintas zonas del territorio nacional. Un economista destacado de la Universidad de Harvard, Michel Chu, expresa: “Es necesario conocer si al Estado le interesa desarrollar este tipo de empresas, dado que si es así, se deben articular primero sus objetivos sociales, se debe propiciar que nazcan muchas MPYMES, que les sea fácil su creación, no debe castigársele, y muchos menos a los honestos, que expresan los resultados de su labor”.13

Resumen y lecciones a considerar

El análisis de la experiencia de las micros, pequeñas y medianas empresas en Japón, ha servido para ilustrar cómo ese tipo de empresas, en otro contexto y con el apoyo gubernamental necesario, han funcionado y han representado un sostén en las economías desarrolladas.

En contraste con esto, en Cuba no se han desarrollado suficientemente las pequeñas y medianas empresas, y la relación de las existentes con las grandes empresas estatales es casi nula. Y aunque en la “conceptualización del modelo económico” aprobado por el Partido Comunista de Cuba y el Gobierno cubano en el 2016 hay una referencia a las pequeñas y medianas empresas, las políticas económicas vigentes para promocionar a esas micro, pequeñas y medianas empresas no tienen la prioridad en la política industrial en curso, no solamente para que se creen nuevas industrias, sino también para estabilizar la sociedad cubana que ha estado en penurias económicas durante muchos años.

En Cuba, contrariamente a lo realizado en Japón, no hay ningún acuerdo sobre políticas industriales entre el sector privado, el gobierno y la burocracia ministerial, debido a conflictos -no entre sectores o si se pudiera hablar de clases-, ideológicos entre el Partido y el Estado socialista sobre el papel del sector privado en la construcción de un desarrollo socialista, por lo que ese desacuerdo induce a la inconsistencia y discontinuidad de las políticas económicas y a la obtención de los magros resultados económicos de las empresas cubanas “socialistas”. Como se ha repetido varias veces, si no se crean riquezas (independientemente del segmento que las cree), el gobierno no tendría cómo ofrecerles a sus ciudadanos un bienestar creciente.

Las actividades aprobadas en Cuba para ejercer el trabajo por cuenta propia, hasta la fecha, se consideran que son aún insuficientes, y no han tenido en cuenta el potencial profesional con que cuenta el país; aunque los trabajadores actuales vinculados a estas licencias reconocen la mejoría en sus niveles de vida, y dan un servicio útil a la población y al Estado. No es descartable recordar que la historia económica en el mundo presenta a muchas grandes empresas que fueron en sus inicios microempresas, e incluso, avanzaron con poca ayuda financiera.

Cuba debería pensar en crear una institución o un departamento dentro del Ministerio de Economía y Planificación, como hizo el MITI en Japón, cuya misión fundamental sea el desarrollo de las MPYMES, con un sistema de “ventanilla única”, manteniendo las ramificaciones en los territorios y vínculos con el resto de las organizaciones relacionadas con el tema; una institución autónoma, pero potenciadora de sus miembros, y muy diferente a las instituciones que se conocen en el decursar de la historia económica reciente.

Como en el resto del mundo, sería provechoso crear un banco de desarrollo u otras instituciones financieras de microcrédito, especializadas únicamente en atender dicho segmento de mercado, y hasta pertenecer o aceptar las instituciones de microcrédito que funcionan a nivel internacional.

La legislación en ciernes sobre la política industrial o sobre la ley de Empresas debe fomentar el establecimiento de conexiones entre la empresa estatal y las MPYMES, de forma tal que estas últimas pudieran intervenir en alguna fase del proceso de producción con vistas a la exportación, en la cual los pequeños agentes privados le pudieran aportar competitividad al producto final exportable.

Las autoridades cubanas han realizado acciones para hacer crecer el segmento de las MPYMES en el mercado cubano, pero estas no son suficientes. Se considera que las mismas evidentemente responden a este interés y son parte de un programa de fomento que no se halla aún lo suficientemente organizado y estructurado de manera integral como para lograr que el sector avance a pasos más veloces y con mejores posibilidades de éxito, sin un mercado de insumos de materias primas (mayoristas), sin relaciones con la exportación o importación de materias primas o producto final, y sin una claridad de lo que el gobierno refiere como “no concentración de la riqueza”. Es muy difícil que este tipo de empresa contribuya al desarrollo económico deseado por todos.

Por último, la MPYMES cubana sería más que viable en el modelo de “actualización” del proyecto económico hasta el 2030 y aportaría más resultados positivos; siempre y cuando el gobierno comprenda el rol económico de este tipo de empresas y sus potencialidades. Y además, es necesario que se amplíen los conocimientos sobre la base de los factores que han permitido que las MPYMES contribuyan al desarrollo, no solo de economías de mercado, sino en los socios socialistas como Viet Nam y China.

Nota al Pie:

Pérez Villanueva, Omar Everleny (1995)
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Statistical Handbook of Japan. 2015.
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Gonzalo, Rodríguez. (1980). Pág. 151
Pérez Villanueva, Omar (2015)
Ibídem anterior.
Vidal, 2012
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Bibliografía:

Arredondo, Leonardo, tesis de maestría “El trabajo por cuenta propia, la micro y la pequeña empresa en Cuba: Su potencial para el desarrollo económico” Flacso. Cuba. 2012.
CEPAL, (1993). “La pequeña y mediana empresa. Algunos aspectos”.
CEEC, Seminario Internacional. Noviembre 2015, La Habana, Cuba.
Gonzalo, Rodríguez. “El proceso de industrialización de la economía cubana. Editorial Ciencias Sociales. 1980. Pág. 151
Marcelo, Luis y Oscar U. Echevarría: “El mayor problema de las PYMES: su propio tamaño”. Revista Cuba: Investigación Económica, año 5, No. 2, 1999, editada por el INIE.
MEP. Documentos de trabajo sobre la creación de las PYMES en Cuba, 1995, 1996. La Habana.
Monreal, Pedro, Julio Carranza y Luis Gutiérrez. “La pequeña y mediana empresa en Cuba. Aportes para un debate actual.” Revista Problemas del Desarrollo Vol. 28, Núm. 111. México, 1997.
PCC. 7mo Congreso del Partido Comunista de Cuba, abril, 2016. Tabloide edición de Periódico Granma, La Habana, Cuba, sobre “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista”.
Pérez Villanueva, Omar Everleny “Las PYMES en el contexto internacional”. Centro de Estudios de la Economía Cubana. 1995.
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Pérez Villanueva, Omar Everleny, (2015) “PYMES en Cuba: ¿Utopía o realidad necesaria?, pág. 29 a 36. Libro Miradas a la economía Cubana: Un análisis desde el sector no estatal. Editorial Caminos. Cuba. ISBN 978-959-303-108-0
Pérez, Everleny y Pavel Vidal. El trabajo por cuenta propia y sus limitaciones para la producción. Septiembre, 2011. Visto el 10 de noviembre de 2012 en http://www.ipscuba.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=2158&Itemid=10.
Shoji Nishijima “Desarrollo económico y política industrial de Japón: Implicaciones para países en desarrollo”. Instituto de Investigación para Economía y Administración (RIEB), Universidad de Kobe, 2009. RIBE Discussion Paper Series No.246
Vidal (2012) “La apertura a las microfinanzas en Cuba”, Libro la Economía Cubana: ensayos para una reestructuración necesaria. Editorial Molinos Trade.SA.
White Paper on Small and Medium Enterprises in Japan. National Association of Trade Promotion for Small and Medium Enterprises. Tokyo, 2015.
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