HABANA INSIDER: ABRIL 12, 2020

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/ LA HABANA, CUBA/ EDICION 1335/ ISSN en proceso
Editor: Abelardo G. Mena Chicuri Contacto: menaabelardo@gmail.com
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POR UN SOCIALISMO DE CÓDIGO ABIERTO
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(POR ÉSTO) CIENCIA Y ECONOMIA/ (ONCUBANEWS) DEL SURCO A LA MESA: QUITAR TRABAS Y TRABADORES DE LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS EN CUBA/ (R.J.M.) LA FATIGA MENTAL, UN SIGILOSO COMPLICE DEL COVID/ SANTERÍA CUBANA: DISIDENCIAS A LA CARTA/ TINTA AÑEJA: ENRIQUE SERPA, LITERATURA Y PERIODISMO DE PURA RAZA/ LA PATRIA CONSTITUCIONAL. CÉSPEDES, GUÁIMARO Y LA DEMOCRACIA EN CUBA
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Las opiniones expresadas en este boletín y en cualquiera de las publicaciones accesorias realizadas a través del mismo, son responsabilidad exclusiva de los autores. En el mismo se publicarán materiales de diferentes corrientes de pensamiento, en aras de contribuir al debate y en función de la libertad de pensamiento, conciencia y expresión.
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CIENCIA Y ECONOMIA
POR JORGE GÓMEZ BARATA

De haber tenido en la actividad industrial y agraria resultados análogos a los alcanzados en las ciencias y la medicina, Cuba disfrutaría de una situación económica más holgada y sería menos vulnerable a los efectos del bloqueo. La estrategia trazada por Fidel Castro y la ruptura de dogmas y esquemas hizo la diferencia.

La fuga de talentos que en los años sesenta privó a Cuba de la mitad de sus médicos, así como el elevado precio de los medicamentos y la dificultad para adquirirlos debido al bloqueo de Estados Unidos, llevaron a Fidel Castro a trazar una estrategia basada en la formación masiva de personal con educación superior y la adquisición de las materias primas para fabricar las medicinas en el país. Esa estrategia permitió a la isla contar con 100. 000 médicos e instalar una avanzada industria médico-farmacéutica.

¿Si la fórmula es tan simple por qué otros no lo hacen? ¿Por qué existen alrededor de 60 países que no fabrican ningún medicamento? ¿Por qué, noventa estados carecen de capacidad para realizar investigaciones aplicadas a la farmacopea y se limitan a reproducir remedios ya existentes? y ¿Por qué hay tantas naciones que carecen de escuelas de medicina? La verdad es que no es tan simple.

La estrategia cubana, es parte de una política que concibió la actividad educacional y científica como un todo y como elemento esencial de un proyecto de desarrollo basado en el talento nacional y en la integración en lugar de la competencia, lo cual ha permitido que las entidades educacionales, científicas y asistenciales, formen encadenamientos científicos y productivos que les permiten cooperar y compartir resultados para completar el ciclo de investigación + desarrollo + producción + comercialización.

La conversión de la ciencia en una rama avanzada de la economía nacional, caracterizada por la capacidad para agregar valor y ser altamente rentable, no es para Cuba un punto de partida sino de llegada en una andadura comenzada 60 años atrás cuando comenzó una epopeya educacional que dotó al país de un impresionante capital humano.

Lo que pudiéramos llamar el sector de la ciencia en la Isla está formado por más de 200 centros de investigación científica y producción en los cuales laboran cerca de 90 mil trabajadores, de los que unos 16.000 son doctores en ciencias, alrededor de 7.000 investigadores categorizados, así como los claustros de cerca de 40 universidades y facultades de medicina, decenas de miles de técnicos y trabajadores calificados. La Isla posee unos dos mil científicos e investigadores por millón de habitantes.

El sistema a cargo de la Academia de Ciencias y los ministerios de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Educación y Educación Superior coordinan una actividad científica que se completa con unos doscientos
programas destinados a solventar necesidades nacionales, más de 50 publicaciones científicas certificadas, editoriales y programas de divulgación en los medios de difusión nacionales. Todo ello constituyó una prioridad para Fidel y lo es ahora para el presidente Miguel Díaz-Canel

La desdichada coincidencia de una intensa campaña contra Cuba que incluyó la estúpida expulsión de los contingentes de miles de médicos cubanos de Brasil, Ecuador y Bolivia y la pandemia COVID-19 han visibilizado, incluso para quienes no querían verlo, las capacidades de Cuba en ámbitos tan exigentes como los médicos y farmacéuticos.

La ciencia y la medicina cubanas, convertidas en ramas avanzadas de la economía nacional no solo ayudan a los cubanos a vivir y sino también a no morir de enfermedades tanto antiguas como emergentes. La industria de las batas blancas, no solo proporciona un alto por ciento de los medicamentos utilizados en el país, exporta formulaciones, patentes y servicios profesionales, especialmente médicos, sino que asegura ingresos por miles de millones de dólares.

Conviene aclarar que ningún país o firma, excepto acciones filantrópicas o solidarias eventuales, puede regalar los preparados que fabrican porque cuestan caros. En 2018 Cuba invirtió cerca de mil millones de dólares en la actividad científica. Suponiendo ingresos por 10 mil millones de dólares anuales, antes de que se finalizaran los contratos con Brasil, Ecuador y Bolivia, solo los médicos contratados en el extrajeron, aportaban más que el turismo, la industria azucarera y las remesas juntas.

El talento es por tanto la mayor fuente de ingresos en Cuba, por añadidura, la ciencia aporta activos no pecuniarios invaluables. ¿Cuánto vale el prestigio aportado por el Interferón Alfa 2B? ¡Razón tenía Fidel! Allá nos vemos.
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DEL SURCO A LA MESA: QUITAR TRABAS Y TRABADORES DE LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS EN CUBA
POR DR.C JUAN TRIANA CORDOVÍ, ABRIL 8, 2020
https://oncubanews.com/opinion/columnas/contrapesos/del-surco-a-la-mesa-quitar-trabas-y- trabadores-de-la-produccion-de-alimentos-en-cuba/

En los últimos años Cuba ha tenido que enfrentar un grupo de hechos imprevistos que pudieran rebasar la imaginación de cualquiera. La lamentable caída de un avión de Cubana de Aviación en mayo de 2018 en el momento del despegue con la consiguiente pérdida de vidas y el inmenso dolor que provocó; la asunción de una administración en Estados Unidos que ha roto todos los récords de persecución contra Cuba; un acelerado proceso de derechización en América Latina y el esfuerzo denodado del Grupo de Lima por hacer regresar al continente a sus peores años de sumisión a los intereses de Estados Unidos.

El golpe de estado a Dilma Rousseff en Brasil, la traición de Lenín Moreno en Ecuador, el más reciente golpe contra Evo Morales en Bolivia. Esos tres procesos trajeron consigo la finalización de las varias misiones médicas en esos tres países, con el consiguiente daño económico para Cuba.

Sumémosle a lo anterior haber heredado una deuda externa abultada, tanto la contraída y reestructurada con el Club de París, como aquella otra contraída con proveedores, no honrada en buena parte, decisiva en el abastecimiento del mercado cubano y que junto a la persecución de la OFAC eleva el riesgo país y los costos financieros de cualquier operación comercial o crediticia que Cuba intente hacer.

Si todo ello fuera poco, tres desastres naturales han hecho más complicada la conducción del país: el inusual tornado que arrasó barrios de la Habana; una durísima sequía, aun más dura en la capital de la República donde vive la quinta parte de la población del país; y ahora la pandemia de Covid-19 que ha acelerado la crisis de la economía mundial y genera serias incertidumbres sobre su duración y la velocidad de recuperación a escala planetaria. Una parte de estos son factores exógenos.

Hoy la prioridad es, tiene que ser y así ha sido, enfrentar esta pandemia, reducir las posibilidades de contagio y prevenir y evitar la mayor cantidad de muertes. La pandemia enfatiza algo que desde hace muchísimos años casi todos sabemos: lo estratégico de tener un sistema de producción de alimentos lo más sólido posible, algo que no hemos logrado jamás.

Alguien inmediatamente pensará en el Ministerio de la Agricultura, otros en el Ministerio de la Industria Alimentaria, o en Azcuba, algunos recordarán Acopio, otros el Ministerio de Comercio Interior, otros la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y así pudiéramos seguir mencionando organismos.

En Cuba existen veintidós ministerios involucrados en la elaboración de un plan de seguridad alimentaria y de educación nutricional, o sea, prácticamente todos. Así lo afirmó el Ministro Rodríguez Royero en una Mesa Redonda. Qué bueno que sea así, qué bueno que en abril se discuta ese Plan y mucho mejor que se apruebe cuanto antes y se ponga en práctica también a la mayor brevedad. De todas formas, lo cierto es que una visión de este sistema desde el surco hasta la mesa, no parece existir en el país.

Todavía hoy, a pesar de los esfuerzos y del desgaste de decenas de reuniones, entre el surco y la mesa median demasiadas organizaciones que pican en pedazos el sistema y muchas veces las regulaciones que cada una de ellas dicta se van de cabeza con otras y todas contribuyen a que los recursos puestos en la producción de alimentos no den los resultados que se esperan.

En el bienio 1985/86 la superficie cosechada total fue de 1 328 600 hectáreas, la producción total alcanzó los 68,5 millones de toneladas de productos y los rendimientos fueron de 51,6 toneladas por hectáreas.

Veinte años después, entre 2015 y 2016 (¡no hay datos públicos mas recientes!) la superficie cosechada fue de 421 600 hectáreas, la producción fue de 18,1 millones de toneladas y los rendimientos fueron de 43 toneladas por hectárea.

Es cierto que en 1985/86 aun teníamos la ayuda de la URSS y que el petróleo, las materias primas y los fertilizantes y pesticidas abundaban en todos los almacenes de nuestro país, pero ello es un incentivo más para hacer ese programa de seguridad alimentaria. También es cierto que aquella producción tampoco repletaba nuestros mercados, no nos hizo menos importadores de alimentos y tampoco alcanzó a liberarnos de la incertidumbre de la oferta [1].

Hay que decir, sin embargo, que desde el 2011/2012 los números han mejorado:

1985/86 2011 /2012 2015 / 2016

Tierra cosechada (Mha)
1 328,6 361,3 421,6

Producción (MMt)

68,5 14,7 18,1

Rendimiento (t/h)

51,6 40,7 43,0

Pero la mejora no alcanza. Somos más cubanos, la población creció, el país tiene menos dinero para importar y los precios de los productos de importación son mucho más altos. Vaya si hay incentivos para desarrollar un poderoso programa de producción de alimentos que lo abarque todo, desde el surco hasta la mesa.

La reducción en la producción de viandas en los últimos tres años cuestiona de alguna manera la efectividad de las políticas aprobadas. Quizás lo más sensible de todo sea la producción de carne, de huevos y de leche.

Hoy que estamos frente a una situación excepcional en Cuba y en el mundo, la cola del pollo, es la cola más larga y probablemente sea la más difícil de organizar. Mientras que la carne de cerdo sigue siendo casi la única carne roja que la población cubana puede consumir y sus precios se han elevado ostensiblemente en los llamados mercados de oferta y demanda. Las estadísticas oficiales muestran que en el caso del ganado vacuno, la cantidad de cabezas se ha reducido y en el 2018 eran 3,8 millones casi 200 000 menos que en el año 2013, mientras que los nacimientos se han reducido en mas de 100 000 para los mismos años.

Las entregas de ganado a sacrificio se incrementaron en mas de 80 000 cabezas entre los años de referencia y el peso promedio no ha podido alcanzar los 400 kilogramos en ninguno de esos años que van del 2013 al 2018.

Para el ganado porcino, que en su momento fue toda una revolución en la concepción de cómo incrementar la producción de carne, las estadísticas muestran que:

Para el año 2018, las existencias eran de 2 289 100 cabezas contra 1 606 900 en el 2013,

Sin embargo, los nacimientos se habían reducido sobre todo entre el 2016 y el 2018, en mas de 700 000, mientras que la mortalidad se redujo desde 11,8% hasta 5,8%.

Las entregas a sacrificio se elevaron desde los 3 366 700 cabezas en el 2013 hasta las 4 068 300 en el 2018.
Cuba no produce carne de pollo de forma significativa. Solo 369 toneladas.

Según la FAO debe esperarse una tendencia al crecimiento de los precios de la carne en sus diferentes variantes para este año. FAO. 2019 Food Outlook – Biannual Report on Global Food Markets. Rome. Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.

La caída en la producción de carne de cerdo en China obligará a ese país a incrementar sus compras de carne lo cual debe tener un impacto al alza en los precios de la carne para el 2020. No parece probable que ese escenario vaya a cambiar. Entonces “producir carne” (de pollo, de res, de cerdo) es todavía más necesario.

Vuelvo a poner como ejemplo la producción de pollo.

En el año 2018 Cuba importó 279 846 toneladas de carne de pollo por un valor de 304 888 millones de dólares. Hace muchos años que gastamos en pollo un dinero que podría quedarse en casa si la aprobación de los proyectos con inversión extranjera para la producción de carne de pollo se hubiese concluido en un tiempo adecuado.

No vale la pena buscar culpables, hace falta encontrar las causas. Porque lo interesante de situaciones como esta es que todos, todos, todos, estamos de acuerdo en que producir carne de pollo sustituye importaciones, contribuye a reducir la dependencia alimentaria y tiene capacidad para generar encadenamientos productivos, hacia adelante, mediante el procesamiento de todos los subproductos y hacia atrás, como demandante de alimento y de variados servicios, por lo que también es un generador de empleo productivo. Y hablo de inversión extranjera, pero también es posible hacerlo con capital nacional estatal. Solo hay que cambiar la asignación de los recursos de inversión.

En el caso de la carne de cerdo, el talón de Aquiles está lógicamente en el alimento y medicinas. Sin alimento hoy no tendremos carne de cerdo dentro de cuatro meses. Lo interesante es que con una tonelada de carne de cerdo se logra producir cinco toneladas de diferentes productos cárnicos, así que invertir en la producción de la carne de cerdo, en las condiciones para su incremento, asegurar aquel programa que permitió incrementos sustanciales de la producción mediante la cooperación entre el sector estatal y el sector privado, es esencial.

Cuba gasta mas de 500 millones en la importación de materias primas para alimento animal y concentrados (solo en maíz más de 200 millones). La posibilidad de producir nacionalmente una parte del alimento animal que importamos es fundamental, habrá que generar suficientes incentivos para ello.

Es una muy buena noticia que las inversiones en la agricultura crezcan al 12% en los últimos años y que en el 2020 se alcancen 900 millones en inversiones contra 500 millones en el 2019. Sería todavía mejor si los resultados acompañan ese esfuerzo.

Del surco a la mesa, hay que replantearse en profundidad ese camino. Quitar trabas y trabadores. Y sobre todo evaluar los resultados de las políticas adoptadas para corregir a tiempo lo que no funciona.
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LA FATIGA MENTAL, UN SIGILOSO COMPLICE DEL COVID
POR RICARDO J. MACHADO

El Ministerio de Salud británico ha hecho circular un folleto entre las instituciones de salud titulado GUIA PARA ENFRENTAR LOS DAÑOS A LA SALUD MENTAL DEL COVID 19. Se comprueba que no son pocas las personas que son particularmente sensibles a las consecuencias la pandemia y se menciona el hecho de que la carencia de los equipos de protección genera una carga adicional. Se estan poniendo bolsas para recoger basura en la cabeza, como se pudo ver por TV.

En Cuba, enfrentada a una denodada lucha contra la epidemia, el ministro de Salud Pública cubano ofrecía un dato que no por esperado dejó de ser impactante: 25 trabajadores de la salud infestados, entre ellos 14 médicos. Ya otros países habían dado información equivalente. En Italia por ejemplo se reportaron mas de 40 médicos fallecidos. Y he recibido información de amigos europeos acerca de los daños colaterales de la pandemia sobre las personas directamente involucradas, un drama que los grandes medios no reflejan porque carecen del atractivo mediático de la cantidad de muertos diarios. Así, los detalles de lo que están sufriendo los combatientes de la primera línea contra el virus no aparecen en los primeros planos. Sobre ellos solo hay espacio para los aplausos de la 9 pm.

El stress sostenido provoca consecuencias sobre la salud del personal médico y de enfermería. Las jornadas intensivas y el trabajo por turnos están ocasionando severos daños sicológicos a aquellos que están en la primera línea de confrontación. Los efectos son similares a los que ocasionan otros eventos traumáticos como las guerras o los desastres naturales, conducen a situaciones de fatiga mental extrema.

La prensa italiana reportó la muerte por suicidio de una enfermera de ese país angustiada por el hecho de que ella había contagiado a varias personas. En Alemania el ministro de finanzas del estado de Hesse también cometió suicidio a causa de su impotencia por no poder enfrentar los daños económicos de la epidemia en su territorio. Cuántos otros casos no se reportan.

Esos efectos no solo los sufren las personas directamente vinculada a la pandemia, puede afectar a varios sectores y escalones de la pirámide, como los gestores políticos y de salud. El trabajo por turnos, la separación de la familia por periodos prolongados, inevitablemente puede disminuir la capacidad para mantener el rigor en las medidas de seguridad, y ocasionar descuidos con consecuencias impredecibles.

La estandarización de el ritmo de trabajo y sus niveles de intensidad repercuten de manera diferenciada en cada persona. Es un asunto de gestión del capital humano, un tema esencial que en algunas de nuestras instituciones no son ocupados por personas con las competencias requeridas. Se designa a cualquiera que le guste llenar planillas y no falte demasiado al trabajo. Es mi experiencia de muchos años de terreno de campo.

Seguramente el folleto distribuído por el ministerio británico esta redactado por especialistas de medicina del trabajo y de organización de los procesos laborales. Si lográramos obtener un ejemplar encontraríamos recomendaciones para oir determinado tipo de música y hacer ciertos ejercicios diseñados para combatir el stress. Hay que cuidar a los nuestros, cada baja en esa esfera repercute negativamente en todos los eslabones de la cadena.

En este combate todo el mundo tiene una trinchera.
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SANTERÍA CUBANA: DISIDENCIAS A LA CARTA
POR ANGEL MARQUÉS DOLZ, ABRIL 9, 2020

Santería cubana: disidencias a la carta

Banalización o adaptación evolutiva? ¿Desparpajo o dialéctica? Para una gran mayoría de santeras de la tercera edad hay más de lo primero y muy poco de lo segundo. Ellas se perciben arrojadas a las cunetas de la religión cubana de origen yoruba por prácticas que dejan atrás o subvierten matrices ancestrales sobre las cuales rueda el sistema.

Y hay más. ¿Esto es un accidente o una tendencia? “Ellas no creen que el proceso sea reversible, porque hay una suerte de maquinaria ya establecida”, dijo la experta Lázara Menéndez (La Habana, 1946).

En una conferencia titulada Ancianas santeras entre la oralidad y la escritura, dictada en el Instituto Juan Marinello en tiempos prepandémicos, bosquejó Menéndez un cuadro de falsificaciones, desobediencias y manipulaciones traídas de la mano por las nuevas generaciones de iniciados en la santería cubana.

Aunque el fenómeno ya fue filtrado durante la década de los 90, en el contexto de una Cuba desquiciada por el colapso soviético, la marea de cambios en la Regla de Ocha no ha remitido. Todo lo contrario. Se presume que los cambios son impulsados desde entonces por subjetividades infractoras que banalizan “la densidad simbólica y conceptual que la práctica tenía y que se pierde” o que aplican lógicas de mercado con fines de instrumentalización.

Con ello, la religión está derivando hacia una suerte de activo espiritual, cuyos poseedores irradian una señal que pretende ser captada como marca de estatus, afirmación y poder en la comunidad social y religiosa donde se mueven. “Hay personas que terminan su período de iyaworaje y a la semana ya están iniciando a alguien. Y eso va contra los principios de autoridad, porque recién iniciada una persona no está en condiciones de poder hacer una nueva iniciación” explicó Menéndez.

En tal fenómeno, Cuba no está sola. Se trata de una tendencia a escala universal cada vez más dilatada hacia modelos de gestión rentista de los credos. “En la medida en que se profesionaliza, la santería se ha convertido en una profesión de cierto éxito. Lamentablemente es así. Pero no creo que (la mercantilización) sea el único factor”, matizó Menéndez, doctora en ciencias sobre arte y con una sólida experiencia investigativa en las religiones de matriz africana.

Isecre: ciencia y creencia

Realizado solo en municipios habaneros con una muestra de 30 mujeres que frisaban entre 58 y 86 años, con no menos de 25 años de desempeño en la práctica religiosa, el estudio fue conducido por la propia especialista y ejecutado por estudiantes del ISECRE, Instituto Superior Ecuménico de Ciencias de las Religiones.El ISECRE es uno de los programas del Seminario Evangélico de Teología de la occidental provincia de Matanzas.

Ese territorio, a unos 140 kilómetros al este de La Habana, es una de las potencias sincréticas de la isla, derivada de la abrumadora presencia de esclavos traídos de África para sostener la brutal economía de plantación durante la dominación colonial.

En 1867 un censo arrojó un total de poco más de 400.000 esclavos en Cuba, ligeramente por encima del 25 % de la población de la isla, que entonces se acercaba al 45 % de africanos y sus descendientes. Cálculos demográficos no oficiales actualizan tal proporción en 60 % en los días que corren.

El oráculo al rincón

Una de las subversiones, ya detectadas en los 90, es la iniciación discrecional en la Regla de Ocha, más allá de la tradición familiar o por imperativos de salud. “Eso es un cambio importante en la lógica del sistema porque altera las razones por las cuales el oráculo se pronuncia a favor o no de la ceremonia”, resaltó Menéndez, ella misma una declarada practicante del llamado sincretismo religioso. En el presente, las relaciones creyente-deidad parecen puestas de cabeza. “Es una decisión que no dependía de la persona, sino del oráculo”, aclaró la también especialista en Arte Africano y Estudios Afrocaribeños.

Ocha e Ifá: el patriarcado se impone

“Hay un desplazamiento de funciones porque el acceso que se está favoreciendo para el ingreso en el ceremonial no se está haciendo por la vía de Ocha, sino por la vía de Ifá”, lo cual sugiere la preeminencia masculina en tales procesos de adhesión.

La regla de Ocha y la regla de Ifá están entrelazadas, pero con diferencias. Las más marcadas radican en el sacerdocio-las mujeres están vetadas para tal desempeño en la segunda- los sistemas adivinatorios- diloggun y opele, respectivamente – y la composición organizacional dentro de cada una de las reglas.

“El modelo de Ifá es un modelo patriarcal y cuando se hace la lectura del diloggun (oráculo) a partir de Ifá quedan fuera de la posibilidad del análisis las alternativas que se dan para Ocha”, discernió la ponente, quien ha impartido conferencias en Lausana, Roma, Zurich y New York. El sistema de adivinación de Ifá, conocido también como la boca de los orichas, fue añadido en 2005 por la UNESCO en la lista de piezas maestras de la herencia oral e intangible de la humanidad. Originado entre los yorubas, un grupo étnico de África Occidental, ese sistema tendría más de 5.000 años.

Santo de cabecera: Ochún y Changó los preferidos

Otra de las disidencias es aún más atrevida: El iniciado elige su santo de cabecera. Según contaron viejas practicantes a la propia investigadora, se manipula el oráculo y se procura que un pariente o amigo recomendado sea el responsable de “hacer el santo” al iniciado que, a su vez, ha elegido previamente al oricha de su preferencia. En ese reemplazo de las facultades oraculares, por lo general, las mujeres escogen a Ochún y los hombres a Changó. Tal favoritismo explicaría la profusión binaria que se observa en el espacio público o en las fiestas y toques sacramentales.

La elección masculina, revelaron las antiguas santeras, viene dada “porque ahora a los hombres no les gusta que los santos femeninos vayan a su cabeza”. ¿Estamos asistiendo a una relativización machista de lo biológico?

En su charla, la doctora Menéndez lo decodificó de esta manera: “La lucha es muy complicada al interior de la práctica, mucho más ahora que Ocha está en un proceso de subalternización” con respecto a Ifá.

Otra interrogante es si está en marcha una resincretización que viaja del siglo XVI al XXI, alentada por reasimilaciones del canon religioso eurocéntrico. De acuerdo con la investigadora “el santo de cabecera (oricha tutelar del iniciado) se está asumiendo cada vez más como el ángel de la guarda, porque el proceso de legitimación a través de otras prácticas que se consideran reconocidas y respetadas está siendo cada vez más grande y más intenso”.

La familia ritual en apuros

Igualmente, los cambios que están erosionando a una institución como la familia ritual, la están volviendo disfuncional. La investigación de ISECRE destapó que en muchos casos, la familia ritual está siendo reemplazada por equipos de trabajo ad hoc que se ocupan del proceso iniciático. Tales equipos están integrados por creyentes, vecinos o conocidos en alguna ceremonia.

Menéndez dijo que la nueva tendencia “es una fractura de la lógica del sistema litúrgico”, porque “la familia ritual tiene un compromiso con el iniciado, no solo de orden material, sino espiritual y energético, que tiene que ver con los linajes”. Integrado por los padrinos, los ayubbón o segundo pariente ritual, sus padrinos respectivos, los hermanos y hermanas de religión y los eventuales futuros ahijados, ese esquema constituye la unidad de base de una vasta red de relaciones que interconectan los linajes rituales.

“Si ahora se forma un equipo de trabajo a quien se le rinde moforibale”, preguntó la autora de Rodar el coco. Proceso de cambio en la Santería (Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2002) aludiendo a la pleitesía ceremonial que todo iyawó debe a sus mayores. A su vez, el relevo de la tradicional familia ritual está devaluando “ciertas funciones dentro de la práctica”, entre ellas el papel de la oyugbona, a la que tildan de “criada de las ceremonias”.

De acuerdo con Menéndez, la oyugbona “tiene la responsabilidad, primero, de acomodar el cuarto, el bodun, donde se van a hacer las ceremonias y eso supone la capacidad de mover determinadas energías que tienen que consolidarse para que todo se desarrolle sin tropiezos. Y por otro lado, tiene la custodia del iyawó y eso es una responsabilidad que contrae esa persona. Eso no se valora como una norma, sino que la posición de la madrina es la que se defiende”.

Monoteísmo y otras sediciones

La estabilidad del sistema Ocha está siendo torpedeada por otras herejías: la no obligatoriedad de la posesión o pasar el santo- “el acto que acreditaba la excepcionalidad” del iniciado- y los prejuicios contra la admisión de homosexuales – mujeres y hombres-, un fenómeno paradójico de reciente cuño ante la ofensiva institucional contra la discriminación de minorías sexuales.

Otra situación de conflicto, sobre todo para las santeras menos conservadoras y convencionales, es la iniciación infantil y el sacrificio y despiece de animales en el espacio público. “Ellas están escandalizadas con eso” observó Menéndez. Entre las señales de alarma también pulsan en rojo la secularización de prácticas que eran privativas de los miembros de la regla de Ocha.

Una de ellas era la confección de la canastilla para la iniciación, un atributo de la familia ritual, que ahora está en manos de atelieres profesionales o costureras de barrio en una clara intervención de las fuerzas del mercado. Igualmente en las comunidades creyentes gana adeptos la idea de un monoteísmo –“solo se habla de Olofin”–, lo que “está vulnerando el sistema” politeísta, en tanto muchas jóvenes son partidarias de abolir el suyere o canto en los rituales y se disculpa la ausencia de dotes de liderazgo para el santero que dirige la ilé-ocha o casa-templo, donde se realizan todas las prácticas de iniciación y las ceremonias.

La investigación reveló además que se producen transgresiones con la menstruación, pues ninguna iyawó en plena iniciación debe tener la menorrea. Tal período debe ser calculado de antemano. Empero, si ocurre el evento, en la mayoría de los casos la ceremonia continúa, dado lo comprometido y costoso que sería detenerla.

Para Menéndez, sin embargo, está claro que la dialéctica también opera de manera legítima en el campo religioso y hablar de una crisis de identidad no sería aceptable, como tampoco que la regla de Ocha sea un sistema de código abierto. “Lo que no se puede hacer es fijar esa tradición en algo inamovible. Lo que hoy es tradición mañana no lo va a hacer. A muchas personas esta práctica, para mí enloquecida, les funciona”, concedió la catedrática y escritora cubana.

Estación final: adoración doméstica de los santos

Superadas por la ola de cambios y desobediencias litúrgicas, sin una red asistencial que las proteja mínimamente como en otras religiones en la isla, muchas de estas viejas santeras, para algunos guardianas de la tradición, se han retirado del ejercicio y sobreviven dentro de una economía informal y precaria en las puertas y ventanas de sus casas. Venden lo que le caiga en las manos.

“Se sienten aisladas y ajenas y metidas en un mundo muy hostil que no les corresponde y prefieren mantenerse al margen adorando a sus santos. Eso es muy tremendo”, resumió la doctora Lázara Menéndez.

Yorelbis Toledo González
Hace 18 horas

Un montón de incoherencias en este artículo. Ifá no lanza el dilogún. Las mujeres no están vetadas a participar de Ifá, sino de su sacerdocio. En cambio, pueden ser olorishas, Iyaloshas, Apetebbí, y un largo etcétera. No hay segregación en esto, sino que es una cuetión de normas (por ello es una regla). Incluso, de no haber mujeres en ciertos rituales de Ifá, estos se considerarían nulos. Los sacerdotes de Ifá no pueden hacerle santo a nadie, no pueden ser «caballos de santo» o utilizar otros sistemas de adivinación, y no por ello hay ningún «matriarcado». Nadie elige su orisha alagbatorí (ángel de laguarda) antes de iniciarse, es absurdo o una estafa. No tiene que ver esta mala praxis con una generalidad a tomar en cuenta. Etc.

Que ha cambiado mucho la religión en Cuba? Sí. Los tiempos son otros, la expresión también. Pero litúrgicamente, se mantiene el legado religioso de los mayores que la introdujeron y readaptaron en nuestro país (o lo que llegaría a ser nuestro país).
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TINTA AÑEJA: ENRIQUE SERPA, LITERATURA Y PERIODISMO DE PURA RAZA
POR ERIC CARABALLOSO, ABRIL 12, 2020

Tinta añeja: Enrique Serpa, literatura y periodismo de pura raza

Enrique Serpa fue un escritor de raza, uno de los más grandes de Cuba en la primera mitad del siglo XX. Su novela Contrabando es un clásico indiscutible, rotundo, de las letras nacionales, aunque hoy apenas se le lea o mencione fuera del ámbito literario, y sin su Aletas de tiburón cualquier antología del cuento cubano estaría incompleta.
Fue amigo de la infancia de Rubén Martínez Villena, quien no solo lo llevaría como asistente al bufete de Don Fernando Ortiz, sino que le abrió las puertas del universo intelectual de la Isla, en especial del de los jóvenes que pujaban por transformar el escenario cultural cubano de entonces sin ocultar sus inquietudes sociales y políticas, y que luego conformarían el Grupo Minorista.

Hasta ese momento, Serpa (La Habana, 1900-1968) había sido aprendiz de zapatero y tipógrafo, mensajero de una tintorería, pesador de caña en un central azucarero y empleado en las oficinas del ingenio, en la provincia de Matanzas. Huérfano de padre, había tenido que formarse de manera autodidacta, a fuerza de lecturas y empeño, tras abandonar los estudios para ayudar económicamente a su familia.

Años después, su amistad con Ernest Hemingway no solo lo llevaría a compartir charlas y tragos con el autor de Por quién doblan las campanas, sino también a influir en la obra del luego Nobel de Literatura. Así lo asegura Andrew Feldman en un libro sobre las relaciones de Papa con Cuba, según el cual los saberes y secretos que Serpa dominaba sobre el mar –tema que era pasión para ambos–, en particular el que rodea a la isla caribeña, dejarían una huella visible en las crónicas que Hemingway publicara en la revista Life e, incluso, en su celebérrima novela El viejo y el mar.

Ya para entonces, el cubano había publicado varias obras literarias, entre ellas un cuaderno de poesía y Contrabando, que le había merecido el Premio Nacional de Novela, y había desarrollado una formidable trayectoria periodística –otro punto de contacto con el estadounidense–, la cual recibiría diversos galardones, como el Enrique José Varona y el del Ministerio de Educación.

El periodismo sería el principal oficio –y sustento económico–, durante la mayor parte de su vida, en el que perfilaría sus habilidades como redactor, editorialista, cronista, entrevistador e, incluso, fotorreportero –solía andar con su propia cámara, con la que tomaba las fotos para sus trabajos–, pero también un terreno en el que puso a prueba sus virtudes creativas, sus armas como escritor.

«En su obra –aun en la del diarismo, que injuria y hasta mutila a sus hijos– el escritor salió a salvo de la prueba de los ácidos, y hasta en sus reportajes redactados sobre la marcha por pueblos, guardarrayas y atajos de las provincias, hay una identidad con su fino espíritu, con su arte inicial de poesía, que siguió campeando en su prosa plástica», escribiría sobre el quehacer periodístico de Serpa su colega Fernando Campoamor.

En la prensa comenzaría a inicios de los años 20, primero como redactor y luego como jefe de corresponsales y de información en el periódico El Mundo (1921-1929), y luego permanecería más de dos décadas en El País-Excelsior (1930- 1952), donde afianzaría su carrera como periodista y tras lo cual se convertiría en agregado cultural de la embajada cubana en Francia. Además, sería director literario de la revista Chic y colaborador de diversas publicaciones como Cuba Contemporánea, Gaceta del Caribe, Castalia, Luz, Social, El Fígaro, Carteles y Bohemia.

Parte de su labor periodística, en especial crónicas y reportajes acerca de sus viajes dentro y fuera de Cuba publicados en El País, la reunió luego en volúmenes como Días de Trinidad, Norteamérica en guerra, Presencia de España y Jornadas villareñas. En ellos, apoyado en su pulido estilo y oficio, logró edificar una obra que vence la voracidad del diarismo para descubrir el perfil verdaderamente trascendente de su profesión.

Como ejemplo del estilo serpiano, teñido por su acento literario y su innata capacidad de observación, les dejo entonces con un texto publicado en la revista Carteles en marzo de 1935, y premiado al año siguiente, en el que narra con maestría un viaje aéreo entre La Habana y Santiago de Cuba, y el que no falta, junto a la descripción de lo visto y vivido, su implícita perspectiva sobre una travesía ya por entonces cotidiana, pero no por ello banal.

***
Raid Habana-Santiago de Cuba

Era en el aeródromo de Rancho Boyeros. Bajo la mañana fresca, milagrosamente otoñal, se abría ante mis ojos adormilados un paisaje manido, de postal para turistas. La llanura verde y cuidad, pareja, monótona, añoraba la mancha oscura de un bohío y la visión ecológica de unas vacas somnolientas. A la distancia, palmas y palas, innumerables palmas, moviendo sus penachos lánguidamente, con dulzura tierna y femenina, de viciosa extenuada. Lentamente ascendían, como alas impalpables de barcos quiméricos, retazos de neblina. Y un sol enfermo, sin fuerza aún, regaba sobre la tierra polvo de oro, cual un creso derrochador. Buena decoración, en suma, para los coleccionistas de paisajes criollos. Y buena, sobre todo, para ilusionar a los turistas norteños, que sueñan un trópico indolente y sensual, de cintas cinematográficas y novelas de magazine.

Súbitamente, un estrépito isócrono acreditó la presencia del avión que, fuera del hangar, ensayaba su potencia y funcionamiento perfecto, antes de darse al aire. Era un trimotor cerrado, de los que se destinan al transporte de pasajeros y correspondencia. Hechos para la gracia del vuelo, hecho para perfilarse a la distancia contra el azul celeste, parecía, en el suelo, pesado y torpe, y desgarbado como un enorme langostino sin tenazas. Fue amortiguándose paulatinamente el escándalo mecánico. Y cuando ya no era sino un susurro apenas perceptible, volvió a intensificarse, en una locura acelerada. Trepidaba todo el motor, cual si lo impacientase una sed de horizontes. Y bajo sus alas vertiginosas la yerba se doblaba, se aplastaba, se escondía, como empavorecida ante un monstruo fantástico.

¿Un monstruo fantástico? Tal es, en efecto, el aeroplano. Un monstruo que en otros tiempos, cuando la infancia de la aviación, se alimentó de cadáveres. Esa época parece ya demasiado lejana, brumosa en la historia, y nadie, al enseñorearse del espacio, recuerda a los héroes que hicieron posible tal hazaña. Mas, en ocasiones, el monstruo sufre asesinos impulsos atávicos. Y suele lanzarse de nariz, vengador y suicida, desde las nubes a la tierra. Los técnicos diagnostican, cuando ello acontece, un incomprensible fallo del motor, la inexplicable rotura de un ala, los efectos de una tormenta.

Pero la realidad es que el gran insecto de aluminio, enloquecido de repente, o de repente vuelto a la razón, ha creído a los humanos indignos del cuelo. Constata que los hombres de ahora —¡tan distintos del Ícaro blasfemo!— no quieren el espacio para sentirse dioses, sino para ahorrar tiempo y ganar dinero. Sabe que esos hombres llevan a la altura sus pequeñas pasiones de todos los días, sus egoísmos, sus ambiciones mediocres, sus miserias. Y para castigar la osadía con que mancillan las regiones etéreas, les desgarra los músculos, les rompe los huesos y les bebe la sangre.

II

El steward reparte algodón, para obturarse los oídos, y goma de mascar, entre los pasajeros. Después les ofrece revistas y periódicos, que nadie, por lo pronto, acepta. En la cabina del piloto se advierte, a través del ventanillo de cristal, un brazo viril, del cual dependen ahora diez vidas humanas. Aumentan los motores el volumen de su salvaje canto inarticulado.
Giran desesperadamente las ruedas del tren de aterrizaje. El campo verde y brillante se anima en una fuga pánica, obligando a pensar en la alfombra viajera de Las mil y una noches. Luego produce el avión la sensación de haberse quedado inmóvil: es que, en pleno vuelo ya, está ganando altura.

Como el hombre actual vive entre milagros, ningún milagro le sorprende ni le impresiona ni le interesa. Así, los pasajeros, indiferentes al prodigio del vuelo, preparan antídoto contra el aburrimiento inminente. Pelayo Cuervo, que ha comenzado a leer la Revista Cubana, me ofrece un libro de Salvador de Madariaga, que yo rehúso. Manolo Borbolla, luego de vociferar en mi oído que hemos entrado en el reino de la mímica, me brinda por señas un volumen de Azorín. Y, a continuación, estirando las piernas, busca la posición adecuada para dormirse en la incomodidad del asiento precario.

Miro, a través de los cristales de la cabina, hacia abajo. La tierra se ha convertido en un gigantesco plano de ciudad, en que sólo fueron empleados dos colores: el verde y el gris en múltiples matices. Toda la extensión campestre se halla dividida en rectángulos, bajo una claridad desnuda y maravillosa. Se observa la Carretera Central, como una cinta estrecha. Y las carreteras antiguas, como filamentos oscuros o gusanos inertes. De cuando en cuando se ve, a la manera de un majá perezoso, el cauce de un río. Busco en el paisaje la presencia animal: un hombre, un buey, un caballo. Llego a obstinarme en esa idea cual en una obsesión.

Un hombre, un animal. Un hombre, un animal, y agudizando la mirada, me hago todo ojo y voluntad ávida. Pero mi voluntad y mis ojos resultan inútiles. Ni un hombre ni un animal. Únicamente alcanzo a ver palmas minúsculas, como arbolitos de nacimiento infantiles; cañaverales no más grandes que pañuelos y bohíos aplastados, como casitas de muñeca, con las cuales podían jugar mis hijos. Y, sin embargo, a la vista de esos bohíos en miniaturas, noto algo recóndito y larvado que adquiere vida concreta y se ilumina en mí.

Una levadura de solidaridad humana leuda mi corazón, enterneciéndole. Emerge de mis zonas profundas un sentimiento que, nacido en el asco, florece en piedad hacia los hombres y las cosas. Secreta dulzura mana entonces de todo mi ser, como de un panal estrujado.

Y me asombra que en la pequeñez de esos bohíos velen la lujuria, el dolor, el odio, la amistad, el rencor, el amor y la felicidad, todas cosas grandes, demasiado grandes para los humanos. Me siento como un pecador en su hora de arrepentimiento. Y forjo en lo íntimo de mi conciencia el propósito de sentirme siempre pequeño y humilde ante los hombres, para mejor comprenderlos y amarlos mejor.

Pero ya los bohíos están lejos, y la voluntad mística desfallece. Bajo el avión se extiende ahora una superficie prieta, carcomida y fea, sembrada a trechos de manchones claros, que son, probablemente, charcos de agua pútrida. Me hiere una sensación desagradable, casi de repugnancia, similar a la que provoca un álbum de sifilografía. Vuelvo la cabeza al interior de la cabina. Y en mis pupilas debe relumbrar una interrogación explícita, porque el doctor Arturo Feria, cicerone experto y gentil durante el viaje, se levanta de su asiento para gritar en mi oído: “La Ciénaga de Zapata”.

Después, algunos caseríos diseminados por la campiña fértil, como flores mal bordadas en un tapiz de peluche. Y al cabo, la primera escala en la ruta. Cienfuegos, que vista desde arriba, junto al mar resplandeciente, simula un bando de palomas polícromas posado al borde de un bebedero. Languidece el zumbido de los motores y el avión inicia serenamente el aterrizaje, que concluye también serenamente, sin contactos bruscos con la tierra, sin una sacudida siquiera. Cuando se detiene, con la oficina del aeródromo al novel de las alas, surge de la cabina del piloto un hombre joven, de ojos tranquilos y francos, de andar firme y enérgico. Sonríe a los viajeros y les informa, al ser interrogado, que el viento contrario retarda el vuelo. Desciende luego del aparato, para certificar el cambio de correspondencia. Retorna instantes después, con la sonrisa de antes en los labios y un radiograma en la diestra. Se aísla en su cabina. Retumban nuevamente los motores. Y aeroplano, insaciable devorador de horizontes, torna a partir.

La segunda escala del vuelo es Santa Clara, amodorrada en el esplendor solar, bajo la vigilancia de los cuarteles militares. Y la tercera, Morón, que nos solicita desde lejos con el índice humeante de un ingenio. Allí el descanso se prolonga durante veinte minutos. Y mientras el avión se surte de gasolina y aceite, los viajeros emplean el tiempo en tomar café o chupar naranjas insípidas y sin jugo. Se cansa la boca de succionar estérilmente la fruta reseca. Pero no hay ánimo para protestar, porque la dulzura añorada por la naranja se encuentra en la mujer, ya entrada en años y no bella, que la expende. Va de una mesa a otra diligente y afable, anhelosa de multiplicarse en el servicio. Y muestra tal natural solicitud, no sólo al piloto, su auxiliar y el steward, viejos amigos suyos, sino también al viajero desconocido, que roba de golpe la simpatía y provoca el deseo de tutearla con afecto.

Desde Morón a Camagüey volamos sobre nubes. Los ojos se extasían ante un espectáculo maravilloso e inolvidable, que aplasta contra los cristales de la cabina el rostro de los pasajeros emocionados; Manolo Borbolla, intoxicado de literatura, rememora a gritos una visión de la estepa. “Es Siberia”, clama. Y otra voz, realista y golosa, le responde que es una batidora de merengue. Surge, súbitamente, de una vaporosa mata de algodón un móvil punto grisáceo. Es el otro avión de la línea, que regresa a La Habana desde Santiago. Avanza, estilizado y alígero, como una libélula que huye de la voracidad de un pájaro. A los pocos segundos se precisa su contorno elegante. Contra su dorso de aluminio se aprieta el solo y se deshace en brillo. Arriesga un movimiento, para ponerse en posición oblicua. Y el aparato nuestro se escora completamente, para levantar su ala izquierda en un saludo cordial.

Dejado atrás Camagüey, nos aguarda Manzanillo, anclado junto al mar como un bajel romántico. Vuela el avión sobre el Golfo de Guacanayabo, hervidero de tiburones y bolsa inagotable para los pescadores de lisa. Sombríamente se destaca el Mégano, que ostenta, cual una cicatriz gloriosa, la desembocadura del Cauto, el de “La deliciosa orilla” que cantó el Cucalambé. Se adivina allá abajo, en un canevá ligeramente rosado, una bandada de flamencos. Pausadamente va apagándose el ruido de los motores. Empieza el avión a trazar la línea inclinada del aterrizaje. Y caen rectas las miradas sobre una ciudad pequeña y agradable, limpia y clara como una sonrisa de mujer.

Y, por último, Santiago de Cuba, que adelanta, para anunciarse, la visión distante de sus lomas. En lontananza, las cúspides abruptas se decoran, cual desposadas monstruosas con impalpables tules, que van desvaneciéndose a medida que el avión se aproxima. Corren bajo el aparato, en ritmo inverso, sucesivas hileras de colinas, semejantes a mixtificadas naranjas glacées. Relumbra a lo lejos el santuario de El Cobre, nacido en la leyenda y nutrido por la superstición. Rebota en la cabina, envuelto en una fragancia de piñas, mangos y marañones insólitamente dulces, el nombre de El Caney, frutero mayor de la provincia oriental. El avión apunta la nariz hacia el cielo, para remontarse un poco más. Y luego, hábilmente, adrizado, planea sobre las cumbres que, cual guardianas sempiternas, circundan a Santiago. Unas lomas son ralas, casi áridas, con llagas de sombra y relieves de oro. Otras, agobiadas por la espesa vegetación, glorifican la fecundidad del trópico.

Bruscamente salta a los ojos la ciudad, como un mah-jong de fichas multicolores. Un mar de plomo acaricia, bajo un sol de infierno, vertical e implacable, los pies de unas lomas. Y, entre un revuelo de aves marinas, duerme en el agua, como un gran pájaro blanco, un yate de recreo. Se aplaca, una vez más, la tempestad de las hélices. Aterrizamos. El estómago sube a la garganta, como en un ascensor que desciende con rapidez excesiva. Una leve sacudida acusa el contacto de las ruedas con la dureza del suelo. Se desliza el avión sobre un campo agotado por el bochorno del mediodía. Al cabo, se detiene.

Acuden hacia el aparato unos hombres apresurados. Y el steward, mientras franquea la portezuela de la cabina, anuncia: — ¡Santiago de Cuba!

Eric Caraballoso (Corresponsal acreditado de OnCuba en La Habana.)
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LA PATRIA CONSTITUCIONAL. CÉSPEDES, GUÁIMARO Y LA DEMOCRACIA EN CUBA
POR JULIO CÉSAR GUANCHE, ABRIL 10, 2020

La patria constitucional. Céspedes, Guáimaro y la democracia en Cuba

En “Elpidio Valdés se casa” (Juan Padrón, Tulio Raggi y Mario Rivas, 1991) el coronel mambí y la capitana María Silvia requieren del prefecto González para contraer matrimonio. El acto queda certificado tras ser superada una cadena de adversidades y de cumplirse una serie minuciosa de requisitos legales, justo antes de caer fuego enemigo sobre Tocororo Macho.

Es extraordinaria la profundidad de la investigación histórica que hiciera Juan Padrón (1947-2020) para concebir la serie de Elpidio Valdés, un relato ya mítico de la cultura cubana. Este episodio reconoce una clave de la cultura de la independencia cubana: la centralidad otorgada en ella a la ley y al Derecho.

Militarismo vs civilismo?

A solo seis meses de iniciada la contienda de 1868, en medio de graves conflictos internos y con Oriente encarando ya la brutal Creciente de Valmaseda, el campo insurgente se dotó en Guáimaro de su primera Constitución (10 de abril de 1869).

A ese texto lo recorre un conflicto que ha sido codificado como “militarismo vs civilismo”. La opción de Carlos Manuel de Céspedes a favor de formas organizativas centralizadas para el manejo de la guerra representaría el militarismo. La civilista sería la apuesta de Ignacio Agramonte por la limitación del poder unipersonal y a favor de las formas parlamentarias.

Al inicio de la contienda Céspedes se autoproclamó “Capitán General”. El ejercicio de su mando despertó críticas en líderes orientales como Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio y Donato Mármol. Este último, en un acto rápidamente corregido, pretendió declararse dictador y establecer tienda aparte a Céspedes.

Pero también, siendo aún Capitán General, Céspedes fue vitoreado patrióticamente durante los sucesos del Teatro Villanueva.[1] Luego, al aprobarse la Constitución de Guáimaro, desprendió de su traje esa insignia de jefe militar y la puso a disposición de la Cámara.

No obstante, para sus críticos la acusación de “autoritario” definió todo el recorrido del líder. Por su parte, la prensa colonialista explotó largamente esa acusación.

El civilismo, a examen

Las evidencias confirman el civilismo de Agramonte. José Luciano Franco ha explicado su “credo republicano democrático” que defendía “entre los demás derechos del hombre el de la resistencia a la opresión; la descentralización administrativa dentro de la unidad de intereses, ideas y sentimientos, en un Estado que ha de fundarse en la verdad y la justicia.”[2]

En Guáimaro no se configuró un parlamentarismo “puro”, como “puros” han sido presentados los principios del “civilismo” defendidos entonces. Al Legislativo se le atribuyeron facultades propias del Ejecutivo, como el nombramiento y destitución del Jefe del Ejército.

Tampoco fue “pura” la regulación de los poderes del presidente, que además de hacerle “prisionero” de la Cámara, fue privado de atribuciones habituales de un ejecutivo, como el de conceder indultos. Para Céspedes, la clemencia era “el más bello de los atributos del poder”. La Asamblea negó ese derecho, incluso para la Cámara.

Tampoco era muy “parlamentarista” que el Camagüey, con una población de entre 26 y 27% de la de Oriente, y cerca del 5 % de toda la población cubana —como ha señalado Ramiro Guerra—, tuviese la misma representación de delegados que Oriente en la Asamblea Constituyente de Guáimaro. El resultado fue un régimen institucional que produjo que Máximo Gómez “casi siempre” no supiera siquiera dónde se encontraba el gobierno. Menos aún podría recibir órdenes de él.

El militarismo, a examen

Cuando fue electo primer presidente de la República de Cuba (en armas), Céspedes proclamó: “Cuba ha contraído, en el acto de empeñar la lucha contra el opresor, el solemne compromiso de consumar su independencia ó perecer en la demanda: en el acto de darse un gobierno democrático, el de ser republicana”. [3] Manuscrito de la Alocución de Céspedes. Fuente: BNE.

El líder oriental era favorable también al régimen parlamentario. Fue suya la sugerencia de que los secretarios del despacho quedasen sometidos a la aprobación de la Cámara. Desde el propio 1868 Céspedes aseguraba que con el levantamiento ya “podemos gozar de uno de los más grandes bienes de que gozan los pueblos libres; de la libertad de la prensa”. Consideraba ese derecho como el “broquel de los pueblos indefensos”.[4]

Tal atención a los derechos no era solo declarativa. La prensa mambisa recoge muchas posiciones diferentes entre sí. En nombre de esa libertad, “Anita” Betancourt y Agramonte presentó su célebre alegato por los derechos de las mujeres ante la asamblea en Guáimaro.[5]

Céspedes anunciaba que “queremos la libertad en todas las esferas; la libertad política la concebimos como el coronamiento del edificio, apoyándose por lo tanto la libertad civil, en su base (…)” Esos principios, decía el hombre de La Demajagua, “son a nuestro modo de ver, el fundamento de la libertad pública”.[6]

El revolucionario defendió ese conjunto de derechos también en la práctica. Quemó por su mano sus propiedades —un hecho singular en la historia de cualquier país—, liberó a quienes tenía esclavizados — ciertamente , un acto de propietario, ha precisado Rebecca Scott, pero que significaba un terremoto para la economía esclavista— y se arruinó a conciencia.

Para 1871 la presencia de los exesclavizados en la guerra había generado ya el carácter antiesclavista definitivo de esa contienda, proceso incomprensible sin el impulso del bayamés.

Céspedes polemizó con Salvador Cisneros Betancourt en torno a la práctica concreta del derecho de libre locomoción. Cisneros exigía no salir “en absoluto” del territorio en armas. Céspedes ripostó que el derecho de libre tránsito era “inalienable e imprescriptible”, que solo se podía coartar “en nombre de exigencias extraordinarias y de superior trascendencia”. Concluyó que negarlo de modo general equivaldría al ejercicio de un “verdadero despotismo”. [7]

En uno de sus informes de rendición de cuentas a la Cámara, Céspedes reconoció la importancia del funcionamiento de ese órgano y criticó la descentralización militar exagerada, que podía dar lugar a “bastardas ambiciones que pudieran presentarse”. [8] Además, reclamaba la atención de la Cámara sobre los Consejos de Guerra y sobre las condiciones para suspender el habeas corpus. Se proponía evitar la creación de una “omnipotencia del poder militar casi dictatorial”, que consideraba un contrasentido con las “tendencias absolutamente democráticas de nuestro código fundamental”. [9]

Nada de esto parece un lenguaje ni práctica antiderechos.

Una etiqueta cierta, pero omisa

Una línea historiográfica ha avanzado más allá de la dicotomía de “militarismo vs civilismo”. Según Tirso Clemente, “Guáimaro no fue escenario de encendidos debates entre civilistas y militaristas, demócratas y cultores del despotismo. Allí no se discutió sobre un sistema ideal de gobierno; allí se llevó una fórmula aceptada por las partes.” [10]

Antes, Ramiro Guerra y Sánchez aseguraba: “En Guáimaro la gente joven hizo política, ´realista´, muy ajustada a los objetivos corrientes de los partidos políticos en condiciones similares: lograr posiciones, obtener ventajas, hacer prevalecer criterios, ganar adeptos, asegurarse mayoría y asumir la mayor suma posible de poder.” [11] Los conflictos de poder regional —la idea de “patria chica” era en la fecha muy relevante—, y en torno al control del proceso de la revolución son claves cruciales para entender Guáimaro.

Entre los estudiosos actuales, Rafael Acosta de Arriba ha dado un paso decisivo para pensar más allá de esa dicotomía. Ha argumentado que Céspedes poseía “una clara proyección republicana y democrática”. Lo mismo sea dicho sobre Agramonte. Se trata de un sistema de ideas que incluía, también en Céspedes, “el sufragio universal, gobierno decidido por el pueblo, soberanía e integración nacional, todo lo cual ha sido prácticamente escamoteado de su pensamiento político.” [12]

Todavía pesa la etiqueta “civilismo vs militarismo”, que expone la desunión de las fuerzas patrióticas que llevó al traste a la guerra del 68. La explicación es cierta, pero pierde de vista contenidos que “civilistas” y “militaristas” compartían y que produjeron el milagro de Guáimaro y, sobre todo, el hecho extraordinario de sostener la guerra diez larguísimos años en medio de indecibles penurias. Uno de esos pisos, común en Céspedes y en Agramonte, es la idea de la patria constitucional, que suponía la devoción por la República y el respeto a sus leyes.

El debate sobre la bandera lo ejemplifica. La defensa del pabellón de Narciso López —el “nacional” en tanto usado y reconocido en la fecha en varias regiones de Cuba— sobre la enseña de Céspedes —la “regional” específicamente de Oriente— terminó con la primera aceptada por todos, en tanto la bandera “de la República”.

En la época, cuando la nación estaba justo al inicio de su proceso de construcción, eran comunes arengas como “Arriba Oriente” o referencias a los “hijos típicos del Camagüey”. Es necesario advertir cómo el grito de ¡Viva Cuba Libre! era así profundamente unificador. [13] Tanto como lo fue la aprobación de una Constitución —negociación mediante— por todas las tendencias regionales.

El prefecto González, el Derecho y la democracia cubana

La Ley de Organización administrativa (7 de agosto de 1869) creó una estructura político territorial que incluía prefecturas y subprefecturas. El personaje del prefecto González, del episodio de Elpidio Valdés, tiene como base esa historia. Como sucede en cualquier contexto, hubo denuncias sobre algunos prefectos. Uno de Maraguán (Camagüey), fue señalado por devolver los libertos a los antiguos amos. Pero, también “algunos libertos veían a los prefectos revolucionarios como sus defensores potenciales, de modo que cuando eran maltratados recurrían a ellos en busca de justicia.” [14]

La Cámara de Representantes aprobó —todo un suceso global— la ley sobre el matrimonio civil (1869) a la que estaban “obligados” Elpidio y María Silvia. También acordó el divorcio vincular —otro suceso— entre cuyas causales estaba el “mutuo disenso”.[ 15] Proposición del Capitán General Caballero de Rodas a Céspedes, para abandonar la Revolución a cambio de la vida de su hijo Oscar.

Céspedes vetó la ley de matrimonio civil con criterios conservadores y el laicismo no fue una apuesta suya, sino del Camagüey. Ahora bien, el Prefecto González cumplía —en la ficción— la ley legítima con el mismo celo que lo hizo Céspedes en la realidad.

Al hombre de la Demajagua se le considera el “padre de la patria” por aceptar el sacrificio de su hijo Oscar antes que negociar un trato para su salvación. [16] También debe ser considerado compadre de esa creación colectiva —y conflictiva— que es la democracia en Cuba.

Notas:

[1] Album histórico fotográfico de la Guerra de Cuba desde su principio hasta el reinado de Amadeo I. (1872), Imprenta “La Antilla”, p. 21

[2] José Luciano Franco (2009) “La Revolución de Yara y la constituyente de Guáimaro”, En Guáimaro. Alborada en la historia constitucional cubana…p. 107

[3] Antonio Pirala (Historia de la guerra de Cuba, editor Felipe González Rojas, Madrid, tomo I, 1895) transcribe esta última frase como “el de ser república” (p. 476). La copio según creo leerla en el manuscrito original, según documento disponible en la Biblioteca Nacional de España.

[4] El cubano libre. Año 1. Núm. 3, 25 de octubre de 1868.

[5] En José Luciano Franco (2009), “La Revolución de Yara y la constituyente de Guáimaro”… p.112

[6] El cubano libre. Año 1. Núm. 3, 25 de octubre de 1868

[7] “De Carlos Manuel de Céspedes a Salvador Cisneros Betancourt” (1919) En Guáimaro. Reseña histórica de la primera Asamblea Constituyente y primera Cámara de Representantes de Cuba, por Néstor Carbonell y Emeterio S. Santovenia, Habana: Imprenta Seoane y Fernández, pp. 145-149

[8] “Del Presidente de la República a la Cámara de Representantes” (1919) En Guáimaro. Reseña histórica de la primera Asamblea Constituyente…pp. 191-197

[9] Ibid.

[10] Tirso Clemente Díaz (2009). “La labor constituyentista de Ignacio Agramonte”, En Guáimaro. Alborada en la historia constitucional cubana (Comp.s Andry Matilla Correa y Carlos Manuel Villabella Armengol), Camagüey: Ediciones Universidad de Camagüey, p. 161

[11] Historia de la nación cubana. (1952) (Ramiro guerra y otros), tomo V, La Habana: Editorial Historia de la nación cubana, S. A., p. 82

[12] Rafael Acosta de Arriba, (2019) “El angustioso y difícil camino hacia Guáimaro en 1869”, en Cuando la luz del mundo crece, Camagüey: Editorial El Lugareño.

[13] Un testigo ocular español contaría: “El levantamiento del Departamento Oriental (…) fué franco y desde luego sin máscara: se alzó la bandera de la independencia á la voz de ¡Viva Cuba libre! También los insurrectos del Departamento Central dijeron ¡Viva Cuba libre!” En Album histórico fotográfico de la Guerra de …p. 43

[14] Rebecca Scott (2001) La emancipación de los esclavos en Cuba, La Habana: Editorial Caminos, p. 81

[15] Julio Fernández Bulté (2005). Historia del Estado y el Derecho en Cuba, La Habana, Editorial Félix Varela, p. 124

[16] “Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueran por nuestras libertades patrias”. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. (1982), (Comp.Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo), Tomo II, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, p. 74

Julio César Guanche (Profesor e investigador. Ha escrito varios libros y un número largo de ensayos y artículos. Hubiera querido ser trompetista, pero la vida es como es. Siente la misma pasión por el cine, la historia, la música y la cultura popular. Descree, en profundidad, de quien no sepa cocinar. Investiga temas de política, historia y derecho, pues cada cual se divierte como puede.)

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