HABANA INSIDER: DICIEMBRE 8, 2019

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LA HABANA, CUBA/ EDICION 1294/ ISSN en proceso
Editor: Abelardo G. Mena Chicuri Contacto: menaabelardo@gmail.com
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POR UN SOCIALISMO DE CÓDIGO ABIERTO
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(CUBADEBATE) LA VERDADERA “AYUDA” DE TRUMP AL SECTOR PRIVADO: CINCO HISTORIAS DE CUBANOS/ (PROGRESOSEMANAL) QUÉ REVELA UN ESTUDIO SOBRE VIOLENCIA SEXUAL EN CUBA?/ (CUBAYECONOMIA) OPINIÓN DE LUIS MARCELO YERA EN EL DEBATE DE ULTIMO JUEVES / (ELESTADOCOMOTAL) LAS ESTADÍSTICAS Y LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS EN CUBA: ¿UN ARROZ “SALTÓN”?/(J.F.E.) EL COCO A LA CAFEÍNA/ (JOVENCUBA) CASTIGAR Y PROTEGER/ UNA PREGUNTA CAPITAL/ (LIBRINSULA) UN LIBRO? NO, UN POZO DE ERUDICIÓN/ (LAHAINE) NANCY FRASER: TEORÍA CRÍTICA DEL CAPITALISMO
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LA VERDADERA “AYUDA” DE TRUMP AL SECTOR PRIVADO: CINCO HISTORIAS DE CUBANOS (+ VIDEO)
POR OSCAR FIGUEREDO REINALDO, MARÍA DEL CARMEN RAMÓN, LISSETT IZQUIERDO FERRER, EDILBERTO CARMONA TAMAYO, LISANDRA ROMEO MATOS, ABEL PADRÓN PADILLA

Mayo de 2017. Un nuevo negocio abre en la calle San Lázaro, en La Habana. “Rooms for rent”, avisa un cartel en la casa número 1210. Corrían tiempos de “vacas gordas” para los emprendimientos conectados con la industria turística y Adriana Orejuela lo aprovecha. Justo como vaticinó, el boom de visitantes estadounidenses toca su puerta. Pero esta “racha tremenda” duraría poco.

“Casi un 60% de los visitantes que recibía era de los Estados Unidos y hoy, lastimosamente, representan solo el 5%”, cuenta esta colombiana radicada en Cuba, cuyo alojamiento, cercano a la Universidad de La Habana, atrajo a jóvenes que venían a la “isla prohibida” amparados en la licencia para viajes académicos.

Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca se ha movido en sentido inverso a su predecesor, quien apostó por el sector privado como estrategia para continuar con la histórica política de su país contra Cuba. Una avalancha de sanciones contra la mayor de las Antillas acompañan los dos años y 11 meses del mandato del actual presidente.

“Ellos (la nueva administración de Estados Unidos) dicen que todas estas medidas afectan a los que gobiernan la nación, pero realmente afectan al cuentapropista”, asegura Adriana.

Para la propietaria de “San Lázaro 1210” uno de los mayores daños ha sido la incertidumbre que generan las políticas de Trump. Más allá de medidas como la prohibición de los viajes de cruceros y de todos los vuelos a Cuba —con excepción de La Habana—, “se sigue vendiendo la idea de que visitar la Isla es un riesgo”.

Este efecto desalentador emergió, por ejemplo, cuando el tornado en enero de 2019. “Me cancelaron muchas reservaciones porque (en las redes sociales y medios de comunicación) mostraban a La Habana como un caos, aunque aquí (en el Vedado) no pasó nada. Ahora mismo hay una campaña feroz contra el turismo, pues con la coyuntura le dicen a la gente cosas que no son, se magnifican los problemas y eso al final afecta al que tiene su pequeño negocio”.

“Para el turismo —argumenta— la tranquilidad es muy importante. Por eso se promueve que el destino es peligroso, que hay ataques sónicos. Incluso he tenido clientes norteamericanos que me han escrito para preguntarme qué necesitan traer a Cuba; les han dicho que aquí no hay ni taxis en el aeropuerto. Me preguntan hasta por las rutas de guagua y yo solo me río”.

Sentada en el comedor de la casa que desde hace más de dos años le proporciona su sustento económico, Adriana busca semejanzas con épocas pasadas. “Tal pareciera que los tiempos que se viven hoy con Trump son un deja vú. Aunque a veces me pongo a pensar que ni él mismo sabe lo que está haciendo. Es increíble como en Miami viven miles de cubanos que no quieren esto para el país, pero los que tienen el poder son los que votan”.
— Y los visitantes estadounidenses, ¿cómo son?
— Desde mi experiencia te puedo asegurar que son los mejores huéspedes que se pueden tener. Ellos disfrutan mucho Cuba y dejan grandes propinas. Les encanta La Habana.

Son muy prácticos y los que vienen a Cuba lo hacen porque saben que lo pasarán bien. Todo les parece rico y lindo. Tú le pones un plato de tostones con aguacate o frituras de malanga y les encanta.

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El último crucero de una compañía de Estados Unidos, el “Empress of the seas”, partió de La Habana el miércoles 5 de junio de 2019, culminando con el alza de esta actividad en Cuba, que llevó a cientos de miles de estadounidenses a la Isla.

Y el descenso en el número de clientes no se hizo esperar. Números rojos aparecieron en las cuentas de los que alquilan coches antiguos, los cocheros, artesanos, los que trabajan en restaurantes y hasta de los que venden agua de coco.

Los “Almacenes de San José” eran una parada recurrente en el itinerario de los cruceristas. Casi una “plaza desierta” es ahora. “La feria se pasa el día prácticamente vacía, porque los cruceros le daban vida turística”, dice Raciel Llorente Domínguez, uno de los artesanos que ofrece sus creaciones en esa enorme nave junto al puerto.

“La disminución de visitantes a nuestro país nos ha afectado grandemente”, lamenta el joven emprendedor, mientras precisa cifras. “Mis ventas han bajado en más de un 70%”.

Por ejemplo, puntualiza, en estos meses a pesar de que en años atrás ya había finalizado la temporada de cruceros, comenzaba la temporada alta. “Pero ni en la alta se ve el turismo. Con esta disminución nuestra mercancía demora meses en venderse y las ganancias son mínimas”.

Otro sector que sufrió afectaciones por la prohibición de la entrada de cruceros a Cuba fue el de los taxistas agrupados bajo el sello Gran Car. Choferes de los famosos autos clásicos marca Ford, Chevrolets, Cadillac, Buick, Oldsmobile, que circulan por La Habana e impresionan a más de un visitante.

Si usted pasa cualquier día por los alrededores del Parque Central podrá encontrar a muchos de ellos, entre cocheros y ómnibus, intentando “captar” una carrera.

“Después de las últimas medidas de Trump contra Cuba todo está mucho más difícil, porque ha decrecido el turismo. A veces los choferes pasamos largas horas sin lograr hacer ni un solo recorrido, y eso nos afecta económicamente”, cuenta Mario Verdecia, por más de 30 años detrás del timón de un Ford del 57.

Son pocos los turistas y muchísimos los autos dispuestos a brindar servicios de tour por la ciudad de La Habana, según pudo comprobar Cubadebate en un recorrido por esta zona.

Para Raudel Rodríguez, la prohibición de entrada de cruceros a Cuba fue una medida que los golpeó sobremanera. “Los cruceros ayudaban mucho. Ahora están solo los turistas que vienen a los hoteles y a las casas de renta. Escasean los clientes. Hay días que sales y tienes suerte, pero hay otros en que puedes pasar 4 horas sin conseguir un cliente”, asegura.

Similar es la experiencia de Danilo Pérez, quien agrega que, con los cruceros, no llegó a existir para ellos una temporada baja. “Ahora estamos supuestamente en temporada alta, pero está siendo baja. Hay días malos, otros regulares”.

La poca clientela también mantiene preocupado a Ismael Pérez Pérez, de la cooperativa “El Carruaje”, perteneciente a la Oficina del Historiador de La Habana. “A raíz de las medidas hemos tenido que esforzarnos para poder cumplir con nuestros indicadores económicos y pagar los impuestos. La disminución ha sido muy fuerte”.

Y la situación se complejiza ante “la enorme competencia” existente, generada por el boom del turismo en Cuba. “Antes no había los llamados autos clásicos, ni coco taxis ni el micro de doble piso. Ahora, con la baja, la distribución entre todos esos actores es más difícil”.

“Creo que Trump se equivoca si piensa que sus medidas afectan al Gobierno cubano, porque en realidad afectan al pueblo en general. La entrada de un crucero era tremendo negocio para nosotros, porque el visitante viene por poco tiempo y quiere hacer muchas cosas, y nosotros lo trasladamos”.

Este cooperativista de 20 años de experiencia nunca pensó que las amenazas de Trump se convirtieran en realidad. “Lo veía más como un comentario. Pero me asombró lo rápido que lo cumplió. Ha ahogado el turismo”.

Mientras su colega echa a andar el carruaje hacia el Parque Central, Ismael vuelve al pasado, añorando aquellos recorridos con los cruceristas. “Le mostrábamos la parte más antigua de la ciudad y le contábamos sobre la historia, la cultura y tradiciones”.

— ¿Cómo ven los estadounidenses a la Habana colonial?
— Trabajar con los americanos es muy bueno. Son gente que les encanta Cuba. Vienen con una realidad distorsionada del país. Ellos mismos reclaman que se vuelvan a establecer los cruceros hacia Cuba y he escuchado que múltiples compañías cayeron en bancarrota por la medida de Trump, ya que tenían vendidas las capacidades hacia nuestro país.
Estoy seguro que ellos quieren volver, les encanta Cuba, nuestra gente, la comida.

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Todos los vientos a su favor tuvo el Puerto de Casilda, cercano a Trinidad, tras el arribo de cruceros a sus aguas. Y justo hacia los negocios privados iría, sin dudas, este desembarco de turistas. Porque en la tercera villa de Cuba es mayoritaria la oferta no estatal en cuanto a casas de renta, restaurantes y cafeterías, al igual que ocurre en Viñales (Pinar del Río) y Baracoa (Guantánamo).

“Muy provechoso” fue el emergente escenario para “La nueva era”, primer restaurante que abrió sus puertas en Trinidad luego del nuevo impulso al trabajo por cuenta propia en el país, en septiembre de 2010.

Su jefe, Reinaldo Vivas Zerquera, evoca con nostalgia aquellos tiempos: “La nueva era recibía un número considerable de cruceristas, al tener capacidad para alrededor de 200 personas. Los cruceros se convirtieron en una gran posibilidad para el territorio. Los turistas comían en restaurantes, compraban artesanías”.

“Fue la etapa más próspera para mi negocio”, que se revirtió bruscamente con las medidas de Trump. “Nos hemos visto afectados, sobre todo en la atención al cliente. Son medidas económicas muy drásticas”.

— Los clientes que por estos días llegan a La nueva era, ¿qué dicen?
— “Los clientes se sienten cohibidos. Muchos vienen pensando en la situación económica del país. Lo cierto es que han venido por sus deseos de visitar Cuba, pero teniendo en su mente las cosas dañinas que dicen sobre nuestro país”.
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QUÉ REVELA UN ESTUDIO SOBRE VIOLENCIA SEXUAL EN CUBA?
POR IPS CUBA, DIC 4, 2019
https://progresosemanal.us/20191205/que-revela-un-estudio-sobre-violencia-sexual-en-cuba/

LA HABANA. Solo uno de cuatro casos de violencia sexual en Cuba son denunciados, según una investigación que recomienda visibilizar este problema, construir conocimientos con enfoque de género, mejorar el acceso a la justicia y promulgar una ley integral contra la violencia.

El jurista y profesor Lázaro Enrique Ramos dio a conocer la víspera resultados poco divulgados de su tesis doctoral, defendida en junio, durante el III Simposio de violencia de género, prostitución, turismo sexual y trata de personas, que del 2 al 4 de diciembre organiza el estatal Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

En su disertación Retos socio jurídicos para afrontar la violencia sexual en Cuba, Ramos destacó que uno de los primeros desafíos fue encontrar estadísticas acerca del fenómeno, por lo que revisó de las sentencias seleccionadas y publicadas, entre 1974 y 2016, en el Boletín del Tribunal Supremo Popular.

Y realizó una encuesta de victimización sexual y percepción de delitos sexuales a 211 personas en 36 municipios de cinco provincias cubanas.

Se disparan las alarmas

Según el jurista, el análisis de 938 sentencias en materia penal adoptadas entre 1974 y 2016 en un total de 1.182 delitos, 113 respondían a delitos de carácter sexual.

El estudio arrojó que 14 por ciento de las sentencias penales se correspondían a crímenes contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales, la familia, la infancia y la juventud, solo detrás de los delitos contra los derechos patrimoniales (29,9 por ciento) y contra la vida y la integridad personal (18,8 por ciento).

De acuerdo con el investigador, “nos pareció alarmante que fuera de esta magnitud” y “desde el punto de vista de la prevención es muy importante que la población y los profesionales sepan qué tipo de delitos se están dando”.

Según la investigación, las 113 sentencias revelaron 180 víctimas directas, de ellas 146 del sexo femenino (81,1 por ciento) y 34 (18,9 por ciento) del masculino.

La edad de las mujeres víctimas osciló entre dos y 32 años, mientras en el caso de los varones, la edad se ubicó entre seis y 34 años.

Los análisis realizados por Ramos arrojaron que, de las 146 víctimas femeninas, 113 eran menores de 16 años al momento de los hechos (77,4 por ciento), mientras 33 superaban esa edad (22,6 por ciento). De los 34 hombres víctimas, 32 eran menores de 16 años (94,1 por ciento), solo dos eran mayores (5,9 por ciento) y padecían enfermedad mental.

En el caso de las y los 131 victimarios, cuyas edades oscilaron entre 16 y 74 años, 118 eran varones (90,1 por ciento) y 13 eran mujeres (9,9 por ciento). La edad de las víctimas fue menor que la de los victimarios en más de 98 por ciento de los casos.

Y, en el 75 por ciento de los casos, existía una relación previa entre víctimas y victimarios: de vecindad (31,9 por ciento), familiares o ex parejas (31,9 por ciento), amistad con víctimas o sus familiares (17 por ciento), vínculo entre maestro-alumna (17 por ciento) y doctor-paciente (2,1 por ciento).

“Aunque la mayoría de las mujeres temen pasar por lugares oscuros y que aparezca un extraño, que la agreda sexualmente, los hechos relativos a esto solo cubren el 25 por ciento del total”, destacó el jurista.

Mirar bajo la punta del iceberg

El profesor compartió que, luego de analizar el delito y las conductas que el legislador había decidido criminalizar, se abocó en 2018 a buscar qué está debajo del telón con la encuesta de victimización sexual.

Los resultados arrojaron que 28 por ciento de las mujeres encuestadas reconoció que había sufrido violencia, mientras entre los hombres lo admitió solo dos por ciento.

Según el estudio, de los hechos conocidos por la muestra se denunció poco más de 20 por ciento y quedó sin denuncia más de 70 por ciento, es decir, se denuncia uno cada cuatro casos.

La mayor de las causas para no denunciar identificada en la encuesta fue el miedo a las represalias, que solo existe cuando se conoce al victimario.

También salió a relucir la antigüedad de la victimización: el 68 por ciento de los hechos había sucedido hacía más de cinco años, 16 por ciento en los tres últimos, 13 por ciento ocurría al momento de la encuesta, y tres, en los doce meses anteriores.

Una comparación entre los hechos ejecutados por agresores con vínculo anterior con sus víctimas arrojó que las cifras de la encuesta exceden lo registrado por las sentencias.

En el caso de los horarios, coincidieron los arrojados por el análisis de las sentencias y las encuestas de victimización, con preponderancia para el horario nocturno, seguido de la tarde y la mañana y por último la madrugada, lo que refuerza la relación entre víctimas y victimarios.

Los lugares de ocurrencia de los hechos fueron la casa de la víctima (32 por ciento), la casa del agresor (16 por ciento), centros de trabajo (13 por ciento), escuelas (10 por ciento), zonas recreativas y vía pública (7 por ciento) y zonas rurales, medios de transporte, hospitales y centros penitenciarios (6 por ciento).

En el caso de la frecuencia de los hechos de violencia sexual, la mayoría se produjo una sola vez, seguido de más de dos veces y, en último lugar, dos veces.

Al respecto, criticó Ramos, el apartado dos del artículo 11 del Código Penal vigente desde 1987, establece que si las acciones son realizadas contra la misma víctima, tienen carácter continuado, por lo que existe una reducción en la imposición de la sanción, “algo que resulta completamente ilógico porque el agresor se está aprovechando de la impunidad”.

Entre las consecuencias de la violencia sexual, las encuestas arrojaron miedo e inseguridad, trastornos psicológicos (que no están recogidos expresamente en la ley penal), lesiones, alejamiento de las relaciones, conductas suicidas, infecciones de transmisión sexual/VIH, embarazo e infertilidad.

Detalles del Simposio

Mariela Castro, directora del Cenesex, explicó que entre los objetivos del encuentro está construir consenso sobre los términos femicidio y feminicidio, así como construir una agenda común para continuar creando mecanismos que tributen al cumplimiento de los compromisos contraídos por Cuba sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En el primer día, sesionó el panel Mujeres, violencias de género y familias, que incluyó la presentación de Ramos y se reflexionó acerca de la necesidad de una mayor preparación del sector jurídico para aplicar la justicia con enfoque de género, la necesidad de estrechar lazos entre profesionales del derecho, la salud pública y otras instituciones con el objetivo de no revictimizar a quienes sufren violencia.

Y cerró con la mesa Feminicidios y Trasnfeminicidios en México, en busca de divulgar en Cuba las experiencias del primer país del mundo que se propuso tipificar el delito de feminicidio.

En la segunda jornada del simposio, se abordará el feminicidio y el femicidio y se realizará el taller Construyendo una agenda de trabajo para su prevención en Cuba, a la vez que se expondrá la experiencia de México en la lucha social y jurídica contra la impunidad.

El día 4, se analizará el fundamentalismo religioso, las violencias de género, su incidencia pública y los desafíos para el activismo social, entre otros.
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OPINIÓN DE LUIS MARCELO YERA EN EL DEBATE DE ULTIMO JUEVES ” VIAJE AL CENTRO DEL MODELO”
https://cubayeconomia.blogspot.com/2019/12/opinion-de-luis-marcelo-yera-en-el.html

martes, 3 de diciembre de 2019

“No existe teoría socialista constituida en un terreno tan central como minado del modelo económico, como lo es el desarrollo de los tipos de propiedad y gestión en el universo productivo. Sin embargo, tenemos referencias históricas y actuales. Próximo a cumplirse un siglo de la implantación de la Nueva Política Económica (NEP) leninista, Cuba está por debajo de ella en cuanto a actores económicos.

Todavía no se ha asimilado que la NEP se debió, sobre todo, a la desaparición de la posibilidad de una revolución socialista en la avanzada Alemania. Cuba, casi 100 años después, está en un contexto similar de la concepción materialista y dialéctica de la historia. También están los casos de China y Vietnam, que han superado ampliamente a los actores económicos de la NEP, e incluso del modelo húngaro, el más heterogéneo del llamado Socialismo Real.

Entonces, se trata de no quedarnos cortos ni pasarnos, como nos caracterizó a los cubanos el Gral. Máximo Gómez. Por tanto, si con lo que tenemos hoy no llegamos, ¿qué significa pasarnos? Insto a pensar en esto, para tantear un punto intermedio que contribuya a orientarnos. El asunto es crucial”.

Saludos, Marcelo
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LAS ESTADÍSTICAS Y LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS EN CUBA: ¿UN ARROZ “SALTÓN”?
POR PEDRO MONREAL, DIC 5, 2019
Las estadísticas y la producción de alimentos en Cuba: ¿Un arroz “saltón”?

En una reciente reunión de los Consejos de la Administración de todas las provincias de Cuba se abordó el importante tema de la oferta de arroz. (1)

Llaman la atención dos cuestiones:

La discrepancia que existe entre la noción de que el Programa Arrocero “manifiesta un incremento sostenido en los últimos años” y la realidad que muestra la estadística oficial disponible
La información sobre estimados productivos que son rebatibles.

Lo que se dijo en la reunión

Un reporte de prensa describe lo abordado sobre este tema de la siguiente manera:

“Al referirse a la evolución y sostenibilidad del programa arrocero, el titular del sector, Gustavo Rodríguez Rollero, significó que en él participan 14 empresas de 13 provincias del país y el municipio especial Isla de la Juventud y agrupa a 22 mil 218 productores, de los cuales 20 mil 472 pertenecen al sector cooperativo y campesino.

El Programa Arrocero, estrechamente vinculado a la alimentación del pueblo y a la sustitución de importaciones por este concepto, manifiesta un incremento sostenido en los últimos años, aun cuando se requiere continuar la recuperación y modernización de diversas infraestructuras.

A partir de la proyección diseñada, en el año 2023 se deben lograr unas 450 mil toneladas de arroz y para el 2030 se proyectan 600 mil toneladas, lo cual representa el 86% de la demanda nacional que en la actualidad asciende a 700 mil.

Detalló el Ministro de la Agricultura que hasta la fecha se han ejecutado inversiones fundamentalmente en maquinaria agrícola, implementos, las industrias de secado y molinería, y en el transporte. En la actualidad los trabajos de mejora se han extendido a 11 secaderos de arroz; 9 plantas de beneficio, clasificación y tratamiento de semillas; 17 básculas de 80 toneladas para el pesaje; y 14 bases de almacenamiento de arroz cáscara seco con 38 silos.

Un millón 720 mil 700 toneladas de arroz dedicados al consumo de la población se produjeron desde el 2012 hasta el pasado año, que al precio de compra en el mercado mundial aprobado en el Programa de Desarrollo Integral del Arroz representan más de 894 millones de dólares y significa para el país un ahorro de una cifra superior a los 242 millones de dólares en los últimos 7 años.

Cifras, que más allá del indiscutible aporte a la sustitución de importaciones y al desarrollo económico del país, impactan también en la cotidianidad de las familias y respaldan la tan necesaria producción de alimentos de factura nacional, donde se aprovechen al máximo nuestras potencialidades.”

Antes de comentar el asunto, conviene explicar que –aunque usualmente no se aclara en las declaraciones oficiales sobre el tema- los datos sobre la producción nacional de arroz pueden ser expresados mediante dos indicadores que no son equivalentes.

La estadística de los anuarios e informes de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) utiliza el indicador de producción “arroz cáscara húmedo”, pero en ocasiones –como ha sido el caso de la reunión comentada anteriormente- el dato de producción se expresa como arroz listo para el consumo, que es un producto seco y sin cáscara.

Naturalmente, una tonelada de arroz listo para el consumo (“arroz consumo”) necesita una masa superior de “arroz cáscara húmedo”.

Tomando el dato ofrecido en la reunión acerca de las 1 720 700 toneladas de “arroz consumo” producidas entre 2012 y 2018, y comparándolo con las 3 696 685 toneladas de “arroz cáscara húmedo” producidas entre 2012 y 2018 (datos de ONEI), puede calcularse un cociente promedio de 2,15 toneladas de “arroz cáscara húmedo” por cada tonelada de arroz listo para el consumo. (2)

Los datos “testarudos” de la producción nacional de arroz en Cuba

Contrario a lo expresado en la reunión, el Programa Arrocero no “manifiesta un incremento sostenido en los últimos años”, algo que se observa claramente en el siguiente gráfico.

La tasa promedio anual de crecimiento de la producción nacional de arroz entre 2010 y 2018 fue de 0,18%, es decir, en el largo plazo existió una situación de estancamiento productivo.

En 2018, la producción de arroz era apenas 1,42% mayor que el nivel registrado en 2010.
Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba. Ediciones 2018, 2016 y 2013.

Durante el periodo 2010- 2018, el incremento de los cuatro primeros años, culminó con un “pico” en 2013 que luego se redujo y que no ha vuelto a alcanzarse. En realidad, la producción ha oscilado de una manera tal (más recientemente hacia la baja) que en modo alguno pudiera ser presentada como un incremento sostenido.

De hecho, informes recientes de prensa indican que el nivel estimado de producción para 2019 será menor que el registrado en 2018, citando “afectaciones en varios momentos con los fertilizantes, otros productos químicos y, en fecha más reciente con el combustible”. (3) En algunas regiones, como Sancti Spíritus, también ha existido baja disponibilidad de agua para el cultivo de arroz. (4)

Se estima una producción de 200 000 toneladas de “arroz consumo” en 2019, lo que equivaldría a 430 000 toneladas de “arroz cáscara húmedo” en 2019. (5)

Las importaciones –que cierran la gran brecha entre producción nacional y consumo total- también han oscilado, aunque con una tendencia hacia el crecimiento desde 2013.

La inestabilidad más reciente refleja la manera en que se habrían combinado dos factores: una tendencia hacia la reducción “ondulante” de la superficie cultivada de arroz y una tendencia de rendimientos decrecientes desde 2015.

Con una menor área de siembra y con rendimientos cada vez menores, resulta arriesgado tratar de proyectar la imagen de que se cuenta con un Programa Arrocero exitoso.
Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba. Ediciones 2018, 2016 y 2013.

En 2018, el rendimiento promedio por hectárea era 33.7% mayor que en 2010, pero la “superficie cosechada y en producción” de arroz en 2018 era 24,2% menor que la superficie en 2010.

Natura non facit saltus

Probablemente la parte más interesante de la reunión haya sido la relativa a las proyecciones acerca de la producción nacional de arroz en el mediano plazo (hasta 2023) y en el más largo plazo (hasta 2030).

Se esperan 450 000 toneladas de “arroz consumo” en 2023, lo que equivaldría a 967 500 toneladas de “arroz cáscara húmedo”. (Columna de color verde en el gráfico). (6). Se estiman 600 000 toneladas de “arroz consumo” en 2030, lo que equivaldría a 1 290 000 toneladas de “arroz cáscara húmedo”. (Columna de color rojo en el gráfico).

Existe un problema con esto. Como se ha mencionado antes, la tasa promedio anual de crecimiento de la producción nacional de arroz entre 2010 y 2018 fue de 0,18%.

Sin embargo, el estimado anunciado en la reunión implicaría tener que alcanzar una tasa de crecimiento promedio anual de 16% entre 2018 y 2023, y una tasa de crecimiento promedio anual de 9% entre 2018 y 2030.

En el primer caso (periodo 2018- 2023) la tasa promedio anual tendría que ser 89 veces mayor que la tasa promedio real registrada entre 2010 y 2018, y en el segundo caso, la tasa promedio anual tendría que ser 50 veces mayor.

Las probabilidades de que se alcancen esas tasas anuales promedio parecen ser muy reducidas, al menos por aquello de que “la naturaleza no procede por saltos”.

Resumiendo:

Contrario a lo que se ha afirmado, el Programa Arrocero no ha tenido un “incremento sostenido en los últimos años”:

En 2018, la producción de arroz era apenas 1,42% mayor que el nivel registrado en 2010.
La tasa promedio anual de crecimiento de la producción nacional de arroz entre 2010 y 2018 fue de 0,18%, es decir, en el largo plazo existió una situación de estancamiento productivo.
En 2018, el rendimiento promedio por hectárea era 33,7% mayor que en 2010, pero la “superficie cosechada y en producción” de arroz en 2018 era un 24,2% menor que la superficie en 2010.

Las proyecciones acerca de la producción nacional de arroz en el mediano plazo (hasta 2023) y en el más largo plazo (hasta 2030) parecen tener bajas probabilidades de materialización:

Para poder alcanzar la producción estimada en 2023, tendría que registrarse una tasa de crecimiento promedio anual de 16% entre 2018 y 2023, es decir, una tasa 89 veces mayor que la tasa promedio real registrada entre 2010 y 2018.
Para poder alcanzar la producción estimada en 2030, tendría que registrarse una tasa de crecimiento promedio anual de 9% entre 2018 y 2030, es decir, una tasa ser 50 veces mayor que la tasa promedio real registrada entre 2010 y 2018.

Notas

Leticia Martínez, Yaima Puig Meneses, “Díaz-Canel: Mantener el ahorro como premisa de trabajo”, Cubadebate, 27 de noviembre de 2019.
El cálculo asume que el millón 720 mil 700 toneladas de arroz “dedicados al consumo de la población” es el resultado del procesamiento del total de toneladas de “arroz cáscara húmedo” producidos entre 2012 y 2018. La manera fragmentada con la que se manejan las cifras en ese tipo de reuniones dificulta identificar el grado de precisión que expresan en relación con la estadística oficial disponible.
Jose Luis Camellón, “Sancti Spíritus: Arroceros cubanos encaran nuevos compromisos productivos”, Escambray, 16 de noviembre de 2019.
Jose Luis Camellón, “Limitada la siembra en arrocera Sur del Jíbaro por falta de agua”, Escambray, 23 de noviembre de 2019.
Jose Luis Camellón, “Sancti Spíritus: Arroceros cubanos encaran nuevos compromisos productivos”, Escambray, 16 de noviembre de 2019.
Conversión aplicando el cociente de 2,15 anteriormente calculado.
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EL COCO A LA CAFEÍNA
POR JORGE FERNÁNDEZ ERA

—Ay, mi amiga, ayer estaba como que desesperada, clamando Cubita, Arriero, La Llave…, lo que fuera. Prendí la tele y quién te dice a ti que la Mesa Redonda estaba dedicada precisamente al café, al cacao y al coco, en ese orden. Y con tal desorden me senté con la esperanza de que dijeran el nombre de la tienda donde reapareció el primero.
—¿Y?
—Si tú supieras, el programa estuvo más interesante… De haber pasado para el deporte ignoraría que el Grupo Empresarial Agroforestal tiene la misión de dirigir, supervisar, controlar y evaluar los resultados de la actividad del café, el cacao, el coco, la apicultura, el henequén, la actividad forestal y los aserraderos.
—Los pobres…
—Además del presidente (del Grupo Empresarial digo), tienen un vicepresidente primero, dos vice, once direcciones, cuatro departamentos independientes, cuarenta y ocho empresas (treinta y nueve agroforestales, una de fibras naturales, cuatro de café, una apícola, una de coco, una de aseguramiento y servicios técnicos, y otra integral agropecuaria), dos centros de investigación y una sociedad mercantil anónima. En su conjunto tiene una base productiva que supera las mil ochocientas estructuras (trescientas UBPC, doscientas CPA, cuatrocientas CCS, veintisiete granjas del EJT, seis del Minint…), además de trescientas ochenta y ocho industrias.
—Tremenda colada.
—Ah, y el año de menor producción de la historia (esto incluye los 500 que acabamos de celebrar) fue el 2012.
—¿Seguro? Yo no recuerdo que…
—Déjame terminar: en el 2012 el precio en que se le compraba a los campesinos ese grano estimulante no era estimulante. Desde aquel año hasta la fecha la cosecha ha ido creciendo, y la producción estimada para el 2019 superará con creces las nueve mil toneladas, gracias a la aprobación del Programa de Desarrollo Cafetalero, con una inversión de más de veinticinco millones de dólares.
—¿Entonces ya no entra café en Cuba?
—Te equivocas. El país importa más de ocho mil toneladas, que compensan las cinco mil que colocamos en el mercado internacional, gracias a las cuales se compran los insumos para el desarrollo productivo, que no incluyeron este año las bolsas para su envase. Y por eso ni en la bolsa…
—¿Y Randy qué agregó a todo eso?
—¡Qué sagaz! Sin que le subiera la presión aseveró que el café tiene una importancia cardinal para la vida de los cubanos, y que no nos concebimos sin él.
—No se me hubiera ocurrido.
—A mí menos. Remató diciendo que cuando se habla de producción agropecuaria el café casi ni se menciona.
—¿Entonces el problema es la divulgación?
—Como oyes.
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CASTIGAR Y PROTEGER
POR ALINA B. LÓPEZ HERNÁNDEZ, alinabarbara65@gmail.com

Castigar y proteger

…Quien verdaderamente vive,
no puede dejar de ser ciudadano y partisano.
La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida.
Por eso odio a los indiferentes
Antonio Gramsci

En el segundo mes de 2019 los cubanos que vivimos en la Isla nos dimos nueva Ley de Leyes. Una mayoría significativa votó en el plebiscito a favor de la Constitución. Si fue por lealtad o inercia, por convicción o indiferencia, por idealismo o tedio —que de todo hubo—, ello no es lo determinante.

La consecuencia verdaderamente importante fue la aprobación de un tratado legal que obliga a todos a cumplirlo; pero que también protege los derechos declarados de todos. Aun de los que no votaron; o de los que votaron en contra.

Aquí no valen excepciones, el respeto a la ley y la protección legal incluyen igualmente al sector denominado oposición. Nuestro gobierno intenta una actualización de la economía desde hace varios años. He dicho siempre que en Cuba se impone del mismo modo una actualización de la política. A ello agrego que tales cambios deberán incluir las relaciones y el tratamiento que se da a la oposición.

El 20 de diciembre de 2010, el periodista Fernando Ravsberg, por entonces corresponsal de BBC Mundo en La Habana, daba a conocer un cable revelado por WikiLeaks. El Jefe de la Oficina de Intereses en aquella fecha, Jonathan Ferrar, calificaba a miembros de la disidencia isleña como: “personalistas, sin arraigo social y excesivamente preocupados por el dinero”.[1] Esta crítica evidencia los canales de financiamiento desde el gobierno norteamericano al menos a una parte de los opositores en Cuba.

¿Es legal que Cuba intente protegerse de una oposición financiada desde otro país?

Para responder esta pregunta tomemos una hipótesis de partida. Imaginemos que la embajada cubana en Estados Unidos comience a recibir ciudadanos norteamericanos descontentos con el sistema de ese país —por ejemplo, a algunos de los simpatizantes socialistas que han proliferado allá en los últimos tiempos—; les entregue sumas de dinero y apoye una campaña para promoverlos en acciones contra su gobierno. ¿Cuál sería la actitud de la administración norteamericana?

Algunos fundamentarán que en el Norte la oposición es admitida como parte consustancial de la cultura política; cierto, sin embargo, no es así cuando se trata de una oposición financiada por otro país. El juicio político que se le sigue hoy al presidente Donald Trump, parte del supuesto delito de utilizar una potencia extranjera, Ucrania, para inclinar a su favor la rivalidad partidista con el Partido Demócrata de cara a las elecciones 2020. Y todavía se intenta comprobar si Rusia intervino indirectamente apoyando a Trump en las elecciones del 2016.

Cuando ocurrieron el estallido anti-neoliberal en Ecuador y los enfrentamientos internos en Bolivia, se pretendió vincular a Cuba como instigadora de acciones en esas naciones. Esto quiere decir que cualquier país se protege siempre de ser rehén de las decisiones emanadas en otros.

En el caso de la Isla, con mayor razón, la hostilidad tradicional de las administraciones norteamericanas, potenciadas por el actual presidente, le confiere absoluta validez a una legislación que penalice a quienes se presten a recibir financiamiento de EE.UU. para oponerse al gobierno.

Ha quedado respondida la interrogante: sí, es legal que Cuba intente protegerse de una oposición financiada desde el exterior. Resulta inexplicable entonces la actitud vergonzante del aparato de inteligencia cubano, que prefiere recabar pruebas de delitos comunes y no denunciar —y presentar las pruebas correspondientes, por supuesto—, el verdadero delito: aceptar dinero de una nación extranjera para subvertir el orden político. El proceso que se sigue contra José Daniel Ferrer se ha perdido en inexplicables vericuetos para intentar encausarlo como preso común. ¿Por qué se actúa de esa forma?

Mas, ya sea en un proceso por delitos comunes o de otra índole, todos los ciudadanos cubanos deberán estar protegidos por la ley. Debe existir una orden judicial para el arresto, se debe permitir acceso a un abogado y contactos con la familia e incluso, si no es un terrorista o un asesino peligroso, toda persona puede responder al proceso en libertad.

El inadecuado tratamiento de este caso resulta preocupante. No solo porque con ello se incumple la legislación, sino también porque se ignoran razones de naturaleza estratégica. ¿No se percata nuestro gobierno de la necesidad de procurar una correcta imagen al interior y al exterior?

En una relación sumamente hostil con EE.UU.; en un entorno regional que ha variado en los últimos tiempos, pues América Latina ya no es zona de paz y algunos gobiernos de nuevo signo político han deshecho importantes convenios económicos y alianzas estratégicas; en una crisis financiera y un evidente retroceso económico que no tiene nada de coyuntural; es crucial para Cuba un acercamiento con la Unión Europea.

Empezaban a apaciguarse ciertas controversias con el bloque del Viejo Continente por el tema de los Derechos Humanos. La decisión de definirnos en la Constitución como un Estado Socialista de Derecho fue bien acogida. Europa es hoy, geopolíticamente hablando, un aliado nada desdeñable. No solo ha condenado al bloqueo contra Cuba, sino que ha mostrado indicios claros de acercamiento e incita a sus países miembros a invertir en la Isla en tiempos en que es impostergable encontrar socios comerciales y financieros fieles, que se arriesguen a sortear las oscilaciones de nuestra economía.

Desconociendo estas razones de peso, se dieron a conocer imágenes que son contraproducentes por la carga de mediocridad y de burla que contienen. ¡Qué contundencia si se hubiera logrado grabar los momentos en que Ferrer recibió dinero norteamericano, o en que al menos se refiriera a este asunto! Qué mesa ni qué mesa…

Porque no es solo la economía lo que ha retrocedido. ¿Qué ocurre con nuestros órganos de inteligencia? Tenidos por muchos entre los mejores del mundo, parecen jovencitos inexpertos en un juego peligroso por lo que supone esta época, en que las redes sociales visibilizan, a través de fotos y videos, su actuación.

Apostados a las puertas de determinadas viviendas para impedir el libre movimiento de personas que no están sujetas a proceso legal alguno —lo que se ha hecho no solo para intimidar a opositores, sino para evitar que se asista a lugares donde se pueden generar tensiones, como ocurrió con SNET— o saliendo de hogares donde han ido a “conversar”; son retratados, las chapas de sus motos o autos reveladas y, a veces, incluso los nombres, apellidos, seudónimos y cargos en el aparato de inteligencia. Si los fundadores del antiguo G-2 resucitan, creo que se suicidan de la vergüenza.

En un artículo anterior me refería a la existencia entre la ciudadanía de “una masa crítica que no está de acuerdo con el socialismo de modelo burocrático que tenemos, pero tampoco con la política hegemónica y agresiva del gobierno de Donald Trump. Que rechaza por igual al tipo de oposición pro-norteamericana y a las reacciones de abuso, anticonstitucionales del Minint y la Policía contra dicha oposición”.

Sería bueno reflexionar con prudencia si las tácticas gubernamentales en el tratamiento a la oposición no están generando una simpatía hacia ella que hasta ahora le costaba ganar con sus propuestas políticas.

Si la ley no se aplica por igual a todas las personas, en mi opinión, la Constitución del 2019 va en camino a ser lo que se dice que fue la del 40: “de letra muerta”. Para que seamos un Estado Socialista de Derecho deben cesar los atropellos para-judiciales: detenciones arbitrarias por pocas horas y sin orden de un juez, impedimento para viajar fuera del país a personas que no están sujetas a proceso legal, golpizas desmedidas a opositores que se manifiestan pacíficamente, incluso cuando ese es un derecho que otorga nuestra Constitución.

En lugar de que los agentes estén posando para la cámara, deberían trabajar encubiertos, con profesionalidad. Su fin sería descubrir la conspiración opositora y su financiamiento para subvertir el orden político. E insisto en la obtención de pruebas, pues aquí se ha arraigado la tendencia a acusar de mercenarismo y oposición a cualquiera que explicite críticas abiertamente, y este no es el cuento de “Viene el lobo”.

El ministro de relaciones exteriores de Cuba denunció el 26 de noviembre, según Prensa Latina, “que la embajada norteamericana en Cuba, y particularmente [Mara] Tekach se concentró en los últimos meses en el fallido propósito de reclutar mercenarios, promover la división y la confusión entre la población de la isla”.

Si el propósito de reclutar mercenarios fue fallido, eso demuestra que no todos los cubanos están dispuestos a conspirar contra el gobierno bajo el ala de los EE.UU. No obstante, el tratamiento inadecuado y violatorio de la legislación que internamente se da a la oposición en Cuba, también crea “división” y “confusión”. Es hora de meditar, esto no es una cuestión de fuerza sino de legalidad. La Ley para castigar y la ley para proteger. A todos. También a la oposición.

[1] http://wwwbbc.com/mundo/noticias/2010/12/101219_wikileaks_cuba_disidentes_estados_unidos_pea.shtml
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UNA PREGUNTA CAPITAL
POR YASSEL A. PADRÓN KUNAKBAEVA, YASSELPADRON1@RISEUP.NET

Una pregunta capital

La fundación de una república no es cualquier cosa. Se trata de uno de los momentos más importantes en la vida de una sociedad. A menudo se comete el error de analizar ese acontecimiento solo como acto jurídico, reconociéndose la intervención directa del soberano en una Asamblea Constitucional: así se olvida, sin embargo, la multiplicidad de procesos históricos que confluyen en dicha fundación. Para que una verdadera república nazca, se necesita siempre detrás una epopeya, un acto de creación histórica en la que al menos una parte de la sociedad participe de manera activa.

Así vemos que las repúblicas más importantes de la modernidad nacieron de revoluciones: tal es el caso de las repúblicas francesa y norteamericana, por ejemplo. En el caso español, la proclamación de la segunda república fue el comienzo de un arduo proceso de transformaciones que, podemos afirmar, eran en sí una revolución, la cual le estaba dando forma a la república por venir. Pero incluso cuando no se puede hablar de una revolución en sentido propio, el nacimiento de una nueva república debe estar acompañado de un movimiento cívico, del surgimiento de una conciencia nacional que cristalice en el texto constitucional.

Como suele ocurrir, este, uno de los momentos jurídicos más importantes, tiene mucho de extrajurídico. Lo cual se explica, porque en el acto de fundación de una república no solo se constituye una nueva legalidad, sino también la legitimidad que tendrá esa legalidad. Ese acontecimiento requiere de un discurso legitimador que cale en la conciencia con la fuerza de un nuevo mito. Para la fortaleza y futura salud de una república no es tan importante la legalidad del proceso que llevó hasta su fundación como la cantidad de sangre derramada y la masividad de la participación en la lucha por conquistarla. Esto es así, porque solo cuando el discurso legitimador conecta con las experiencias de las personas que pasaron por un proceso de transformación social, adquiere la fortaleza suficiente para asentar la supremacía de las nuevas leyes.

¿A dónde quiero llegar? Últimamente, cuando leo las opiniones que algunos dan en las redes sociales sobre diversos temas, en las cuales salen a relucir las deficiencias del estado de derecho en Cuba, tengo la sensación de que se está dejando algo importante en el olvido. No es que no sea importante reivindicar los derechos humanos, incluidos los llamados derechos civiles, libertad de expresión, libertad de manifestación, libertad de prensa y libertad de asociación, entre otros. Lo que pasa es hay otro derecho que debe ser defendido con la misma intensidad que el resto, si es que no se quiere perder el norte: el derecho a una comunidad regida por la justicia social.

Los derechos civiles, a los que me refería más arriba, no protegen al ser humano de las asimetrías que genera de manera normal la sociedad capitalista. A duras penas le dan una pequeña ventana de oportunidad para luchar por mejorar su situación. Pero cuando dichas asimetrías se agudizan, una gran parte de la población pierde de facto la posibilidad de ejercer una ciudadanía plena, pues no se puede ser ciudadano cuando no se tiene un sustento material elemental.

En el mundo desarrollado, donde las cadenas globales de valor generan una gran acumulación de capital, la sangre no llega al río, una gran parte de la población puede ejercer efectivamente su ciudadanía y la república sobrevive. Pero en América Latina, la experiencia muestra que el capitalismo periférico, con su orden oligárquico, latifundista, colonial, patriarcal y explotador, arroja a una gran parte de la población a una exclusión y precariedad económica tal que les impide vivir como ciudadanos plenos. Por eso Mariátegui decía que “las repúblicas latinoamericanas no han sido más que falsas repúblicas”.

En América Latina, el discurso de los derechos civiles juega un papel mucho más perverso que en el mundo desarrollado. Mientras que allá en el Norte las circunstancias históricas forzaron a la burguesía a ceder parte de sus privilegios, y a hacer realidad la promesa republicana, aquí en el Sur las oligarquías siempre han entendido la república como SU república. El discurso de los derechos civiles les sirve entonces para blanquear sus sistemas políticos; es una forma de decirle al pobre, al campesino, al indio, a la mujer, “tú tienes los mismos derechos que nosotros, no pidas más”, mientras que en la práctica se le niegan todas las posibilidades materiales para ejercer la ciudadanía. Por supuesto, habría que distinguir dentro de América Latina toda la multiplicidad de matices, momentos contrahegemónicos, las revoluciones parciales, pero es muy largo para hacerlo aquí.

En Cuba, antes de la Revolución, era exactamente igual que en el resto de América Latina, a pesar de los matices. No obstante el carácter popular de nuestras guerras de liberación, y la radicalidad de la propuesta republicana y democrática de Martí, los EEUU se aseguraron con su intervención de que la primera república cubana naciera en el mejor estilo latinoamericano. La oligarquía criolla, principalmente azucarera, se valió del discurso republicano de una forma demagógica, clasista y excluyente.

Ahora bien, conectando con la reflexión inicial sobre la fundación de una república, ¿qué ocurre cuando –como es normal en América Latina—, el discurso legitimador de la república no tiene un sustento en la experiencia del pueblo?

Se derramó mucha sangre y se levantaron muchos mitos en la formación de las repúblicas latinoamericanas. Sin embargo, si se mira con detenimiento, se verá que las oligarquías arrojaron siempre muy rápido al basurero de la historia los contenidos más populares del pensamiento y el discurso generado durante las luchas de independencia. Bolívar murió creyendo que había arado en el mar. A Quintín Banderas lo mataron, en el fondo, por ser negro. El nuevo discurso de las oligarquías siempre fue una verborrea mentirosa, y el discurso de la república y de los derechos civiles se convirtió en una patraña casi sin sustento en la experiencia popular.

Estas falsas repúblicas, además de caracterizarse por la exclusión fáctica de gran parte de la población, han carecido de la fortaleza de una verdadera república soberana. La contradicción entre el discurso legitimador que promueven las clases dominantes y la experiencia vital de la gente común, las ha condenado a una debilidad crónica. Las crisis de hegemonía de estos sistemas políticos son cíclicas.

En Cuba, el sistema político de la primera y segunda repúblicas sufrió de las mismas crisis, por razones similares. El uso demagógico que hacían las clases dominantes del discurso de la república tenía un efecto nocivo para la propia hegemonía de esas clases. Puede llamar a confusión el hecho de que las mayores crisis se dieran no en los momentos “democráticos” sino en los momentos dictatoriales, y algunos han querido interpretar eso como una muestra del fervor republicano del pueblo cubano. Pero las dictaduras de Gerardo Machado y Batista eran parte del mismo sistema que los períodos republicanos normales, ya que fueron salidas que encontraron las mismas clases dominantes a sus contradicciones internas. En general, toda la vida republicana era normalmente considerada corrupta y falsa.

¿Cuál era el derecho más violado antes de la Revolución en Cuba? Al igual que ocurre hasta hoy en América Latina, en Cuba se atropellaba el derecho a una comunidad regida por la justicia social. Sin esa justicia social, de poco les servían a los guajiros el derecho a la libertad de prensa o el derecho a la libertad de asociación. Sin el surgimiento material de una comunidad capaz de ejercer la ciudadanía, de nada servía la creación desde las leyes de una comunidad ideal con plenos derechos.

En este punto, sé que los defensores de la Constitución del 40 van a querer crucificarme. Me dirán que mis críticas tal vez se ajusten a la primera república, pero no a la segunda, que nació de la Revolución del 30, y que tuvo una Constitución que no era precisamente liberal, sino que fue pionera en el mundo en la inclusión de derechos sociales. Me dirán que la caída de la segunda república no fue culpa de las contradicciones internas de ella, sino de los que la enterraron, empezando por Batista.

Sí, la Constitución del 40 trajo los derechos sociales a la palestra. En muchos sentidos, fue un adelanto de lo que vendría después. Pero algo faltaba. La Asamblea Constituyente no se hizo al calor de la Revolución del 30, ni en el Gobierno de los Cien Días, sino en el gobierno de Batista, cuando la burguesía tuvo la situación controlada. Los derechos sociales llegaron como un discurso más, mientras que el pueblo no tenía la experiencia de haber conquistado de verdad esos derechos. Pues, en la concreta, la Revolución del 30 se había “ido a bolina”. A Guiteras lo habían matado en el Morrillo.

La mayoría de las medidas progresistas de la Constitución del 40 se quedaron sobre el papel. No podía ser de otra forma, pues no se había golpeado materialmente el poder de la burguesía criolla y de su omnipresente aliado, las empresas norteamericanas. Si toda la propiedad del país estaba en manos de esos poderes, y si la experiencia que tenía el pueblo era la del respeto a esa propiedad privada, ¿sobre qué experiencia vivida iba a construirse el discurso de los derechos sociales en la segunda república? Fue una república más fuerte que la primera, sin duda, pero que tampoco alcanzó la fortaleza de una auténtica república soberana. El golpe del 10 de marzo es la demostración de cómo las clases dominantes tenían secuestrada esa república, era un juguete que lo mismo podían implantar que conculcar.

Solamente la Revolución que triunfó el primero de enero de 1959 rompió el círculo vicioso de nuestras falsas repúblicas. Por primera vez se puso en el centro el derecho a una comunidad regida por la justicia social, lo cual llevó a la naciente revolución a enfrentarse a cada una de las formas de asimetría que azotaban a la sociedad cubana. Se enfrentó al racismo, al latifundio, a la explotación de la mujer, y finalmente, tuvo que chocar con la causa profunda del orden social injusto que existía en Cuba: el capital norteamericano. Para poder intentar fundar una comunidad real y material de hombres y mujeres libres, había que empezar por devolver a las manos de la nación los recursos y la economía del país.

Por eso, pensando en la historia, cuando reflexiono sobre la inalienabilidad de los derechos humanos, lo hago también sobre el derecho que tiene todo pueblo a la vida y a construir una comunidad armoniosa con justicia social. Defender este derecho, en el caso concreto de Cuba y América Latina, significa defender el derecho que tenía la Revolución Cubana a quitarle las empresas y los recursos a los norteamericanos y a la burguesía criolla, utilizando incluso la violencia.

Para mí esa cuestión es un parteaguas. Es una pregunta que le hago a mis interlocutores: ¿Defiendes el derecho que tenía la Revolución Cubana a confiscarles sus propiedades a los norteamericanos y los burgueses, utilizando incluso la violencia? Cuando alguien me responde positivamente, entonces puedo creer que realmente le interesa la gente de abajo, del pueblo. Esa persona y yo podemos entonces hablar sobre derechos humanos, cuestionarnos por qué la nueva república surgida de la revolución retrocedió en algo tan importante como son los derechos civiles. Podemos debatir sobre causas profundas.

Pero cuando alguien me dice que no, que no se debió hacer eso, que fue un exceso de Fidel, entonces esa persona y yo no tenemos mucho de qué hablar, pues reconozco a una persona para la que los derechos humanos no son más que una punta de lanza para deslegitimar al sistema cubano.

A Donald Trump y Marco Rubio no les interesa la democracia ni los derechos humanos en Cuba. Sus cálculos son electorales. Detrás de ellos hay otros poderes a los que les interesa castigar la indisciplina cubana. Frente a los desafíos a la hegemonía norteamericana que se verifican en el continente, quieren usar a Cuba para lanzar un mensaje disciplinante. “Vean lo que ocurre con los que nos enfrentan. Medran en la miseria y finalmente tienen que venir a comer en nuestra mano”. Es indispensable darse cuenta de que ellos representan la peor amenaza para nuestra posible democracia.

La fortaleza del sistema cubano está en que construyó un poderoso discurso de legitimación, sustentado en la experiencia de una generación que tomó el control de su país e inició un proceso de emancipación popular. Con la sangre y las ideas de los héroes se construyeron las bases para fundar una auténtica república soberana, algo extremadamente difícil de este lado del mundo. Ah, que no hemos sabido o podido construir una república a la altura de esos cimientos, ya eso es otra cosa.

Los defensores de los derechos humanos, muchas veces, solo ven una parte de las cosas y subestiman el peligro que representa ese Norte que nos desprecia para cualquier posible república cubana. Al mismo tiempo, tienen en alta estima el discurso de los derechos civiles, cuyo desempeño en beneficio de las clases populares de nuestra región ha sido mediocre, mientras que se hacen ciegos para lo que tienen delante, la Revolución Cubana con su impronta anticolonial y contrahegemónica. No ven que el discurso de los derechos civiles en nuestro contexto resultará insuficiente para fundar una auténtica república soberana, y sí será eficaz para servir de plataforma a la restauración de los mismos poderes que existían antes del Triunfo de la Revolución.

Solo levantando ambas banderas avanzamos en el camino correcto: los derechos inalienables de cada individuo y el derecho a una comunidad regida por la justicia social. Por eso, para despejar el camino, repito siempre la pregunta: ¿Defiendes el derecho que tenía la Revolución Cubana a confiscarles sus propiedades a los norteamericanos y los burgueses, utilizando incluso la violencia?
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¿UN LIBRO? NO, UN POZO DE ERUDICIÓN
POR ARGELIO SANTIESTEBAN

En mi casa paterna –y creo que en todas las de mis coetáneos y coterráneos – parecía abolida la palabra «revista».

Sí, bien recuerdo en mi infancia –más o menos cuando la toma de La Habana por los ingleses – a mi abuelita diciéndome: Argelín, alcánzame esa bohemia. Y, probablemente, se trataba de un ejemplar de Carteles, de Vanidades o de Selecciones del Readers Digest. Porque en Cuba –gracias al talento y la valentía de Enrique de la Osa y su equipo, en la sección «En Cuba»– Bohemia se convirtió en la revista por excelencia.

En muchas latitudes, bajo muy distintos cielos, sucede algo semejante: el vocablo webster se ha apropiado de la significación que correspondería a «diccionario». Y yo los invito, amables lectores, a incursionar en el historial que reposa tras ese fenómeno.

Un personaje singular

Noah Webster nació el 16 de octubre de 1758, en West Hartford, Connecticut. El pequeño Noah pronto mostró excepcionales aptitudes escolares, las cuales convencieron al padre de que, a costa de sacrificios, debía asegurarle la mejor educación posible.

En 1774, con 16 años, Webster ingresó en el Yale College. Tras graduarse, comenzó la carrera de leyes que debió interrumpir, pues ya su padre no podía seguir costeando sus estudios. Este hecho marcaría su vida. Impelido por razones económicas, acepta ejercer como maestro de escuela. Ni siquiera sospecha que, con el pasar del tiempo, sería conocido como el maestrescuela de los Estados Unidos de América, según una traducción aproximada.

Insatisfecho de que los textos escolares usados en su país fuesen de factura británica, emprende una larga trayectoria como autor en esa especialidad. Confesó: «tener demasiado orgullo para mantenerme en deuda con la Gran Bretaña por los libros donde aprenden nuestros niños».

Incansable, promovió sus textos viajando por comarcas entre sí tan distantes como Maine y Georgia. Se asegura que cinco generaciones de estadounidenses incursionaron en las primeras letras gracias a los «libros de carátula azul» de Webster.

Se desempeñó también en el periodismo. Fundador del American Magazine (Nueva York, 1787), en sus páginas rompió lanzas a favor de la educación de la mujer. Luchó allí, también, en pro de la independencia intelectual con respecto a la Metrópoli. Declaró que se debía ser: «tan independiente en literatura como en política, tan famoso en las artes como con las armas». Palabras que –claro está, dentro de cada momento y entorno- parecen prefigurar algunas que mucho después pronunciaría José Martí.

Fue Webster un pionero en una materia que es hoy pan cotidiano, pero que en sus días constituyó una novedad: el derecho de autor. Sus esfuerzos culminaron el día de 1831 en que el congreso norteamericano aprobó una ley que aseguraba la protección de los creadores.

Hombre polifacético, para él parecía acuñado aquello de que nada humano me es ajeno. Así, entre sus obras se cuenta una historia de los Estados Unidos (1832), una versión de la Biblia (1832) y hasta A Brief History of Epidemic and Pestilential Diseases (Una sucinta historia de las enfermedades epidémicas y pestilenciales, publicada en 1899). Pero ya es hora de referirnos a su magnum opus.

Un libro colosal

Antes lo hemos dicho: fue Webster un nacionalista, un brioso defensor de su recién nacida patria. Y ello lo condujo a ejecutar cierta empresa titánica: dotar a su país de un corpus lexical, probatorio de una identidad nacional diferente a la obtenida por herencia de la metrópoli británica.

A partir del año 1800, con paciencia y asiduidad de monje benedictino, comienza a edificar su proyecto descomunal. Y más de un cuarto de siglo después, entrega para todos los tiempos An American Dictionary of the English Language (Diccionario americano de la lengua inglesa, 1828).

Para aquellos días de generalizado analfabetismo, el American Dictionary fue un señor best seller: 2 500 copias volaron de los estantes de las librerías en un abrir y cerrar de ojos. Cuantitativamente –sobre todo para su época – el diccionario es un coloso: sus dos tomos engloban setenta mil entradas.

Pero hay algo más que el cómputo, el conteo. En lo cualitativo, la obra alberga un enorme cúmulo de americanismos, hasta entonces omitidos por lexicógrafos de sesera colonizada. Además –dejando así prueba de su democratismo–, Webster ha tenido la oreja especialmente atenta al idioma hablado, a lo que dice la simple gente, the man on the street.

También en esto un precursor, anticipó la figura de lo que hoy llamamos un «neógrafo»—quien aboga por acercar el idioma escrito al hablado–, como después lo sería Andrés Bello. Por ejemplo, Webster, para la voz learn (aprender) propuso la grafía lern, puesto que esa /a/ es muda.

Es el diccionario una maravilla que, al cabo de casi dos siglos, sigue convocando al asombro. Como era de esperar, los reaccionarios de inmediato comenzaron a echar espumarajos. Y para atacar a aquella obra grandiosa no se anduvieron con remilgos ni concesiones a la decencia. Así, apodaron al diccionario como Noah´s Ark, pues, según decían, allí se había metido de todo, como en el arca del personaje bíblico. Y se mofaron del deplorable aspecto físico del autor, un pelirrojo feo y larguirucho.

Muere Webster en New Haven, Connecticut, cuando transcurre el 1843. Pero, poco antes, en 1841 –con más de ochenta años de edad – ha entregado a la prensa una segunda edición, ampliada, de su portento.

El diccionario tendría sucesivas ediciones actualizadas. Primero en manos de George y Charles Merriam, impresores de Worcester, Massachusetts. Hoy los derechos corresponden a Encyclopædia Britannica, Inc. El gigantesco Webster’s Third New International Dictionary of the English Language (1961) contiene más de 476 mil entradas.

Mi muy manoseado ejemplar –una versión «fusilada» del Webster´s Diccionary. Seventh New Collegiate – es mucho más modesto. No obstante, ilustra, y mucho.

Así, por ejemplo, allí cualquiera puede enterarse de que, por sus raíces en la Antigüedad Clásica, «ángel» significa «mensajero»; «apóstol», «enviado»; «obispo», «inspector» y «ministro» «sirviente».

Por todo eso, es perfectamente comprensible que, en muchos rincones del planeta Tierra, webster sea sinónimo de diccionario. Y que a Noah Webster lo calificasen como el hombre que amaba a las palabras.
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NANCY FRASER: TEORÍA CRÍTICA DEL CAPITALISMO
POR FACUNDO NAHUEL MARTÍN
https://www.lahaine.org/mundo.php/nancy-fraser-teoria-critica-del

Crítica desde la crisis

Que vivimos tiempos de crisis capitalista no es una novedad para nadie. Al menos desde el estallido financiero de 2008, el análisis del capitalismo, que parecía olvidado en buena parte de la teoría social y también de la acción política, ha vuelto al centro de la escena. Tal vez, algo ande mal con el capitalismo como tal. De la mano de este “retorno” de la crítica del capital, Marx y el marxismo han vuelto a gozar de cierta legitimidad teórica, aunque más no sea en una versión limitada, como herramientas intelectuales para el análisis de la crisis económica. Sin embargo, también asistimos a una significativa multiplicación, fragmentación y heterogeneidad de los conflictos sociales.

Lejos de las predicciones del marxismo tradicional sobre la creciente homogeneización subjetiva de las capas proletarias bajo las presiones del dinamismo sistémico, el conflicto social de nuestro tiempo aparece irreductiblemente heterogéneo en su interior. Mientras que el poder de los sindicatos, como órganos tradicionales de la clase, ha sido debilitado por décadas de neoliberalismo, han cobrado importancia varios movimientos sociales centrados en el género, el racismo, la naturaleza, la vivienda y las formas de habitar las ciudades, el acceso al agua y otras necesidades básicas, los servicios públicos, etc.

La crisis capitalista, estructural como es, parece generar múltiples respuestas, pero que permanecen marcadas por la heterogeneidad y la multiplicidad. Articular el momento objetivo de crisis sistémica con el momento subjetivo de multiplicidad de luchas a veces fragmentarias es un desafío de peso para el momento presente.

Las cosas no son más simples en el plano de la teoría. El marxismo tradicional, a pesar del retorno a la crítica del capital, es una teoría ampliamente desacreditada. Se lo ha cuestionado, sobre todo desde las tribunas posestructuralistas, por tener una mirada reduccionista de la clase (incapaz de dar cuenta de ejes de dominación social atravesados como el género o la raza), un historicismo eurocéntrico (una filosofía de la historia progresista basada en el desarrollo de las fuerzas productivas) y una teoría del sujeto demasiado ligada a la modernidad (que ve a la naturaleza como mera materia disponible para ser dominada por el sujeto). Sin embargo, la mayoría de las “teorías de relevo” en competencia con el marxismo tradicional han tendido a desconocer sin más al capitalismo como objeto de crítica. Este es el caso, por ejemplo, el posmarxismo de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, en el mejor de los casos una teoría de la autonomía de lo político con respecto a lo social. En la propia teoría crítica de la sociedad (Jürgen Habermas, Axel Honneth), parece que encontramos herramientas para diagnosticar y combatir algunas patologías sociales de la modernidad, pero no al capitalismo como tal en cuanto ensamble sistemático.

Producir una nueva gran teoría social, abarcadora y amplia de miras, capaz de vérselas con la pluralidad de conflictos sociales sin retroceder a los reduccionismos y esencialismos del marxismo tradicional y volviendo a poner al capitalismo como tal en el centro de la discusión, parece un desafío intelectual de primer orden para nuestro tiempo.

Nancy Fraser ha recogido el guante. Sus intervenciones más inmediatamente políticas de los últimos años son mejor conocidas (por ejemplo, Fraser, 2018, Fraser, 2019). Ha cuestionado el “neoliberalismo progresista”, que se caracterizó por la alianza entre avance de la mercantilización e incorporación domesticada de demandas de reconocimiento de algunos movimientos sociales en las décadas pasadas.

Contra esta peligrosa alianza, Fraser ha propugnado por la construcción de un populismo de izquierdas que reúna demandas emancipatorias en todos los planos con una fuerte crítica económica de las desigualdades sociales. Sin embargo, las bases teóricas de sus intervenciones políticas permanecen menos conocidas. Es precisamente en los trabajos teóricos de los últimos años donde Fraser desarrolla una teoría ampliada del capitalismo vigorosa. En este artículo intentaré presentar los rudimentos de esa teoría.

Fraser hizo un primer giro a la teoría del capitalismo en un trabajo sobre Karl Ponaly en 2012, dando con formulaciones más completas en el artículo “Behind Marx’s Hidden Abode” (2014) y el libro co-escrito con Rahel Jaeggi, Capitalism. A Conversation in Critical Theory (2018, traducido al castellano en 2019, ver Bibliografía al final de este artículo, ndr.). Sabemos que Marx dirigió su atención a la “morada oculta de la producción” detrás de las escenas superficiales del intercambio de equivalentes, desentrañando la explotación y la dominación de clase tras las promesas de igualdad y libertad del capitalismo.

Con Marx, pero más allá de Marx, Fraser encuentra nuevas “moradas ocultas” detrás de la producción de valor: la reproducción social, no reconocida como trabajo y realizada gratuitamente, en buena medida en los hogares y por mujeres; la naturaleza, introducida en la dinámica capitalista periódicamente mediante nuevas anexiones y mercantilizaciones; la expropiación de comunidades racializadas, no reconocidas plenamente en el derecho ni siquiera en los términos del trabajo asalariado; la política, que provee marcos institucionales indispensables -pero potencialmente conflictivos- para el sostenimiento de la acumulación. Estos ámbitos configuran la ontología social internamente diferenciada del capitalismo.

Se trata de un único orden social, pero que no posee una lógica unitaria (por ejemplo, la valorización o la mercantilización), sino lógicas diversificadas conforme divisiones institucionales que portan también diferentes criterios normativos. El capitalismo es entonces algo más que un sistema económico basado en la clase, es un orden institucional que también se estructura de manera racista y patriarcal, que agudiza la separación entre humanidad y naturaleza y que hace posible, al tiempo que constriñe, demandas democráticas y transformadoras.

Finalmente, el capitalismo es un orden institucional históricamente cambiante. Las fronteras institucionales que lo caracterizan no son estáticas. Cada una de ellas es propensa a la crisis y renegociable. Las grandes fases históricas del capitalismo (el liberalismo del siglo XIX, el capitalismo administrado por el estado de posguerra, el neoliberalismo actual) son estabilizaciones provisorias de las contradicciones dinámicas y los conflictos de límites del orden institucional. Esto significa que cada fase del capitalismo debe estabilizar la dinámica de la acumulación, con su perpetua propensión a crisis. Pero también debe articularla con las otras dimensiones institucionales: la reproducción social, la relación con la naturaleza, la expropiación de comunidades y la política, generando sucesivas formas de equilibrio precario.

Hoy, la última gran fase del capitalismo, el neoliberalismo, está en crisis en todos los planos (la acumulación, la reproducción social, la nueva ronda de expropiaciones, la legitimidad democrática, la relación con la naturaleza). Esto explica que, junto con la lucha de clases o como elemento imbricado con ella, aparezcan nuevas “luchas por los límites” (boundarie struggles) en todos los ámbitos del orden institucional. La teoría ampliada del capitalismo permite abordar la crisis contemporánea, tornando inteligibles los vínculos entre la dinámica de la crisis y los conflictos sociales abiertos, dando lugar a nuevas maneras de comprender los procesos y a nuevas perspectivas para intervenir en ellos.

Hacia una teoría ampliada del capitalismo

En sus conversaciones con Jaeggi, Fraser avanza una primera definición “ortodoxa” del capitalismo para, sobre esa base, construir caracterizaciones más complejas. El capitalismo supone 1) la división de la sociedad entre una clase de productores y una de propietarios; 2) la mercantilización institucionalizada del trabajo asalariado; 3) la dinámica compulsiva del capital como valor que se valoriza; 4) la alocación del excedente social y los factores de producción mediante el mercado (Fraser y Jaeggi, 2018: 41).

El capital es caracterizado como “sujeto” del proceso de valorización (Fraser y Jaeggi, 2018: 31), en cuanto su dinámica recursiva y automatizada toma a los seres humanos como sus “peones”. Asimismo, esa dinámica de acumulación tiene por presupuestos la división de la sociedad en clases y la compra-venta de la fuerza de trabajo. Estos cuatro rasgos iniciales pretenden dar cuenta del carácter históricamente determinado de la sociedad capitalista, de su especificidad histórica o de los rasgos singulares que la caracterizan y diferencian de otras formas sociales preexistentes.

Ahora bien, ni la dinámica de la valorización, ni la venta de fuerza de trabajo como mercancía, ni la división de la sociedad en clases bastan para caracterizar al capitalismo, una forma social que excede estructuralmente a la relación de capital y sus ramificaciones internas. Sencillamente, “la sociedad no puede ser mercancías hasta el final [all the way down]” (Fraser, 2012: 1). Por el contrario, hay “condiciones de posibilidad” no mercantiles para la existencia de mercancías (Fraser, 2012: 8). Siguiendo críticamente a Karl Polanyi, Fraser cuestiona la tesis de la universalización capitalista de la forma mercancía, con sus patrones objetivos y subjetivos (2014: 5). Por el contrario, el marco institucional del capitalismo produce una diferenciación de ámbitos que son las “condiciones de trasfondo” [background conditions] del proceso de valorización.

Fraser retoma, para pensar esas condiciones de trasfondo, cierta metodología desplegada por Marx en el estudio de la acumulacion originaria. Esta investigación nos lleva de la explotación del trabajo doblemente libre a la expropiación de las comunidades campesinas, la historia de las enclosures y la instauración por medios político-estatales, directos y violentos, de las clases sociales en sentido moderno. Aparecen entonces condiciones de posibilidad (históricas) de la acumulación, que no se resumen en su dinámica intrínseca como tal.

Fraser retoma este argumento pero le da un giro sincrónico: las “condiciones de trasfondo” de la acumulación no son solamente su presupuestos históricos. Son, en cambio, sus condiciones simultáneas de eficacia y permanencia, en una lógica de primer plano y trasfondo [foreground/background] que permite ampliar la concepción del capitalismo y encontrar “moradas ocultas” tras la producción de valor. Hay un marco institucional que debe funcionar simultáneamente con la acumulación para que ésta tenga eficacia.

La reproducción social

La primera condición de trasfondo o división institucional del capitalismo que Fraser destaca, siguiendo al marxismo feminista, es la reproducción social. En la sociedad capitalista, la reproducción de la fuerza de trabajo es realizada en buena medida (aunque no totalmente) en un marco no mercantilizado, en el ámbito doméstico y predominantemente por mujeres. Este trabajo reproductivo es “absolutamente necesario para la existencia de trabajo asalariado” (Fraser y Jaeggi, 2018: 45). Incluye también los procesos de subjetivación básicos que dan lugar a la formación de comunidades y la interacción social significativa. La división entre producción de mercancías y reproducción social es una condición “completamente generizada” del capitalismo (Fraser y Jaeggi, 2018: 46).

Esta división institucional también es históricamente específica: en otras sociedades históricas, la actividad social y económica se orienta directamente a la producción para la subsistencia como tal, no separándose en los ámbitos escindidos de la producción de valor y la reproducción social. La reproducción social delimita una condición de trasfondo no mercantilizada del mercado capitalista, que posee dinámicas normativas propias.

En el artículo “Contradictions of Capital and Care”, Fraser sostiene que el capitalismo tiene una profunda, estructural, tendencia a la crisis de reproducción social (2016a: 100). Las contradicciones sistémicas del capitalismo no se despliegan solamente dentro de la acumulación de capital (caída de la tasa de ganancia, sobreproducción, etc). El capitalismo posee contradicciones estructurales y tendencias a la crisis también en la interacción entre el ámbito de la reproducción social y la producción de mercancías.

“Por una parte, la reproducción social es una condición de posibilidad para la acumulación de capital sostenida, por la otra, la orientación del capitalismo a la acumulación ilimitada tiende a desestabilizar el proceso de reproducción social en el que se basa” (Fraser, 2016a: 100). La separación entre producción de mercancías masculinizada y reproducción social feminizada conlleva una relación contradictoria entre las dos (Fraser, 2016a: 103). Esta combinación de separación, dependencia y rechazo es fuente de constante inestabilidad social, en cuanto la dinámica de la acumulación tiende a socavar las bases de la reproducción social que, al mismo tiempo, presupone como su condición institucional.

La expropiación y el racismo

La segunda condición institucional del capitalismo está vinculada con el imperialismo y el racismo, “integrales a la sociedad capitalista, tan integrales como la dominación de género” (Fraser y Jaeggi, 2018: 55). El capitalismo no suprime las jerarquías de estatus (Fraser y Jaeggi, 2018: 57) ni instituye sin más la explotación de clase basada en la igualdad jurídica. Por el contrario, marca políticamente a algunos sujetos como menos-que-proletarios: sujetos que ni siquiera van a ser reconocidxs como jurídicamente libres e iguales y por lo tanto pueden ser objeto de expropiaciones directas y violentas. La constitución política de estos sujetos está marcada de cabo a rabo por la racialización y el imperialismo. “Mientras que los trabajadores explotados reciben el estatus de individuos libres portadores de derechos (…) aquellos sometidos a expropiación son constituidos como seres dependientes, no-libres, despojados de derechos” (Fraser y Jaeggi, 2018: 56). Como dice la autora en “Expropiation and Explotation in Racialized Capitalism”, el Estado capitalista fuerza cada vez una división entre “trabajadores-ciudadanos” y “sujetos dependientes, expropiables” (Fraser, 2016b: 163).

Las dinámicas de racialización se organizan de manera transnacional, delimitando núcleos y periferias globales del capitalismo, al tiempo que expropiación y la explotación coexisten a veces en un mismo territorio. La expropiación, nuevamente, no es una condición histórica pretérita cancelada en la historia posterior del capitalismo. Es uno de sus mecanismos constantes, “acumulación por otros medios” de “bruta confiscación -de trabajo, ciertamente, pero también de tierra, animales, herramientas, depósitos de energía y hasta de seres humanos, sus capacidades sexuales y reproductivas, sus hijos y órganos corporales” (Fraser y Jaeggi, 2018: 55). La expropiación es entonces una background condition de la explotación tanto como la reproducción social.

La separación sociedad/naturaleza

El capitalismo instituye una relación dual (de separación y anexión) con la naturaleza. La convierte en un recurso cuyo valor es a la vez “presupuesto y denegado” (Fraser y Jaeggi, 2018: 50). Los capitalistas la expropian “sin costo”, tratándola como una materia libremente disponible y aprovechable. La constante anexión de la naturaleza, como fuente de riquezas y vertedero de deshechos, acompaña a la acumulación de capital continuamente. Estas anexiones permanentes y crecientes, al mismo tiempo, vienen acompañadas de una agudización de la frontera que separa sociedad y naturaleza. “El capitalismo asume (en efecto, inaugura) una división tajante entre un reino natural, concebido como provisión gratis, no producida, de ‘materiales brutos’, y un reino económico, concebido como la esfera del valor, producido por y para seres humanos” (Fraser y Jaeggi, 2018: 50). Con esto se endurece la distinción previa entre humanidad y naturaleza, que tiene una larga tradición en el pensamiento occidental.

El capitalismo, además de cursos paradojales, tiende a producir contradicciones ecológicas. Presupone la disponibilidad libre y en principio infinita de la naturaleza como recurso. Pero también desestabiliza la ecología, minando sus propias condiciones de posibildiad cada vez. Nuevamente, las contradicciones del capitalismo no se limitan a la acumulación de capital. Incluyen las contradicciones entre la acumulación y sus condiciones de posibilidad o de trasfondo, en este caso, las condiciones ecológicas.

Economía y política

La última condición de trasfondo del capitalismo es la política. Simplemente, la acumulación presupone lógicamente un poder público separado, que tercie en las relaciones contractuales (incluida la salarial, condición de la explotación). Esto configura una separación entre economía y política que es también específica del capitalismo (en otras sociedades históricas es normal ver al poder político y el económico fusionados inmediatamente). La diferenciación entre economía y política, por lo tanto, es estructuralmente necesaria para el capitalismo. Al mismo tiempo, la política se constituye sobre criterios normativos no-idénticos a los económicos, “principios de democracia, ciudadanía igualitaria e interés público, por muy restrictivos o excluyentes que puedan ser a veces” (Fraser y Jaeggi, 2018: 64).

La división entre política y economía, estructurante del capitalismo como tal, hace posible el funcionamiento “automatizado” de la acumulación como “compulsión silenciosa” (Fraser y Jaeggi, 2018: 53). Al mismo tiempo, acá emerge la posibilidad de la contradicción entre capitalismo y democracia, como fue tematizada por Ellen Meiksins Wood. En efecto, la desigualdad de clase y la regulación compulsiva de la economía tienden a socavar a la política y su autonomía. La legitimación democrática es entonces puesta en cuestión, o mejor, se vuelve periódicametne incompatible con los imperativos de la acumulación. Se ponen de manifiesto “las contradicciones específicamente políticas de la sociedad capitalista -el hecho de que su economía simultáneamente se basa en y tiende a desestabilizar a los poderes públicos” (Fraser y Jaeggi, 2018: 54).

Fraser ha profundizado estas tesis en el artículo “Legitimation Crisis?” (2015), donde retoma algunas herramientas del análisis de Jürgen Habermas para analizar la crisis política del capitalismo neoliberal. “La lógica de sistema de la economía capitalista está profundamente arraigada en la sustancia del poder público y la consume desde adentro. Desestabilizando sus propias condiciones políticas de posibilidad, el régimen actual no solo amenaza con destruirse a sí mismo, sino también a la única fuerza que podría transformarlo” (Fraser, 2015: 188).

Historicidad de las fronteras

Arriba reconstruí el marco institucional del capitalismo como tal, con sus divisiones constitutivas entre producción y reproducción, explotación y expropiación, sociedad y naturaleza, economía y política. Estas divisiones, inherentemente capitalistas, tienen una historia interna de articulaciones y renegociaciones. El capitalismo como orden institucional no es estático. Ha atravesado una serie de fases donde sus divisiones institucionales, que encierran propensiones a la crisis, fueron estabilizadas temporalmente.

Por ejemplo, durante el capitalismo liberal, especialmente hasta la crisis de 1929, en los países del centro primó un modelo de reproducción social basado en “esferas separadas” (Fraser y Jaeggi, 2018: 107). La familia, como unidad de reproducción de la fuerza de trabajo, se encontraba separada del mercado y escasamente atendida por medidas estatales.

Durante el capitalismo administrado estatalmente de la posguerra este modelo fue reemplazado. El poder de estado se dedicó directamente a administrar la reproducción social, garantizando servicios públicos en la salud, el cuidado de niños, la educación (Fraser y Jaeggi, 2018: 108). Al mismo tiempo, se instituyó el “salario familiar”, con el que “debía pagarse a un trabajador varón industrial lo suficiente para mantener a toda su familia” (Fraser y Jaeggi, 2018: 109). Esta forma de reproducción social “fordista” garantizó salarios altos y bienestar obrero, al menos en el centro global, pero al precio de reforzar los patrones familiares patriarcales y heteronormativos supuestos en el salario familiar.

Finalmente, con el neoliberalismo se difundió el modelo de “familia de dos asalariados” [two-earner family]. En esta fase se condensaron ambiguamente las presiones a la baja de salarios exigidas por la acumulación ante la baja de productividad y las demandas feministas y LGBT contra las opresiones condensadas en el formato familiar fordista. Se erigió así el “orden de género del capitalismo financiarizado” (Fraser y Jaeggi, 2018: 111), que a su vez estaría en crisis actualmente, en un marco de crisis general del capitalismo neoliberal. “Este régimen promueve la desinversión estatal y corporativa del bienestar social, al tiempo que recluta mujeres en la fuerza de trabajo paga -extrernalizando el trabajo de cuidados en familias y comunidades mientras reduce su capacidad para realizarlo” (Fraser, 2016: 112).

Las consideraciones de arriba podrían repetirse para las otras divisiones institucionales del capitalismo. En todos los casos, vemos cómo cada fase histórica afecta al conjunto del orden institucional, redibujando las fronteras entre ámbitos. Nuevas formas de imperialismo, de anexión de la naturaleza y de articulación economía/política se dibujan también en cada caso. Con estos intentos sucesivos, todos ellos precarios y contestables, el capitalismo logra estabilizar transitoriamente sus contradicciones sistémicas, augurando en cada caso nuevas fases de crisis y reconfiguraciones generales.

Proyectos emancipatorios y luchas sociales

Contra la vieja tesis de Lukács que postulaba una tendencia a la universalización de la forma mercancía en el capitalismo (Fraser y Jaeggi, 2018: 65), Fraser enfatiza las gramáticas propias y las ontologías diferenciadas de cada una de las condiciones de trasfondo del capitalismo, construyendo una topografía societal compleja. La política no se rige por la lógica de la mercancía, la reproducción social no se rige por la dinámica de la acumulación, etc. Esto no significa que esas divisiones institucionales variopintas sean reservorios puros de una normatividad emancipatoria: muchas veces, sus oposiciones dinámicas con respecto a la economía capitalista plasman complementariedades sistémicas, madrigueras conservadoras y otras trampas dualistas. Sin embargo, marcan una normatividad alternativa (a veces complementaria, a veces en conflicto) con respecto a la valorización del valor.

Las divisiones institucionales del capitalismo dan lugar a luchas por los límites [boundarie struggles]. En diferentes contextos, las personas pelean colectivamente por redefinir, rediscutir y a veces también defender las fronteras entre ámbitos institucionales. Por momentos, tratan de proteger fronteras heredadas, por ejempplo contra los avances de la mercantilización (luchas defensivas, Fraser y Jaeggi, 2018: 213). También, retomando un vocabulario que desarrolló en trabajos previos (2006), Fraser distingue luchas por los límites afirmativas y transformadoras.

Las primeras buscan situar en otro punto la localización social de una frontera dada, sin discutir la existencia de esa forntera como tal (por ejemplo, discutir la inclusión de las mujeres en el trabajo asalariado o de poblaciones racializadas en la ciudadanía estatal). Las segundas objetan la existencia de algunas fronteras institucionales como tales (por ejemplo, proyectos radicales de transformación social que busquen abolir las separación entre producción y reproducción, entre política y economía, etc.). Finalmente, como Fraser viene sosteniendo desde los años ’90, la propia distinción entre luchas afirmativas y transformadoras se complica en la práctica, donde son posibles reformas no reformistas, afirmativas bajo un criterio estricto, pero que “dan lugar a efectos transformadores porque alteran las relaciones de poder y, por lo tanto, abrir un camino para nuevas luchas que se vuelven cada vez más radicales” (Fraser y Jaeggi, 2018: 214).

Al mismo tiempo, Fraser nos advierte contra los peligros de dos imaginarios extremos y simétricos: el liquidacionismo y el prohibicionismo. El primero busca “eliminar una frontera del todo”, mientras que el segundo intenta “hacer impenetrable” una frontera dada (Fraser y Jaeggi, 2018: 215). Ejemplos peligrosos de liquidacionismo se encuentran en el intento soviético por eliminar la frontera entre economía y política, que condujo a las dificultades sistémicas de la economía planificada; así como en algunas experimentaciones fascistas de instrumentalización estatal de la reproducción social y biológica.

El prohibicionismo se encuentra, en cambio, “en aquellas feministas que buscan prohibir toda mercantilización del sexo, la reproducción y el trabajo de cuidados” (Fraser y Jaeggi, 2018: 215). En estos casos se asume que cierto ámbito de la existencia (la reproducción social) es inherentemente no mercantilizable. De un lado, liquidar toda frontera institucional puede ser peligroso, del otro lado, decretar la sacralidad de las fronteras puede resultar conservador y paralizante. Fraser recomienda mantener una actitud abierta y contextual, capaz de pensar renegociaciones y redefiniciones de fronteras, militando por una “nueva y más democrática” manera de trazarlas (Fraser y Jaeggi, 2018: 216).

Las consideraciones anteriores se enmarcan en otra caracterización de las luchas sociales en el capitalismo. Reformulando las ideas de Karl Polanyi, Fraser distingue un “triple movimiento” entre mercantilización, protección social y emancipación (Fraser y Jaeggi, 2018: 231). El ciclo fordista estuvo, en buena medida, marcado por la alianza entre protección social y mercantilización, en detrimento de la emancipación social (lo que se plasmó en las presuposiciones hetero-patriarcales del salario familiar, entre otras cosas). El capitalismo neoliberal, en cambio, significó una curiosa alianza de mercantilización y emancipación, que incorporó parte de las críticas y demandas emancipatorias de la nueva izquierda de los años ’60 y los movimientos sociales, muchas veces “desplazándose hacia formas individualistas y meritocráticas de enmarcar sus agendas” (Fraser y Jaeggi, 2018: 241).

Esto marcó un período de neoliberalismo progresista donde la expansión del mercado pareció ofrecer oportunidades a versiones domesticadas de los movimientos sociales. Las estabilizaciones sistémicas parecen posibles cuando se alían dos de los tres posibles movimientos capitalistas, en detrimento de un tercero. En esos casos es posible condensar dinámicas de lucha en sentido de un ordenamiento social provisorio pero viable. Una articulación disruptiva de movimientos generales y luchas de fronteras (incluida la de clases) podría dar lugar a una transición a una nueva articulación institucional o, incluso, a una ruptura con el capitalismo como tal.

La situación actual

Los análisis del presente de Fraser son más conocidos. Se trata de una intelectual políticamente activa, que interviene permanentemente en la prensa y ha producido varios artículos de lectura coyuntural. No voy a reponer sus posiciones más inmediatamente políticas en detalle por razones de espacio. Baste, por el momento, decir que para Fraser asistimos a la crisis del neoliberalismo progresista (cuyo signo sería, en el contexto de EEUU, la victoria electoral de Donald Trump sobre Hillary Clinton), enmarcada en una crisis general del capitalismo financiarizado.

Esta situación marca la apertura de un nuevo período de inestabilidad y conflicto. Las nuevas derechas populistas emergen de esta crisis, proponiendo una posible salida regresiva de la situación, que apunta a estabilizar el capitalismo bajo nuevos patrones de dominación. Frente a este contexto, Fraser llama a construir una nueva alianza de emancipación y protección social, que supere los límites del neoliberalismo progresista y enfrente a las derechas conservadoras.

Mi instinto es aprovechar el momento y pasar a la ofensiva (…) Ni el neoliberalismo hiper-reaccionario ni el progresista serán capaces de (re)establecer una hegemonía segura en el período que viene y enfrentamos un interregno caótico e inestable (…). Podría haber una apertura para la construcción de un bloque contrahegemónico en torno al proyecto del populismo progresivo. Combinando en un único proyecto una orientación económica igualitaria y pro-clase obrera con una orientación inclusiva y no jerárquica al reconocimiento, tendríamos al menos una oportunidad de pelear para unir al conjunto de la clase trabajadora (Fraser y Jaeggi, 2018: 257).

En este trabajo traté de reconstruir las nuevas exploraciones teóricas que subyacen a este tipo de propuestas. En los últimos años Fraser produjo una teoría ampliada del capitalismo, que no se limita a la economía en sentido restrictivo. En cambio, se fija en las divisiones institucionales constitutivas de esta forma social e histórica. Esto le permite reconfigurar los límites de la lucha de clases (o, al menos, de las luchas potencialmente anticapitalistas) para abarcar también las luchas por los límites, que buscan redefinir, reorganizar o impugnar las fronteras sociales. Esta teoría capta el carácter históricamente determinado del capitalismo, así como su dinamismo interno. Finalmente, se trata de una teoría capaz de iluminar la crisis del presente, caracterizando su multidimensionalidad (que atraviesa a todas las dimensiones institucionales) y bosquejando algunas perspectivas para la intervención política en nuestro tiempo.

Bibliografía

Fraser, Nancy (2012) “Can Society be Commodities All the Way Down? Polanyian reflections on capitalist crisis” publicado en Archive Ouverte de Sciences de l’Homme et la Societé, https://halshs.archives-ouvertes.fr/halshs-00725060

Fraser, Nancy (2014) “Behind Marx’s Hidden Abode. For an Expanded Conception of Capitalism” en New Left Review, 86, 55-72.

Fraser, Nancy (2015) “Legitimation Crisis? On the Political Contradictions of Financialized Capitalism” en Critical Historical Studies, 3:1, 163-178.

Fraser, Nancy (2016a) “Contradictions of Capital and Care” en New Left Review, 100, 99-117.

Fraser, Nancy (2016b) “Expropiation and Explotation in Racialized Capitalism: A Reply to Michael Dawson” en Critical Historical Studies, 2:2, 157-189.

Fraser, Nancy (2018) “¿Podemos entender el populismo sin llamarlo fascista? Entrevista”, disponible online: https://lahaine.org/bV34

Fraser, Nancy (2019) ¡Contrahegemonía ya!, Buenos Aires: Siglo XXI.

Fraser, Nancy y Jaeggi, Rahel (201)) “Capitalismo. Una conversación desde la teoría crítica”, Ediciones Morata, Madrid, 2019
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Publicado el diciembre 8, 2019 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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