HABANA INSIDER:  NOVIEMBRE 12, 2019/

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LA HABANA, CUBA/ EDICION 1286/ ISSN en proceso
                     

Editor: Abelardo G. Mena Chicuri  Contacto: menaabelardo@gmail.com

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                                             POR UN SOCIALISMO DE CÓDIGO ABIERTO

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(CUBAYECONOMIA) CONCEPCIONES ECONÓMICAS QUE DEBEN ATENDERSE EN LA REALIDAD CUBANA/ (INVASOR) A FALTA DE TOMATE: EXPLICACIONES/ (JOVENCUBA) LOS NARRADORES DE LA CONTINUIDAD/ (CENTRO MARINELLO) DESAFÍOS EN LA ESCRITURA DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS/ (SEMLAC) INGRESOS EN CUBA: ¿BRECHA ENTRE HOMBRES Y MUJERES?/ LA DISCAPACIDAD EN LA TELEVISIÓN/(VIENTO SUR) A PROPÓSITO DEL LIBRO DE THOMAS COUTROT: PARA UNA POLÍTICA DEL TRABAJO/ (REBELIÓN) MAS ALLÁ DE “EL CAPITAL”, DE MICHAEL LEBOWITZ/ IN MEMORIAM DE ISTVÁN MÉSZÁROS/

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LA SCHOLA CANTORUM CORALINA QUE DIRIGE LA MAESTRA ALINA ORRACA TIENE EL PLACER DE INVITARLO A UN MOMENTO HISTÓRICO Y MEMORABLE:

 

                                     TE DEUM, DEL COMPOSITOR CUBANO ESTEBAN SALAS

Transcrito por la musicóloga Miriam Escudero

En Conmemoración a los 500 años de la Villa de San Cristóbal de la Habana y a propuesta de la Cátedra de Música Sacra del Centro Cultural Padre Félix Varela.

 

                                                 JUEVES 14 DE NOVIEMBRE DE 2019.

                                                          S.M.I CATEDRAL DE LA HABANA

                 (CALLE EMPEDRADO ENTRE MERCADERES Y SAN IGNACIO. HABANA VIEJA.)    

                                                                      8.00 PM.

 

Puesta de la obra en versión para voces y órgano a cargo de Pbro. Yosvany Carbajal Sureda (cantor)

 

Participan además:

Coro de Cámara Vocal Leo / Dir. Corina Campos

Coro de Cámara Exaudi / Dir. María Felicia Pérez.

Moisés Santiesteban (Organista)

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   CONCEPCIONES ECONÓMICAS QUE DEBEN ATENDERSE EN LA REALIDAD CUBANA

POR DR. OMAR EVERLENY PÉREZ VILLANUEVA, NOV 11 2019

 

Durante los últimos tiempos se escucha decir a las autoridades cubanas que el país no solo necesita inversiones sino que sean eficientes. También que una regla de oro consiste en vigilar que sean rentables y den los resultados esperados.

 

Se supone que cuando las autoridades de planificación hablan de esta regla de oro no solo se estén refiriendo a los resultados esperados respecto a medidas concretas como toneladas, metros cuadrados u otras unidades de producción, sino también a los resultados monetarios que cada inversión debe dar al dueño o al inversionista que colocó los recursos en esa inversión, en vez de ponerlos en otro proyecto.

 

Si es así, estaríamos en presencia de un nuevo lenguaje, similar al de años atrás, cuando las autoridades del Banco Central de Cuba (BCC) abogaban porque los préstamos de los bancos se concedieran cuando se estimara que habría un retorno casi seguro o garantías suficientes de devolución de los préstamos, entendiéndose la conveniencia de no otorgar financiación simplemente por indicaciones de gobierno o de cualquier órgano ajeno a un Comité de Crédito o de Riesgos de la institución bancaria.

 

Analizando esos ejemplos, ocurre que se han aplicado muchas concepciones económicas heredadas del antiguo modelo soviético de dirección de la economía. Es necesario, al menos, cuestionarlas si se pretende que la economía cubana avance hacia el desarrollo en el año 2030.

 

Hay regularidades que deben tenerse en cuenta, independientemente de a quién pertenece la propiedad de los medios de producción, o de qué sistema social tiene cada país, o sin necesidad de abandonar el criterio –esencial para el modelo– de la propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción.

 

Además de la regla de oro ya señalada se pudieran identificar algunas otras. Casi todas están entrelazadas entre sí basado en la preminencia de la propiedad social. Pudieran enunciarse así:

 

Se invierte para obtener beneficios, no solo para producir productos o servicios.

Cuando se invierte en una industria, también hay que garantizar el suministro estable de materias primas y los mantenimientos periódicos establecidos por los fabricantes de los bienes de producción.

La regulación de los precios o la intromisión del Estado en el mecanismo de fijación de los precios debe ser mínima.

Los salarios en cada empresa deben estar vinculados a los resultados reales de esa empresa.

Las empresas rentables deben ser capaces de reinvertir utilidades u obtener financiación para seguir creando nuevos valores.

Los nuevos valores creados en una empresa no necesariamente tienen que ser bienes materiales.

La propiedad social de los bienes de producción es para que el Estado se apropie de las utilidades que brinde esa propiedad y la distribuya en el bien de todos; no es para gestionar y administrar la propiedad.

La planificación no debe convertirse en una camisa de fuerza para las entidades económicas.

El monopolio del comercio exterior daña la economía, como cualquier otro monopolio.

Hay que definir qué nivel de concentración de riqueza es intolerable.

La concesión de tierras en usufructo, o la propiedad, o cualquier otra medida aislada, no resuelve el tema fundamental de la producción agropecuaria.[1]

 

En el sistema de economías de mercado, si escasea un producto demandado, teóricamente crecería la posibilidad de que aumentara la rentabilidad del que arriesgara dinero para producirlo, y a la larga se puede restablecer el equilibrio.

 

En Cuba ha prevalecido la idea de que es necesario fabricar unidades de producción para el pueblo sin tener siempre en cuenta el costo de producción, la reproducción ampliada o la ganancia por los fondos invertidos. A la larga, para mantener la producción de esas mismas unidades, el Estado muchas veces necesita canalizar cada vez más fondos de otras fuentes y cuesta trabajo sostener la producción en los mismos niveles iniciales. O no se hacen los mantenimientos y se deja deteriorar una industria por falta de inversiones y después hay que volverla a levantar partiendo de cero. O no se garantiza el suministro estable de materias primas e insumos para la producción.

 

Cuba hoy padece innumerables problemas de descapitalización de sus entidades. No se cumple la utilización de las capacidades de diseño de una industria o están quebradas por no tener capital de trabajo. La rentabilidad no se analiza de acuerdo con la teoría. Si no se utiliza la teoría existente, se tendrán unidades productivas, pero sin competencia internacional y sin trabajar para la demanda. Será una oferta sin calidad.

 

Los economistas y otros analistas expresan, con razón, que hace falta invertir para reactivar la economía. Analizan el índice de nuevas inversiones entre el total del PIB (PRODUCTO INTERNO BRUTO) y concluyen que si no se invierte más no puede aspirarse al desarrollo. Hoy Cuba invierte por debajo de todos los países de América Latina, como promedio un 10 % del PIB.

 

Sin embargo, hay algo tan nocivo como dejar de invertir, y es destinar recursos a una inversión y después permitir que esa industria funcione a media capacidad o tenga problemas para funcionar porque no hay recursos para adquirir las materias primas necesarias a fin de que la nueva inversión funcione, se amortice y dé resultados. Ello equivale a un despilfarro de recursos financieros utilizados en la inversión inicial.

 

La preocupación sobre el consumo de las mayorías no tiene por qué resolverse regulando los precios.

 

Existen otras salidas:

Mayor estimulación e incentivos para producir (por parte de todos).

Otorgar incentivos fiscales.

Mayor competencia.

Participación más activa del Estado en la oferta de los productos deficitarios y a precios que guíen al resto de los productores (sin que signifiquen pérdidas para el Estado).

Mejores salarios para los que producen valores y riquezas, etc.

 

Es decir, se trata de emplear métodos económicos para obtener los resultados apetecidos y no medidas coercitivas como el control de precios. Cuba tiene que pasar de tener una posición de control directa de la vida económica de la nación, a una posición indirecta a través de los múltiples mecanismos existentes, entre ellos los impuestos.

 

Las empresas cubanas se enfrentan al control de las divisas que generan. Esto hace que las empresas exportadoras, o que producen para el mercado interno en CUC (PESOS CUBANOS CONVERTIBLES), no puedan contar con esas divisas o apenas puedan retener una parte, en el mejor de los casos suficiente solo para pagar la materia prima. El mecanismo de asignación de los llamados Certificado de Liquidez o liquidez externa del país, se ha alargado en el tiempo y no ha permitido a las empresas disponer, controlar o al menos planificar mejor el uso de los recursos en divisas que ellas mismas generan.

 

En Cuba se ha convertido la planificación en una camisa de fuerza muchas veces ajena a la realidad.

 

Durante todos estos años se ha visto a empresas gastando más porque “hay que gastar lo aprobado en el plan para que el año que viene no nos lo quiten”. O donaciones ofrecidas por entidades extranjeras no recibidas simplemente porque no estaban en el plan (sin antes analizar si nos convenían o no).

 

O ideas surgidas que no se pueden llevar a cabo porque, de entrada, no estaban en el plan (sin considerar los otros problemas que puede haber para llevarlas a vías de hecho).

 

O planes que quedaban desactualizados porque la vida es más rica y siempre es difícil prever cómo se comportarán los mercados internacionales (pero el plan queda inamovible o resulta extremadamente difícil alcanzar su revisión).

 

O se pierde una cantidad inmensa de tiempo y recursos para justificar las distorsiones de la realidad sobre el plan o para culpar de las deficiencias a una mala preparación del plan en vez de solucionar los problemas que crea el día a día.

 

O la estimulación a trabajadores en empresas que han sobrecumplido el plan, pero que apenas producen utilidades, en comparación con la falta de estimulación a empresas que no alcanzaron el cumplimiento del plan, pero que sistemáticamente brindan al Estado una utilidad sobre los recursos invertidos.

 

Las propuestas antes enunciadas pueden parecer no atractivas a los decisores o ser cuestionadas por otros analistas. Pero la práctica es el criterio de la verdad, y la práctica seguida muchas veces no trajo para Cuba los resultados económicos esperados durante más de sesenta años de su modelo socialista.

 

Entonces es tan difícil estudiar/analizar otras variantes o estilo de manejo económico? Se sabe que no hay un modelo rígido de socialismo. Cada país construye el suyo propio y no hay un patrón a seguir. Entonces, de nuevo, ¿por qué no pensar entre todos cómo debe construirse el modelo cubano o el socialismo cubano?

 

¿Por qué no poner en práctica los documentos aprobados por el Congreso del Partido o el Parlamento cubano, entre los que se encuentran los Lineamientos, la Conceptualización del modelo o el Plan estratégico hasta 2030? ¿Qué falta? ¿O será que aún no hay voluntad política para asumir esos retos?

 

[1] Todas las reglas enumeradas se analizan de manera detallada en un trabajo más amplio que será publicado en un futuro, ya que son necesarias que se atiendan en un periodo corto o mediano de tiempo.

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                                                     A FALTA DE TOMATE: EXPLICACIONES

POR KATIA SIBERIA ECONOMÍA 11 NOVIEMBRE 2019

EL INVASOR

 

Más de la mitad del tomate que fue a la industria cubana en 2019 se sembró y procesó en Ciego de Ávila, donde se “cosechó” la peor campaña de la última década.

 

Nadie hubiese creído que después de un 2018 en el que Ciego de Ávila cosechó 33 945 toneladas (t) de tomate para la industria y rozó su récord productivo (35 859) viniera un 2019 con el resultado más pírrico de la última década: 12 450. El resbalón fue tan estrepitoso que hasta los que no saben si esa hortaliza florece a los 90 o a los 120 días terminaron por entender los designios del campo…y hoy no encuentran puré.

 

“Y cuando lo encuentras es regulado por persona y tremenda matazón, contaba Leidy Vidal García, estableciendo paralelos con la ausencia del aceite en sus días más críticos, y añorando, al mismo tiempo, las ferias dominicales donde los tanques a granel de puré, pasta y salsa, eran habituales en predios avileños.

 

Pero el impacto de su ausencia ha trascendido las fronteras y un dato publicado en el diario Granma viene a ilustrarlo. “(…) estaba prevista la entrega, por parte de la Agricultura, de 79 940 t de tomate, de las cuales se recibieron 22 814 t, para un cumplimiento del plan de apenas el 28 por ciento, lo que constituye uno de los resultados menos favorables de los últimos años”.

 

Las palabras de Osmel Alemán Rodríguez, director general de la Empresa de Conservas, ponen en contexto la producción avileña de 2019, la cual representó el 54 por ciento del tomate que fue a la industria cubana; de ahí que la balanza tomatera se incline, sobremanera, hacia esta provincia.

 

Aunque detrás de ella se ubican los extremos de la Isla —si sumamos los datos reportados por los periódicos Guerrillero, de Pinar del Río, y Venceremos, de Guantánamo—, ambos territorios no sobrepasan los resultados de Ciego de Ávila en tiempos normales.

 

Por “tiempos normales” Pedro Manuel Díaz González, especialista de Hortalizas en la Delegación Provincial de la Agricultura, entiende cualquier otro año menos el de la campaña 2018-2019, y, para convencerme, “abre” su archivo mostrando cómo en este decenio han ido aumentando las hectáreas (ha) de 1 000 a 2 000 y, por ende, las toneladas, hasta que 2019 fue la excepción de una provincia donde, habitualmente, los campesinos ponen en jaque a la industria; no al revés.

 

¿Cómo explicar entonces el declive?

 

“No podemos decir que fue un mal tomate porque tuvo los grados Brix (el dulzor) que necesitaba para la industria, lo que el rendimiento fue muy bajo, obtuvimos 6,2 t por hectárea, cuando el país solicitó 15”, dice Pedro, sin titubear, y se apresura a explicar el otro porqué, pues apenas el 46,7 por ciento de las 1 980 ha destinadas a la industria en la campaña 2018-2019 recibieron la fórmula completa de fertilizantes, debido a restricciones financieras.

 

“El nitrogenado sí llegó al 73 por ciento; no obstante, tampoco fue suficiente”, advierte el especialista, al tiempo que reconoce que, en años anteriores, Ciego de Ávila sí contó con el 100 por ciento de los productos que demandaba la hortaliza comprometida con el proceso fabril.

 

“Si a eso le sumamos que las temperaturas no ayudaron al florecimiento del tomate, podemos entender los bajos rendimientos y la ausencia”, enfatiza Pedro, como si le hiciera falta toda la concatenación de tropiezos para poder “procesar” uno de los hechos que amargó a los mismos campesinos que de manera habitual se cansaban de esperar, abarrotados de tomate, a las puertas del conglomerado de Ceballos.

 

Pues este año se fueron al otro extremo e Invasor lo reportaba desde abril: “de unas 400 t que puede asimilar cada día esa fábrica (…), apenas está procesando 200 en la semana”, advertía Aníbal Hernández Arteaga, jefe de Producción en la Unidad Empresarial de Base Industrial Ceballos.

 

Un informe de la dirección de la Empresa Agroindustrial Ceballos da cuenta ahora del descenso vivido a escala anual. Si comparamos 2018 con 2019 observamos que en 2018 la industria hizo 4 565 t de derivados del tomate (pasta, puré, salsa condimentada y otros), y, al cierre de septiembre de 2019, a tres meses de completarse el año, Ceballos todavía no llegaba ni a la mitad de 2018: solo 1 339 t de esos productos.

 

Por surtidos se destaca la famosa pasta de tomate, que en 2018 excedió las 2 000 t y este año apenas rebasa las 500. Mientras, el puré experimentó similares descensos; de unas 1 500 t el pasado año, solo se ha producido alrededor de la mitad de esa cifra.

 

Lo preocupante, a la postre, ya no es la falta de materia prima que padeció la mayor industria tomatera del país, sino la que podría volver a padecer, a pesar de que este año Ciego de Ávila destina 2 600 ha al tomate de industria, unas 1 000 al de consumo y se enfrenta a las mayores extensiones de esa hortaliza en su historia.

 

Ello supone mayores esfuerzos en la siembra, para empezar; sin embargo, las lluvias de la primera quincena de octubre limitaron a los campesinos. Desde Recursos Hidráulicos lo aclaraban a este semanario, “siete de los 10 municipios duplicaron la media acumulada de por vida”, de ahí que los semilleros previstos para esa fecha no pudieran “tirarse” y la siembra, que debe ser escalonada para evitar picos, ya comenzó atrasada.

 

Para el 2020 se espera que esta vuelva a ser la realidad, pero tampoco este año hemos comenzado acertando en los pronósticos

 

No obstante, Pedro Manuel Díaz confiesa que, de haber tenido un clima favorable, tampoco se hubiese podido sembrar lo previsto, porque los inconvenientes en el arribo del combustible al país dejaron a la Agricultura con el 19 por ciento de la designación prevista en el mes de septiembre y “no solo debemos garantizar el tomate”. A favor, señala el especialista, está el hecho de que este año sí cuentan con todo el fertilizante para asegurar los rendimientos pactados (15 t/ha) en espera de las 36 000 t de tomate que deben tributarle a la industria.

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CARTERA 2019 DE OPORTUNIDADES DE LA INVERSIÓN EXTRANJERA.

 

Durante la celebración de la Feria Internacional de la Habana 2019, el ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX) Rodrigo Malmierca Díaz, presentó la nueva Cartera de oportunidades de la Inversión Extranjera.

 

La nueva edición de la Cartera esta disponible en

https://foroinversiones.mincex.gob.cu/assets/pdf/esp.pdf

 

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                                                        LOS NARRADORES DE LA CONTINUIDAD

POR ALINA B. LÓPEZ HERNÁNDEZ

 

No es la primera vez que me refiero a la reacción de medios oficiales cubanos respecto a las personas que asumimos una postura crítica sobre determinadas problemáticas de la situación del país. En el artículo «Antiguas costumbres» aludí a la satanización que se hizo de ellas bajo la etiqueta centrismo durante el año 2017, en un período de relativa distensión política bajo el gobierno de Barack Obama.

 

Argumenté entonces que esa reacción emergía prohijada por el sectarismo de matriz estalinista que portó el Partido Comunista desde su surgimiento. Dicha posición sectaria, como afirmara Fernando Martínez Heredia, «garantiza contra toda contaminación, a costa de hacer estéril la política propia, y trae consigo un pensamiento que solo admite unas pocas certezas establecidas previamente y una necesidad permanente de excluir, junto a los enemigos reales, a los “enemigos”, “renegados”, “desviados”, “embozados”».

 

Durante el debate del proyecto de Constitución, y ante la visibilidad que este tuvo en medios digitales, salieron a relucir otras etiquetas difamadoras. Esta vez éramos nuevos revolucionarios para algunos o enemigos del pueblo para otros. Escribí en aquel momento el artículo «Los otros», en el que expresaba:

 

“Acostumbrados a la pugna contra un enemigo histórico, los representantes de la ideología oficial no han sido capaces de reaccionar a la emergencia de un pensamiento crítico que, desde su propio terreno, reclama como propio un marxismo verdaderamente dialéctico, demanda un socialismo efectivamente participativo y percibe a la burocracia como un peligro más terrible que el bloqueo de EE.UU. “

 

Es ostensible el furor que muestran los hasta hace poco únicos dueños del discurso de la nación. Perciben que su propio análisis, el que utilizaran siempre para examinar de manera crítica los problemas de otros países, también es útil para enjuiciar la realidad insular. A veces no distingo si tanta molestia es síntoma de prepotencia o de agotamiento, pues como bien aseveró Sun Tzu en El arte de la guerra, al referirse a los enviados de un jefe militar: “Si sus emisarios muestran irritación, significa que están cansados”.

 

Como parte de la usual estrategia descalificadora, se puede ubicar también el artículo «“Progresismo” en Cuba y memorias del subdesarrollo», de Karima Oliva y Vibani B. Jiménez, que hace pocos días fuera publicado por la revista Cuba Socialista. No serán miembros del PCC, como afirmaron en una entrevista a Iroel Sánchez, incluso ambos viven en México y él es natural de aquel país; pero la revista que los acoge es la publicación teórica reconocida del único Partido que existe en Cuba, de ahí que la considere un medio oficial.

 

En su texto, ellos engloban bajo el término progresismo a cualquier perspectiva que se aparte de lo que denominan «el ejercicio libre del pensamiento crítico desde la revolución».  Dan así la espalda a una realidad que es incómoda y que describí en la ponencia «Los intelectuales y sus retos en la época actual»:

 

“La intelectualidad insular estuvo polarizada por mucho tiempo de manera simplista entre los que se oponían a la revolución socialista y los que la defendían incondicionalmente. Tal escenario se ha modificado, y entre esos polos extremos se extienden hoy múltiples corrientes de pensamiento que coinciden en la crítica al modelo socialista burocrático, sin que renuncien a un gobierno de esa tendencia.”

 

Oliva y Jiménez han tomado esas múltiples corrientes para fundirlas en una. Psicólogos de formación, intentan instaurar una especie de modelo único de conciencia política. Algo similar hizo la antropología psicológica cuando afirmaba que existían modelos culturales en base a la personalidad de las culturas, y que cada pueblo tenía un espíritu específico.

 

Pero esto es otra cosa. A los referidos autores les bastó una palabra, progresismo, para homogenizar a todos los enemigos: reales, potenciales o hipotéticos; amantes de la economía de mercado o del socialismo libertario; anarquistas, socialdemócratas, socialistas, anticomunistas…

Unidad es la palabra de orden, o mejor, enemigos de todas las tendencias: uníos. Partido único vs modelo único de pensamiento adverso. Muy simplificador, muy cómodo, muy oportunista. Y sobre todo muy esclarecedor de la actitud del Partido Comunista hacia la crítica. Ciertamente que son continuidad.

 

La etiqueta, además, es confusa, pues bajo el mismo concepto se refieren los analistas políticos —algunos internos—, a ciertos gobiernos de la región bien vistos por el gobierno cubano, como los de México y el electo en Argentina.

 

Pedro Monreal se refirió atinadamente al error de método en que incurren Oliva y Jiménez al no aportar evidencia alguna que sostenga su clasificación del progresismo como una corriente de pensamiento. Por ello no es un ensayo y sí un artículo de opinión lo que leemos bajo su firma. Un ensayo requiere contrastación de tesis y aquí, sin haber analizado un nombre, un texto, un enfoque, una fuente; no es posible aceptar, siquiera entender, el punto de vista que ofrecen los articulistas.

 

Interrogada por Iroel Sánchez sobre por qué se abstuvieron de hacer esas referencias, la respuesta de Karima Oliva nos deja más confundidos aún:

 

“No nos referimos a ninguna persona o medio en específico porque lo significativo que vemos en ellos es precisamente el formar parte de lo que identificamos como una corriente de pensamiento con determinadas características dentro de cierto sector. Fue en la caracterización de esta corriente donde quisimos poner la mirada. No considero serio personalizar un análisis que precisamente adquiere interés para nosotros en la medida en que se va convirtiendo en análisis de una tendencia y no de la obra de algún intelectual en específico… “

 

Vieron el bosque pero no los árboles. Y es obvio que no les interesaba hacerlo. Después de valorar a los progresistas como elitistas, acaban por confesarse igual de sectarios y parcializados. Vibani Jiménez afirma:

 

«En realidad el texto no está dedicado a los actores mediáticos que se asumen dentro del progresismo, presentándose constantemente como lo que no son. Va dirigido sobre todo a quienes identificamos como compañeros de una lucha común por el socialismo, incluso más allá de las fronteras, para servir al diálogo honesto y la reflexión seria». En fin, el texto es sobre el progresismo pero no está dedicado a los progresistas, sino a sus detractores.

 

Faltan argumentos, eso es indudable, como también lo es que a los autores les sobra presunción. En la mencionada entrevista, Karima Oliva argumenta algo que rompe con cualquier tratado de lógica:

 

«Rápidamente algunos se sintieron aludidos y reaccionaron de forma defensiva ante el texto. Esto, a nuestro entender, pone en evidencia que la tendencia que estamos describiendo existe. Interpretamos la magnitud de su incomodidad con el grado de certeza que tuvimos en describir el fenómeno».

 

Si tomáramos ese juicio para invertirlo, sería muy relevante el grado de incomodidad de la esfera ideo-política del Partido Comunista y sus diversas dependencias respecto a los críticos de cualquier tendencia, que tendríamos, según el curioso razonamiento de Oliva, toda la certeza en nuestros puntos de vista.

 

Tres acápites dividen al artículo. Los dos primeros —«Intelectualismo “progresista” y sus referentes», y “Progresismo”, influencers cubanos y capital intelectual redituable»—  son extensos y pueden despertar el mayor interés, pues es en ellos que se fundamenta la existencia de la fantasmal corriente única. Sin embargo, el tercero: «Pensamiento crítico y socialismo en Cuba», apenas de tres cuartillas, es dónde se logra deducir la intención real del texto.

 

Leamos con detenimiento estas tres citas de las que he enfatizado algunas frases:

 

«En este sentido, es claro el planteamiento del gobierno revolucionario sobre el hecho de que en Cuba sólo puede haber lugar para la continuidad y profundización del socialismo en un proceso de carácter irreversible».

«Es desde la continuidad como se puede profundizar la democracia socialista…».

«Y es precisamente también el ejercicio libre del pensamiento crítico desde la revolución, el que permite reivindicar el socialismo cubano…».

 

El disfraz utilitario que intenta hacer pasar al gobierno por la revolución, una vez rasgado, nos permite calar bien que este artículo, con apariencias de novedad, es exactamente más de lo mismo. El mensaje es claro: solo los gobernantes y sus ideólogos oficiales saben discernir entre el bien y el mal, solo ellos pueden actuar como guardianes de la doctrina.

 

El embuste de que la corriente del progresismo, en cohesión unánime, apela a valores propios de la democracia burguesa; intenta ocultar la lucha de muchos intelectuales y ciudadanos porque se cumplan la democracia y el estado socialista de derecho que fueron aprobados en la propia constitución cubana.

 

La libertad de pensamiento, de expresión, de manifestación, de movimiento; la no discriminación por motivos ideológicos, y, no menos importante, la conversión de la propiedad estatalizada en propiedad realmente social con la consiguiente transparencia de la gestión pública, son motivo de tensiones constantes en este país. No son mitos de la democracia burguesa, son deudas pendientes del socialismo burocratizado que tenemos.

 

Buscando una narrativa común al progresismo, Oliva y Jiménez se convirtieron en los narradores de la continuidad. A mí, en lo personal, me ofende menos la etiqueta de progresista que la de continuista. El continuismo siempre es conservador. Los progresistas tenemos mejores oportunidades.

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ENCUENTRO CIENTÍFICO INTERNACIONAL

DESAFÍOS EN LA ESCRITURA DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS. REDACCIÓN-DOCENCIA-PUBLICACIÓN

 

Organizadores: MSc. Anette Jiménez Marata (ICIC Juan Marinello, Cuba), Dr. Pedro Alexander Cubas Hernández (UFMT, Brasil)

Fecha propuesta: 14, 15 y 16 de enero de 2020

Lugar: sede del Instituto Juan Marinello. Boyeros no. 63 e/ Bruzón y Lugareño. Plaza

Instituciones implicadas: ICIC Juan Marinello, Universidade Federal de Mato Grosso (UFMT)

 

Escribir es, sin dudas, un arte. No obstante, las experiencias aportadas cada día por la literatura permiten que pensemos cómo la obra escrita es también el resultado de un oficio y un entrenamiento de las estrategias de escritura. Leer poemas, cuentos, novelas, diarios de viaje, epistolarios y ensayos genera un placer estético y un deleite en el sujeto lector. En este contexto de producción textual observamos que, en sentido general, las obras de ciencias sociales y humanas – a pesar de sus avances y excepciones – aún carecen de la simpatía y el goce que despierta, en los destinatarios, la denominada literatura artística-literaria. En este sentido, a menudo las ciencias sociales rompen su vínculo con las bellas letras, y entonces, cabe preguntar ¿por qué es tan difícil escribir en las ciencias sociales y humanas?

 

Todos los interesados deben enviar los datos que se piden al final de la convocatoria HASTA EL DÍA 10 DE DICIEMBRE DE 2019, con asunto INSCRIPCIÓN ENCUENTRO CIENTÍFICO INTERNACIONAL, a las siguientes direcciones electrónicas: relacionespublicasicic@gmail.com; auladeletra2015@gmail.com (A AMBAS OBLIGATORIAMENTE EN EL MISMO MENSAJE)

 

Hasta el 20 de diciembre de 2019 se comunicarán por vía electrónica los participantes aprobados para el evento. La Comisión Organizadora realizará selección de participantes en caso de ser necesario.

 

DATOS DE LOS SOLICITANTES:

Nombre y apellidos completos:

Correo electrónico:

Centro de trabajo o institución a la que pertenecen:

Ocupación:

 

María V. Prado Ramírez

Relaciones Públicas

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                         INGRESOS EN CUBA: ¿BRECHA ENTRE HOMBRES Y MUJERES? (PRIMERA PARTE)

POR ILEANA DÍAZ, DRA. EN ECONOMÍA, Y DAYMA ECHEVARRÍA, DRA. EN SOCIOLOGÍA.

http://mujeres.redsemlac-cuba.net/ingresos-en-cuba-brecha-entre-hombres-y-mujeres-primera-parte/

 

Los incrementos salariales del sector estatal presupuestado de julio último han traído de vuelta varios debates sobre el tema salarial. En este trabajo se aborda una de sus aristas ¿existen diferencias salariales en Cuba entre mujeres y hombres? De ser así ¿se comporta de la misma forma en el sector estatal que en el no estatal? Y, en definitiva, ¿cuáles son sus causas?, ¿qué consecuencias tiene para la equidad que promueve el proyecto cubano?

 

Sobre estos temas se hablará en esta y una segunda entrega. Ofrecemos reflexiones basadas en el análisis de las estadísticas públicas y resultados de investigaciones sistematizados por las autoras, así como casos de estudio que permiten observar la forma en que se desarrollan estos procesos a nivel micro.

 

En Cuba resulta difícil conocer los ingresos personales, no solo por la dificultad metodológica para obtenerlos, sino también porque no son públicos los resultados de las encuestas de hogares y de ocupación que los recogen. El salario medio nominal mensual resulta el indicador más aproximado a los ingresos, aunque su peso dentro de esta variable ha venido disminuyendo paulatinamente.

 

Tanto en la Constitución de la República aprobada en abril de 2019, como en el Código del Trabajo, aprobado en 2014, se establece que a igual trabajo, igual salario. Sin embargo, se mantiene una brecha de género en los ingresos que en 2014 rondaba el seis por ciento. Esta brecha se relaciona, principalmente, con la segregación ocupacional, vertical y horizontal, así como con la división sexual del trabajo, que asigna las funciones de cuidado a las mujeres: ellas son las que se ausentan más al trabajo por esta razón, con la pérdida de horas laborales y sus implicaciones en términos de salarios.

 

Esta brecha se encuentra atravesada, a su vez, por dos ejes estructurales que le confieren especificidades a su manifestación: el tipo de actividad económica y el tipo de propiedad y gestión, como se comentará más adelante.

 

Según tipo de actividad económica, en 2018 el salario nominal medio mensual era de 777 CUP y las actividades económicas de mayores salarios promedio en el país fueron: construcción (1539CUP); explotación de minas y canteras (1423CUP); intermediación financiera (1119 CUP), industria azucarera (990CUP); ciencia e innovación tecnológica (981CUP); pesca (958CUP); agricultura y ganadería (921CUP): todas ramas con salarios medios por encima de los 900 pesos cubanos y, como tendencia, de mayoría masculina, con excepción de intermediación financiera.

 

El sector que mayor salario medio nominal mensual recibió en 2018, el de construcción, recibe tres veces lo que percibe el de menor salario medio mensual: cultura y deporte (503CUP). Se puede afirmar, entonces, que parte de las diferencias salariales dependen del sector de actividad económica al que se inserte una persona, aunque, como tendencia, los hombres se ocupan principalmente en aquellos sectores de mayores salarios.

 

Por forma de propiedad y gestión, se observa también una brecha salarial entre el sector estatal y el no estatal. La Tabla 1 muestra la distribución de personas ocupadas por sexo y tipo de propiedad.

 

Tabla 1. Personas ocupadas por sexo según tipo de propiedad y gestión (2017) en miles.

Fuente: Cálculos realizados por las autoras a partir de ONEI, 2018.

 

Para determinar las personas ocupadas del sector estatal empresarial y presupuestado, se tomó declaración de la Ministra del Trabajo Margarita González Fernández citada por (Figueredo, Fuentes, & Pérez, 2019). Para determinar la proporción de mujeres ocupadas en cada uno se calculó que las mujeres representaron en 2017 alrededor del 57,1 por ciento de las personas ocupadas en el sector presupuestado y el 38 por ciento del sector empresarial.

 

El sector estatal está compuesto por el sector empresarial y el sector presupuestado, y ocupa a poco más de tres millones de personas (Figueredo, Fuentes, & Pérez, 2019). La estructura de los salarios está determinada centralmente y su tendencia al igualitarismo impide la diferenciación según el trabajo aportado. Se debe señalar que los salarios son más bajos y homogéneos en el sector presupuestado, con casi 1,5 millones de trabajadores (48% del total del sector), con un salario medio de 634 pesos al cierre de 2018.

 

En el sector empresarial

Se emplea el 52 por ciento de los ocupados del sector estatal, de ellos, 37,7 por ciento son mujeres.

El salario medio ascendía a 871 pesos en 2018.

No obstante, de los casi 1,6 millones de empleados pertenecientes a este sector, 59 por ciento (946 000 trabajadores) recibía salarios por debajo de la media nacional.

El 14 por ciento (198.000) recibían salarios menores o iguales 440 pesos.

 

El sector presupuestado:

Representa al 48 por ciento de los ocupados del sector estatal

De ellos aproximadamente 57,2 por ciento son mujeres, por lo que serán mayormente beneficiarias del incremento de salario para este sector anunciado en julio de 2019 y que se constata en la Resolución 25/ 2019 del MTSS(MINJUS, 2019).

 

Notas:

[1]En la literatura revisada se reconoce el sesgo potencial en la declaración de ingresos, ya sea porque las personas pueden sentir temor a declarar ingresos no legales, hacer resistencia a declarar ingresos reales o por la inestabilidad de estos. (Salvedra, Nolan, & Smeeding, 2009) (Rosales, 2008)

 

[2] José Luis Rodríguez, ex ministro de Economía, señaló en 2015 que los salarios representaban 56 por ciento de los ingresos familiares en los años noventa, mientras que en 2016 se redujeron hasta 46 por ciento. (Rodriguez, Cubadebate, 2016)

 

[3]Los sectores en los cuales esta brecha era más aguda eran el sector de la industria azucarera (39 %), seguido por otras actividades de servicios (27 %), así como agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (21 %).

 

[4]La segregación ocupacional vertical hace referencia a la distribución de las mujeres, en un mismo sector, en actividades de apoyo, y los hombres en las actividades de mayor jerarquía y reconocimiento. La segregación ocupacional horizontal hace referencia a la distribución de las mujeres en sectores “típicos” femeninos, asociados al cuidado de la vida y los servicios. Como tendencia, en aquellos sectores y ocupaciones donde predominan las mujeres, las remuneraciones son de menor cuantía.

 

[5]Un análisis por sexo de la ocupación en los sectores de actividad económica que integraban el sector presupuestado en 2017 avala esta afirmación. El porcentaje de mujeres entre los ocupados en las actividades económicas que integran el sector presupuestado se estructuraba como sigue: administración pública, defensa, seguridad social: 39,3 por ciento; educación: 67,4 por ciento; salud y asistencia social: 69,6 por ciento; servicios comunales, sociales y personales: 37,5 por ciento. En relación con las cuatro agrupaciones/agregados, las mujeres constituyen 57,1 por ciento de los ocupados.

 

[6]Además, en este paquete de medidas se incluyen incrementos en el monto de las pensiones por edad y por muerte, inferiores a 500 pesos, así como un incremento del salario mínimo hasta 400 pesos, casi el doble del salario mínimo establecido desde 2005, que ascendía a 225 pesos.

 

Trabajos citados

 

Figueredo, O., Fuentes, T., & Pérez, I. (20 de abril de 2019). Empleo, salario y pensiones en la mira del congreso sindical cubano. Recuperado el 5 de julio de 2019, de Cubadebate: http://www.cubadebate.cu

MINJUS. (2019). Gaceta Oficial Extraordinaria No. 13. La Habana: MINJUS.

Muñiz, C. (2016). Desigualdad salarial entre hombres y mujeres. Un primer acercamiento a la situación cubana. tesis presentada para obtener el título de Licenciada en Economía, Fac. ecinomía, Universidad de La Habana. La Habana: Universidad de La Habana.

 

Rodriguez, J. L. (23 de diciembre de 2005). Se ha iniciado una nueva etapa de la Revolución. Informe sobre los resultados económicos y sociales para 2006, ante ANPP. Granma.

Rodriguez, J. L. (14 de abril de 2016). Cubadebate. Recuperado el 10 de diciembre de 2016, de Los Lineamientos para la Política Económica y Social y su evolución 2011-2016 Cubadebate/ Economía/Opinión-: http://www.cubadebate.cu

Rosales, S. (2008). Determinantes de los Ingresos Monetarios de los hogares en Cuba. Un estudio econométrico. Tesis de Maestría en Economía. La Habana: INIE-Facultad de Economía Universidad de La Habana.

Salvedra, W., Nolan, B., & Smeeding, T. (2009). The Oxford Handbook of Economic Inequality (Primera ed.). London: Oxford University Press.

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                             LA DISCAPACIDAD EN LA TELEVISIÓN: LA EXCLUSIÓN ES UNA FORMA DE VIOLENCIA

POR MSC. ARACELY RODRÍGUEZ MALAGÓN [28-10-2019]

http://www.redsemlac-cuba.net/violencia/la-discapacidad-en-la-televisi%C3%B3n-la-exclusi%C3%B3n-es-una-forma-de-violencia.html

 

Existen determinadas conductas que portan contenidos muy discriminatorios, pero a menudo se esconden bajo “cortinas inofensivas” y, por ello, quedan fueran del radar de la norma jurídica que suele sancionar estos actos. Generalmente, pasa también que estas “discriminaciones” han sido naturalizadas en la sociedad y son pasadas por alto. Es evidente que no basta un texto constitucional, ni nuevas legislaciones para lograr la inclusión real de todas las personas.

 

Y aunque estas conductas ocurren en todos los espacios sociales, los medios de comunicación suelen ser un escenario frecuente y la televisión, en particular, se lleva “el gran premio”.

 

¿Están hoy los medios de comunicación -y específicamente la TV cubana- preparados para asumir la inclusión de las personas con discapacidades? ¿Está la teleaudiencia lista para asimilar que comunicadores/es, locutores/as, actores y actrices, comentaristas, deportistas, tengan algún tipo de discapacidad?¿Se cumplen realmente –desde lo subjetivo y lo objetivo- los principios de igualdad e inclusión que están recogidos en la legislación cubana? ¿No son acaso la discriminación, la exclusión, formas de violencia?

 

Al margen de los estudios cualitativos que se han realizado sobre la temática, esta situación se puede ilustrar con ejemplos concretos. En los últimos años ha existido un auge de programas competitivos de gran factura, que son muy aceptados por la teleaudiencia, tanto infantiles como de adultos, en los que coincidentemente no aparecen personas con ningún tipo de discapacidad, ni siquiera en las preselecciones por provincias.

 

Resulta difícil creer que a estas convocatorias solo se presenten personas de las que la sociedad considera, estereotipadamente,“normales”. Llamo la atención, porque se trata de actos discriminatorios que quedan impunes y se están repitiendo constantemente.

 

Hay que tener cuidado, sin querer exagerar, con esas violencias que se esconden tras criterios homogéneos de selección en los programas de participación. Un criterio de selección para un concurso que tiene nivel nacional debe ser inclusivo. ¿Cómo es posible que en todo el país no existan personas discapacitadas con capacidad para bailar, cantar o tocar cualquier instrumento musical? Excluirlas hace que el concurso deje de tener ese primer principio, que es la igualdad. Pero quizás ocurre que desde lo visual -o lo comercial- no es factible tener ciertos concursantes, con determinadas características. Lo diferente no vende.

 

En nuestra sociedad la balanza de la inclusión tiene que prevalecer por encima de los cánones mercantiles que sustentan estos programas. La exclusión genera violencias. Y el papel de los medios de comunicación es crucial en la formación y aceptación de los individuos con discapacidad.

 

Pero el problema viene de más lejos y no solo se manifiesta en los programas competitivos. Hay que partir de la realidad de que las escuelas de arte no son inclusivas y no seleccionan a personas con determinadas limitaciones físicas, aun teniendo las “aptitudes” para ingresar en ellas.

 

Es inconcebible que en una televisión con seis canales no exista ni siquiera un programa con un sujeto con discapacidad, excepto aquellos que están destinados específicamente para esos públicos.

 

No creo que ocurra por falta de capacidad de escritores, productores, directores, asesores, o de aquellas personas que son responsables de lograr guiones donde estén presentes personas diversas, con todas las diferencias, incluidas otras como las de género, raza o clase. Se trata de ofrecerles la oportunidad de participar o actuar con su discapacidad, mostrando lo valiosas que pueden ser a pesar de su discapacidad o sus diferencias.

 

Es difícil luchar contra los estereotipos y hablar de aceptación de otras personas cuando, en la mayoría de las ocasiones, tenemos del discapacitado o discapacitada una imagen victimizada, asociada a la inutilidad y la incapacidad.

 

Un ejemplo reciente de lo que se puede hacer fue la transmisión de forma directa de los juegos para-panamericanos de Lima, lo cual fue, sin duda alguna, un reto para la TV; pero era una vieja deuda que hacía mucho pesaba en las transmisiones deportivas. La transmisión se acogió con gran beneplácito, aunque no con la gran audiencia que merecía.

 

Desde mi perspectiva, hay muchos factores que influyeron en esta situación. Primero, la poco cultura que tiene la sociedad de ver deportes practicados por personas con discapacidades, pues habitualmente solo se trasmiten de forma diferida cuando hay campeonatos para-olímpicos o para-panamericanos, y donde se priorizan las competencias donde participa Cuba (y aquellas medallas que, por demás, son esperadas).

 

El deporte para personas discapacitadas tiene muchas complejidades que son difíciles de entender, por las múltiples categorías que existen según la discapacidad. Entonces, si no se hacen trasmisiones frecuentes que vayan ofreciendo una cultura sobre sus características específicas, al espectador, por mucho que le guste el deporte, no le resulta fácil entender lo que ocurre en el mismo momento de la competencia y eso le resta un valor al esfuerzo realizado por transmitirlo. A eso se le suma que nuestra sociedad no está preparada, desde lo visual, para recibir imágenes de personas discapacitadas, fuera de los anuncios publicitarios que llaman a respetar, ayudar e incluir a estas personas.

 

Durante los días de Lima 2019 escuché a personas comentar que no veían las transmisiones porque “no tenían corazón para hacerlo”. Me pregunto qué corazón hay que tener para ver a una persona que solo es diferente, practicando un deporte, esforzándose, obteniendo triunfos. Y es que justo esos criterios responden al comportamiento de lástima y subvaloración que existe hacia las personas discapacitadas.

 

El lenguaje discriminatorio muchas veces utilizado por comentaristas deportivos también marca la diferencia: si describes de maneras diferentes la competencia para discapacitados y el deporte más convencional, estas naturalizando la subvaloración desde la comunicación. Igual se desvaloriza cuando, desde los comentarios, se está reiterando constantemente que lo importante no es ganar, sino el esfuerzo realizado. O cuando, desde antes de empezar la competencia, ya se anuncia que por determinada discapacidad un deportista no debe ganar. Eso es discriminatorio y es una manera de maltratar a personas que realizan un esfuerzo fuera de lo común.

 

En mi opinión, entre las consecuencias de la ausencia de personas con discapacidad en los programas competitivos de la TV, o de la baja teleaudiencia de las trasmisiones deportivas paralímpicas o para panamericanas, se encuentra nuestro sistema educativo, que muchas veces no profundiza en la creación de una conciencia social de respeto hacia la discapacidad. Quizás porque desde las escuelas, o desde los hogares, no se inculca el respeto hacia quien es diferente. En muchas ocasiones, cuando padres y madres requieren a un menor porque manifiesta curiosidad sobre alguna persona discapacitada, la reacción generalmente es de reprenderlo verbal o físicamente, en lugar de darles la explicación del porqué esa persona es distinta. Ese es el momento de sembrar la semilla de la conciencia de respeto; obviar la pregunta trae como consecuencia la no asimilación y la exclusión.

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                             A PROPÓSITO DEL LIBRO DE THOMAS COUTROT: PARA UNA POLÍTICA DEL TRABAJO

POR JUAN SEBASTIAN CARBONELL

https://vientosur.info/spip.php?article15276

 

[En el discurso patronal y gubernamental, a menudo, liberar el trabajo, quiere decir liberar el capital de las obligaciones del derecho laboral y favorecer la autorregulación de las empresas. A diferencia de este discurso, Thomas Coutrot sostiene que la liberación del trabajo puede ser un futuro deseable del que la izquierda debería apropiarse. CT]

 

La organización capitalista del trabajo transforma las actividades productivas en un trabajo molesto, es decir, peligroso para los cuerpos y los espíritus. Los testimonios sobre el sufrimiento en el trabajo son legión. De alguna manera, la ola de suicidios en las empresas solo es la expresión más extrema de este fenómeno. Para el autor, no hay nada que esperar del Estado:

 

“La estrategia del Estado emancipador fracasó. En su versión socialdemócrata se hundió en el acompañamiento al neoliberalismo. Su visión leninista engendró una pesadilla peor que el capitalismo”.

 

Mejor aún: para cambiar la sociedad, hay que cambiar el trabajo: “No es suficiente producir más riqueza: es necesario determinar cuál y producirla de otra forma”. Es un criterio inapelable: ninguna corriente del movimiento obrero del siglo XX pensó formas verdaderamente emancipadoras del trabajo y, paradójicamente, es la patronal la que habría obtenido el monopolio del discurso sobre la organización del trabajo.

 

No se producirá el fin del trabajo

 

En la primera parte del libro, Thomas Coutrot traza una retrato de la situación del trabajo y de las personas asalariadas hoy en Francia apoyándose en sus propios trabajos en la Dares 1/ y también en los trabajos más recientes de economía y sociología del trabajo.

 

Lo propio del trabajo es su inventiva: incluso en los contextos obligatorios en los que está prescrita, cuyo ejemplo paradigmático es el trabajo industrial, hay improvisación y creación de reglas autónomas e informales. En esto, el trabajo puede ser una actividad satisfactoria o como dice Marx, desarrollar plenamente las capacidades humanas. Pero las estadísticas de Ministerio de Trabajo citadas por el autor dicen que el trabajo solamente contribuye al bienestar de un tercio de las personas activas en Francia, mientras que contribuye al malestar para la mitad.

 

Además, los accidentes laborales y los problemas de salud -mental o física, contribuyen a que el trabajo se vea como una actividad penosa. Finalmente, la empresa neoliberal habría desplazado, inclinando las reformas gubernamentales a su favor, el eje de las relaciones profesionales desde la sección a la propia empresa, favoreciendo la autoridad de la patronal en las opciones organizativas. Uno de los ejemplos es la introducción de nuevas tecnologías que degradan las condiciones de trabajo y de salud de las personas trabajadoras como sucede con el reconocimiento de voz en los almacenes de logística, bien documentado en los media y en la sociología del trabajo.

 

¿Qué lugar ocupa el trabajo en una economía en la que una de sus tendencias es la automatización del trabajo? En contra de los lugares comunes mediáticos y políticos -desgraciadamente compartidos por una parte de la izquierda 2/ – Thomas Coutrot realiza un cuadro exacto de la extensión y de las consecuencias de la automatización del trabajo. Da un ejemplo esclarecedor: los cajeros automáticos y el desarrollo del comercio en línea hicieron temer la desaparición de miles de empleos; sin embargo, el empleo en el sector del comercio aumentó más del 20%.

 

En realidad, en el plano macroeconómico, “en general, las fases de aceleración de la productividad coinciden con un crecimiento aún más rápido de la producción; por tanto, del crecimiento del empleo”. Sin duda, con ello no quiere decir que algunos oficios no estén en peligro de extinción debido a la automatización de ciertas tareas; simplemente quiere decir que no se producirá el fin del trabajo.

 

Desde la izquierda que se reclama de Marx, el “fragmento sobre las máquinas” de sus Gründrisse, ha alimentado su discurso sobre el fin del trabajo. Recordemos con Thomas Coutrot que se trata de un manuscrito de Marx que no tenía un enfoque demostrativo (al contrario que El Capital), en el que buscaba poner sobre el papel sus propias reflexiones. Michael Heinrich invita con razón a una lectura prudente del “fragmento” e incluso ve este texto como un manuscrito en el que Marx comete varios errores que, finalmente, corregirá en El Capital 3/.

 

Para quienes sostienen el fin del trabajo, Marx defendería en este texto que con el desarrollo de los medios de producción, el tiempo de trabajo ya no sería la medida del valor y que habría una desconexión entre trabajo y riqueza social. Sin embargo, a pesar del desarrollo de los medios de producción, hay una permanencia inmediata del trabajo. El trabajo podrá ser reducido al mínimo en ciertas industrias -como en las industrias manufacturera-, pero siempre está presente de una forma u otra:

 

“Nada se produce sin trabajo humano: incluso en las fábricas más automatizadas, es necesario personal para poner en marcha, supervisar y reparar las máquinas”.

 

En las industrias de producción en serie, el trabajo también está presente en la medida en la que automatización, a menudo, solo redistribuye el trabajo concreto.

 

Se constata también una extraña convergencia entre los discursos de la patronal sobre la innovación tecnológica de las Gafam (acrónimo de Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) y los discursos de algunos marxistas sobre el capitalismo cognitivo y el trabajo digital 4/. Ambos están de acuerdo en decir que estas empresas extraen sus beneficios del trabajo gratuito suministrado por quienes los usan. Sin embargo, el autor recuerda que la mayor parte de los beneficios de grupos como Google o Facebook no provienen del trabajo digital gratuito de quien los usa sino de la renta pagada por las empresas anunciantes.

 

Como lo recuerda Nick Srnicek, la mano de obra gratuita que serían las y los usuarios de las plataformas digitales solo es una fuente, entre muchas otras, de la producción de datos 5/. Además, se pregunta Srnicek, si las interacciones sociales en Internet pueden ser asimiladas a una forma de trabajo, ¿dónde están los encargados? ¿Cómo se mide el tiempo de ese trabajo? ¿Cuáles son las formas de racionalización del proceso de producción?

 

Los debates más o menos metafísicos alrededor del trabajo de las y los usuarios de Internet, paradójicamente, enmascaran el verdadero trabajo detrás de las plataformas: el de los micro-trabajadores y trabajadoras, documentado recientemente por Antonio Casilli, con una remuneración de algunos céntimos por esas micro-tareas, sin embargo, necesarias para el buen funcionamiento de los algoritmos 6/.

 

Estas críticas dirigidas a quienes sostienen el fin del trabajo, sean de izquierdas o de derechas, son beneficiosas. No obstante, no compartimos sus palabras cuando afirma que algunas plataformas podrían desempeñar un “papel social y ecológico útil” como AirBnb o BlaBlaCar.

 

Por una parte, favorecen la extensión de la mercantilización de algunos aspectos de la vida cotidiana como compartir trayectos de viaje o la vivienda y más recientemente, “experiencias” como una velada compartida entre amistades o rituales religiosos indígenas. Por otra parte, lejos de estar en una posición de compartir, quienes vendes estos servicios a través de plataformas buscan encontrar una fuente de ingresos para paliar los bajos salarios 7/. En resumen, las plataformas pueden tener efectos nefastos, como es el caso de AirBnb que contribuye a vaciar los centros de las ciudades de sus habitantes 8/.

 

Los errores de la izquierda sobre el trabajo

 

Dos corrientes de la izquierda se reparten el discurso sobre el trabajo: una corriente productivista y partidaria de la organización científica del trabajo y una corriente cooperativista-autogestionaria preocupada por la democracia en el trabajo.

 

Para Thomas Coutrot, esta división remite a la tensión presente en Marx entre un enfoque emancipador y un enfoque crítico con el trabajo. Para el primer Marx, libre de la división del trabajo, el trabajo permitía el desarrollo de las facultades humanas, mientras para el segundo Marx, el trabajo sería lo que caracteriza al dominio de la necesidad, lo que hace de la lucha por la reducción del tiempo de trabajo el corazón de la lucha de los trabajadores y trabajadoras. Es especialmente este último Marx el que ha sido leído por la izquierda del siglo XX.

 

Robert Linhart mostró cómo la joven Rusia soviética abrazó el taylorismo, visto como una forma de sacar el país del marasmo económico y un medio para recuperar el “atraso” económico del país 9/. En Europa del Oeste, el movimiento comunista se alinea con Moscú y defiende que la organización científica del trabajo (OCT) es un sistema aprovechable para el movimiento obrero porque iguala las condiciones de trabajo:

 

“La abolición de la libertad en el trabajo anuncia el triunfo de la libertad en la sociedad…”

 

Ni la izquierda productivista, ni la izquierda autogestionaria se plantearon seriamente la cuestión de la organización del trabajo, de su contenido y de la democracia en la producción. Sin embargo, Thomas Coutrot recuerda que algunas corrientes de la patronal quisieron repensar la organización del trabajo de modo diferente a los principios tayloristas 10/.

 

La escuela de recursos humanos es uno de sus principales ejemplos. Las experiencias llevadas a cabo por Elton Mayo muestran que prestar atención al personal trabajador hace aumentar la productividad. Igualmente, el psicólogo Kurt Lewin demuestra que cuando la plantilla decide las modalidades de organizar la producción, estas decisiones pueden ser mejores que las de la dirección. Más recientemente, el discurso sobre la “empresa liberada” quiso erigirse como una alternativa al leanmanagement (Gestión de proyectos sin pérdidas. NdT) y a sus nefastas consecuencias sobre las personas asalariadas.

 

Reducción de las prerrogativas de la dirección, más autonomía en el entorno del trabajo y más responsabilidades para las personas asalariadas son algunas de las características de estas “empresas liberadas”. Sin embargo, la palabra de las personas asalariadas solo se “libera” en la medida que converja con los intereses del accionariado. En realidad, la mayoría de los modelos alternativos de la empresa chocan con el poder accionarial. En los diferentes ejemplos estudiados por el autor, “la asimetría entre capital y trabajo se mantiene”. Sin embargo, estos diferentes modelos de gestión representan para Coutrot “un avance no insignificante” para pensar en la organización del trabajo.

 

Qué política para el trabajo?

 

En la última parte del libro, Thomas Coutrot propone una política del trabajo. El movimiento obrero (partidos y sindicatos) habrían prestado poca atención a la cuestión del contenido del trabajo mismo. Habría sido incapaz de pensar un trabajo que no sea el “trabajo fraccionado”, centrándose, sobre todo, en el precio de la subordinación salarial y –en el momento de mayor poder– en el tiempo de trabajo. ¿Cómo se explica esto?

 

Para el autor, las razones de la incapacidad de la izquierda para pensar otra forma de trabajo son, más que nada, teóricas. Apoyándose en la relectura de Marx de Moishe Postone, dice que la izquierda se habría quedado prisionera de una concepción del trabajo y del capitalismo en la que los dos están imbricados: el trabajo depende del crecimiento del capital y la clase trabajadora depende del capitalismo para sobrevivir. El trabajo, en lugar de estar en la raíz de la superación del capitalismo, es uno de sus principales engranajes. Además, volviéndose abstracto, el trabajo domina al personal trabajador de manera impersonal y objetiva.

 

Thomas Coutrot se une a una larga tradición de trabajos sobre la “crítica del trabajo” 11/, para las que el movimiento obrero, incluyendo las corrientes revolucionarias, son prisioneros de la abstracción del trabajo. Los “estados obreros” del siglo XX, aunque ya no son economías capitalistas, no habrían abolido la abstracción del trabajo. Al contrario, la habrían impulsado más lejos.

 

La democracia política y la democracia económica (es decir, la democracia en los centros de trabajo) parecen opuestas en el discurso dominante. La primera se pararía en la puerta de las empresas en nombre de la eficacia económica. Sin embargo, el autor recuerda que no solamente la información circula más libremente en una organización horizontal, sino que cuanto más igualitaria es una organización, más eficiente resulta.

 

Además, el autoritarismo de la esfera económica se difundiría en la esfera pública. Cuanto menos autonomía tiene la gente asalariada, menos participa en la vida pública de su comunidad. Algunos trabajos han comenzado a mencionar el posible vínculo entre el ascenso de la extrema derecha y las transformaciones del trabajo 12/. Thomas Coutrot va en la misma dirección comparando el voto para el Rassemblement national y la autonomía del trabajo en los ayuntamientos que más votaron a Marine Le Pen. Más que cualquier “inseguridad cultural”, sería la inseguridad económica y las condiciones de trabajo degradadas del sector asalariado popular las que favorecen la abstención y el ascenso de la extrema derecha.

 

Sin embargo, las propuestas del autor suscitan prudencia en varios puntos. En varias ocasiones, destaca el hecho de que las organizaciones horizontales son más eficaces económicamente. Sin embargo, la búsqueda de esta eficacia económica solo puede ser justificada en el marco de la competencia entre empresas. ¿Precisamente, una verdadera crítica al trabajo abstracto no tendría que defender más bien la búsqueda de otras finalidades?

 

Si es necesario defender los efectos cualitativos del trabajo en el mundo social y no en una empresa guiada exclusivamente por la búsqueda de beneficios, esto únicamente puede entrar en contradicción con la existencia del accionariado y la propiedad de la empresa. De la misma forma, Thomas Coutrot no dice nada sobre la forma en que estos islotes de organizaciones horizontales pueden y podrán sobrevivir en un océano de trabajo abstracto.

 

En lugar de democratizar el trabajo democratizando la sociedad, de entrada, sería necesario intentar democratizar el trabajo -transformando las fábricas en laboratorios de participación democrática- para democratizar la sociedad. Sin embargo, las propuestas del autor parecen claramente insuficientes para poder establecer una verdadera política del trabajo. Para él, sería necesario que el comité de empresa (convertidos hoy en comité social y económico) disponga de derecho a veto sobre las decisiones de la empresa o que negocie con el accionariado una “acuerdo permanente sobre los objetivos fundamentales de la empresa”.

 

Sin embargo, cabe recordar que la historia de la representación de la parte asalariada en la empresa muestra que nunca hubo un verdadero modelo de “control obrero” en Francia; aparte de raras excepciones (como los delegados obreros en la seguridad de las minas a finales del siglo XIX), la patronal 13/ veía con muy malos ojos cualquier cuestión planteada por el sector obrero sobre la organización del trabajo. El propio autor dice que “(las instituciones) del capitalismo tienen como característica fundamental encerrar el trabajo vivo en el puño de hierro del trabajo abstracto”. La gobernanza democrática de la empresa que menciona el autor parece incompatible con la existencia misma de patronales y accionariados.

 

Democratizar la sociedad democratizando el trabajo no puede limitarse a reducir el tiempo de trabajo. También hay que cambiar “la forma cómo el tiempo transcurre en el trabajo”, como dice Simone Veil citada por Coutrot. Pero el lugar que concede este último al tiempo de trabajo puede causar asombro. A menudo, la organización del tiempo de trabajo no se limita a una simple división entre tiempo en el trabajo y fuera del trabajo, entre un tiempo sometido a la organización científica del trabajo y un tiempo liberado del trabajo. Más bien, las transformaciones del tiempo del trabajo hacen que este debe ser pensado como un marco temporal más amplio que incluya el tiempo fuera del trabajo y otras temporalidades sociales.

 

Para muchas personas asalariadas la jornada de trabajo ya no tiene sentido. Las modificaciones del tiempo de trabajo estos últimos años van hacia la flexibilidad y una disponibilidad temporal mayor, convirtiendo el tiempo fuera del trabajo en un tiempo potencialmente trabajado según las necesidades de las empresas. En este sentido, las reivindicaciones sobre el tiempo de trabajo no se reducen a pedir reducir el tiempo durante el que estás sometido a la autoridad patronal, sino también a pedir que el trabajo no se apropie libremente de los cuerpos y los espíritus.

 

En fin, para Thomas Coutrot, existen resistencias a la abstracción del trabajo; especialmente, el trabajo colaborativo y el care (www.care.com/es). El trabajo colaborativo usado por las comunidades de hackers han producido experimentos interesantes de organización horizontal del trabajo. Algunas experiencias de trabajo colaborativo pueden ser origen de comunes, es decir, de experiencias colectivas a compartir alrededor de reglas más o menos explícitas 14/.

 

En cuanto a la ética del cuidado, desde el punto de vista del autor, esta es una forma de resistencia a la abstracción del trabajo. Llama al reconocimiento y a su democratización. Sin embargo, ¿cómo el cuidado va a poder resistir su puesta en venta en el marco del mercado laboral bajo la forma de nuevos empleos feminizados del sector terciario, y por tanto a su dominación por el trabajo abstracto, sin que eso implique una vuelta del cuidado a la esfera doméstica?

 

El libro de Thomas Coutrot es una aportación importante a los debates sobre el lugar del trabajo en la sociedad. Las reformas gubernamentales de los últimos años van hacia una autorregulación de la empresa, reforzando las prerrogativas de la patronal en la organización del trabajo. Con la idea de democratizar el trabajo, transformando lo lugares de trabajo en laboratorios de democracia, rehabilita una una tradición injustamente olvidada por el movimiento obrero.

 

Además, a contracorriente de las fuerzas políticas que anuncian de forma ritual el fin del trabajo, Coutrot sitúa el trabajo en el centro de la sociedad. Esta centralidad es para él de orden antropológico. “El trabajo está en el origen del vínculo social” porque es la cooperación en el trabajo la que crea ese vínculo. A pesar del malestar que provoca hoy (despidos, paro, enfermedad profesional, etc.), el trabajo sigue creando sociedad. Quizás hay que agarrarse a esta centralidad para convertirla en una palanca hacia la transformación de la sociedad.

 

Notas

1/ Dirección de animación a la investigación, estudios y estadísticas del Ministerio de Trabajo.

2/ Juan Sebastian Carbonell, 2018, “La sociologie implicite du Comité invisible”, L’Homme & la Société, n° 208, p. 249-268.

3Michael Heinrich, 2013, “The ‘Fragment on Machines’ : A Marxian Misconception in the Grundrisse and its Overcoming in Capital”, en Bellofiore Riccardo, Starosta Guido et Thomas Peter D. (dir.), In Marx’s Laboratory. Critical Interpretations of Grundrisse, Leiden, Brill, p. 197-212.

4/ Kylie Jarrett, 2018, “Des salaires pour facebooker” : del feminismo a la cyber-explotación -entrevista con Kylie Jarrett”, Période : URL : http://revueperiode.net/des-salaires-pour-facebooker-du-feminisme-a-la-cyber-exploitation-entretien-avec-kylie-jarrett/

 

5/ Nick Srnicek, 2018, Capitalisme de plateforme. L’hégémonie de l’économie numérique, Lux Éditeur.

 

6/ Antonio A. Casilli, 2019, En attendant les robots. Enquête sur le travail du clic, Éditions du Seuil.

 

7/ Alexandrea J. Ravenelle, 2017, “Sharing economy workers: selling, not sharing”, Cambridge Journal of Regions, Economy and Society, Volume 10, Issue 2, p. 281-295, https://doi.org/10.1093/cjres/rsw043

 

8/ Johanna Dagorn, Matthieu Rouveyre, 2018, “La mixité sociale en prise avec la réalité AirBnb”, Fondation Jean Jaurès.

 

9/ Robert Linhart, 2010[1976], Lénine, les paysans, Taylor, Éditions du Seuil, Paris.

 

10/ El autor recuerda también que no es ningún “altruismo lo que motiva la “humanización” del taylorismo , sino que las huelgas obreras obligan a la patronal a actuar o o porque busca nuevos métodos de aumentar la productividad del trabajo.

 

11/ / Alastair Hemmens, 2019, The Critique of Work in Modern French Thought. From Charles Fourier to Guy Debord, Palgrave Macmillan.

 

12/ /Violaine Girard, 2013, “Au-delà du vote FN. Quels rapports à la politique parmi les classes populaires périurbaines?”, Savoir/Agir, vol. 26, no. 4, p. 23-27.

 

13/ / Jean-Pierre Le Crom, 2003, L’introuvable démocratie salariale : le droit de la représentation du personnel dans l’entreprise, 1890-2002, Paris Syllepse.

 

14/ / Esta teoría aunque seductora está mal ilustrada por el autor. Toma la gestión de la alcaldía de Barcelona por Ada Colau como un ejemplo de defensa de los comunes, gestión criticada por los movimientos sociales a la izquierda de Podemos.

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                                                 MAS ALLÁ DE “EL CAPITAL”, DE MICHAEL LEBOWITZ

POR MARTA HARNECKER

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=20906

 

Ediciones Akal publicará el próximo mes de noviembre la traducción española del libro de Michael Lebowitz- Este libro fue galardonado con el Premio Deutcher al mejor trabajo creador sobre marxismo en lengua anglosajona

 

Ha pasado más de un siglo y medio desde que Marx anunciara la hora final del capitalismo, la hora en que los expropiadores serían expropiados. La revolución socialista en Rusia seguida del advenimiento del socialismo en varios de los países de Europa del Este, más tarde en Asia (China, Corea, Vietnam) y luego en Cuba, sumado al auge de los movimientos de liberación nacional en África, donde se levantaron gobiernos que se integraron al llamado “campo socialista,” eran todos hechos que parecían estarle dando la razón.

 

A finales de ese mismo siglo, sin embargo, la situación se tornó radicalmente diferente. Es derrotado el socialismo en Europa del Este y la URSS, y se reduce drásticamente la tradicional clase obrera industrial en los países de alto desarrollo con el consecuente debilitamiento de los movimientos obreros. El capitalismo demuestra una extraordinaria capacidad de sobreponerse a las diferentes crisis aumentando su dinamismo y su capacidad de imponer a nivel global su modelo económico, político, ideológico y cultural. La situación parece haberse revertido. No es el capitalismo sino más bien el socialismo el que parece haber sucumbido y con él, el marxismo, su teoría inspiradora.

 

Es en ese momento cuando, en medio de un gran escepticismo académico y político, Michael Lebowitz escribe su primera versión de este libro. Reivindicar a Marx era entonces ir en contra de la corriente intelectual claramente dominante.

 

Once años después, en el momento en que el autor da a luz una segunda versión1 de “Más allá de El capital” —una versión notablemente revisada, ampliada y enriquecida— la situación del mundo ha cambiado enormemente. El capitalismo realmente existente en su forma neoliberal ha sido incapaz de resolver los grandes problemas de la humanidad: aumenta desgarradoramente la pobreza; la destrucción de la naturaleza continúa su avance devastador; la prepotencia imperial se impone a costa de miles de vidas inocentes. Crece el repudio en sectores cada vez más amplios de la población mundial. Ha comenzado a revertirse la situación. Pero, como decía Marx y el autor lo recuerda en su libro: los que se oponen al capital pueden ser muy numerosos, pero sólo pueden triunfar “si están unidos por la organización y guiados por el saber.” (Marx (1864: 12)

 

Este libro es una importante contribución a ese saber cuyas piedras angulares colocó Marx al enfocar por primera vez en forma científica el desarrollo de la sociedad y su cambio, y detenerse especialmente en el estudio del modo de producción capitalista.

 

Michael Lebowitz titula su libro “Mas allá de El capital”. Pero ¿qué significa ir más allá de la obra cumbre de Karl Marx?

 

En primer lugar, significa que hay un más acá que se toma como punto de partida. El autor valora muy positivamente el aporte de Marx: no hay otro pensador que haya sido capaz de desentrañar la lógica del capital con el mismo rigor científico. Y al desmistificarla y develarla proporcionó a la clase obrera el instrumento teórico de su liberación.

 

En segundo lugar, significa un ir más allá de los conocimientos, reflexiones y respuestas que podamos encontrar en El capital. A pesar de su alta valoración de la obra cumbre de Marx, el autor la considera una incompleta. Según él no da cuenta del capitalismo como un todo.

 

En tercer lugar, significa que se trata de ir más allá pero desde un más acá, ya que es en el pensamiento de Marx y no fuera de él donde podemos encontrar todos los elementos a partir de los cuales se puede construir una concepción integral del mundo capaz de dar respuesta a nuestros interrogantes.

 

A lo largo de los distintos capítulos del libro, Michael Lebowitz demuestra la contundencia de los análisis que Marx realiza en El capital, explica en qué sentido considera que su estudio es incompleto y pone en práctica un esfuerzo teórico apasionante que demuestra todo el potencial que tiene el pensamiento de Marx para dar respuesta a las inquietudes teóricas contemporáneas.

 

Coincido plenamente con el autor en todo el esfuerzo que éste realiza por construir respuestas originales a temáticas de gran actualidad no abordadas o insuficientemente abordadas en El Capital: durabilidad del capitalismo y pasividad de la clase obrera; derrota del socialismo; desaparición de la clase obrera industrial; incapacidad de dar cuenta de la multiplicidad de luchas democráticas actuales.

 

No coincido, sin embargo, en varias de sus reflexiones metodológicas. Aquí mencionó las que me parecen más relevantes. Michael Lebowitz considera que El Capital es unilateral y yo opino, en cambio, que es más adecuado decir que se trata de un esfuerzo teórico incompleto. Pienso que no se puede criticar a este libro por no abordar como un tema central la lucha de clases.

 

Creo que hay razones para que ésta no ocupe un lugar teórico en El Capital, a pesar de estar omnipresente en toda su obra. El autor resalta correctamente, por otra parte, el tema de la separación de los trabajadores impuesta por el capital como una de las explicaciones de su perduración en el tiempo, pero no destaca suficientemente aquellos aspectos contradictorios que va generando la lógica del capital y que van constituyendo las bases materiales y organizativas de la nueva política económica alternativa (necesidad técnica del trabajo colectivo; socialización de las fuerzas productivas). Por último, hay formulaciones que parecen cuestionar la ruptura epistemológica2 que el propio autor dice encontrar en la obra de Marx.

 

No es posible ni tiene sentido profundizar aquí en estas diferencias. Ninguna de ellas cuestiona el contundente aporte que hace el autor a la reflexión marxista contemporánea, como ha sido reconocido internacionalmente al serle otorgado en 2004 el prestigioso Premio Deutcher a la mejor y más innovadora obra reciente en la tradición marxista. Y, lo que es más importante, los instrumentos conceptuales que otorga a la práctica revolucionaria.

 

A la vez que permite una mejor comprensión de esta práctica, “Mas allá de “El capital” proporciona elementos teóricos para hacerla más eficaz. ¿Cómo comprender la sui generis revolución venezolana sin poner de relieve que los trabajadores, los sectores populares, se transforman a sí mismos a través de su práctica diaria en el trabajo, en la participación a todos los niveles, en la lucha por defender y llevar adelante el proceso revolucionario? ¿Cómo construir una política económica alternativa sin tener en cuenta la necesidad de poner fin a la separación que reina entre los trabajadores, modificar el concepto de jornada laboral y construir un estado que permita que los trabajadores se transformen a sí mismos a través de su práctica?

 

Más que un rescate de Marx, el libro que presentamos es un rescate del marxismo como la teoría que nos permite pasar de la contemplación del mundo a su transformación revolucionaria. No es de extrañar entonces que sean cada vez más los grupos de revolucionarios que en diferentes continentes hayan comenzado a estudiarlo y a tratar de concretar sus enseñanzas en la práctica.

 

Como considero que éste no es un libro de fácil lectura quise contribuir a estimular su estudio realizando una síntesis bastante desarrollada de cada capítulo en el lenguaje más sencillo posible. El lector que no guste de esta especie de introducción pedagógica que a continuación expongo, no tiene más que saltarse las páginas que siguen e introducirse de lleno en la obra de Michael Lebowitz.

i

 

El primer capítulo parte con la pregunta: ¿por qué estudiar a Marx y no a economistas contemporáneos, o hacer nuestro análisis del sistema económico actual? Michael Lebowitz responde: por una parte, la teoría de Marx no se limita sólo al terreno económico, es una teoría de la sociedad en su conjunto, y por otra, no ha habido nunca en la historia un análisis del capitalismo tan “poderoso y revelador” como el del autor de El Capital.

 

Luego expone brevemente el análisis que hace Marx de los aspectos fundamentales del modo de producción capitalista. Cómo se origina, cuál es su lógica fundamental, lo que ocurre en la esfera de la producción y en la esfera de la circulación, para desarrollar finalmente el tema de las barreras y límites de este modo de producción.

 

El capital va desarrollando una forma de producción cada vez más adecuada al logro de su objetivo fundamental: la ganancia, pero este proceso es contradictorio porque al irse desarrollando va generando sus propias barreras y, al mismo tiempo, se las va ingeniando para ir superándolas constantemente. En ese sentido sería un proceso infinito, pero Marx no lo pensó así: sostuvo que el capitalismo crea a sus propios sepultureros. Lo único que puede poner un límite real al capitalismo es la acción en su contra de la clase obrera.

 

ii

El segundo capítulo explica por qué hay que ir más allá de El Capital. A pesar de la innegable contribución de Marx a dilucidar el funcionamiento del capitalismo, Michael Lebowitz considera su libro incompleto porque en él no se encuentran las respuestas a cuestiones como: la durabilidad del capitalismo y la pasividad de su clase obrera; la derrota del socialismo; la desaparición de la clase obrera industrial; la incapacidad de dar cuenta de la multiplicidad de luchas democráticas actuales. Pero una cosa es “El Capital” y otra el pensamiento de Marx en su totalidad. Michael Lebowitz considera que éste contiene en sí mismo todos los elementos necesarios para construir una concepción total e integral del mundo y responder a las cuestiones recién planteadas.

 

Sin duda que muchas cosas han cambiado desde que Marx escribió El Capital, pero lo que no ha cambiado es la naturaleza esencial del capital. En dicho libro encontramos una comprensión no superada de su dinámica, aquella que constantemente revoluciona el proceso de producción, que destruye las barreras que impiden el desarrollo de las fuerzas productivas, que obliga a las naciones a adoptar formas capitalistas de producción.

 

Quién, por otra parte, puede negar el carácter contradictorio de la reproducción capitalista que, por una parte, tiende hacia el desarrollo absoluto de las fuerzas productivas y la realización de plusvalía aumentando día a día la masa de productos disponibles en el mercado, pero que, al mismo tiempo, crea una masa de compradores con escasa capacidad adquisitiva debido a los bajos salarios que éstos reciben producto de la explotación capitalista.

 

Pocos parecen cuestionar que Marx tuvo éxito en revelar la ley que rige el modo de producción capitalista, pero hay otros elementos de su pensamiento que sí son cuestionados: todavía estamos esperando la rebelión de la clase obrera que pondría fin a la explotación capitalista anunciada por Marx: los expropiadores no han sido aún expropiados.

 

Otros cuestionan el reduccionismo clasista que privilegia a la clase obrera como el sujeto del cambio social. Para estos analistas la multiplicidad de luchas democráticas actuales debe ser considerada como una crítica práctica a la teoría de Marx.

 

Por otra parte, no pueden desdeñarse hechos como: el fracaso del modelo de sociedad que se construyó inspirado en su teoría: el socialismo de Europa del Este y la URSS; la reducción del marxismo a ideología oficial del estado en esos países transformándose en anatema para muchos luchadores por la liberación humana; y la desaparición de la clase obrera industrial como sujeto del cambio social.

 

“¿Ha llegado entonces la hora de decir adiós no sólo a la clase obrera —como ha postulado Gorz— sino también al marxismo?”¿Será la teoría de Marx o será el marxismo lo que se está cuestionando?, porque las dos cosas no son necesariamente lo mismo. Pudo haber ocurrido que la necesidad de responder a los hechos haya llevado a producir deformaciones de la teoría original de Marx en el Siglo XX.

 

Michael Lebowitz sostiene que “los muchos silencios del marxismo, el determinismo y el fatalismo de sus leyes objetivas, el reduccionismo y el economismo” no son inherentes al proyecto teórico de Marx. Sin embargo, reconoce que hay un problema en El Capital, que hay un silencio grave en él. Un silencio que permite que los científicos vean como único sujeto al capital, olvidando su otro lado: el trabajador asalariado, y sostiene que ese silencio está en la raíz de las deficiencias del marxismo realmente existente.

 

¿Qué hay que hacer entonces? Habría que “volver al Marx original y no adulterado” y, usando el “método y forma de acercamiento de Marx”, es decir, su “estructura de pensamiento”, habría que desarrollar nuevos elementos de su teoría buscando un desarrollo integral del marxismo. “El hecho de que haya descubierto en forma brillante un nuevo continente no significa que haya hecho un buen mapa de él.” La premisa de Michael Lebowitz es que es posible hacerlo bien. Su libro es un esfuerzo por demostrar —basado en el método de Marx— que la teoría marxista contiene en sí misma todos los elementos fundamentales necesarios para construir una concepción total e integral del mundo que responda a las ausencias y a los silencios señalados.

 

El tema central de “Más allá de El Capital” es la investigación no del capital sino de la otra parte, la parte de los trabajadores, la cuál fue poco desarrollada en El Capital.

 

iii

El tercer capítulo sostiene que El capital era sólo parte de un plan mucho más ambicioso de Marx en el que figuraban seis libros: 1) El capital, 2) La propiedad territorial, 3) El trabajo asalariado, 4) El estado; 5) El comercio internacional; 6) El mercado mundial.

 

Luego de analizar las opiniones de diversos autores sobre si luego de haber escrito El capital se mantiene o no vigente este plan, Michael Lebowitz llega a la conclusión de que hay temas de sumo interés que no son abordados en esa obra con la profundidad requerida como el tema de las necesidades de los trabajadores, tema que debería ser abordado en el proyectado libro sobre el trabajo asalariado. Por lo tanto, sea cual haya sido la intención de Marx, un libro sobre este tema necesita ser escrito.

 

Michael Lebowitz afirma que para comprender qué fue omitido en El capital, debemos comenzar por el punto acerca de las necesidades de los trabajadores. Como sabemos, Marx, consideró como algo dado al conjunto de necesidades que entran en el valor de la fuerza de trabajo. Esta es una de las hipótesis características del método que utilizó para destacar lo que le interesaba resaltar. Suponer constantes las necesidades —algo que Marx sabe que en la práctica no es así— permite resaltar lo que varía, el trabajo no necesario productor de plusvalía, es decir, el grado de explotación sufrido por el trabajador.

 

Es importante, recordar aquí, como lo hace el autor, que Marx siempre rechazó la tendencia por parte de los economistas a tratar las necesidades de los trabajadores como naturalmente determinadas e inmutables. Esa fue una de sus críticas a los fisiócratas.

 

La fuerza de trabajo tiene un rasgo “distintivo” en relación con otras mercancías: su valor depende no sólo las exigencias físicas sino también un elemento histórico o social. Este último elemento —advertía Marx — está relacionado con “la satisfacción de ciertas necesidades que brotan de las condiciones sociales en que viven y se educan los hombres.” Marx (1987: 134) Con el desarrollo capitalista, lo que antes “aparecía como un lujo se convierte [ahora] en algo necesario, y necesidades que antes eran suntuarias pasan a ser [entonces] primordiales para la industria.” Así, los viejos modelos de necesidad y lujo son reemplazados por los nuevos. (Marx, 1985a: 381).

 

Para asegurar la realización del plusvalor, hay un esfuerzo constante del capital por descubrir nuevos valores de uso y crear nuevas necesidades. Este es el elemento sobre el que descansa la legitimidad histórica y, al mismo tiempo, el actual poder del capital. “Cada nueva necesidad se convierte en un nuevo eslabón en la dorada cadena que asegura los trabajadores al capital.” (Marx, 1985a: 174)

 

Michael Lebowitz considera que el análisis que hace Marx sobre “el actual poder del capital” en los Gundrisse es extremadamente importante. No sólo por su lucidez sino también porque toda esta discusión está ausente en El capital.

 

Y esas necesidades indispensables pueden aumentar o disminuir. ¿Qué determina el grado en que los trabajadores logran satisfacer sus necesidades? Fundamentalmente la lucha de clases. Sin embargo, este tema no es abordado en El Capital.

 

iv

Para escribir el libro faltante — sostiene el autor en el cuarto capítulo — es necesario considerar en primer lugar el método que utiliza Marx en su obra. Sólo partiendo del concepto de totalidad —central en la obra de Marx— se podrán comprender las implicaciones de los elementos faltantes e investigar los defectos resultantes de El capital.

 

Michael Lebowitz opina que la totalidad presentada en este libro es incompleta: estudia el proceso de reproducción del capital, pero no el proceso de reproducción de la clase obrera. Aunque el trabajo asalariado está presente en El capital —y no podía no estarlo ya que sin él no se puede entender el capital—, no está presente como el sujeto que actúa por sí mismo contra el capital. No está presente la lucha de clases desde el lado del trabajador asalariado. De ahí entonces la conclusión del autor: El capital es unilateral e inadecuado.

 

En cuanto al método, se nos recuerda que Marx tuvo la intención —que nunca materializó— de escribir unas 40 páginas para hacer accesible al lector común el aspecto racional del método que Hegel “no sólo descubrió sino también mistificó”, pero que a pesar de eso Marx consideró muy valioso.

 

En ausencia de esta síntesis no queda entonces otro camino que tratar de reconstruir el método de Marx analizando sus obras.

 

Uno de los aspectos a destacar de ese método es que pone énfasis en el “todo”. El objetivo de era comprender la sociedad burguesa como una totalidad, como un todo interrelacionado. Este énfasis en la totalidad y en la interconexión orgánica de sus partes, contrasta con el método empleado por la ciencia burguesa que parte siempre del punto de vista del individuo.

 

Si pensamos en las partes individuales como “miembros de una totalidad” (Marx, 1895a:15) no se puede sostener una concepción del cambio como el resultado de estímulos exógenos. Por el contrario, el movimiento y la dirección de la sociedad burguesa debe ser considerado como un “auto-movimiento”, un desarrollo orgánico inherente a la naturaleza del sistema donde el movimiento es el resultado de una acción recíproca entre sus diversos componentes.

 

Comprender el mundo como un todo interrelacionado es sólo un aspecto del método de Marx. Otro aspecto es cómo él desarrolla la comprensión de ese todo.

 

Para Marx la mera observación y estudio empírico no puede captar las interrelaciones de una totalidad concreta. Si así fuera, no habría necesidad de la ciencia ni del pensamiento abstracto. Todo lo que resulta de la simple observación es “una concepción caótica del todo.” (Marx, 1985a: 15). El investigador “debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear su nexo interno.” (Marx, 1983a: 19). Y la manera de hacerlo es comenzar con los conceptos y las “determinaciones más simples”, hasta llegar a deducir lógicamente una concepción del todo “como una rica totalidad compuesta por muchas determinaciones y relaciones.” Este era el “método científicamente exacto” (1985a: 15)

 

Marx explica que, contrariamente a lo que comúnmente se cree, había que “elevarse de lo abstracto a lo concreto del pensamiento” donde se da esa concatenación de múltiple determinaciones.

 

Tanto Marx como Hegel ponen en práctica un proceso de derivación dialéctica, pero Hegel se queda puramente en el reino del pensamiento: realiza un movimiento del concepto al concepto impulsado sólo por la revelación de las relaciones lógicas; mientras que Marx tiene siempre la totalidad real ante él, y su objetivo es comprenderla.

 

Este proceso de deducción que aplica Marx, al contrario del que aplica Hegel, no es una cuestión del “pensamiento concentrado en sí mismo, que se profundiza y se mueve por sí mismo,” sino que la totalidad de pensamiento es un producto de “la elaboración de la intuición y la representación en el concepto.” (Marx, 1985a: 16)

 

Otra cosa que diferencia a Marx de Hegel es la relación entre el orden histórico y el orden lógico. Según Marx el primero no puede dictar el orden del segundo; no hay una relación necesaria entre el orden histórico y el lógico.

 

Michael Lebowitz se detiene luego en el análisis de los momentos claves del proceso de construcción del concreto de pensamiento en El capital. Comienza analizando la mercancía, la forma elemental de la riqueza en la sociedad capitalista, y termina con el ciclo del capital.

 

El capital comprendido como una totalidad, como un todo interrelacionado, produce y reproduce productos materiales y relaciones sociales, que son a su vez presupuestos y premisas de la producción capitalista.

 

Sin embargo, el autor se pregunta si en el capital como un todo nos encontramos con una totalidad realmente adecuada. ¿Podemos decir que lo que encontramos es un todo orgánico en el que todos los supuestos son resultados, y todos los puntos de partida son puntos de retorno?

 

La respuesta es negativa, hay un elemento que no es parte del capital, que no es producido ni reproducido por el capital. Este elemento es un punto de partida pero no de retorno en el ciclo del capital, una premisa que no es un resultado del mismo capital, que es exterior a él. Y este elemento: la reproducción de la clase obrera, es necesario para la reproducción del propio capital.

 

Considerando el modelo de reproducción simple, Michael Lebowitz sostiene que el sistema sólo puede estar completo si se da otro proceso de producción distinto del proceso de producción del capital: la producción de la fuerza de trabajo en el curso del consumo de artículos de consumo. De esta manera, el ciclo del capital implica necesariamente un segundo ciclo: el del trabajo asalariado.

 

¿Y dónde debía ser analizado este segundo momento de la producción? Según el autor, éste es uno de los temas que debe ser abordado del libro faltante sobre el Trabajo Asalariado.

 

Hasta ahora hemos visto al trabajador asalariado como un momento en el interior del capital, tal como existe para el capital: como un trabajador separado de los medios de producción. Luego del proceso de compra venta de fuerza de trabajo, ésta se incorpora al interior del capital. Ahí vemos al trabajador asalariado obligado a trabajar subordinado a la voluntad del capital a los efectos de lograr el objetivo que éste persigue: la valorización (auto-expansión). Y finalmente vemos al trabajador asalariado nuevamente en la esfera de la circulación, mientras el capital busca realizar el plusvalor contenido en las mercancías que han sido producidas.

 

El trabajo asalariado está presente en cada momento del ciclo del capital no sólo como productor de plusvalor, sino también como consumidor. Pero el capital como una totalidad, no incluye en su interior una condición que es necesaria para la reproducción del capital: el mantenimiento y reproducción de la clase trabajadora. Es necesario considerar al trabajador asalariado en tanto existe fuera del capital.

 

Y, así como el proceso de producción del capital tiene como su objetivo la valorización del capital, el proceso de producción del trabajador tiene como objetivo satisfacer sus necesidades. Por un lado, tenemos el capital para sí, valor para sí; por el otro lado, tenemos la fuerza de trabajo para sí, el valor de uso para sí. El proceso de producción del trabajador es un proceso de consumo: debe consumir valores de uso para satisfacer sus necesidades fisiológicas y otras. El resultado del proceso de producción es el mismo obrero, que se reproduce como capacidad de trabajo vivo y transforma su naturaleza. Esta actividad es, a la vez, ejercicio y cultivo de la fuerza de trabajo.

 

Pero ¿cuáles son los requisitos de este particular proceso de producción del trabajador? Primero, debe poder conseguir los valores de uso requeridos. Segundo, requiere de tiempo. El hombre necesita tiempo para la satisfacción de necesidades espirituales y sociales, cuya amplitud y número dependen del nivel alcanzado en general por la civilización. El trabajador necesita tiempo libre para su desarrollo completo: para la educación humana, para el desenvolvimiento intelectual, el desempeño de funciones sociales, para el trato social, para el libre juego de las fuerzas vitales físicas y espirituales.

 

En resumen, este particular proceso producción no es en absoluto un proceso natural de producción, sino la producción de una relación social particular, la producción del trabajo asalariado.

 

Pero como la producción capitalista está determinada por el objetivo de valorización del capital y no por las necesidades sociales de los trabajadores, siempre existe una brecha importante entre las necesidades que el capital considera como imprescindibles y las necesidades sociales del trabajador, y eso significa que el trabajador se produce como necesitado. Por eso, la lucha por salarios más altos es inherente al trabajador asalariado como ser-para-sí.

 

Lo que surge al estudiar el trabajo asalariado es la lucha de clases desde el lado del trabajador asalariado. En oposición al cuadro expuesto en El capital, hay dos “deber ser”: no solamente la necesidad del capital por valorizarse sino también la necesidad del trabajador de desarrollarse. Una lucha de contrarios está presente en cada aspecto de la relación entre el capital y el trabajo asalariado, en la que cada parte trata de reducir al otro a la dependencia.

 

Michael Lebowitz destaca que no está sugiriendo que El capital es unilateral porque excluye al trabajo asalariado como tal. Es evidente que éste está presente: sin la presencia del trabajo asalariado no se podría hablar del desarrollo del capital. Está presente como la barrera que el capital debe continuamente rebasar en su intento por crecer, pero no lo está como el sujeto que actúa por sí mismo contra el capital.

 

El examen que realiza el autor sobre el trabajo asalariado comienza como una investigación de lo que está latente en el capital como totalidad, algo exterior pero necesario. Queda por completar el segundo “momento dialéctico”, la constitución de la unidad entre el trabajo asalariado y el capital.

 

Consideremos el proceso de producción del capital y el del trabajo asalariado. En primer lugar, estos procesos son opuestos. En el primero, la fuerza de trabajo es consumida por el capital, existe para el capital; en el segundo, la fuerza de trabajo es consumida por el obrero y existe para el obrero. En el primero, los medios de producción poseen y dominan al trabajador; en el segundo, ellos son poseídos y dominados por el trabajador. La diferencia entonces es la del trabajador para el capital versus el trabajador para sí.

 

Por otro lado, estos procesos se excluyen entre sí. El trabajador no puede ser simultáneamente para el capital y para sí. Cuanto más tiempo existe el trabajador para el capital, menos tiempo tiene para sí. En forma similar, cuanto mayor es la intensidad de trabajo para el capital, más la energía del trabajador asalariado es consumida por el capital y menos tiene disponible para sí. De este modo, el trabajo para el capital es distinto del trabajo para sí; es trabajo alienado de sí. El trabajador es sólo para sí cuando no es un trabajador para el capital.

 

v

El quinto capítulo sostiene que así como en El capital se desarrolla la economía política del capital, habría que desarrollar la idea de Marx de la existencia de una economía política del trabajo asalariado. Michael Lebowitz señala en este capítulo varios elementos de lo que podría ser esa política económica alternativa.

 

Y en este sentido hace interesantes reflexiones sobre el papel que juega la competencia en el seno de los trabajadores para favorecer los intereses del capital. Además, muestra como la cooperación y la lucha política —no meramente sindical— son la principal arma de los trabajadores contra El Capital. Es a través de la cooperación que los trabajadores vencen el esfuerzo del capital por separarlos, con el objetivo de debilitar su resistencia a la explotación y es a través de ella que se crean las condiciones para la combinación y unidad que les permitirá tomar para sí los frutos de la cooperación.

 

Michael Lebowitz comienza señalando que para el joven Marx, el capitalismo estaba claramente caracterizado por dos aspectos contradictorios y sus relaciones dinámicas: el capital y el trabajo asalariado, y es la lucha de clases la que conduce inexorablemente a la resolución de esta contradicción. Marx criticaba a la economía política existente en su época porque veía al trabajador sólo desde la perspectiva del capital.

 

Pero ¿acaso no es ésta la posición que adopta en El capital? Cómo hemos visto, Marx considera allí al trabajador meramente como el mediador que permite el crecimiento del capital. No es considerado como el sujeto. Por ello Michael Lebowitz sostiene que Marx no desarrolló el lado del trabajador asalariado en la relación con el capital.

 

Precisa, que esa omisión no debería conducirnos, sin embargo, a concluir que Marx cambió de idea y abandonó su concepción del capitalismo como un todo. Ofrece dos argumentos que apoyan esta afirmación: uno lógico y el otro que se sustenta en los propios escritos de Marx. En primer lugar, la parte del trabajo asalariado está presente en El capital en forma latente. Al desarrollar el concepto del capitalismo como un todo se sugiere una continuidad esencial entre el pensamiento del joven Marx y el Marx maduro. Ese concepto del capitalismo como totalidad está siempre presente, pero su presencia ha sido velada por un silencio: la consumación exclusivamente de la parte del capital.

 

Pero esto no implica que no haya habido desarrollos significativos, ni rupturas epistemológicas entre la posición del joven Marx y la del maduro. Michael Lebowitz sostiene que sí los hubo y que la principal ruptura se manifiesta en los Grundrisse coincidiendo con su relectura de la Ciencia de la Lógica de Hegel. Allí encontramos el desarrollo de una nueva forma de comprender al capital como parte de esa totalidad: el capital como autovalorización, como valor-para-sí; el concepto de capital como un concepto que debe contener en su interior todos sus desarrollos posteriores. A partir de esta obra Marx habría abandonado la explicación del progreso del capital a partir de sus formas exteriores de manifestación como resultados de la competencia de muchos capitales, tal como lo había hecho en sus escritos anteriores a los Grundrisse.

 

Con este “corte” –una ruptura que no ha sido reconocida adecuadamente— Marx anunció como un primer principio la necesidad de aprehender completamente la naturaleza interna del capital: capital versus trabajo asalariado es valor para sí versus valor de uso para sí; dinero versus fuerza de trabajo; dinero versus mercancía; valor versus valor de uso.

 

Entonces, ¿por qué no vemos esta nueva concepción del capitalismo como un todo en El capital? Michael Lebowitz sostiene que Marx pospuso su investigación acerca del trabajo asalariado para concentrarse en el aspecto del capital en general y detuvo mucho en este aspecto tratando de apoyar sus conclusiones teóricas con hechos, hasta el punto de que ni siquiera pudo terminar su libro sobre el capital.

 

No cabe duda que hay una lógica en la elección de Marx. Sin embargo, al no haber puesto relevancia suficiente en la parte del trabajo asalariado, Michael Lebowitz sostiene que todo su proyecto está teñido de cierta unilateralidad. El trabajo asalariado para sí y el capitalismo como un todo están presentes, pero sólo lo están “embrionariamente”.

 

Por otra parte, sus escritos de la época en que escribía El Capital revelan que él no estaba pensando en que los trabajadores sólo existían para el capital. Recordemos su “Discurso Inaugural” en la reunión de la Primera Internacional. Allí señaló que no existía una, sino dos economías políticas: la del capital y la de la clase obrera. Consideró el triunfo de la Jornada de 10 horas y el surgimiento del movimiento cooperativo como sendas victorias de “la economía política de la clase obrera.”

 

Pero ¿cuál es esta economía política de los trabajadores que desafía la economía política del capital? Y, ¿qué significan dichas victorias?

 

Michael Lebowitz se propone responder a la primera pregunta tratando de reflexionar acerca de esa política económica alternativa. Su punto de partida es la descripción que hace Marx de la ciega imposición de las leyes de la oferta y la demanda como parte de la política económica del capital.

 

La competencia entre capitales es esencial al capitalismo, es la manifestación en la superficie de las leyes internas del capital, de su lógica de funcionamiento. Los trabajadores, por el contrario, sólo negando la competencia entre ellos y participando en la cooperación en gran escala pueden presionar en el sentido contrario al capital y producir soluciones óptimas para los trabajadores.

 

Pero ¿por qué los trabajadores deben negar la competencia? ¿Qué hay en la esencia del trabajo asalariado que sólo mediante la cooperación y la combinación es que actúa en su propio interés? Hay dos principios específicos, implícitos en El Capital que son relevantes para la investigación del autor. El primer principio es que toda cooperación y combinación del trabajo en la producción genera una productividad combinada y social del trabajo que excede la suma de las productividades individuales y aisladas. La cooperación da como resultado “la creación de una nueva fuerza productiva, que es intrínsicamente colectiva.” (Marx, 1983a: 400). La simple combinación del trabajo como tal no sólo acrecienta la productividad social, sino que produce también un mejoramiento de la productividad individual producto del trabajo codo a codo de los obreros.

 

El segundo principio en cuestión tiene que ver con la distribución de los beneficios de la fuerza socialmente productiva del trabajo. Michael Lebowitz sostiene que quienes median entre los productores están en la posibilidad de capturar los frutos de esa cooperación. Así ocurre tanto en la producción pre capitalista como en la capitalista. ¿Por qué no pueden los productores mismos apoderarse de los frutos de la cooperación en la producción? Aunque el aspecto positivo del capitalismo es que socializa la producción y crea una interdependencia entre los trabajadores, es decir, un trabajador colectivo, su aspecto negativo es que el capital exige la separación y la división entre los asalariados. Y es sólo mediante la lucha por reducir el grado de separación entre ellos, que los trabajadores pueden lograr sus objetivos.

 

De este modo, Marx no se limitó a desarrollar una crítica de la economía política del capital, también reveló su antítesis: la economía política de la clase obrera, que resalta la combinación del trabajo como la fuente de productividad social y la separación de los trabajadores como la condición de su explotación.

 

Pero Marx también señaló los límites de las fábricas cooperativas de aquella época. Ellas necesariamente reproducían los defectos del sistema existente. Para convertir la producción social en un sistema grande y armonioso de trabajo libre y cooperativo, se necesitaba realizar cambios sociales generales y éstos sólo pueden ser materializados mediante la transferencia del poder estatal de los terratenientes y capitalistas a los productores (Marx, 1866: 346).

 

Pero a pesar de sus límites, estas fábricas cooperativas eran consideradas por Marx como una gran “victoria” porque eran una demostración práctica de que el capital no era necesario como mediador en la producción social.

 

Por otra parte, en relación a los sindicatos obreros, su papel es precisamente contrarrestar la tendencia del capital explotar al máximo a la fuerza de trabajo. Y aunque al principio los trabajadores son inicialmente reunidos por el capital para los objetivos explotadores de éste, el hecho de estar concentrados en un mismo lugar de trabajo los lleva a reconocer su unidad como productores y a comprender su poder contra el capital. Disminuye su grado de separación y crece su resistencia.

 

Sabemos que la insubordinación de los obreros era constante en las manufacturas y que el capital superó esta barrera creando la industria moderna y el sistema fabril, que trajeron nuevas formas de competencia entre los trabajadores. La máquina no sólo sustituyó el trabajo de muchos obreros, sino que también se convirtió en “el arma más poderosa para reprimir las periódicas revueltas obreras, las huelgas, etcétera, dirigidas contra la autocracia del capital.” (Marx, 1983a: 530).

 

Michael Lebowitz sostiene que Marx sobreestimó la victoria del capital en su época al introducir la maquinaria y subestimó la capacidad de los obreros a poner límites “a la tiránica usurpación del capital” presionando en sentido contrario. Considera que el desarrollo de la industria de maquinarias hace al capital más vulnerable al arma de las huelgas. Por eso el capital busca introducir otros medios para dividir a los trabajadores como el trabajo a destajo y distintas formas de segmentación del trabajo.

 

Marx señaló el papel de los sindicatos para contrarrestar todo esto. Pero el problema es que los sindicatos actúan en oposición a capitales específicos y particulares y el poder que deben confrontar es el del capital como una totalidad. Si no enfrentan al capital global, las luchas se limitan a paliar los efectos del capitalismo en el interior del mercado laboral y en el lugar de trabajo, y no logran dirigirse contra las causas profundas de dichos efectos. Por eso Marx advertía que los sindicatos se limitaban a hacer una guerra de guerrillas contra el capital y que deberían ir más allá de las luchas puramente económicas.

 

En su análisis acerca de la importancia de la lucha por la Ley de las Diez Horas, Marx revela claramente que el trabajo asalariado necesita de la lucha política y el uso del estado para doblegar al capital. Sólo así puede forzar al capital a dar satisfacción a sus intereses en forma general.

 

En la raíces del poder del capital en general está su poder como propietario de los productos del trabajo, algo que los trabajadores sólo pueden desafiar actuando políticamente como clase para imponer una ley que limite la jornada laboral o para hacer que el estado sirva a los intereses de los asalariados, por ejemplo, legalizando y apoyando la existencia de sindicatos o llevando adelante políticas que reduzcan el nivel de desempleo. Conquistar el poder político tiene que convertirse, por lo tanto, en “el gran deber de la clase obrera.” (Marx, 1864: 384).

 

La totalidad de las dimensiones de la economía política de los asalariados sólo se aclara si se considera al capital como un todo. Cuando analizamos el circuito del capital, nos percatamos sólo del papel del capital como mediador.

 

Una vez que comprendemos la concepción de Marx de la economía política de la clase obrera, nos damos cuenta que va mucho más allá de las cuestiones sindicales. Sin embargo, debemos reconocer que no hemos llegado todavía al punto donde podamos decir que ya poseemos una visión completa de la economía política de la clase obrera y la lucha política que esta incluye. Esta es una de las razones por la que este capítulo en lugar de llamarse “economía política de la clase obrera” se llama “economía política del trabajo asalariado.” Necesitamos comprender, por ejemplo, los límites del estado capitalista para ir más allá del capital. Por cierto, tenemos todavía que investigar a fondo cómo los trabajadores pueden ir más allá del capital, en lugar de limitarse a perseguir sus intereses sólo dentro del capitalismo.

 

vi

El sexto capítulo aborda el tema de los salarios y de la lucha de clases con ellos relacionada. Sostiene que la forma en que El capital analiza el tema, dando por sentada la cantidad de medios de subsistencia que el trabajador necesita para reproducir su fuerza de trabajo, no da cabida a la investigación de los efectos de la lucha de clases sobre los salarios. Michael Lebowitz explora en este capítulo qué ocurre cuando se abandona dicha hipótesis y sostiene que sólo entonces se ve clara esta relación. Al no considerar esa posibilidad Marx no pudo centrarse en los trabajadores como seres humanos y fue conducido hacia explicaciones naturalistas y funcionalistas. Y esto produjo un marxismo unilateral.

 

En lugar de investigar los efectos de la lucha de clases sobre los salarios, se dejó de lado en El capital lo que tenía que ver con los salarios reales o el nivel de necesidades que los trabajadores pueden satisfacer.

 

En consecuencia, con respecto a los salarios, Marx sólo analizó explícitamente en El Capital el efecto del aumento de la productividad sobre el valor de la fuerza de trabajo. Sin embargo, no ignoraba que había otras explicaciones de los cambios que podían sufrir los salarios, como, por ejemplo, la competencia de los trabajadores desempleados dispuestos a reemplazar de inmediato a los trabajadores que pudiesen ser despedidos.

 

Dado que Marx no terminó este análisis, es decir, no trató el patrón de necesidades como variable, Michael Lebowitz se propuso en este capítulo continuar el proyecto de Marx considerando las combinaciones que éste no exploró.

 

La más importante de ellas es la hipótesis que parte de la base de que tanto la productividad como el patrón de necesidades son magnitudes variables. En sus manuscritos económicos Marx planteó tres posibilidades para el caso de aumento de la productividad. En el primer caso, el trabajador recibe la misma cantidad de valores de uso que antes y, por lo tanto cae el valor de su fuerza de trabajo. En el segundo caso, aumenta la cantidad de los medios de subsistencia, y en consecuencia el salario medio, aunque no en la misma proporción que la productividad del trabajador. En este caso caen el trabajo necesario y el valor de la fuerza de trabajo. Finalmente, el tercer caso, ocurre cuando la productividad y el patrón de necesidades suben al mismo ritmo. En este caso no habría cambio en el plusvalor, aunque éste como los salarios representaría una mayor cantidad de valores de uso que antes.

 

Entonces, si abandonamos la hipótesis de la invariabilidad del patrón de necesidades, surge la posibilidad de una historia totalmente diferente; de un incremento en la productividad sin cambios en el plusvalor.

 

Este tema es fundamental: si el equilibrio de las fuerzas de las clases es tal que mantiene la tasa de explotación constante, el efecto del aumento de la productividad será un incremento en los salarios reales y no un crecimiento del plusvalor relativo. Para que prevalezca cualquier otro resultado en este caso, se necesita un cambio en el mercado laboral. Sólo un grado cada vez mayor de separación entre los obreros iniciado por la introducción de la maquinaria asegura que la productividad crecerá en relación al salario real.

 

En resumidas cuentas, es posible que los salarios reales crezcan mientras la tasa de explotación también crece. Es posible que los trabajadores puedan lograr una mayor participación cuantitativa en el reparto de la riqueza”, aunque siga ensanchándose el abismo entre la lo que recibe el trabajador y lo que recibe el capitalista.

 

La coexistencia de salarios reales crecientes y una tasa de explotación creciente, no es sólo una posibilidad teórica, Marx observó que los salarios reales eran más altos en los países donde el capitalismo estaba más desarrollado, pero también lo era la tasa de explotación. Presumiblemente la combinación de salarios reales más altos y explotación más alta surge allí donde el capitalismo está más avanzado. En esos países, no sólo la productividad tiende a ser mayor, sino que también las formas de cooperación desarrolladas entre los trabajadores asalariados.

 

¿Qué sentido tiene entonces la hipótesis de Marx acerca de la invariabilidad del patrón de necesidades? Gracias a ella Marx pudo concentrar toda su atención en la tendencia inherente del capital a disminuir el trabajo necesario y revolucionar los medios de producción. Pero al congelar el patrón de necesidades dentro de una hipótesis de productividad creciente, congeló de hecho la parte del trabajador en la lucha de clases.

vii

 

El séptimo capítulo afirma que en la obra de Marx en general encontramos su concepción original del capitalismo como un todo, pero que esta concepción habría sido abandonada en El capital que investiga sólo la parte del capital y no la parte del trabajo asalariado y por eso es unilateral. Michael Lebowitz considera El capital como un proyecto epistemológico incompleto y, por esta razón, si se le estudia como una obra aislada, surgen problemas serios como el determinismo económico, el economicismo y el trato de las fuerzas productivas como neutrales.

 

Este enfoque unilateral impide, además, comprender a fondo hasta qué punto las tendencias del capital están impregnadas de la necesidad de dividir a los trabajadores. El autor sostiene que el capital puede sacrificar el obtener niveles máximos de productividad con tal de dividir a los trabajadores.

 

Luego analiza tres conceptos que han sido sufrido de este enfoque unilateral: el de reproducción del trabajo asalariado; el de riqueza y el de trabajo productivo. Y termina diciendo que de alguna manera Marx es responsable de aquel marxismo unilateral que por lo inadecuado de sus conceptos es incapaz de comprender la totalidad concreta. Ese marxismo cuya mejor ilustración es ese Proletariado Abstracto que no tiene otra alternativa que derrocar al capital.

 

El silencio en cuanto a la oposición que ejercen los trabajadores para reducir la tasa de plusvalor ha sido teóricamente sustituido por la oposición entre los capitales individuales para explicar el desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo.

 

Este es uno de los aspectos de la unilateralidad de El capital. Pero, el problema no está sólo en que no se desarrolla la parte del trabajo asalariado, sino en que al no comprender bien esa parte, tampoco se comprende bien la propia parte del capital dentro del capitalismo. Michael Lebowitz concluye de ello que El Capital es simplemente un momento en el desarrollo de la totalidad.

 

Si no se reconocen explícitamente los objetivos de los trabajadores y sus luchas por hacerlos realidad, ¿cómo podemos considerar esas acciones del capital que son llevadas a cabo para dividir al trabajo asalariado contra sí, para derrotarlo?

 

En el capitalismo como un todo el capital no busca simplemente hacer realidad su propio objetivo, la valorización; también debe tratar de impedir la realización de los objetivos del trabajo asalariado.

 

La capacidad de dividir y separar a los trabajadores para poder derrotarlos es una condición necesaria para la existencia del capital. Más que una característica fortuita o accidental, esta es una tendencia interna del capital. Esto tampoco es considerado por El Capital.

 

¿Qué impide a los trabajadores apropiarse de todos los beneficios de la productividad incrementada? La condición necesaria para un menor trabajo necesario es el debilitamiento del poder relativo de los trabajadores. El capital necesita un aumento en el nivel de separación entre los obreros. No entender la tendencia interna del capital a separar a los obreros conduce a considerar “neutrales” y de carácter abstracto a la tecnología y las fuerzas productivas, en vez de verlas como una encarnación de las relaciones capitalistas de producción. Ambas características típicas del economismo.

 

Cuando comprendemos este lado del capital, no sólo vemos como algo lógico que los capitalistas constantemente busquen modos de incrementar el nivel de separación de los obreros, sino que entendemos que no sean indiferentes a la influencia de cualquier innovación sobre la capacidad de los obreros a asociarse.

 

El grado de separación o división entre los trabajadores es una variable crítica, hasta el punto que el capital prefiere adoptar medidas para lograr dicho objetivo aunque ellas perjudiquen la productividad. De hecho, gran parte de lo que ocurre con la globalización capitalista es un intento por debilitar a los obreros, por evitar grandes concentraciones de trabajadores, por desunirlos y desorganizarlos.

 

Las divisiones entre los trabajadores son producidas y reproducidas como una condición de la existencia del capital.

 

De este modo, ver simplemente al trabajo asalariado para sí y sus luchas por alcanzar sus metas inmediatas (salarios más altos, jornada laboral más corta, etcétera), no es situarlo adecuadamente en el interior de la totalidad, como trabajo asalariado en relación al capital.

 

La lucha necesaria de los obreros para superar las diferencias entre ellos y dividir al capital, es decir, la lucha por derrotarlo no aparece en El capital. Esto también es economicismo.

 

El fracaso de El capital en completar esa totalidad facilita las interpretaciones economicistas de las leyes determinísticas y objetivas. Las tendencias unilaterales son un producto natural de los significativos conceptos unilaterales que aparecen en El capital. Michael Lebowitz analiza tres de estos conceptos.

 

El primero de ellos es el de la reproducción del trabajo asalariado. En el centro del concepto del valor de la fuerza de trabajo está la reproducción del trabajo asalariado, que sigue siendo una condición necesaria para la reproducción del capital.

 

Como sabemos, Marx sostiene que el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los artículos de primera necesidad “requeridos para producir, desarrollar, mantener y perpetuar la fuerza laboral.” (Marx, 1987: 108-9).

 

En la historia clásica, la creciente demanda de trabajo por parte del capital conduce a salarios más altos, incrementando la oferta laboral y un regreso del salario a su tasa natural una vez que se ha llegado al nivel de mano de obra deseado.

 

Para producir para el capital una cantidad definida de trabajo se requiere una cantidad definida de medios de subsistencia. La reproducción del trabajo asalariado vista desde esta perspectiva gira alrededor de asegurar que el apetito del capital por plus trabajo no dé lugar a “la futura degradación y despoblación incontenible de la humanidad” (Marx, 1983a: 325).y por esta vía a la no reproducción del capital.

 

A diferencia de la historia clásica, existe una segunda historia. En el capítulo final del Tomo I de El capital, cuando aborda la moderna teoría de la colonización, Marx señala que para perpetuar la fuerza de trabajo, el capital procura que los salarios sean lo suficientemente bajos como para impedir que los ahorros de los trabajadores les permitan abandonar la situación de asalariado, porque si logran ahorrar una cantidad suficiente tienden a convertirse en granjeros independientes.

 

En el curso normal de las cosas, el capital camina por dos sendas. Por una, sustituye los trabajadores por maquinaria y en consecuencia presiona hacia abajo los salarios, mediante la producción de una sobrepoblación relativa de trabajadores que presionan en el mercado de trabajo bajando los salarios. Por la otra, sin embargo, el capital genera constantemente nuevas necesidades en los trabajadores y cada nueva necesidad es un nuevo eslabón en la cadena que sujeta los obreros al capital. Marx se refería a esta situación como el poder contemporáneo del capital.

 

En la reproducción ampliada lo que el capitalista quiere es el crecimiento del valor (en verdad, el crecimiento del plusvalor); lo que quiere el obrero, por el otro lado, es el crecimiento del valor de uso. Y, las dos reproducciones ampliadas son compatibles si crece la productividad. Por consiguiente, el afán capitalista por desarrollar las fuerzas productivas debería verse a la luz de la lucha de los obreros por la reproducción ampliada.

 

Otro concepto que analiza el autor es el de riqueza. Marx considera a la fuerza de trabajo y a la tierra como fuentes primarias de la riqueza. La riqueza para el capital es valor, plusvalor, plusvalor acumulado, en su forma general como dinero y en su forma particular como medios de producción. Para el trabajador, en cambio, la riqueza son los valores de uso que entran en la producción y reproducción del trabajador y responden a las necesidades no de un ser humano abstracto sino de un ser humano particular producido en el seno de la sociedad. En resumen, la riqueza es inseparable de los seres humanos y sus cualidades en un país y época dados.

 

En el corazón de la comprensión de Marx acerca de la riqueza real está su concepto del “ser humano rico”: un ser humano que ha desarrollado sus capacidades y habilidades. Lo característico del capital es que en la medida en que crece “crea los elementos materiales para el desarrollo de una rica individualidad que es tan universal en su producción como en su consumo” (Marx, 1985a: 202-3). Pero el capital lo hace de una manera contradictoria, que impide el libre y completo desarrollo del potencial humano.

 

A diferencia de la concepción capitalista de la riqueza, tenemos entonces un rico concepto de riqueza humana. En El capital no encontraremos esta concepción de la riqueza real.

 

Podemos decir que ese no era el objetivo de El capital. Lo que hizo Marx en el mismo fue identificar y analizar la naturaleza de la riqueza capitalista. Reveló que la riqueza desde el punto de vista del capital era el resultado de la explotación del asalariado. Sin embargo, el consiguiente fracaso de los discípulos de Marx en elaborar el concepto alternativo de riqueza es equivalente a la sumisión de éstos al concepto de riqueza del capital. Permite sacar la conclusión de que la misma surge sólo del y mediante el capital.

 

El tercer concepto que analiza Michael Lebowitz es el de trabajo productivo. Para el capital el trabajo productivo es el trabajo que produce plusvalor. Para el trabajador el trabajo productivo es aquel que produce valores de uso para el obrero. Este concepto tiene un sesgo de clase concreto, excluye, por ejemplo, los “lujos” que no entran en el consumo de los trabajadores.

 

Por otra parte, actividades tan obviamente orientadas a satisfacer la “propia necesidad de desarrollo del trabajador” como los servicios educativos y de salud, que suelen calificarse como trabajo “improductivo”, son obviamente productivos desde el punto de vista del trabajador.

 

En forma similar, las actividades realizadas en el hogar por los trabajadores y miembros de sus familias son una parte del trabajo total necesario para la reproducción del trabajador. Aunque este trabajo pueda ser improductivo para el capital, en el sentido en que no produce riqueza para él, es necesario y productivo para el trabajador.

 

Si se aceptan dichas definiciones y, por lo tanto, no se reconoce el carácter de clase de esos conceptos, ese marxismo no sólo será rechazado por los movimientos feministas y otros movimientos, sino, lo que es más grave, no será capaz de desafiar al capital.

 

Pero no podemos culpar sólo a los seguidores de Marx de estas deficiencias. Debemos reconocer que hay culpa también en Marx. Él heredó conceptos, particularmente de la economía política clásica, que terminaron siendo un lastre.

 

El marxismo unilateral atribuye a la exclusiva acción del capital todo lo que ocurre: acortamiento de la jornada laboral; subida de salario; mejoramiento de la salud pública y del sistema de escuela pública; nacionalización de ciertos sectores de una economía, entre otros. No da cuenta de las luchas de los trabajadores que están detrás de estos resultados y concesiones del capital.

 

Por último, Michael Lebowitz critica el concepto de Proletario Abstracto, ese obrero fabril, ese no-capital que está unido y disciplinado como resultado del desarrollo capitalista. El autor afirma que es hora ya de decir adiós al Proletario Abstracto.

 

viii

 

En el octavo capítulo Michael Lebowitz trata de mostrar que también el concepto de trabajo asalariado es limitado. Para dar cuenta de muchos fenómenos, se requiere un concepto de trabajador más amplio que englobe el aspecto asalariado y el no asalariado del trabajador. Aquí cabe la reflexión sobre el trabajo tildado de no productivo de la mujer y en general de la familia del trabajador, y cómo las relaciones de explotación capitalistas están sobredeterminadas por las relaciones patriarcales que el trabajador establece en el hogar. También reflexiona acerca de cómo el capitalista usa en beneficio propio las diferencias entre los trabajadores.

 

Michael Lebowitz coloca en el libro un dibujo de una totalidad en la que aparece por un lado el capital y por otro el trabajo asalariado dentro de un mismo círculo y sostiene que allí falta algo. Y que ese vacío no permite comprender la ausencia de la revolución socialista y la prolongada hegemonía del capital sobre los trabajadores en los países capitalistas avanzados, ni las luchas de las mujeres por su emancipación o las luchas por la calidad de vida y la identidad cultural.

 

Esa totalidad parece excluir de su campo de investigación todo lo que no sea la lucha de clases inmediata entre el capital y el trabajo asalariado. Por lo tanto, la representación del capitalismo como un todo es defectuosa si se compara con la totalidad concreta real.

 

El autor reconoce que el problema reside en el concepto de trabajo asalariado que se utiliza. Éste es una “abstracción racional” que permite considerar sólo lo que es común a todos los asalariados en su relación con el capital. Los individuos son tratados como personificaciones de categorías económicas, como portadores de relaciones e intereses de determinadas clases. Pero lo que existe no es esa abstracción sino seres humanos concretos que son asalariados. Sin embargo, acepta que sólo mediante este procedimiento de abstracción es posible avanzar en el plano científico.

 

La crítica de Michael Lebowitz no es entonces al método usado por Marx en El Capital, que considera a los individuos sólo en tanto que portadores de determinadas relaciones, sino al hecho de que Marx no haya abandonado posteriormente esa premisa.

 

El autor se manifiesta convencido de que sólo cuando se vaya más allá de El Capital, para reflexionar acerca del tema del libro proyectado por Marx sobre el trabajo asalariado, se podrá investigar todas esas “relaciones y funciones humanas, cualquiera sea la forma en la que puedan aparecer” que caracterizan la singularidad del trabajador.

 

Michael Lebowitz señala que en su discusión acerca del trabajo asalariado siempre ha estado implícito que la persona es algo más que un simple asalariado. Dentro del trabajo asalariado Marx distingue el trabajo propiamente asalariado que realiza el trabajador y aquel que realiza pero sin recibir un salario, es decir, aquel que produce valores de uso para el trabajador.

 

Además, hay distintas maneras de obtener esos valores de uso: una, el intercambio igual entre dos asalariados donde exista una división del trabajo entre los dos; otra, la división entre trabajo improductivo realizado por un sector de trabajadores y trabajo productivo realizado por otro sector.

 

Marx definió como relación esclavista aquella que el asalariado mantenía con su familia para obtener una serie de valores de uso en el hogar. Muchos marxistas, sin embargo, han considerado esta expresión como algo más “metafórico que científico.”

 

Cuando crece el grado de miseria, ya sea debido a una caída en los salarios reales o a un crecimiento en las necesidades sociales, una de las opciones que tiene el trabajador es el incremento de la explotación en el seno del hogar, es decir, un aumento en la cantidad extra de trabajo realizado por la esposa y los hijos. Pero, también puede ocurrir que los miembros de la familia sean impulsados por el propio jefe de familia a convertirse a su vez en asalariados. El trabajador “ahora vende a su mujer y el hijo. Se convierte en tratante de esclavos” (Marx, 1983a: 482-3)

 

  1. 200. 436. En este último caso, no todo es negativo: el desplazamiento de la mujer hacia al mercado de trabajo arranca “todo fundamento” (Engels, 1962: 231, 233) a la dominación masculina en el hogar proletario y constituye una premisa para la emancipación de la mujer.

 

Lo que Marx describió es totalmente consistente con el argumento de que además de las relaciones capitalistas, los asalariados también pueden existir en el seno de un “modo patriarcal de producción.” El asalariado varón de aquella época existía en el interior de dos relaciones de clase: como asalariado en relación al capital y como propietario de esclavos en relación con su familia.

 

Según Lebowitz, mientras el sujeto sea el capital, puede ser adecuado considerar a estos seres humanos sólo como asalariados. Sin embargo, tan pronto como el trabajador asalariado se convierte en el sujeto, es necesario considerar las otras relaciones en las que está inserto, como la patriarcal.

 

Entonces, en el proceso de auto producirnos no sólo consumimos valores de uso sino también las relaciones sociales bajo las cuales son producidos esos valores de uso. Este es un tema sobre el cual las feministas marxistas han hecho y continúan haciendo importantes contribuciones.

 

Aunque Marx describe la relación existente en el interior del hogar como esclavista en su naturaleza, no se detiene a considerar el aspecto de lucha que encierra esta relación. Este tema es excluido por no ser objeto de El Capital.

 

Michael Lebowitz sostiene que sería ingenuo pensar que Marx hubiese podido desarrollar este tema en el libro faltante sobre el Trabajo Asalariado. Lo que le interesa demostrar es que en el interior de la estructura marxiana existe el espacio teórico para desarrollar estas cuestiones. Considera que no hace falta agregar elementos extraños de manera ecléctica en esta teoría para dar cuenta de estos temas.

 

Aunque en El Capital no fue desarrollado el tema, una vez que comenzamos a investigar a los trabajadores como trabajadores no asalariados, vemos que más que asalariados abstractos, los trabajadores en cuestión son seres humanos concretos.

 

Sería un error, sin embargo, considerar el proceso de la producción del trabajador como ocurriendo exclusivamente fuera del trabajo asalariado.

 

Hemos visto cómo el mismo proceso de producción capitalista produce y reproduce a trabajadores que por educación, tradición y hábitos, perciben los requerimientos de ese modo de producción como leyes naturales y no se les ocurre que pueda existir otra cosa que la hegemonía del capital.

 

Por otra parte, también produce trabajadores que están separados entre sí. En parte, este es el resultado del esfuerzo consciente del capital por dividirlos y separarlos en el mercado de trabajo y en el proceso de producción.

 

La unidad de los trabajadores —una de las condiciones para ir más allá del capital—no es producida por el capital. En pocas palabras, el capital tiende a producir la clase obrera que necesita.

 

Pero el capital no se limita a eso. Confronta también a los trabajadores que han sido producidos por fuera de su relación con el capital: ellos se presentan ante el capital como seres humanos heterogéneos, es decir, como trabajadores que ya están divididos por el sexo, la edad, la raza y la nacionalidad. Esto contribuye a aumentar las dificultades para unir a los trabajadores: le suministra al capital un terreno donde éste puede usar esas diferencias.

 

Michael Lebowitz llama la atención sobre cómo explota el capital las contradicciones entre los obreros ingleses e irlandeses. Marx llegó a explicar que la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar de su gran organización, se debía a ese antagonismo que dividía a los trabajadores de ambos países en beneficio del capital. ¿Qué decir de lo que ocurre con los trabajadores inmigrantes de hoy?

ix

 

El noveno capítulo plantea la pregunta de cómo se puede ir más allá del capital. Rechaza la tesis del marxismo conservador que sostiene que el capitalismo llegaría a su fin cuando ya no permitiese más el desarrollo de las fuerzas productivas. Sostiene que tampoco se puede pensar en que sólo la insatisfacción de los trabajadores producida por su creciente pauperización puede conducir a ello, porque ese malestar lleva a luchar por mejorar la situación dentro del capitalismo y no a ir más allá de él. Lo que trata de demostrar es que el capital está completamente mistificado y que aún las luchas de los trabajadores no son suficientes por sí mismas para ir más allá del capital. Por lo tanto, lo esencial para poder lograr este objetivo es que la clase obrera posea una teoría que le permita desmistificar el capitalismo y que lo haga consciente de las condiciones de su emancipación.

 

Recordemos la afirmación de Marx de que existe una creciente pauperización de los trabajadores en el capitalismo y que ésta debe entenderse como la brecha entre las necesidades de éstos —desarrolladas socialmente— y las que son normalmente satisfechas. Parecería ser que cuanto mayor sea la pauperización de los trabajadores mayor será su insatisfacción, y mayores las probabilidades de que opten por ir más allá del capital.

Sin embargo, con toda razón, Michael Lebowitz señala que más que apuntar a un más allá del capital, la incapacidad de satisfacer sus necesidades conduce a los trabajadores a la lucha de clases dentro del capitalismo. La pauperización genera inmediatamente una demanda de más altos salarios. La “barrera real” del trabajo asalariado es el mismo trabajo asalariado.

 

Coincidiendo con Lenin, el autor señala que el capital produce espontáneamente “una conciencia sindicalista”, pero no una conciencia que lleve a más allá de la relación capital/trabajo asalariado, es decir, genera la convicción de que sólo es necesario organizarse en sindicatos, luchar por mejores salarios y por obligar al gobierno a aprobar la necesaria legislación laboral, etcétera.

 

Si no hay una comprensión de la naturaleza del capital, las consecuencias de su actuación aparecen necesariamente como resultados de una condición natural, independiente de toda relación particular de producción. Por ejemplo, la degradación del trabajador descrita por Marx aparece como el resultado de la producción industrial como tal antes que como el producto del modo específicamente capitalista de producción.

 

El capital produce al trabajador que necesita, aquel que considera la necesidad del capital como algo completamente evidente. El desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo y las condiciones de ese desarrollo aparecen ante sus ojos como logros del capital. Esta es la mistificación inherente al capital. Por lo tanto, una condición fundamental para que los obreros puedan ir más allá del capital es que logren desmistificarlo.

 

Esta es la principal contribución de El capital de Marx. Es allí donde se revela la naturaleza del capital, lo que no aparece ni puede aparecer en la superficie es que el capital es el resultado de la explotación del trabajador.

 

Para trascender al capital era necesaria una teoría que permitiese al trabajador asalariado tomar conciencia de que el capital es producto de su trabajo, es decir, es su propio producto.

 

Como señaló Marx en su discurso en la sesión inaugural de la Primera Internacional, los obreros pueden ser numerosos, pero sólo pueden triunfar “si están unidos por la organización y dirigidos por el saber”. La teoría marxiana ofrece ese saber; “se transforma en fuerza material en cuanto se apodera de las masas” (Marx, 1965: 30). Pero ¿cuáles son las características de una teoría capaz de revelar la naturaleza del capital? Para responder a esto debemos entender precisamente la base de la mistificación del capital.

 

El capital no puede aparecer como el resultado de la explotación del trabajador, porque la misma explotación no aparece en el proceso de compra y venta de la fuerza de trabajo. El salario es percibido tanto por el capitalista como para el asalariado como el precio del trabajo, como una cierta cantidad de dinero que es pagada por una cierta cantidad de trabajo. No se ve que lo que el capitalista está pagando es sólo la fuerza de trabajo —sólo una cierta cantidad de trabajo equivalente al trabajo necesario para pagar su valor—, sino se cree que se está pagando todo el trabajo. Allí se encuentra la base para la mistificación total del capital.

 

La venta de fuerza de trabajo —una transacción individual— oculta la explotación, y, por lo tanto, el capital no puede ser reconocido como el resultado de la explotación. La relación mercantil mistifica su relación real. Es precisamente esa relación real que no aparece a primera vista la que debe ser puesta al descubierto por la ciencia.

 

Para comprender la naturaleza del capital, Marx tuvo que ir más allá de la transacción mercantil individual y considerar al capitalismo como una totalidad.

 

Con el concepto de la reproducción del capital como un todo, Marx pudo demostrar que la fuente del capital que confronta a los obreros en cada transacción es el resultado de la explotación previa de los trabajadores.

 

Considerando al capitalismo como un todo, los medios de producción son reconocidos como el producto de otros trabajadores, otros miembros del obrero colectivo. Si hay una productividad incrementada como resultado de la existencia de medios de producción particulares, no se debe, entonces, a un poder oculto intrínseco a las cosas, sino la actividad de los trabajadores que produjeron esos medios de producción. Más específicamente, esa productividad incrementada resulta de la coordinación y cooperación del trabajo social.

 

El método de Marx de considerar al capital y el trabajo asalariado como una totalidad fue precisamente lo que se necesitaba para mostrar la naturaleza del capital como el resultado de la explotación. Como argumentó correctamente Lukacs, al escribir El Capital Marx suministró a los trabajadores una teoría para contrarrestar la mistificación inherente al capital.

 

Esta obra era el intento de Marx de hacer al proletariado “consciente de la condición de su emancipación,” consciente de la necesidad de abolir la propiedad del capital sobre los productos de su trabajo.

 

Ese era el objetivo limitado, pero sin embargo crucial de El capital, dada la tendencia inherente en el capital a desarrollar una clase obrera que considere las exigencias del capital como “leyes naturales auto-evidentes”.

 

Pero El capital no es simplemente un momento en la comprensión del capitalismo como un todo; es también un momento en la lucha revolucionaria de los trabajadores para ir más allá del capital.

 

El Capital de Marx es un estudio de la lógica del capital y eso es lo que debía ser, dada la necesidad de explicar la naturaleza del capital. Para este fin, era necesario crear un concepto abstracto que permitiese dejar de lado los aspectos heterogéneos de los asalariados a los efectos de demostrar lo que todos los asalariados tienen en común. Su objetivo era dar a los trabajadores un arma con la que ir más allá del capital.

x

 

El décimo capítulo pretende destacar el papel de la lucha de clases. Si bien es cierto que “El Capital” señala a la clase obrera las condiciones de su emancipación, el autor recuerda que “el arma de la crítica” no es suficiente; que la teoría debe encarnarse en las masas.

 

El autor insiste aquí en un tema que está presente en todos los trabajos de Marx: el auto desarrollo de los trabajadores a través de sus luchas, una de cuyas partes centrales es el desarrollo del estado de los trabajadores.

 

Estas luchas, por sí solas, no trascienden, sin embargo, relación capital/trabajo asalariado. No obstante, en el curso de esos enfrentamientos tiene lugar un importante desarrollo cualitativo del trabajador. La lucha contra el capital es un proceso de producción de la clase obrera como Una. La clase obrera —entendida analíticamente como clase en sí— se convierte en clase para sí mediante su lucha contra el capital.

 

Marx describe la lucha de clases como un proceso de producción. Aunque las necesidades que intentan satisfacer no vayan más allá del capital, el mismo proceso de lucha produce nuevas personas al dotarlas con una nueva concepción de sí mismas: como sujetos capaces de transformar su mundo.

 

¡Nada es más central para la concepción global de Marx que esta “coincidencia entre el cambio de las circunstancias y la auto transformación, es decir, el concepto de la práctica revolucionaria!,” señala Michael Lebowitz. Marx llegó a entender que los seres humanos no son inmutables, que la lucha por satisfacer necesidades materiales puede producir nuevas personas con necesidades nuevas y “radicales.”

 

El auto desarrollo, sin embargo, implica siempre algo más que el mero proceso de producción material. Para Marx, significó en particular el desarrollo de seres humanos socialistas a través de la lucha colectiva.

 

El filósofo alemán veía que la producción de una “conciencia comunista” sólo podría gestarse a través de las luchas de los trabajadores, en un “movimiento práctico, mediante una revolución. (Marx-Engels 1958: 78). El autor de El capital veía las guerras civiles y luchas nacionales no sólo como elementos para provocar un cambio en la sociedad, sino también como medios para que los trabajadores se auto transformaran y se prepararan para el ejercicio del poder político.

 

Al luchar contra el capital, por lo tanto, el trabajador se producen a sí mismos de una manera diferente: ‘se despoja de sus trabas individuales y desarrolla su capacidad’; “se auto transforma, desarrolla nuevas capacidades e ideas, nuevos modos de interacción, nuevas necesidades y un nuevo lenguaje.” (Marx, 1985a: 351). Mediante esta lucha los trabajadores se producen como premisas de una nueva sociedad.

 

¡No entender la importancia de la coincidencia entre la modificación de las circunstancias y la auto transformación —coincidencia que sólo puede entenderse como “práctica revolucionaria”— es no entender el elemento dinámico sin el cual no se puede trascender al capital! sostiene Michael Lebowitz.

 

Aunque Marx escribió El capital para explicar a los trabajadores contra qué estaban enfrentándose, “el esfuerzo por comprender las ideas no es suficiente.”

 

Ninguna crisis del capitalismo lo llevará a su fin en ausencia de una lucha de clases. Contrariamente a la tesis de la primacía de las fuerzas productivas, en la trascendencia del capital deberían estar implicadas muchas fuerzas sociales, no sólo las ligadas a la estructura económica, están también —como señala Gramsci — las influencias de “las fuerzas políticas” y las fuerzas “político-militares.”

 

El poder del capital descansa en gran medida en su constante habilidad para dividir y separar a los trabajadores, para ponerlos a competir entre sí, para convertir la diferencia en antagonismo. Consecuentemente, el esfuerzo por unirse y por reducir el grado de separación entre ellos constituye una parte esencial de la lucha de clases de los trabajadores.

 

Los sindicatos son vitales como centros de organización de la clase obrera. Pero el lugar de trabajo, sin embargo, no es el único lugar para organizarse. En 1850, Marx y Engels identificaron a la comunidad como un sitio en el que los trabajadores deberían unirse. Y a estos espacios nacionales hay que agregar el espacio internacional.

 

Michael Lebowitz se refiere al tema de las “alianzas” entre los trabajadores y los nuevos actores sociales. Según el autor este tema sólo se plantea como resultado de la reducción teórica de los trabajadores a productos unidimensionales del capital. Para Michael Lebowitz no habría “trabajadores y nuevos movimientos sociales” sino “trabajadores reales multidimensionales y en muchas y diferentes relaciones sociales.” Debería considerarse a los nuevos movimientos como la expresión de otras necesidades de los trabajadores y como el desarrollo de nuevos centros de organización de la clase obrera funcionando “en el amplio interés de su total emancipación.” Y, en la medida en que estas luchas estén dirigidas contra la posición del capital como dueño de los productos del trabajo social, tales luchas ofrecen la posibilidad de agrupar, en lugar de mantener separados, a todos quienes no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo.

 

De hecho, los distintos movimientos (y centros de organización) pueden respaldarse unos a otros y fortalecer la lucha contra el capital.

 

Por otra parte, observa Michael Lebowitz, si la cuestión social no se manifiesta solamente de una única forma, sino que también se combina con la cuestión nacional (en este caso, con el antimperialismo), la lucha puede ser “infinitamente más fácil.

 

En resumen, toda lucha por modificar las circunstancias es un proceso de auto-transformación, porque modifica a las personas que participan en él. En la medida en que para ser exitosas esas luchas deben ser colectivas, ellas producen personas para quiénes la unidad se convierte en un fin más que solamente en un medio.

 

Ciertamente, no se puede ir más allá del capital si no existe gente en movimiento. Por otra parte, la reproducción de la vida cotidiana, donde la gente diariamente se auto produce como personas con necesidades de mercancías y dependientes del capital, es clave para el proceso que preserva al capitalismo como un sistema orgánico. Incluso algunas luchas dirigidas contra el capital en este sentido pueden ayudar a mantener relaciones capitalistas. De ahí la importancia de trabajar esos sectores.

 

Finalmente Michael Lebowitz se refiere al papel que juega en esta lucha la conquista del poder del estado y elabora algunas líneas sobre el carácter del nuevo estado que los trabajadores deben construir.

 

Este estado obrero creará gradualmente las condiciones para ir más allá del capital, para crear la sociedad comunista. Es decir, el estado obrero no abolirá de un plumazo la industria capitalista sino que creará una creciente propiedad estatal.

 

Pero los capitalistas difícilmente van a aceptar este despojo gradual. Probablemente dejarán de invertir, se declararán en huelga y allí es donde el gobierno socialista necesitará coraje revolucionario para enfrentar esa situación.

 

En este proceso la industria estatal juega un papel de gran importancia, porque garantiza la subsistencia del proletariado. El estado obrero es un arma esencial para llevar a cabo la lucha contra el capital.

 

El desarrollo del estado obrero produce una nueva dimensión en la relación social entre los trabajadores. En ese “autogobierno de los productores”, los trabajadores están relacionados como ciudadanos que se autogobiernan en el esfuerzo de actuar de acuerdo con los intereses de los productores en su conjunto.

xi

 

Por último, el capítulo decimoprimero y final del libro plantea que para que los trabajadores se sientan motivados a ir más allá del capital no basta que comprendan su naturaleza sino que estén convencidos que otro mundo es posible. Y esta es una de las cuestiones por las que el libro sobre el trabajo asalariado es absolutamente esencial. En este capítulo el autor desarrolla algunos otros rasgos de la nueva sociedad cuyo centro sería, ya no el capital, sino el trabajador colectivo. Termina reafirmando la centralidad de la práctica revolucionaria para el auto-desarrollo del trabajador colectivo y la necesidad de empezar a construir de inmediato el otro mundo alternativo al capitalismo.

 

La consideración del patrón de necesidades como inmutable, la ausencia de reflexión sobre la importancia del grado de separación entre los trabajadores y la centralidad del trabajador como un sujeto que se desarrolla a través de sus luchas, son aspectos no abordados en El capital. Estas ausencias hacen de la teoría contenida en él una teoría no adecuada para los requerimientos de la lucha. Por eso, según Lebowitz, la elaboración del libro faltante sobre la política económica del trabajo asalariado es tan crítica.

 

Este silencio tiene sus consecuencias. No sólo limita la capacidad del marxismo para demostrar a los trabajadores que son sus productos y su poder los que se vuelcan contra ellos, sino también impide la posibilidad de revelar que hay una alternativa al capitalismo. Esta alternativa está íntimamente ligada a la economía política de la clase obrera.

 

Marx imaginaba una clara alternativa: una sociedad de productores asociados, en la que la riqueza social, en lugar de ser apropiada por los compradores de la fuerza de trabajo, fuese utilizada por los individuos libremente asociados que producen de acuerdo con “necesidades comunes y fines comunes” (Marx, 1985a: 62, 73).

 

Hay que recordar que toda cooperación y asociación del trabajo en la producción genera una productividad social combinada del trabajo que excede la suma de las productividades individuales y aisladas; y que en toda sociedad, la separación y división en las relaciones sociales entre los productores permiten que quienes median entre los ellos recojan los frutos de su cooperación en la producción.

 

El trabajador colectivo o unido está compuesto por numerosos miembros y órganos distintos. Al respecto Marx decía: “éste trabaja mejor con las manos, aquél más con la cabeza, uno como director, ingeniero, técnico, etcétera, el otro como capataz, el de más allá como obrero manual directo, o incluso como simple peón” (Marx, 1990: 79).

 

En el capitalismo, el capital como tal articula las distintas partes del obrero colectivo (aunque nunca todas) y media entre esas partes. Por consiguiente, el capital puede arrancar los beneficios que surgen de la cooperación en la forma de plusvalor; y lo hace como resultado de su capacidad para dividir y separar los trabajadores.

 

Por el contrario, con la eliminación del capital como mediador y el desarrollo del obrero colectivo para sí, ese productor compuesto por diferentes miembros y órganos se transforma en una sola fuerza de trabajo social.

 

La economía política de la clase obrera vislumbra una sociedad de productores libres y asociados, donde el desarrollo de los seres humanos es el objetivo explícito de la producción.

 

En esa sociedad cooperativa que imaginó Marx, aquella basada en la propiedad común de los medios de producción, la actividad productiva de las personas se desprende de una unidad y solidaridad basada en el reconocimiento de sus diferencias. Sus miembros se reconocen en su unidad como miembros de la familia humana y actúan sobre esta base para asegurar el bienestar de los otros en el seno de esta familia.

 

Al contrario de la economía política del capital, abarca algo más que el trabajo mediado por el capital. La jornada laboral en esta sociedad alternativa, por ejemplo, es más larga que la jornada laboral capitalista, porque incluye aquel trabajo improductivo para el capital que Marx incluía bajo los llamados costos de consumo de la fuerza de trabajo.

 

Por otra parte, la interdependencia de todos los miembros del obrero colectivo está en el corazón de la economía política de la clase trabajadora y ésta no es otra cosa que la sociedad comunista.

 

En esta sociedad de productores asociados, la cooperación del trabajador colectivo y la ausencia de un mediador extraño demuestran que para rendir frutos no es necesario “que los instrumentos de trabajo estén monopolizados como instrumentos de dominación y de explotación contra el trabajador mismo” (Marx, 1864: 11) En cambio, el trabajador ahora trata al carácter social de su trabajo como su poder.

 

Pero, ¿cuál es el propósito de los comunistas? Organizar la sociedad de tal manera que cada miembro de ella puede desarrollar y usar todas sus capacidades y energías con total libertad y sin infringir por ello las condiciones básicas de esta sociedad” (Marx y Engels, 1976b: 96

 

En la versión final del Manifiesto este objetivo era representado como la “asociación, en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos.”

 

En el centro de la concepción de la sociedad de los productores libres y asociados de Marx estaba el eliminar todas las cadenas que impiden el total desarrollo de los seres humanos.

 

La productividad social significa tiempo libre para el desarrollo artístico, científico, etcétera.

 

De acuerdo a ello, los primeros productos de esta sociedad de productores libremente asociados serían seres humanos capaces de desarrollar su potencial total en una sociedad humana donde “crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva” (Marx, 1970b: 24).

 

Un hermoso cuadro, señala el autor, pero que no surge de la nada; más bien, fluye de todas las luchas de los trabajadores en el capitalismo, impulsadas por su propia necesidad de desarrollo. El “deber ser” de los trabajadores, su impulso hacia la reproducción ampliada, surge constantemente contra las barreras creadas por el capital para apoyar la continuidad de la explotación. Los trabajadores luchan para llegar a sobrepasar esas barreras y en el proceso, transforman las circunstancias y se transforman a sí mismos.

 

Pero esta no es el mismo relato con el que comenzamos este libro, señala Lebowitz. En el capítulo primero es el capital el que tiene el impulso a crecer y que constantemente va sobrepasando barreras hasta que finalmente enfrenta un límite en la forma de la clase obrera. Llegado a la conclusión de que ese relato es unilateral porque no explica por qué los trabajadores luchan para ir más allá del capital, ni, significativamente, por qué aceptan al capital.

 

En lugar del determinismo y economismo que se desprenden del marxismo unilateral, el Marx que surge aquí es un revolucionario cuyo optimismo se basa en el supuesto de que los seres humanos luchan contra las condiciones inhumanas. Esa lucha contra una existencia inhumana es lo que impulsa a ir más allá del capital.

 

Partiendo del concepto del trabajador colectivo y de la sociedad del trabajador colectivo para sí, lo que surge como descubrimiento lógico en El capital es una alternativa a la sociedad capitalista: una “sociedad de la libre individualidad, basada en el desarrollo universal de los individuos y en la subordinación de su productividad colectiva convertida en su riqueza social” (Marx, 1985a: 62).

 

Cuando Marx escribió El capital, lo hizo en una época en que las visiones utópicas eran habituales. Dada su creencia en que los trabajadores desarrollarían los elementos de la nueva sociedad en el curso de sus luchas, Marx se resistía a escribir recetas sobre la futura sociedad. Sin embargo, luego de la experiencia del último siglo —con el “socialismo realmente existente”— es esencial resucitar la visión de una nueva sociedad, la sociedad de los productores asociados, y no para el futuro, sino para las necesidades del presente.

 

Hoy comprendemos mucho más claramente que el capitalismo no engendra su negación “con la [inexorabilidad] de un proceso natural” (Marx, 1983a: 954), pero siempre hay una posibilidad de que se produzca el terreno apropiado en el que se pueda seguir la lucha contra el capital.

 

Michael Lebowitz concluye su libro diciendo que la continuidad del proyecto de Marx significa mucho más que escribir los libros faltantes. Su proyecto, era hacer lo que pudiera para ayudar a dar a luz esa “asociación, en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos.” Hacer ver que el capital es el producto de los trabajadores que se vuelve contra ellos, trabajar por la unidad en la lucha, reafirmar la centralidad de la práctica revolucionaria para el auto desarrollo del trabajador colectivo y exponer la visión de una alternativa posible, son todos ingredientes esenciales para demostrar hoy que “un mundo mejor es posible. ¡Construyámoslo ahora!

 

Notas

  1. El prológo a la nueva edición fue escrito en septiembre de 2002.
  2. Explicar

……………………………….

 

                                                               IN MEMORIAM DE ISTVÁN MÉSZÁROS

POR JORGE GIORDANI

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=232393

 

István Mészáros fue un pensador revolucionario original, cuyos trabajos permiten y permitirán, por mucho tiempo, comprender la crisis que sufre la humanidad entera, la crisis estructural de la lógica del metabolismo del capital.

 

Después de una pasantía como adolescente, por una serie de oficios que le permitieron como ayudante de una panadería, o lo que era una fábrica productora de piezas para aviones, el apreciar el trabajo como medio de vida, luego como estudiante de filosofía, en la Universidad de Budapest, que lo llevaron a ser asistente de su Profesor Georg Lukács, con quien alcanzó una amistad que permaneció durante toda la vida.

 

El haber podido conocer personalmente a István Mészáros, constituyó para nosotros un enorme privilegio, un honor al poder acercarse a un ser humano extraordinario, comprometido hasta su última fibra, con un cambio social radical de la sociedad, al unísono que enfrentó la vida cotidiana con un humor y una fina y profunda ironía.

 

Su compañera de vida Donatella, lo acompañó por el mundo entero, desde que se conocieron en Francia, y luego desde aquella Italia impregnada por las huellas de la postguerra, en la continuación de los trabajos iniciados al lado de su Maestro y amigo en Hungría, su terruño personal, Mészáros no cesó en el propósito de alcanzar una elaboración crítica y constructiva de la realidad de la sociedad de su tiempo. Donatella, compañera de vida que apoyó con su familia: con Laura, Susie y George, a lo largo de un periplo desde su salida de Hungría en tiempos difíciles, por Italia, Escocia, Canadá, para terminar residenciándose en Inglaterra en forma definitiva, concluyendo en la Universidad de Sussex, con el reconocimiento de ser Profesor Emérito de esa Casa de Estudios.

 

La pérdida de Donatella en junio del año 2007, significó para István Mészáros, con la siembra definitiva de ella en Rochester, la necesidad de concluir una serie de trabajos los cuales llevó adelante durante la última década, particularmente aquella inmensa tarea de escrutar y conocer el Estado más allá del Capital, como promesa que debía cumplir ante la solicitud de su compañera de vida. En la elaboración de esta ardua y compleja tarea, la suerte no terminó por darle a István Mészáros la energía vital suficiente para concluir una obra que ya tenía programada, y que deberá ser continuada si se quiere mantener la senda de la construcción de una transición a una sociedad basada en la lógica del metabolismo del trabajo, esto es el socialismo. Allí quedó para la posteridad ese esfuerzo inaudito, que ni el propio Karl Marx se propuso y que no pudo completar hace ya más de siglo y medio.

 

Durante su permanencia en Turín, Mészáros publicó un desafiante libro acerca de la rebelión de los intelectuales en Hungría. 1 Más tarde llegó a una atmósfera diferente en la Universidad de St. Andrews, en Escocia, institución fundada en 1413, la Universidad más antigua y la tercera en países de lengua inglesa. Allí nace su tercer hijo, George, en Codogno, Italia, Laura, la primogénita, y en Londres su segunda hija, Susie.

 

El reconocimiento de la grandeza de Attila József lo llevó a traducir, junto con Donatella, poemas de ese gran revolucionario y poeta húngaro. 2 Años después en unos de sus primeros trabajos publicados ¨Teoría de la Alienación en Marx¨, donde comenzó a mostrar una línea su línea de pensamiento en el campo de la filosofía marxista. 3 Una interpretación profunda de la obra de su Maestro Georg Lukács, la realiza Mészáros en dos trabajos, entre otros, publicados posteriormente. 4 A principios de los años setenta recibió el Premio Isaac Deutcher Memorial Prize por su trabajo titulado ¨The Necessity of Social Control¨, 5 seguido por una serie de trabajos relativos a la obra de Sartre y al estudio acerca del poder de la ideología. 6

 

Después de esos trabajos comenzó a sistematizar lo que sería, posiblemente, su obra magna, acerca de la comprensión de la lógica del metabolismo del capital, y la propuesta de una teoría de la transición. 7 Más allá de los trabajos que pudo realizar Karl Marx, y más allá de aquellos trabajos que tampoco pudo realizar en su plan original, también más allá de esa lógica del capital inmerso en una crisis estructural que no es capaz de resolver contradicciones antagónicas: como la igualdad sustantiva, las ambientales, las relativas a las unidades de producción transnacionales y los Estados nacionales, ni tampoco las inherentes al desempleo estructural, por lo que Mészáros considera la necesidad de superarlas a través de una transición a otra lógica, la del trabajo, esto es, la sociedad socialista.

 

Esta obra fue publicada a finales del año 1995, en la cual venía trabajando desde hace muchos años, para no decir décadas. Dicho trabajo lúcido y seminal permitió, entre otras cosas, darle un nuevo sentido a la obra de Karl Marx. No solamente en lo que el propio Marx no vivió, sino también por el significado por alcanzar luchas de nuevo cuño, superior a las anteriores, al interior del capitalismo cuya crisis estructural dura ya décadas, desde el inicio aproximado de los años setenta.

 

La gigantesca obra de Mészáros continúa produciendo resultados, entre otros, sin pretender ser exhaustivos ni mucho menos, en este escrito; en términos de los problemas sociales e ideológicos. 8 Y entre ellos lo relativo a la actualidad histórica de la ofensiva socialista. 9

 

La obra de István Mészáros no solamente procede como un riguroso trabajo de investigación de la realidad actual, sino también como su compromiso militante por las causas justas del socialismo. Mészáros nunca dejó de mostrar su lado activo en pro de las luchas de los pueblos de la Tierra, empeño que lo llevó a recorrer varias partes del mundo, desde su país natal, donde sus obras nunca fueron difundidas con su debido reconocimiento, hasta el final del sistema soviético a finales de los años ochenta. Más tarde, la misma Academia Húngara no pudo menos que rendir homenaje a este hijo ilustre intelectual, comprometido con las luchas de manera integral y genuina, en su país y en el resto del mundo por la causa del socialismo.

 

Una faceta particular de ese inmenso y profundo compromiso con la humanidad se vio reflejada en las visitas a México, Brasil, Venezuela y Cuba, en diferentes ocasiones, brindando su obra a los pueblos de América Latina y el Caribe, al proponer una teoría de la transición superior a la lógica del metabolismo del capital, esto es la del trabajo.

 

En su obra consustanciada por la perspectiva del socialismo en el Siglo XXI, recibió el ¨Premio Libertador al Pensamiento Crítico, concedido por el Ministerio de la Cultura de Venezuela. 10 Teniendo en cuenta esos trabajos vinculados al proceso de transición y los desafíos que implican la construcción del socialismo en el contexto de la crisis estructural del capital, Mészáros pudo dilucidar algunos de ellos en su enfrentamiento a tamaña tarea histórica. Uno de ellos tiene que ver con la posibilidad de hacer irreversible la construcción del nuevo modelo, particularmente después de lo ocurrido en el caso de la Unión Soviética, y los enormes esfuerzos y sacrificios que surgieron después de la Primera Guerra Mundial, y el sufrimiento del pueblo soviético al rechazar las pretensiones de la ofensiva nazista a partir del 21 de junio de 1941.

 

Al considerar la experiencia soviética como un sistema donde prevaleció igualmente la lógica de la extracción de plustrabajo, por vía política, y no como ocurrió en el capitalismo en los tiempos en que vivió Karl Marx, donde dicha extracción se dio y se sigue dando por la vía económica. Mészáros al calificar la experiencia soviética como postcapitalista donde priva la misma lógica del metabolismo del capital.

 

Cuando podrá existir una sociedad donde la lógica prevaleciente sea la del trabajo, es difícil de prever, cuestión que ni el mismo Marx hizo. La teoría de la transición de István Mészáros, es una teoría de largo aliento, de carácter claramente estructural, que sin embargo no deja de considerar aquellos aspectos específicos que atañen a la vida y la misma sobrevivencia de los casi ocho mil millones de seres humanos que habitamos el Planeta Tierra. En tiempos que corremos hasta el peligro de desaparecer como especie humana, si explotan las millones de ojivas nucleares, con sus millonarios megatones, si llegasen a explotar desde la mayor sociedad industrial-militar y mediática, o desde otro lugar de este demencial arsenal mundial, o si no llegan a superarse, al llegar al punto de desaparición humana, por vía de la destrucción masiva de tales contradicciones antagónicas en que nos encontramos actualmente involucrados.

 

La historia de las continuas agresiones del imperialismo norteamericano, ya suficientemente conocidas y sufridas, vuelven a asomarse en el horizonte, aún en el corto plazo. Sobre ello, Mészáros se refiere al lapidario dictum de Rosa Luxemburgo, la heroína revolucionaria, del ¨socialismo o barbarie¨, tales peligros no escapan a la mirada atenta y acuciosa de Mészáros. 11

 

Mészáros a instancias de una petición formulada por su compañera Donatella, luego de su ausencia definitiva, se dedicó a trabajar en una obra necesaria, la comprensión del ¨Estado más allá del Capital¨, en una de sus primeras entregar de esta descomunal tarea él mismo lo expresa de esta manera,

 

…¨… Es esa la magnitud de la de la montaña que tenemos que ascender y conquistar. Hace algún tiempo hablaba yo de un “obstáculo himalayo”. En verdad me quedé muy corto. Nuestra montaña equivale a muchos Himalayas uno sobre otro. Y no existen sherpas nativos que explotar para que realicen el trabajo duro. Tenemos que hacerlo nosotros mismos, y solo seremos capaces si estamos dispuestos a hacerles frente a los riesgos reales y los obstáculos reales…¨… 12 .

 

En este esfuerzo que tendrá que salir a la luz próximamente hasta donde pudieron llegar sus energías creadoras y revolucionarias, István Mészáros, nos entregó su tarea final inconclusa, acerca de la comprensión del papel histórico del ¨Estado más allá del Capital¨.

 

La vida y obra de István Mészáros permanecerá ligada a la historia de los grandes pensadores y renovadores del pensamiento marxista. Como filósofo político, supo llegar a las causas más profundas de la realidad que nos está tocando vivir, de la misma manera que su contribución a la transformación de un sistema metabólico que muestra sus límites absolutos y los signos de agotamiento que le son propios. Toda esta tarea, junto con su compañera de vida y de lucha, Donatella, que decidió emprender, se ha visto reflejada y traducida a muchos diferentes idiomas y en múltiples ediciones, lo cual muestra el necesario reconocimiento en su compromiso radical con un mundo capaz de superar la crisis actual orientada a ser superada por otra ligada al trabajo, lo que significa nada más y nada menos que superar lo que tenemos. Poca cosa para el tamaño intelectual de una empresa iniciada por este revolucionario húngaro que sigue y seguirá dando muestras, con su legado, de su coraje intelectual y extraordinario, que nos deja su siembra definitiva como ser humano extraordinario en un ciclópeo esfuerzo por construir una sociedad más justa y libre del dominio y la explotación.

 

Notas

1 István Mészáros. La rivolta degli intelletualli in Unghería. (Torino. Einaudi. 1958).

2 István Mészáros. Attila József e l´arte moderna. (Milano. Lerici. 1964)

3 István Mészáros. Marx´s Theory of Alienation. (London. Merlin Press. 1970).

4 István Mészáros. Aspects of History and Class Consciousness. (London. Routledge & K. Paul. 1971); y Lukacs´ Concept of Dialectic. (London. Merlin Press. 1972).

5 István Mészáros. The Necessity of Social Control. (London. Merlin Press. 1971).

6 István Mészáros. The Work of Sartre. Volume I. Search for Freedom. (Brighton. The Harvester Press. 1979); y The Power of Ideology. (London. Harvester Wheatsheaf. 1989).

7 István Mészáros. Beyond Capital. Towards a Theory of Trnasition. (London. Merlin Press. 1995).

8 István Mészáros. Philosophy, Ideology & Social Science. Essays in Negation and Affirmation. (London. Wheatsheaf Books. 1986); y los dos volúmenes sobre ¨Social Structure and Forms of Consciousness¨. Volúmen I: The Social Determination of Method¨, Volumen II: The Dialectic o Structure and History¨. (New York. Monthly Review Press. 2010) y (New York. Monthly Review Press. 2011), respectivamente.

9 István Mészáros. Historical Actuality of The Socialist Offensive. Alternative to Parliamentarism. (London. Booksmarks Publications. 2010).

 

10 István Mészáros. El Desafío y la carga del tiempo histórico. El Socialismo en el Siglo XXI. (Caracas. Vadell Hermanos Editores. CLACSO. 2008).

11 István Mészáros. The Structural Crisis of Capital. (New York. Monthly Review Press. 2010).

12 István Mészáros. The Necessity of Social Control¨. (New York. Monthly Review Press. 2015). p. 297. En particular de este trabajo parte 12. ¨The Mountain We Must Conquer: Reflections on the State¨. pp. 231-298.

 

…………..

 

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Publicado el noviembre 14, 2019 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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